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31 décembre 2013 2 31 /12 /décembre /2013 13:24

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Reflexiones en torno a los libertarios en Chile y la participación electoral

categoryby José Antonio Gutiérrez D. - Rafael Agacino

 

Las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la no participación –superior al 50%- fue el ganador absoluto, eran predecibles de no ser por la aparición de un sector que se reclama de intención revolucionaria y de izquierda libertaria en el escenario político-electoral. La Red Libertaria (RL) se sumó decididamente y de manera entusiasta a la plataforma “Todos a la Moneda”, cuyo candidato fue Marcel Claude. El objetivo nuestro no es cuestionar las formas mediante las cuales esta decisión fue tomada (o impuesta, según quien opine) y sus implicancias para el movimiento libertario en Chile. Tampoco nos ocupa, primordialmente, el impacto que tal decisión tiene para el campo específico que se reclama proveniente de la tradición anarquista. Mucho menos nos proponemos hacer un análisis del programa de “Todos a La Moneda” o de las fuerzas políticas que sustentaron esta plataforma. Nos interesa, en cambio, evaluar el impacto que esta decisión tiene para un sector mucho más amplio del pueblo que el representado por esta plataforma electoral y mucho más amplio que aquellos sectores provenientes de la tradición libertaria; compartimos nuestras reflexiones para contribuir al debate de carácter táctico y estratégico en este proceso de recomposición del movimiento social en Chile. [English]

"One Size Fits All", caricatura de Leonardo Ríos
"One Size Fits All", caricatura de Leonardo Ríos

 


Reflexiones en torno a los libertarios en Chile y la participación electoral

Las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la no participación –superior al 50%- fue el ganador absoluto, eran predecibles de no ser por la aparición de un sector que se reclama de intención revolucionaria y de izquierda libertaria en el escenario político-electoral. La Red Libertaria (RL) se sumó decididamente y de manera entusiasta a la plataforma “Todos a la Moneda”, cuyo candidato fue Marcel Claude[1]. Esta plataforma aglutinaba a la Unión Nacional Estudiantil (UNE), a sectores sindicales como el SITECO y los bancarios, con propuestas políticas como el Partido Humanista, Izquierda Unida, el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez y la mencionada RL.

Como es de esperar, esta decisión produjo una sensación de malestar, desazón y desorientación en sectores que se reclaman del movimiento libertario, produciéndose quiebres, recriminaciones y desánimo. No sólo la decisión en sí de participar en elecciones produjo esta reacción telúrica en el movimiento libertario chileno, sino la manera en que se tomó la decisión (con acusaciones de secretismo, imposición de consignas, falta de transparencia y debate, etc.), según se desprende de una serie de comunicados producidos por escindidos de OCL-Chile (organización que ha sido impulsora de RL), por el Frente Anarquista Organizado (FAO), el CAL y la Red Libertaria Estudiantil (RLE)[2].Las réplicas de este sismo político se sentirán, con seguridad, por un buen tiempo.

El objetivo nuestro no es cuestionar las formas mediante las cuales esta decisión fue tomada (o impuesta, según quien opine) y sus implicancias para el movimiento libertario en Chile. Creemos que eso compete a quienes se encuentran directamente vinculados, por lazos orgánicos, a las expresiones políticas que crearon RL o que se escindieron de ellas.

Tampoco nos ocupa, primordialmente, el impacto que tal decisión tiene para el campo específico que se reclama proveniente de la tradición anarquista. Interesantes artículos para ese efecto, aparte de las declaraciones mencionadas, ya han sido producidos, entre otros, por Arturo López y Pablo Abufom.[3] Mucho menos nos proponemos hacer un análisis del programa de “Todos a La Moneda” o de las fuerzas políticas que sustentaron esta plataforma. Nos interesa, en cambio, evaluar el impacto que esta decisión tiene para un sector mucho más amplio del pueblo que el representado por esta plataforma electoral y mucho más amplio que aquellos sectores provenientes de la tradición libertaria; compartimos nuestras reflexiones para contribuir al debate de carácter táctico y estratégico en este proceso de recomposición del movimiento social en Chile.

Los libertarios y la cuestión de la participación electoral

Los libertarios, tradicionalmente, han estado en contra de la participación electoral de los revolucionarios. En gran medida, esto es lo que los distinguió, en el seno de la Primera Internacional de las diferentes corrientes socialdemócratas[4]. Sin embargo, ha habido ocasiones excepcionales en las cuales los anarquistas han promovido candidaturas o participado en elecciones. Se cita frecuentemente el caso de las elecciones en España en 1936, pero hay más casos, como algunas candidaturas de “protesta” levantadas en Italia o Francia a fines de la década de 1870 y comienzos de 1880 (táctica defendida por Carlo Cafiero en su famoso artículo “La Acción” donde se define también la “propaganda por el hecho”). En el contexto represivo que envolvió a Europa después de la represión de la Comuna de París, Bakunin recomendaba a algunos de sus seguidores en Italia participar en plataformas electorales junto a los socialistas reformistas. También la FCL francesa participó, en medio de la paralizante represión en la Francia de mediados de los ’50, en guerra contra los secesionistas argelinos, en elecciones locales (hecho que el mismo Georges Fontenis, principal dirigente de esa agrupación, reconocería más tarde como un error)[5].

Sin embargo, el hecho es que en la inmensa mayoría de los casos los anarquistas (tradición política que origina el vocablo “libertario”) han sido hostiles a la participación electoral y por buenas razones. Uno de nosotros ha escrito en el pasado que:

"Los anarquistas no estamos de suyo, por definición, en contra de las ‘elecciones’ como mecanismo; si en las elecciones llamamos a anular el voto o a no votar, es por el contexto dentro del cual este voto se ejerce: dentro del aparato de Estado, que de esta forma valida su dominación sobre quienes nos vemos excluidos de la toma de decisiones (…). Nuestra oposición no es al voto en cuestión, sino que al aparato estatal en toda su dimensión."[6]

Por ello no es sorprendente que esta decisión de sumarse al trabajo electoral haya causado revuelo y debate, más aún cuando se deja ver que no es algo que se realizará sólo por esta vez, sino que es una nueva táctica en el arsenal de métodos de RL que se aplicará, ritualmente, en todos los procesos electorales por venir[7].

El ritual electoral y la recomposición de un bloque revolucionario

No puede tomarse la excepción como regla. Es por ello que la participación electoral de este sector que se reclama de la tradición libertaria, no debe buscarse en la ideología sino en la lectura que se hace del período histórico, entendiendo que la situación de Chile en el 2013 no es comparable a la represión post-Comuna de París (que limitó seriamente las posibilidades de acción e intervención de un naciente movimiento obrero), ni al contexto del Plebiscito de 1988 en el Chile de la dictadura, ni a las condiciones de terror impuestas en el Kurdistán por la guerra sucia, ni mucho menos son las elecciones de 1994 en la Sudáfrica post-apartheid, ni se viene saliendo de una estrategia fracasada de lucha armada.

El período abierto desde el 2006, está caracterizado por un ascenso de las movilizaciones populares y una fragmentación del consenso en torno al modelo neoliberal impuesto en las últimas cuatro décadas. En este contexto, el discurso libertario, ha empezado a prender en franjas cada vez más importantes, fundamentalmente estudiantiles (el reciente triunfo electoral de Melissa Sepúlveda en las elecciones de la Fech es prueba de ello), pero también sindicales y, en menor medida, poblacionales/territoriales. La izquierda clásica, sea reformista o revolucionaria, así como diversos sectores organizados del pueblo, no está siendo indiferente de esta línea y se siente emplazada por ella.

Un sector de los libertarios ha planteado que las movilizaciones sociales han alcanzado un techo, tesis en nuestra opinión incorrecta, y que debemos pasar de una estrategia de construcción a una de disputar la hegemonía del bloque en el poder, tesis, en nuestra opinión, correcta, aunque apresurada y poco matizada. Estas tesis la han articulado en una confusa y elástica consigna, la “ruptura democrática”, con la cual plantean, básicamente, que “es posible conquistar y tensar mediante el voto programático lo que la lucha popular en los sindicatos, en los territorios, en las comunidades y en el movimiento estudiantil no ha podido conseguir”[8]. Creemos necesario debatir las premisas de las cuales deriva la consigna, pues ésta no es sino la expresión de una lectura incorrecta y apresurada de la realidad, mediante elementos conceptuales tomados mecánicamente de otros contextos y otras experiencias, que revela la falta de maduración política en que todavía estamos.

Respecto al primer punto, la movilización social no ha alcanzado ni en términos objetivos ni subjetivos, un techo. Las posibilidades de movilización son aún amplias, la necesidad de movilizar sectores sociales más allá de estudiantes o ciertos enclaves obreros (minoritarios, por “estratégicos” que puedan ser) sigue estando a la orden del día. Esta movilización, que debe ser extendida, unificada desde abajo, cualificada en términos de su combatividad, es el punto central para la reconstrucción de un movimiento popular con independencia de clase y capacidad de disputar la hegemonía al bloque en el poder, tarea aún en ciernes. En las condiciones actuales de debilidad del movimiento obrero y popular la participación (y derrota) electoral, en vez de abrir un espacio en el que contribuir a la unidad y la lucha del pueblo, como ha sido la intención de quienes han promovido la candidatura de Claude, ha contribuido a debilitar los esfuerzos de acumulación de fuerzas de ruptura. Tal táctica, de tener sentido, sólo podría tenerlo de existir un estado de acumulación de fuerzas que, independientemente del resultado, signifique elevar la moral de lucha, fortalecer la organización popular y de los trabajadores, y que no implique ceder ni la conducción ni la iniciativa de movilización a los sectores reformista, vacilantes o claramente reaccionarios. Terminar, como se dice vulgarmente, siendo vagón de cola del reformismo.

En las condiciones actuales, esta “aventura electoral”, en el mejor de los casos, amenaza con detener los procesos de construcción y de movilización político-social por meses, y en el peor, someter a las franjas independientes a fricciones y fraccionamientos que, como sabemos, tendrán costos enormes al proceso de construcción y de convergencia de los revolucionarios. Como lo planteó un artículo de debate sobre la línea asumida por RL escrito por Arturo López, “en el marco de la formación social del Estado capitalista en Chile, (…) toda reforma que posibilite la transformación parcial aunque sustancial del actual patrón de acumulación y de su blindaje institucional demanda la organización ininterrumpida y permanente de las fuerzas sociales de cambio. Por tanto las elecciones en este caso no ayudan a crear conciencia, confunden, no promueven la lucha, todo lo contrario la paralizan tras un espejismo. No apunta directamente al logro de conquistas, sino que la deriva sustituyendo la movilización popular por un oscuro juego parlamentario.”[9]

Respecto a la necesidad de pasar de la construcción a la disputa, esta es una tesis correcta, aunque apresurada y poco matizada. Si bien el proceso construcción/disputa debe verse como una unidad dialéctica, existen énfasis dependiendo del momento que se viva y el Chile actual aún lleva profundas marcas de las derrotas estratégicas vividas en el período de 1973-1990. No podemos pecar de ser excesivamente optimistas del estado de construcción o de la combatividad del movimiento popular; la presencia en algunos enclaves sindicales o estudiantiles en cargos de representación no es una vara para medir la situación del conjunto del pueblo. La implantación en sectores populares sigue siendo extraordinariamente baja y no podemos reemplazar una lectura objetiva de la realidad con el deseo, aún cuando un sector del movimiento libertario sobredimensione su propia importancia e implantación.

Ahora bien, lo que sí es cierto es que debemos reconocer la limitación objetiva que ha habido en el desarrollo de una estrategia revolucionaria en Chile. Del construir poder popular como consigna a la construcción de hecho y a que este poder entre en abierta contradicción con el status quo, ha habido un trecho demasiado grande. Es necesario identificar las limitaciones, los puntos de quiebre, las fortalezas desde las cuales construir. Pensar las posibilidades estratégicas en este período requiere no sólo de realismo, sino de una buena dosis de creatividad política para no reproducir un esquema político (ie., el ritual electoral) que, aunque se venda como “novedoso”, está más que trillado y no logra capturar la imaginación de una población que se mantiene indiferente, a la vez que envía una señal contradictoria a los que ya están en lucha. La participación electoral, parece ser más bien demostración que lo que realmente tocó techo es la imaginación de la izquierda revolucionaria y libertaria.

Boicot electoral y construcción de poder popular desde abajo

La abstención, como hemos dicho, fue la gran ganadora de las pasadas elecciones. De por sí, esto no significa nada desde el punto de vista de acumulación de fuerzas para nuestro bloque. Nadie, mucho menos la izquierda revolucionaria o los anarquistas, pueden reclamar la abstención como una señal de respaldo político. De hecho, en la primera vuelta la capacidad de agitar los llamados a la abstención por parte de organizaciones populares y revolucionarias han sido muy escasos, en gran parte, debido a cierta confusión y desánimo producto del lanzamiento de la candidatura de Claude. Ha sido difícil reponerse de este impacto pues, en un país como Chile, se entiende que se hace política sólo cuando se vota o se levantan candidatos; si no es así, se asume que quedas fuera de la coyuntura... Mirada estrecha de la política de unos, y poca capacidad práctica y de organización nuestra para haber lanzado un boicot activo de éstas elecciones.

Decisión ésta de participar en las elecciones, que se hace aún más difícil de entender (desde una lógica o racionalidad libertaria) en la medida en que, como hemos dicho, el discurso libertario ha tenido un eco cada vez más importante en franjas cada vez más amplias del pueblo y en que la deslegitimación del bloque dominante y las instituciones públicas ha alcanzado un punto histórico. En vez de contribuir con herramientas para ayudar a forjar una alternativa política por fuera del escenario político hábilmente trazado por el bloque en el poder (con el fin de adormecer y confundir el terreno real en el que se libra la lucha de clases), se contribuyó a legitimar la institucionalidad en el reducido pero significativo círculo de influencia que se posee, y así a fortalecer la división entre la disociación entre lo “político”[10] y lo “social”, pese a que se intentaba originalmente todo lo contrario[11]. El mismo nombre de la plataforma electoral, “Todos a la Moneda”, en cierta medida expresa ese fetichismo del “poder político”, esa “estadolatría” que Poulantzas describe como endémica de las capas medias, que ve al Estado como árbitro, neutro, justiciero, fruto de un contrato social por encima de la lucha de clases, fuente de todo poder[12], cuando en realidad la disputa de poder, de hegemonía, se da con la burguesía en todas las esferas sociales, en ámbitos mucho más cotidianos.

En ese punto, la crítica anarquista sigue siendo potente y relevante cuando critica la lógica del Estado “democrático-representativo”, que se refleja en el juego electoral mediante la creación de:

un espacio artificial, ad-hoc y ficticio, dentro del cual se maneja, supuestamente, el ámbito de lo político, dentro de lo cual se mueve la administración del poder (…) es en este punto en el cual debe estar la crítica medular de los anarquistas a esta forma de ejercer la política: porque en nuestra concepción, el poder debe ser ejercido por los propios afectados, en los espacios cotidianos, en todos los ámbitos de nuestra existencia (…) Es por eso que el poder popular le debe hacer frente de la misma manera, enseñoriándose de nuestras propias vidas a cabalidad. (...) La no participación en elecciones burguesas, no puede ser considerada uno de los fundamentos políticos de la militancia anarquista revolucionaria, sino que se debe desprender naturalmente de nuestra estrategia de construcción en el seno de la clase obrera."[13]

Por ello sostenemos que, desde la perspectiva de la recomposición de un bloque revolucionario, así como desde la perspectiva estratégica de construcción de poder popular desde abajo, la táctica más acertada, aunque para nada fácil, en el actual momento y ante lo que se viene con el nuevo gobierno de coalición de Bachelet, era el boicot electoral ¿Qué significaba una política de abstención activa en la actual coyuntura?

  • denunciar los cantos de sirena de la “Nueva Mayoría” que nos insta a participar como "ciudadanos" responsables, y por otra, el ilusionismo de los sectores de izquierda radical (y libertaria) que pretenden convencernos que, no obstante no llamen a votar en esta segunda vuelta, el camino de la participación electoral en las actuales instituciones sigue siendo válido para el período;

  • llamar a la organización a todo nivel: escuelas, liceos, universidades, lugares de trabajo, barrios y comunas, en torno a las demandas locales, populares y de los trabajadores, anteponiendo a los ritmos de la política burguesa nuestra alternativa de construcción propia desde abajo;

  • llamar a acelerar los procesos de convergencia político-social en algún referente federativo que, respetando la vitalidad y la especificidad de las organizaciones de base, contribuya a unificar y amplificar la voz y opinión política de aquellos que optamos por la construcción de poder popular en sus diferentes expresiones, coordinando horizontalmente las diferentes iniciativas populares de base.

Tarea titánica pero que hay que asumir sin maximalismos, con perspectiva de que la tarea de recomposición del movimiento popular y revolucionario es una tarea lenta, prolongada, para la cual no hay atajos posibles, que requiere sentar bases para poder desarrollar niveles de confrontación y organización extendidos que puedan erosionar la actual hegemonía neoliberal.

Proyecciones políticas para el período post-electoral

RL planteaba que “Todos a La Moneda” no sería un espacio meramente electoralista, sino un polo de construcción (ie., desde arriba) para la lucha de los de abajo. El hecho es que después de las elecciones el panorama político para la izquierda revolucionaria, en términos de lo que se pretendía avanzar en niveles de unidad y organización, no varía sustancialmente respecto al período anterior a las elecciones -siguen trabajando los mismos sectores en los mismos espacios que antes. Antes bien, el sector libertario y su círculo de influencia, así como la izquierda radical a la cual la candidatura de Claude intentó apelar, se encuentra hoy más fragmentada, cruzada por desconfianzas y con recelos nuevos en su seno. En la misma plataforma electoral las querellas y las disputas intestinas han agotado las proyecciones estratégicas del espacio, hecho indudablemente exacerbado por el amargo sabor de la derrota.

La misma RL reconoce inequívocamente que el pobrísimo desempeño electoral de la plataforma es un fracaso: “La votación del 2,8% está muy por debajo de las expectativas, inclusive las más pesimistas”[14]. La derrota, sin embargo, no es solamente electoral, como lo pareciera entender RL, sino que la derrota es estratégica, profundamente política, expresión de la incapacidad de crear un proyecto ajustado a las actuales condiciones en Chile, al margen y en oposición a los rituales de auto-legitimación de la democracia representativa y de las instituciones del Estado (burgués, dicho sea de paso). A la vez que no podemos sobredimensionar al sector de la población crítico en base a la magnitud de la movilización social reciente, tampoco debemos confundir la necesidad de construcción de una alternativa política con la intervención en las instituciones del Estado (neoliberal): la lógica de la recomposición del movimiento popular ha tendido a buscar alternativas en la acción directa, en la auto-organización, de base y horizontal. Ahí, ante todo, está el verdadero aporte que desde lo libertario se puede hacer a la lucha popular hoy en día. Paradójicamente, desde lo “libertario” aparecen voces señalando la participación electoral en las desgastadas y desacreditadas instituciones, lo cual es, sin lugar a dudas, un retroceso.

El período político abierto en Chile anuncia grandes complejidades para las clases dominantes y para el movimiento popular. El bloque en el poder debe reorganizar un sistema político cada vez más desgastado y operarán, el pueblo lo sabe, con la zanahoria y con el garrote. Intentarán cooptar al movimiento popular y de trabajadores para legitimar los ajustes que tal reorganización requerirá, contando ahora explícitamente con la anuencia de la obsecuente dirección política del Partido Comunista. También sabemos que quienes no se sometan a las reglas de la "república" quedarán afectos a toda la fuerza estatal represiva reservada para quienes se niegan a seguir aguantando y reproduciendo la explotación, la discriminación, la desigualdad, la injusticia, la corrupción y la destrucción de las bases socio-ambientales de la vida colectiva. Las franjas de la izquierda independiente, sean comunitaristas, marxistas, libertarias o socialistas, ya no pueden seguir ensimismadas y deben multiplicar sus nexos con el movimiento de trabajadores y popular, multiplicar sus esfuerzos para acelerar los proceso de convergencia político-social y generar las condiciones políticas para retomar la iniciativa y abrir camino entre las fisuras que afectan la dominación política que impuso el Capital a partir de la contrarrevolución neoliberal de 1973.

Estas no son tareas para nada fáciles. La unidad en la que los libertarios han sido tan insistentes, se convierte hoy no solamente en algo necesario, estratégico, sino que urgente. El debate, desde siempre, no es sobre la unidad sino cómo se comprende ésta, cómo se desarrolla, cómo se construye. Es ahí donde el anarco-comunismo criollo hizo una gran contribución cuando el Congreso de Unificación Anarco-Comunista levantó, en el 2002, la consigna, hoy más relevante que nunca, de la Unidad desde Abajo y en la Lucha. Ésta es entendida como la “construcción programática desde las experiencias organizativas y de lucha realmente existentes”, que contribuya al “fortalecimiento de las organizaciones populares, verdaderos sujetos de la lucha revolucionaria (…) enfatizando el protagonismo político del mismo pueblo organizado en la tarea de madurar su posición y mejorar su capacidad de combate”[15], como señala elocuentemente Pablo Abufom.

Estos debates competen al conjunto del pueblo, especialmente a su franja organizada y en lucha. El cómo proyectar las demandas del movimiento popular hacia una alternativa de claro quiebre con el actual sistema es una tarea urgente que no puede ser asumida sino mediante un debate profundo y público, colectivo, democrático, informado, en el cual se respeten y debatan las diferencias en la búsqueda de puntos de confluencia y acuerdo, conociendo y respetando las diferencias, forjando consensos y no imponiéndolos. Hay muchos temas que quedan por resolver en la actual coyuntura para los revolucionarios: cómo ir a la lucha por las reformas más allá del reformismo; cómo articular estas luchas en un proyecto socialista integral y liberador; cómo construir procesos de unidad sin renunciar a la independencia de clase; cómo avanzar en la construcción de poder popular evitando la cooptación; cómo cualificar estas luchas con más discusión política y no ocultando casi que con vergüenza nuestras credenciales políticas; cómo forjar movimiento de masas sin temer si nuestras posiciones no siempre son mayoritarias. Todo esto, desde luego, desborda el objeto del actual escrito. En este debate colectivo, teórico-práctico, que lo debe dar el conjunto de la izquierda revolucionaria, sin embargo, estamos convencidos que los anarco-comunistas tienen un rol fundamental que jugar y un aporte muy específico, único, que hacer.

José Antonio Gutiérrez D.
Rafael Agacino

23 de Diciembre, 2013


[1] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-...aria/
[2] http://anarkismo.net/article/26441 http://anarkismo.net/article/26283 http://anarkismo.net/article/26394 http://www.elciudadano.cl/2013/11/04/97420/declaracion-...hile/
[3] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ y http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-m...ario/
[4] Obviamente, esto no era lo único que distinguía a “bakuninistas” de “marxistas”, ni tampoco la diferencia táctica debe considerarse al margen de otros factores de disenso. El debate que llevó al quiebre de la Primera Asociación Internacional de Trabajadores fue bastante más complejo que “a favor o contra las elecciones”. Hubo, también, cuestiones de método, de la autonomía de las secciones para elaborar táctica, involucradas y por ello es que no todo el sector que luego integraría al sector “anti-autoritario” (en oposición al sector liderado por Marx) derivó al anarquismo.
[5] Dejamos de lado la discusión de las tesis del municipalismo libertario desarrolladas por el ecologista social y anarquista estadounidense Murray Bookchin en la década de los ’80, las cuales han sido particularmente influyentes en el movimiento de liberación kurdo, porque su desarrollo responde a elementos totalmente diferentes a los esgrimidos por RL. En un artículo bastante mesurado y bien ponderado, alejado de todo dogmatismo, Ulises Castillo toca el tema del municipalismo libertario: “creo que negarse a una realidad futura en la que instancias intermedias como una, hasta aquí ficcional, institucionalidad municipal que permitiera dispersar el poder estatal, al tiempo que un fortalecimiento de las comunidades políticas organizadas, dentro de un marco de transición en proceso hacia un modo de vida y organización socialista, no podría ser negado a priori. Pero es justamente el cierre institucional actual, además del carácter del Estado en Chile, los que niegan la posibilidad de ver con buenos ojos, el reforzamiento de esta institucionalidad a través de la legitimidad otorgada a la ficción representacional”. http://www.perspectivadiagonal.org/los-libertarios-y-la...ados/
[6] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[7] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/...neda/
[8] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ El artículo en el que la tesis de la ruptura democrática ha sido trabajada con mayor claridad conceptual ha sido escrito por Felipe Ramírez http://www.perspectivadiagonal.org/una-apuesta-revoluci...aria/
[9] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libert...aria/ (énfasis en el original)
[10] Equiparado a lo “estatal”.
[11] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-...aria/
[12] Nicos Poulantzas “Fascismo y Dictadura”, Ed. Siglo XXI, 2005, pp.282-284.
[13] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[14] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/...neda/
[15] http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-m...ario/

 

Comments (1 of 1)

author by disidentepublication date Tue Dec 31, 2013 02:02

buen aporte, con todas las miras abstraídas de la embriaguez electoral y coyuntural!

 

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31 décembre 2013 2 31 /12 /décembre /2013 13:13

Principios y principismo

by V. Benoit

 

De forma evidente, el movimiento libertario se encuentra en uno de sus puntos más altos. Sin embargo, el crecimiento y el desarrollo no es algo lineal, simple o armónico, menos si hablamos de un movimiento político que, inserto en la lucha de clases, padece de sus vaivenes y trata de sortear los embates. En ese marco, no es extraño que cada cierto tiempo se abran importantes discusiones políticas. Lamentablemente, el actual debate llega un tanto atrasado. La decisión de un sector de los libertarios por hacerse parte de una apuesta táctica –respetable como cualquier decisión, pero errada en nuestra opinión- y que considera un componente frente al cual existe toda una tradición crítica (anarquista y marxista), como es el electoral, fue tomada sin mediar el debate público y abierto (al cual los libertarios no estamos en absoluto acostumbrados) y hoy nos tiene a todas y todos expectantes y parece no resolverse al corto plazo .

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Principios y Principismo

El eclecticismo por definición, siempre es excesivo porque se basa en la incapacidad de ver que cualquier fusión teórica auténtica se produce por absorción, y esto requiere que una sea la teoría absorbente y la otra la absorbida. Ello significa que el sistema conceptual al que se incorporan los elementos metabolizados procedentes del exterior sigue siendo el mismo sistema conceptual (aunque esté en un proceso de crecimiento)
D. Guerrero.

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor

E. Pottier, La internacional

De forma evidente, el movimiento libertario se encuentra en uno de sus puntos más altos. Sin embargo, el crecimiento y el desarrollo no es algo lineal, simple o armónico, menos si hablamos de un movimiento político que, inserto en la lucha de clases, padece de sus vaivenes y trata de sortear los embates. En ese marco, no es extraño que cada cierto tiempo se abran importantes discusiones políticas. Lamentablemente, el actual debate llega un tanto atrasado. La decisión de un sector de los libertarios por hacerse parte de una apuesta táctica –respetable como cualquier decisión, pero errada en nuestra opinión- y que considera un componente frente al cual existe toda una tradición crítica (anarquista y marxista), como es el electoral, fue tomada sin mediar el debate público y abierto (al cual los libertarios no estamos en absoluto acostumbrados) y hoy nos tiene a todas y todos expectantes y parece no resolverse al corto plazo .

Del conjunto de decisiones y apuestas se ha repetido como argumento que cierto sector que no comulgamos con la participación en el comando de “Todos a la Moneda”, caemos en el principismo. Por otro lado, se argumenta que “lo libertario”, en su amplitud, se caracteriza por su heterodoxia y falta de dogmatismo. En nuestra opinión, lo primero no puede ser más que una arbitrariedad y no aporta nada al debate, mientras que lo segundo debe ser relativizado. La heterodoxia, si uno es riguroso con su concepto, alude a una posición respecto de la ortodoxia, es decir, de las ideas dominantes en un momento determinado. En ese sentido, su carácter es relativo y, en determinados momento, la heterodoxia puede, fácilmente, pasar a ser dominante, es decir ortodoxia, más aún: dogma. Esto se ve claro en economía, por ejemplo, donde las perspectivas económicas adscritas a la teoría del valor o al socialismo como perspectiva política emergen como heterodoxas en el marco de la economía neoclásica dominante . Por lo tanto, señalar que “lo libertario” se caracteriza por su heterodoxia no dice mucho, sino que señala un rasgo pero no justifica un contenido. En nuestra opinión, creemos que esta idea de heterodoxia es algo propio de lo libertario porque este ideario histórico, arraigado en la matriz anarquista, se ubica a la izquierda del imaginario revolucionario predominantemente autoritario, destacando una serie de “principios” que no son formulas abstractas, sino son conclusiones históricas derivadas de la lucha misma de los trabajadores, lecciones de sus encuentros abiertos con la burguesía, etc. es sólo por eso que podemos señalar que el pensamiento libertario, el anarquismo, siguen siendo profundamente heterodoxo, pero nada más. En ese mismo sentido, la apuesta electoral que algunos han optado por desarrollar se mostraría, en principio, como heterodoxa porque es una posición minoritaria, extraña a la tradición libertaria, pero se trata de una situación relativa y que nada dice de las virtudes de la misma. De todas formas, nuestra opinión es que la actual apuesta electoral –como fue planteada en lo concreto- no es heterodoxa sino que se inscribe abiertamente en el eclecticismo (tal cual lo definimos en el epígrafe del texto). De todas formas, esto tampoco dice mucho sobre sus virtudes o defectos, pero nos sirve para ir afinando el juico al respecto de la apuesta misma.

¿A qué tradición no renunciamos?

En un lugar de Europa, de cuyo nombre muchos no quieren acordarse, no hace mucho tiempo que vivía un gigante de mente brillante, pluma afilada, barba abundante y padecimientos varios. Con su visión de alcance histórico, allá por 1864, sintetizaba la máxima de todo el movimiento obrero: “…que la emancipación de la clase obrera debe ser conquistada por la clase obrera misma…” . Tal cual lo hacía Bakunin cuando declaraba su entrega completa a la causa de los trabajadores, dejando de lado los movimientos nacionalistas y se integraba a la misma organización del barbón ya citado. Esto que ahora nos parece un principio no es sino el resultado de largas batallas dada por los trabajadores desde 1848 y que, para esa fecha, ya decantaban en una perspectiva teórica propia y un programa de una clase que entraba con pie firme en la historia. En otras palabras, la independencia política de los trabajadores, como partido diferente y separado de la burguesía y las demás clases –que no impide que las conduzca bajo su programa, obviamente- tiene un arraigo histórico, en tanto es la clase trabajadora la única con capacidad transformadora real mientras el modo de producción dominante sea el capitalista. Este “principio” ha sido el guía de todas las apuestas revolucionarias digas de tal nombre. Por lo tanto, hay que decir que “los principios” no son una arbitrariedad teórica, sino que son un resultado histórico derivado no sólo de la lucha de los trabajadores, sino del estudio cuidadoso de la realidad concreta que acompaña esa lucha. A diferencia del “principismo”, que no es sino una mera caricaturización del argumento.

En nuestra opinión, esta idea de autoemancipación comprende en su fórmula política la idea de “independencia de clase” o “clasismo” –junto a otras como son el anti-estatismo o el rechazo a la forma burguesa de estado-, algo que a muchos les parece un poco abstracto, pero que ha sido la bisagra que ha diferenciado a revolucionarios y reformistas. Esto se aprecia, por ejemplo, en las discusiones en torno al etapismo propio de los partidos de arraigo estalinista, el debate sobre el frente único o frentes populares, en los debates rusos antes de la revolución de octubre, retrocediendo hasta la discusión de la revolución permanente planteada por Marx en los años 50´ del siglo XIX y llegando al cómo entender la relación de los trabajadores con regímenes como el chavista, el frente amplio uruguayo, el kishnerismo y en Chile con candidaturas como Roxana o Marcel Claude, etc.

De esto se sigue, en nuestra opinión, que es posible ver eclecticismo ahí donde se insiste en hacer pasar como heterodoxia una apuesta que socaba este principio fundamental. “Violación” que se expresa, en los hechos, en la perdida de independencia de los trabajadores y su colocación como fuerza a la cola de un programa que es extraño a sus intereses de clase y que, en su desarrollo, atenta contra ellos mismos. Por lo tanto, la pregunta es que, si bien la clase trabajadora debe tener una amplitud táctica (que puede incluir el componente electoral) se trata de visualizar si tal apuesta lo hace a contrapelo de la independencia de los trabajadores como partido .

Por lo tanto, el tema de la amplitud táctica emerge como un razonamiento falaz (incorrecto) si es que no se le considera en su justa relación con el principio que mencionamos que, como ya dijimos, no es una arbitrariedad, sino la condición de posibilidad identificada por la tradición clásica y no tan clásica de victoria definitiva de los trabajadores por sobre el estado y el capital, que es la finalidad buscada por todos los libertarios. En otras palabras, la táctica electoral es táctica justamente porque se subordina la estrategia diseñada para desarrollar, sostener e impulsar tal principio básico.

Obviamente, este principio fundamental no existe en abstracto, sino que se expresa en condiciones concretas, históricas. Esta forma de expresión no es sino el programa y la estrategia, que dependen a su vez de la correlación concreta de fuerza entre clases. Es este momento el que sintetiza las tareas a realizar durante un periodo determinado de la lucha de clases y que, fundado en este principio, orienta la lucha de los trabajadores. Por lo tanto, el tema de la amplitud táctica no se puede resolver sólo desde una tipología formal, como lo hace Daniel Pérez ,o de definir lo electoral como una mera tribuna, como le sucede a Relmü Quilapán sin caracterizar su contexto, sino que se resuelve comprendiendo el rol que cumplen respecto del programa y la estrategia. Si no, es mero formalismo y una ventana al critenismo parlamentario o electoralista. Por lo tanto, hay que señalar que nuestro problema con la apuesta de “Todos a la Moneda” –que es lo que ha abierto el debate en torno a lo electoral- no tiene que ver con lo electoral, en principio –aunque sigue siendo un tema que hay que desarrollar teórica y políticamente-, sino, por un lado, con el programa que levanta y su utilidad respecto del desarrollo de la independencia de clase –que se muestra como un objetivo central si es que se espera salir del periodo con una clase trabajadora empoderada y no con un mero ajuste neoliberal o nuevo pacto entre las clases en un estado burgués refundado- y, por otro, como base para el agrupamiento de una izquierda revolucionaria que, al largo plazo, pueda devenir un partido –en su sentido amplio- de trabajadores y el pueblo. O, en otras palabras, y aludiendo a algo que ya tratamos de forma general también en otro lado , como contribuye ese proceso a forjar una dirección revolucionaria que pueda conducir primero el asedio y luego el asalto al poder burgués.

V. Benoit.
Santiago
Diciembre 2013

 

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18 décembre 2013 3 18 /12 /décembre /2013 19:28

 

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15 décembre 2013 7 15 /12 /décembre /2013 18:48

Albert Camus
desde esa visible oscuridad

 

Antonio Valle

Hace unos días, una desesperada jovencita anunció en internet que se suicidaría por desamor, y lo cumplió.* Como parte del absurdo cotidiano, y a propósito del primer centenario del nacimiento de Albert Camus, comencé a hojear sin proponérmelo el libro Esa visible oscuridad, de William Styron. En esa Memoria de la locura –que es el subtítulo de esa pequeña joya–, Styron hace un recuento de la profunda depresión que comenzó a sufrir en el verano de 1985. Mi lectura paradójica devino en evidencia al saber que los libros de Camus sintonizaban “radicalmente con la visión de la vida” que Styron se había hecho cuando tenía treinta años. Por ejemplo, dice: El extranjero “fue un formidable detergente de mi intelecto”, y aceptaba enteramente que “sólo hay un problema filosóficamente serio, y es el suicidio”. Después, para seguir con el tono de esta máxima violenta y radical, de manera sobrecogedora Styron relata cómo la depresión fue infiltrándose en su vida sin que él pudiera darse cuenta.

La madre ab-surda

La filosofía del absurdo que Camus explora tiene como telón de fondo la segunda guerra mundial, cereza del pastel de la milenaria actividad bélica internacional. Es el momento en el que se derrumban las filosofías racionalistas (que ya habían sido brillantemente cuestionadas desde el siglo XIX por los maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche y Freud), incapaces de dar una respuesta elemental a miles y miles de seres humanos que tienen una sola pregunta: ¿qué hacemos para existir? En este sentido, tiene una coherencia interna implacable que la palabra “absurdo” se componga del prefijo ab (de) y sordus (sordo). En la antigüedad, esta palabra se aplicaba como concepto musical, y en el alto latín hacía referencia a sonidos bruscos y disonantes; estridencia o sordera que puede aplicarse tanto a los amos de la consternación internacional como a los antihéroes de Albert Camus; esos aliens indiferentes ante el teatro o el sinsentido de la vida que se niegan a formar parte –como si no pasara nada– del hato humano demencial.

Se sabe que la madre de Camus era sorda; además de que no sabía leer ni escribir, trabajaba como sirvienta y vivía una complicación lingüística franco-árabe. Se sabe que el niño Albert Camus vivió en la orfandad y en la pobreza (su padre murió en combate durante la primera guerra mundial). Es probable que entonces sufriera los primeros ataques existenciales para los que no encontró respuesta; acaso, eso sí, la contundencia corporal y algunas disonancias fonológicas de su madre, objeto de su amor que, décadas más tarde, en pleno conflicto bélico en Argelia, lo hizo decir: “Ninguna causa, aunque sea inocente y justa, me separará jamás de mi madre, que es la causa más importante que conozco en el mundo”, declaración festinada por sus detractores que la calificaron como “un gran error político”. Por supuesto, esta afirmación en la que Camus prefería estar al lado de su madre y no impartiendo cátedra en torno a las grandes discusiones de la historia, fue interpretada como una postura ideológica sin ética que no se comprometía con la realidad. La descalificación que hicieron correr los “existencialistas” de la postguerra fue tan efectiva que, aunque hace ya décadas se vino abajo el Muro de Berlín, todavía hay quienes nostálgicamente se alinean a los grupos que vivieron en la misère de la philosophie y a la sombra de Sartre.

Amor constante más acá de la muerte (o la defensa maniaco-depresiva)

Camus se interesó profundamente por el individuo. Hablaba de la gente, no de sistemas totalizadores políticos, filosóficos, ideológicos o religiosos que, hasta la tercera parte del siglo XX, funcionaron para imponer distintas formas de creer y de pensar, combinaciones y refutaciones físicas y metafísicas que se debatían entre la esperanza y el miedo. Por supuesto, estos sistemas de control –renovadores de la fe en las milicias, en la dictadura del partido o en las huestes celestiales– eran francamente inaceptables para una humanidad que había declarado una guerra a muerte contra ella misma.

En El mito de Sísifo, un hombre audaz, aunque de reputación dudosa, después de morir y engañar al soberano de los muertos, regresa a la vida para seguirla disfrutando. Como los dioses no logran atrapar al formidable sensualista recurren a Hermes, ese megahéroe que, además de ser el santo pagano de comerciantes y ladrones, por sus dotes de alquimista y clarividente es uno de los protagonistas estelares del juego semiótico y del psicoanálisis. Hermes logra atrapar a Sísifo y lo lleva prisionero de regreso al Hades, ese territorio del inconsciente o in-visible oscuridad donde operan complejos psíquicos y mitos. Sísifo tiene que cumplir con la sentencia que lo condena, a perpetuidad, a subir una montaña mientras empuja una enorme piedra. Cada vez que llega a la cima (especie de umbral saturado por una formidable fuerza de gravedad) la piedra rueda cuesta abajo. Hace años escribí que es preferible volver a empezar con lo que sea, desde el mismo corazón del absurdo, antes que dejarse someter por la melancolía o por un falso optimismo hasta el fin de nuestra vida. Trataré de explicar esta idea a partir de la imagen de Sísifo cargando su enigmática piedra. Esta frase posee una sospechosa sonoridad que la vincula con el concepto psicoanalítico de “carga libidinal”, en la que el héroe –el yo–, antes que hundirse definitivamente ante la inercia de la roca, asume la extraordinaria tarea de reanimar el movimiento e iniciar un nuevo ascenso. Sin embargo, Sísifo no es exonerado por default; de ser así, la piedra, con todo y Sísifo en la cima –permítanme usar la metáfora de un grupo musical argentino– podría irse del otro lado de la muralla que divide todo lo que fue de lo que será, y el tiempo real volvería a activarse. Nuestro héroe, al fin, podría bajarse de la rueda de la fortuna, pero entonces ya no sería un personaje mítico, sino que formaría parte del estado consciente de la mente. Mientras esto no suceda, será la constancia de Sísifo la que mantenga a flote al yo –aunque sea con altas y bajas. Sísifo es un símbolo que representa la defensa que establece el hombre absurdo (probablemente aquel diagnosticado como maníaco-depresivo) para evitar un knockout forever and ever.

Planeta Melancolía

Al designar una sombría paradoja, los editores decidieron ilustrar la portada de Semblanza, suma de poemas y textos de Alejandra Pizarnik, con el cuadro Extracción de la piedra de la locura, de Hieronymus Bosch, obra que alude al trastorno límite de la personalidad que condujo a la gran poeta argentina a buscar una mejoría en el suicidio; una tragedia en la que ni los oficios amorosos de Olga Orozco y de Julio Cortázar lograron impedir que la piedra de la locura minara definitivamente a la querida Alejandra. Ella era capaz de escribir versos como éste: “alguien en mí dormido/ me come y me bebe”. Un fenómeno semejante sucede con la protagonista del filme Melancholia (Lars Von Trier, 2011.) Ahí, media docena de personajes masculinos francamente repugnantes –junto a un progenitor mequetrefe– son incapaces de reivindicar la figura paterna. La historia comienza cuando un planeta diminuto, o piedrita de la locura, se va haciendo visible en la materia negra que circunda al sistema solar. De manera imperceptible, el planeta Melancolía va creciendo hasta que irrumpe violentamente sobre la pantalla atropellando a todos. Es una historia similar a la de Randall Jarell –excelente poeta y crítico de la generación de Styron–, que murió atropellado por un automóvil, y aunque su mujer insistía en que la tragedia había sido accidental, el mismo Styron narra cómo el escritor había intentado varias veces liberarse de una depresión extrema. Más o menos sucede lo mismo con Roland Barthes, quien también muere atropellado “absurdamente”. El semiólogo francés dejó constancia de su depresión en el Diario de duelo que comenzó a escribir al día siguiente de la muerte de su madre. Sus punzantes notas revelan los síntomas de una melancolía abismal. Va un ejemplo:

Otoño de 1921.

Proust está a punto de morir (toma demasiado Veronal)

–Celeste: “Nos volveremos a encontrar en el Valle de Josafat.

–¡Ah!, ¿de verdad usted cree que volveremos a encontrarnos? Si yo estuviera seguro de volver a encontrarme con mamá, moriría de inmediato.

Styron explica que la depresión que lo postró no fue del género maníaco-depresivo, es decir, que no sufrió los característicos hundimientos con cúspides de euforia. Styron, autor de novelas tan importantes como Esta casa en llamas y La decisión de Sophie, escribió historias en las que deambulaban personajes alcohólicos y suicidas. No es casual que su depresión comenzara a manifestarse cuando dejó de consumir las grandes dosis de alcohol que lo “ayudaban” a atemperar su angustia. Dice: “Me quedé encallado y ciertamente en seco y sin amor.” Cualquier miembro de Alcohólicos Anónimos sabe que esta descripción de Styron es la de una clásica borrachera seca; son los anuncios de una visible oscuridad en la punta de un iceberg. El complejo principal no se encuentra ahí, sino en el fondo oscuro donde ha ido creciendo un nido emocional. Mediante una prosa puntual y aterradora, Styron explica que, una vez que fue vulnerado por la depresión, un dolor insoportable lo obligaba a desear la muerte. Luego, mientras imaginaba las mil formas de suicidarse, dice que una especie de observador o de “segundo yo” miraba con desapego cómo algo de melodramático y teatral brillaba en esa puesta en escena. Es curioso que de las ciento treinta y tantas páginas de su libro, Styron sólo dedicara tres a la muerte de su madre, muerte que en realidad es la piedra roseta que podría explicar el hundimiento del escritor. Para el psicoanálisis, el duelo es un estado normal ante la pérdida del objeto amado que le permite renunciar a él; a diferencia de la melancolía, donde el objeto desaparecido se constituye como el yo mismo del sujeto. La paradoja mortal es que ese objeto perdido dentro del yo conlleva una extinción del deseo. Después de provocar inhumanos ataques a la autoestima, víctima de sí mismo, el sujeto vislumbra el pasaje al suicidio. Para ilustrar esta secuencia, imaginemos cómo el enigmático Mersault de El extranjero, después de enterrar a su madre “dentro de sí”, sospechosamente no es capaz de recordar cuándo ha muerto, manifestando axiomáticos síntomas de melancólica. Por ejemplo, como la protagonista de la película Melancholia, antes de morir tiene un encuentro sexual injustificable (absurdo) y enigmático. En realidad la condena a muerte que dicta la justicia argelina es un suicidio proyectado por el alien magistral creado por Albert Camus. Aparentemente se trata de un tipo de depresión limítrofe de la que Styron consigue salir con vida, pero que no concede indulto a Roland Barthes. Styron dice que se encontraba haciendo los últimos preparativos para suicidarse cuando “recordó” la voz de su madre cantando el pasaje de la Rapsodia para contralto, de Brahms; canto que impidió que consumara el “autosacrificio”. Evidentemente su madre, que tenía la potestad y el oído para afinar como contralto, no era sorda, palabra que curiosamente tiene como sinónimos: indiferente, fría y ahogada.

Después de todo, El primer hombre

Uno de los últimos textos que escribió Camus fue un agradecimiento a Mozart que –piensa su biógrafo Hildesheimer– también sufría una alteración anímica bipolar. Por un instante imaginemos el momento de gloria que el hijo de las musas comparte con Sísifo. Están en la cima de la montaña, experimentando una lluvia de emociones mientras escuchan el aria de “La reina de la noche” de La flauta mágica. Ahora, desde el fondo de la montaña, escuchemos el coro Confutatis Maledictis. Cuando Sísifo ya no logra cargar la piedra de la melancolía, Mozart exhala la última bocanada y no logra terminar su Réquiem. Por último, imaginemos el árbol tropical que absurdamente detiene la marcha del auto donde viaja Camus. Hacía unas horas aún escribía El primer hombre, hermosa novela que describe el encuentro con el padre. El combatiente de la Resistencia francesa ha logrado hacer el viaje íntegro del héroe. Antes de morir en ese accidente, Albert Camus recuerda la mirada del primer hombre; sabe que no es en el planeta Melancolía donde hallará su última morada.-

*Cada 40 segundos muere alguien por suicidio en el mundo.-

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15 décembre 2013 7 15 /12 /décembre /2013 14:53

Camus: la rebelión  contra el absurdo

 

Xabier F. Coronado

Sólo pensamos en imágenes, si quieres ser filósofo escribe novelas.
A. Camus: Carnets I

El pensamiento filosófico y la creación literaria han venido de la mano a lo largo de la historia de las civilizaciones. Esa hermandad se ha convertido en una simbiosis que es difícil disociar. Durante el pasado siglo, algunos pensadores reunieron una producción literaria que iba más allá del ensayo y se adentraba en terrenos de la narrativa. Esos escritores, sobrevivientes de guerras y crisis, tuvieron que replantearse cuestiones fundamentales sobre el sentido de las relaciones sociales y su influencia en el proceso histórico de la humanidad.

Con el siglo XX surgieron en Europa grupos de intelectuales y artistas, como los dadaístas y los surrealistas, que expusieron sus enfoques a través de manifiestos públicos; otros mantuvieron posiciones nihilistas, psicoanalíticas o existencialistas, casi siempre comprometidas políticamente. Filósofos y escritores forjaron sus textos entre las ruinas de imperios caídos, masacres bélicas o regímenes totalitarios, y marcaron a la generación que provocó el estallido del ʼ68. Entre ellos aparece la figura de Albert Camus, un escritor formado en la periferia, que irrumpió con fuerza en los centros intelectuales europeos y marcó una huella que, a cien años de su nacimiento y más de cincuenta de su muerte, permanece fresca.

A pesar de que el propio Camus declaró: “Yo no soy filósofo; no creo suficientemente en la razón como para creer en un sistema”, en el conjunto de su obra encontramos teorías y conceptos desarrollados con tal profundidad que reconocemos en él a un filósofo que divulga su pensamiento a través de diversos géneros literarios. Novelas, ensayos, artículos periodísticos y obras de teatro son el vehículo para trasmitir respuestas a las preguntas básicas que la filosofía ha intentado contestar a lo largo de la historia del pensamiento humano.

Camus es un filósofo de escuela personal, un escritor de género propio que murió a los cuarenta y seis años y dejó una obra que pone en evidencia a esos intelectuales que se entregan al hermetismo académico y se aíslan del mundo en palacios de cristal, opacados por la oscuridad del colaboracionismo. Un pensador que concibe a través de la palabra escrita –“pienso de acuerdo con las palabras y no con las ideas”– y de las imágenes que de ellas se desprenden –”en una buena novela, toda la filosofía está en las imágenes”–; en definitiva, un artista filósofo –”quien filosofa es el artista que tengo dentro”. (Carnets II)

Origen y educación: El primer hombre

¿Cómo hacer entender que un niño pobre pueda a veces
sentir vergüenza sin tener nada que envidiar?

A. Camus: El primer hombre

Albert Camus nació en noviembre de 1913 en Mondovi, un pueblo de Argelia, en el seno de una familia de migrantes. Su madre, una mujer humilde de origen español, se casó con un trabajador de ascendencia francesa que fue movilizado para combatir en la primera gran guerra y murió cuando Camus tenía pocos meses de edad. La familia se trasladó al barrio obrero de Belcourt, en la ciudad de Argel, a casa de la abuela materna; ese fue su hogar hasta los diecisiete años.

En su novela póstuma, El primer hombre (1994) –cuyo manuscrito apareció en una cartera dentro del coche donde perdió la vida en enero de 1960–, Camus reconoce su realidad familiar y la asume con satisfacción: “Junto a ellos, no he sentido la pobreza ni la necesidad, ni la humillación. ¿Por qué no decirlo? He sentido, y todavía siento, mi nobleza. Ante mi madre, siento que pertenezco a una raza noble: la que no envidia nada.” De este entorno –una familia “desnuda como la muerte, donde no se leía ni escribía”– era difícil presagiar que surgiera uno de los pensadores más originales de su época. El desarrollo de su educación fue un camino arduo, recorrido a base de voluntades unidas con el objetivo de conseguir una formación completa que sería el cimiento de toda su obra.

La figura de su maestro, Louis Germain, nos proporciona elementos de reflexión sobre las verdaderas funciones pedagógicas de la escuela. Cuando de niño se adquiere la disposición al saber, ya no se pierde nunca; entonces las barreras sociales, que vinculan origen y destino, disminuyen su influjo determinante y el conocimiento abre puertas que pueden conducir a espacios sin límites.

La práctica de hábitos intelectuales, como la lectura, darán a Camus una cultura sólida que le permitirá desarrollar ideas propias surgidas del conocimiento asimilado. Fue visitante asiduo de la biblioteca municipal y en su formación intelectual intervino un familiar de ideología anarquista que le proporcionó una biblioteca variada y ecléctica. En sus lecturas filosóficas se nota la influencia de su joven profesor, Jean Grenier. El joven Camus termina el bachillerato y, posteriormente, se diploma en letras, pero una tuberculosis le impide culminar sus estudios.

El primer hombre es un texto autobiográfico en el que Camus, en su madurez literaria, deja un testimonio vivo e intenso que contrasta con la habitual afectación de intelectuales menos comprometidos. Al asumir sus propias raíces –”soy un becario, pero no un desclasado”–, marca la diferencia de origen con muchos pensadores de la época: “casi todos los escritores franceses que pretenden hablar hoy en nombre del proletariado han nacido de padres acomodados o ricos”. (Prólogo a La maison du peuple, de Louis Guilloux).

De Argel a París: El hombre rebelde

La rebelión nace del espectáculo de la sinrazón
ante una condición injusta e incