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31 décembre 2013 2 31 /12 /décembre /2013 13:24

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Reflexiones en torno a los libertarios en Chile y la participación electoral

categoryby José Antonio Gutiérrez D. - Rafael Agacino

 

Las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la no participación –superior al 50%- fue el ganador absoluto, eran predecibles de no ser por la aparición de un sector que se reclama de intención revolucionaria y de izquierda libertaria en el escenario político-electoral. La Red Libertaria (RL) se sumó decididamente y de manera entusiasta a la plataforma “Todos a la Moneda”, cuyo candidato fue Marcel Claude. El objetivo nuestro no es cuestionar las formas mediante las cuales esta decisión fue tomada (o impuesta, según quien opine) y sus implicancias para el movimiento libertario en Chile. Tampoco nos ocupa, primordialmente, el impacto que tal decisión tiene para el campo específico que se reclama proveniente de la tradición anarquista. Mucho menos nos proponemos hacer un análisis del programa de “Todos a La Moneda” o de las fuerzas políticas que sustentaron esta plataforma. Nos interesa, en cambio, evaluar el impacto que esta decisión tiene para un sector mucho más amplio del pueblo que el representado por esta plataforma electoral y mucho más amplio que aquellos sectores provenientes de la tradición libertaria; compartimos nuestras reflexiones para contribuir al debate de carácter táctico y estratégico en este proceso de recomposición del movimiento social en Chile. [English]

"One Size Fits All", caricatura de Leonardo Ríos
"One Size Fits All", caricatura de Leonardo Ríos

 


Reflexiones en torno a los libertarios en Chile y la participación electoral

Las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la no participación –superior al 50%- fue el ganador absoluto, eran predecibles de no ser por la aparición de un sector que se reclama de intención revolucionaria y de izquierda libertaria en el escenario político-electoral. La Red Libertaria (RL) se sumó decididamente y de manera entusiasta a la plataforma “Todos a la Moneda”, cuyo candidato fue Marcel Claude[1]. Esta plataforma aglutinaba a la Unión Nacional Estudiantil (UNE), a sectores sindicales como el SITECO y los bancarios, con propuestas políticas como el Partido Humanista, Izquierda Unida, el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez y la mencionada RL.

Como es de esperar, esta decisión produjo una sensación de malestar, desazón y desorientación en sectores que se reclaman del movimiento libertario, produciéndose quiebres, recriminaciones y desánimo. No sólo la decisión en sí de participar en elecciones produjo esta reacción telúrica en el movimiento libertario chileno, sino la manera en que se tomó la decisión (con acusaciones de secretismo, imposición de consignas, falta de transparencia y debate, etc.), según se desprende de una serie de comunicados producidos por escindidos de OCL-Chile (organización que ha sido impulsora de RL), por el Frente Anarquista Organizado (FAO), el CAL y la Red Libertaria Estudiantil (RLE)[2].Las réplicas de este sismo político se sentirán, con seguridad, por un buen tiempo.

El objetivo nuestro no es cuestionar las formas mediante las cuales esta decisión fue tomada (o impuesta, según quien opine) y sus implicancias para el movimiento libertario en Chile. Creemos que eso compete a quienes se encuentran directamente vinculados, por lazos orgánicos, a las expresiones políticas que crearon RL o que se escindieron de ellas.

Tampoco nos ocupa, primordialmente, el impacto que tal decisión tiene para el campo específico que se reclama proveniente de la tradición anarquista. Interesantes artículos para ese efecto, aparte de las declaraciones mencionadas, ya han sido producidos, entre otros, por Arturo López y Pablo Abufom.[3] Mucho menos nos proponemos hacer un análisis del programa de “Todos a La Moneda” o de las fuerzas políticas que sustentaron esta plataforma. Nos interesa, en cambio, evaluar el impacto que esta decisión tiene para un sector mucho más amplio del pueblo que el representado por esta plataforma electoral y mucho más amplio que aquellos sectores provenientes de la tradición libertaria; compartimos nuestras reflexiones para contribuir al debate de carácter táctico y estratégico en este proceso de recomposición del movimiento social en Chile.

Los libertarios y la cuestión de la participación electoral

Los libertarios, tradicionalmente, han estado en contra de la participación electoral de los revolucionarios. En gran medida, esto es lo que los distinguió, en el seno de la Primera Internacional de las diferentes corrientes socialdemócratas[4]. Sin embargo, ha habido ocasiones excepcionales en las cuales los anarquistas han promovido candidaturas o participado en elecciones. Se cita frecuentemente el caso de las elecciones en España en 1936, pero hay más casos, como algunas candidaturas de “protesta” levantadas en Italia o Francia a fines de la década de 1870 y comienzos de 1880 (táctica defendida por Carlo Cafiero en su famoso artículo “La Acción” donde se define también la “propaganda por el hecho”). En el contexto represivo que envolvió a Europa después de la represión de la Comuna de París, Bakunin recomendaba a algunos de sus seguidores en Italia participar en plataformas electorales junto a los socialistas reformistas. También la FCL francesa participó, en medio de la paralizante represión en la Francia de mediados de los ’50, en guerra contra los secesionistas argelinos, en elecciones locales (hecho que el mismo Georges Fontenis, principal dirigente de esa agrupación, reconocería más tarde como un error)[5].

Sin embargo, el hecho es que en la inmensa mayoría de los casos los anarquistas (tradición política que origina el vocablo “libertario”) han sido hostiles a la participación electoral y por buenas razones. Uno de nosotros ha escrito en el pasado que:

"Los anarquistas no estamos de suyo, por definición, en contra de las ‘elecciones’ como mecanismo; si en las elecciones llamamos a anular el voto o a no votar, es por el contexto dentro del cual este voto se ejerce: dentro del aparato de Estado, que de esta forma valida su dominación sobre quienes nos vemos excluidos de la toma de decisiones (…). Nuestra oposición no es al voto en cuestión, sino que al aparato estatal en toda su dimensión."[6]

Por ello no es sorprendente que esta decisión de sumarse al trabajo electoral haya causado revuelo y debate, más aún cuando se deja ver que no es algo que se realizará sólo por esta vez, sino que es una nueva táctica en el arsenal de métodos de RL que se aplicará, ritualmente, en todos los procesos electorales por venir[7].

El ritual electoral y la recomposición de un bloque revolucionario

No puede tomarse la excepción como regla. Es por ello que la participación electoral de este sector que se reclama de la tradición libertaria, no debe buscarse en la ideología sino en la lectura que se hace del período histórico, entendiendo que la situación de Chile en el 2013 no es comparable a la represión post-Comuna de París (que limitó seriamente las posibilidades de acción e intervención de un naciente movimiento obrero), ni al contexto del Plebiscito de 1988 en el Chile de la dictadura, ni a las condiciones de terror impuestas en el Kurdistán por la guerra sucia, ni mucho menos son las elecciones de 1994 en la Sudáfrica post-apartheid, ni se viene saliendo de una estrategia fracasada de lucha armada.

El período abierto desde el 2006, está caracterizado por un ascenso de las movilizaciones populares y una fragmentación del consenso en torno al modelo neoliberal impuesto en las últimas cuatro décadas. En este contexto, el discurso libertario, ha empezado a prender en franjas cada vez más importantes, fundamentalmente estudiantiles (el reciente triunfo electoral de Melissa Sepúlveda en las elecciones de la Fech es prueba de ello), pero también sindicales y, en menor medida, poblacionales/territoriales. La izquierda clásica, sea reformista o revolucionaria, así como diversos sectores organizados del pueblo, no está siendo indiferente de esta línea y se siente emplazada por ella.

Un sector de los libertarios ha planteado que las movilizaciones sociales han alcanzado un techo, tesis en nuestra opinión incorrecta, y que debemos pasar de una estrategia de construcción a una de disputar la hegemonía del bloque en el poder, tesis, en nuestra opinión, correcta, aunque apresurada y poco matizada. Estas tesis la han articulado en una confusa y elástica consigna, la “ruptura democrática”, con la cual plantean, básicamente, que “es posible conquistar y tensar mediante el voto programático lo que la lucha popular en los sindicatos, en los territorios, en las comunidades y en el movimiento estudiantil no ha podido conseguir”[8]. Creemos necesario debatir las premisas de las cuales deriva la consigna, pues ésta no es sino la expresión de una lectura incorrecta y apresurada de la realidad, mediante elementos conceptuales tomados mecánicamente de otros contextos y otras experiencias, que revela la falta de maduración política en que todavía estamos.

Respecto al primer punto, la movilización social no ha alcanzado ni en términos objetivos ni subjetivos, un techo. Las posibilidades de movilización son aún amplias, la necesidad de movilizar sectores sociales más allá de estudiantes o ciertos enclaves obreros (minoritarios, por “estratégicos” que puedan ser) sigue estando a la orden del día. Esta movilización, que debe ser extendida, unificada desde abajo, cualificada en términos de su combatividad, es el punto central para la reconstrucción de un movimiento popular con independencia de clase y capacidad de disputar la hegemonía al bloque en el poder, tarea aún en ciernes. En las condiciones actuales de debilidad del movimiento obrero y popular la participación (y derrota) electoral, en vez de abrir un espacio en el que contribuir a la unidad y la lucha del pueblo, como ha sido la intención de quienes han promovido la candidatura de Claude, ha contribuido a debilitar los esfuerzos de acumulación de fuerzas de ruptura. Tal táctica, de tener sentido, sólo podría tenerlo de existir un estado de acumulación de fuerzas que, independientemente del resultado, signifique elevar la moral de lucha, fortalecer la organización popular y de los trabajadores, y que no implique ceder ni la conducción ni la iniciativa de movilización a los sectores reformista, vacilantes o claramente reaccionarios. Terminar, como se dice vulgarmente, siendo vagón de cola del reformismo.

En las condiciones actuales, esta “aventura electoral”, en el mejor de los casos, amenaza con detener los procesos de construcción y de movilización político-social por meses, y en el peor, someter a las franjas independientes a fricciones y fraccionamientos que, como sabemos, tendrán costos enormes al proceso de construcción y de convergencia de los revolucionarios. Como lo planteó un artículo de debate sobre la línea asumida por RL escrito por Arturo López, “en el marco de la formación social del Estado capitalista en Chile, (…) toda reforma que posibilite la transformación parcial aunque sustancial del actual patrón de acumulación y de su blindaje institucional demanda la organización ininterrumpida y permanente de las fuerzas sociales de cambio. Por tanto las elecciones en este caso no ayudan a crear conciencia, confunden, no promueven la lucha, todo lo contrario la paralizan tras un espejismo. No apunta directamente al logro de conquistas, sino que la deriva sustituyendo la movilización popular por un oscuro juego parlamentario.”[9]

Respecto a la necesidad de pasar de la construcción a la disputa, esta es una tesis correcta, aunque apresurada y poco matizada. Si bien el proceso construcción/disputa debe verse como una unidad dialéctica, existen énfasis dependiendo del momento que se viva y el Chile actual aún lleva profundas marcas de las derrotas estratégicas vividas en el período de 1973-1990. No podemos pecar de ser excesivamente optimistas del estado de construcción o de la combatividad del movimiento popular; la presencia en algunos enclaves sindicales o estudiantiles en cargos de representación no es una vara para medir la situación del conjunto del pueblo. La implantación en sectores populares sigue siendo extraordinariamente baja y no podemos reemplazar una lectura objetiva de la realidad con el deseo, aún cuando un sector del movimiento libertario sobredimensione su propia importancia e implantación.

Ahora bien, lo que sí es cierto es que debemos reconocer la limitación objetiva que ha habido en el desarrollo de una estrategia revolucionaria en Chile. Del construir poder popular como consigna a la construcción de hecho y a que este poder entre en abierta contradicción con el status quo, ha habido un trecho demasiado grande. Es necesario identificar las limitaciones, los puntos de quiebre, las fortalezas desde las cuales construir. Pensar las posibilidades estratégicas en este período requiere no sólo de realismo, sino de una buena dosis de creatividad política para no reproducir un esquema político (ie., el ritual electoral) que, aunque se venda como “novedoso”, está más que trillado y no logra capturar la imaginación de una población que se mantiene indiferente, a la vez que envía una señal contradictoria a los que ya están en lucha. La participación electoral, parece ser más bien demostración que lo que realmente tocó techo es la imaginación de la izquierda revolucionaria y libertaria.

Boicot electoral y construcción de poder popular desde abajo

La abstención, como hemos dicho, fue la gran ganadora de las pasadas elecciones. De por sí, esto no significa nada desde el punto de vista de acumulación de fuerzas para nuestro bloque. Nadie, mucho menos la izquierda revolucionaria o los anarquistas, pueden reclamar la abstención como una señal de respaldo político. De hecho, en la primera vuelta la capacidad de agitar los llamados a la abstención por parte de organizaciones populares y revolucionarias han sido muy escasos, en gran parte, debido a cierta confusión y desánimo producto del lanzamiento de la candidatura de Claude. Ha sido difícil reponerse de este impacto pues, en un país como Chile, se entiende que se hace política sólo cuando se vota o se levantan candidatos; si no es así, se asume que quedas fuera de la coyuntura... Mirada estrecha de la política de unos, y poca capacidad práctica y de organización nuestra para haber lanzado un boicot activo de éstas elecciones.

Decisión ésta de participar en las elecciones, que se hace aún más difícil de entender (desde una lógica o racionalidad libertaria) en la medida en que, como hemos dicho, el discurso libertario ha tenido un eco cada vez más importante en franjas cada vez más amplias del pueblo y en que la deslegitimación del bloque dominante y las instituciones públicas ha alcanzado un punto histórico. En vez de contribuir con herramientas para ayudar a forjar una alternativa política por fuera del escenario político hábilmente trazado por el bloque en el poder (con el fin de adormecer y confundir el terreno real en el que se libra la lucha de clases), se contribuyó a legitimar la institucionalidad en el reducido pero significativo círculo de influencia que se posee, y así a fortalecer la división entre la disociación entre lo “político”[10] y lo “social”, pese a que se intentaba originalmente todo lo contrario[11]. El mismo nombre de la plataforma electoral, “Todos a la Moneda”, en cierta medida expresa ese fetichismo del “poder político”, esa “estadolatría” que Poulantzas describe como endémica de las capas medias, que ve al Estado como árbitro, neutro, justiciero, fruto de un contrato social por encima de la lucha de clases, fuente de todo poder[12], cuando en realidad la disputa de poder, de hegemonía, se da con la burguesía en todas las esferas sociales, en ámbitos mucho más cotidianos.

En ese punto, la crítica anarquista sigue siendo potente y relevante cuando critica la lógica del Estado “democrático-representativo”, que se refleja en el juego electoral mediante la creación de:

un espacio artificial, ad-hoc y ficticio, dentro del cual se maneja, supuestamente, el ámbito de lo político, dentro de lo cual se mueve la administración del poder (…) es en este punto en el cual debe estar la crítica medular de los anarquistas a esta forma de ejercer la política: porque en nuestra concepción, el poder debe ser ejercido por los propios afectados, en los espacios cotidianos, en todos los ámbitos de nuestra existencia (…) Es por eso que el poder popular le debe hacer frente de la misma manera, enseñoriándose de nuestras propias vidas a cabalidad. (...) La no participación en elecciones burguesas, no puede ser considerada uno de los fundamentos políticos de la militancia anarquista revolucionaria, sino que se debe desprender naturalmente de nuestra estrategia de construcción en el seno de la clase obrera."[13]

Por ello sostenemos que, desde la perspectiva de la recomposición de un bloque revolucionario, así como desde la perspectiva estratégica de construcción de poder popular desde abajo, la táctica más acertada, aunque para nada fácil, en el actual momento y ante lo que se viene con el nuevo gobierno de coalición de Bachelet, era el boicot electoral ¿Qué significaba una política de abstención activa en la actual coyuntura?

  • denunciar los cantos de sirena de la “Nueva Mayoría” que nos insta a participar como "ciudadanos" responsables, y por otra, el ilusionismo de los sectores de izquierda radical (y libertaria) que pretenden convencernos que, no obstante no llamen a votar en esta segunda vuelta, el camino de la participación electoral en las actuales instituciones sigue siendo válido para el período;

  • llamar a la organización a todo nivel: escuelas, liceos, universidades, lugares de trabajo, barrios y comunas, en torno a las demandas locales, populares y de los trabajadores, anteponiendo a los ritmos de la política burguesa nuestra alternativa de construcción propia desde abajo;

  • llamar a acelerar los procesos de convergencia político-social en algún referente federativo que, respetando la vitalidad y la especificidad de las organizaciones de base, contribuya a unificar y amplificar la voz y opinión política de aquellos que optamos por la construcción de poder popular en sus diferentes expresiones, coordinando horizontalmente las diferentes iniciativas populares de base.

Tarea titánica pero que hay que asumir sin maximalismos, con perspectiva de que la tarea de recomposición del movimiento popular y revolucionario es una tarea lenta, prolongada, para la cual no hay atajos posibles, que requiere sentar bases para poder desarrollar niveles de confrontación y organización extendidos que puedan erosionar la actual hegemonía neoliberal.

Proyecciones políticas para el período post-electoral

RL planteaba que “Todos a La Moneda” no sería un espacio meramente electoralista, sino un polo de construcción (ie., desde arriba) para la lucha de los de abajo. El hecho es que después de las elecciones el panorama político para la izquierda revolucionaria, en términos de lo que se pretendía avanzar en niveles de unidad y organización, no varía sustancialmente respecto al período anterior a las elecciones -siguen trabajando los mismos sectores en los mismos espacios que antes. Antes bien, el sector libertario y su círculo de influencia, así como la izquierda radical a la cual la candidatura de Claude intentó apelar, se encuentra hoy más fragmentada, cruzada por desconfianzas y con recelos nuevos en su seno. En la misma plataforma electoral las querellas y las disputas intestinas han agotado las proyecciones estratégicas del espacio, hecho indudablemente exacerbado por el amargo sabor de la derrota.

La misma RL reconoce inequívocamente que el pobrísimo desempeño electoral de la plataforma es un fracaso: “La votación del 2,8% está muy por debajo de las expectativas, inclusive las más pesimistas”[14]. La derrota, sin embargo, no es solamente electoral, como lo pareciera entender RL, sino que la derrota es estratégica, profundamente política, expresión de la incapacidad de crear un proyecto ajustado a las actuales condiciones en Chile, al margen y en oposición a los rituales de auto-legitimación de la democracia representativa y de las instituciones del Estado (burgués, dicho sea de paso). A la vez que no podemos sobredimensionar al sector de la población crítico en base a la magnitud de la movilización social reciente, tampoco debemos confundir la necesidad de construcción de una alternativa política con la intervención en las instituciones del Estado (neoliberal): la lógica de la recomposición del movimiento popular ha tendido a buscar alternativas en la acción directa, en la auto-organización, de base y horizontal. Ahí, ante todo, está el verdadero aporte que desde lo libertario se puede hacer a la lucha popular hoy en día. Paradójicamente, desde lo “libertario” aparecen voces señalando la participación electoral en las desgastadas y desacreditadas instituciones, lo cual es, sin lugar a dudas, un retroceso.

El período político abierto en Chile anuncia grandes complejidades para las clases dominantes y para el movimiento popular. El bloque en el poder debe reorganizar un sistema político cada vez más desgastado y operarán, el pueblo lo sabe, con la zanahoria y con el garrote. Intentarán cooptar al movimiento popular y de trabajadores para legitimar los ajustes que tal reorganización requerirá, contando ahora explícitamente con la anuencia de la obsecuente dirección política del Partido Comunista. También sabemos que quienes no se sometan a las reglas de la "república" quedarán afectos a toda la fuerza estatal represiva reservada para quienes se niegan a seguir aguantando y reproduciendo la explotación, la discriminación, la desigualdad, la injusticia, la corrupción y la destrucción de las bases socio-ambientales de la vida colectiva. Las franjas de la izquierda independiente, sean comunitaristas, marxistas, libertarias o socialistas, ya no pueden seguir ensimismadas y deben multiplicar sus nexos con el movimiento de trabajadores y popular, multiplicar sus esfuerzos para acelerar los proceso de convergencia político-social y generar las condiciones políticas para retomar la iniciativa y abrir camino entre las fisuras que afectan la dominación política que impuso el Capital a partir de la contrarrevolución neoliberal de 1973.

Estas no son tareas para nada fáciles. La unidad en la que los libertarios han sido tan insistentes, se convierte hoy no solamente en algo necesario, estratégico, sino que urgente. El debate, desde siempre, no es sobre la unidad sino cómo se comprende ésta, cómo se desarrolla, cómo se construye. Es ahí donde el anarco-comunismo criollo hizo una gran contribución cuando el Congreso de Unificación Anarco-Comunista levantó, en el 2002, la consigna, hoy más relevante que nunca, de la Unidad desde Abajo y en la Lucha. Ésta es entendida como la “construcción programática desde las experiencias organizativas y de lucha realmente existentes”, que contribuya al “fortalecimiento de las organizaciones populares, verdaderos sujetos de la lucha revolucionaria (…) enfatizando el protagonismo político del mismo pueblo organizado en la tarea de madurar su posición y mejorar su capacidad de combate”[15], como señala elocuentemente Pablo Abufom.

Estos debates competen al conjunto del pueblo, especialmente a su franja organizada y en lucha. El cómo proyectar las demandas del movimiento popular hacia una alternativa de claro quiebre con el actual sistema es una tarea urgente que no puede ser asumida sino mediante un debate profundo y público, colectivo, democrático, informado, en el cual se respeten y debatan las diferencias en la búsqueda de puntos de confluencia y acuerdo, conociendo y respetando las diferencias, forjando consensos y no imponiéndolos. Hay muchos temas que quedan por resolver en la actual coyuntura para los revolucionarios: cómo ir a la lucha por las reformas más allá del reformismo; cómo articular estas luchas en un proyecto socialista integral y liberador; cómo construir procesos de unidad sin renunciar a la independencia de clase; cómo avanzar en la construcción de poder popular evitando la cooptación; cómo cualificar estas luchas con más discusión política y no ocultando casi que con vergüenza nuestras credenciales políticas; cómo forjar movimiento de masas sin temer si nuestras posiciones no siempre son mayoritarias. Todo esto, desde luego, desborda el objeto del actual escrito. En este debate colectivo, teórico-práctico, que lo debe dar el conjunto de la izquierda revolucionaria, sin embargo, estamos convencidos que los anarco-comunistas tienen un rol fundamental que jugar y un aporte muy específico, único, que hacer.

José Antonio Gutiérrez D.
Rafael Agacino

23 de Diciembre, 2013


[1] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-...aria/
[2] http://anarkismo.net/article/26441 http://anarkismo.net/article/26283 http://anarkismo.net/article/26394 http://www.elciudadano.cl/2013/11/04/97420/declaracion-...hile/
[3] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ y http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-m...ario/
[4] Obviamente, esto no era lo único que distinguía a “bakuninistas” de “marxistas”, ni tampoco la diferencia táctica debe considerarse al margen de otros factores de disenso. El debate que llevó al quiebre de la Primera Asociación Internacional de Trabajadores fue bastante más complejo que “a favor o contra las elecciones”. Hubo, también, cuestiones de método, de la autonomía de las secciones para elaborar táctica, involucradas y por ello es que no todo el sector que luego integraría al sector “anti-autoritario” (en oposición al sector liderado por Marx) derivó al anarquismo.
[5] Dejamos de lado la discusión de las tesis del municipalismo libertario desarrolladas por el ecologista social y anarquista estadounidense Murray Bookchin en la década de los ’80, las cuales han sido particularmente influyentes en el movimiento de liberación kurdo, porque su desarrollo responde a elementos totalmente diferentes a los esgrimidos por RL. En un artículo bastante mesurado y bien ponderado, alejado de todo dogmatismo, Ulises Castillo toca el tema del municipalismo libertario: “creo que negarse a una realidad futura en la que instancias intermedias como una, hasta aquí ficcional, institucionalidad municipal que permitiera dispersar el poder estatal, al tiempo que un fortalecimiento de las comunidades políticas organizadas, dentro de un marco de transición en proceso hacia un modo de vida y organización socialista, no podría ser negado a priori. Pero es justamente el cierre institucional actual, además del carácter del Estado en Chile, los que niegan la posibilidad de ver con buenos ojos, el reforzamiento de esta institucionalidad a través de la legitimidad otorgada a la ficción representacional”. http://www.perspectivadiagonal.org/los-libertarios-y-la...ados/
[6] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[7] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/...neda/
[8] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ El artículo en el que la tesis de la ruptura democrática ha sido trabajada con mayor claridad conceptual ha sido escrito por Felipe Ramírez http://www.perspectivadiagonal.org/una-apuesta-revoluci...aria/
[9] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ (énfasis en el original)
[10] Equiparado a lo “estatal”.
[11] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-...aria/
[12] Nicos Poulantzas “Fascismo y Dictadura”, Ed. Siglo XXI, 2005, pp.282-284.
[13] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[14] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/...neda/
[15] http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-m...ario/

 

Comments (1 of 1)

author by disidentepublication date Tue Dec 31, 2013 02:02

buen aporte, con todas las miras abstraídas de la embriaguez electoral y coyuntural!

 

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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense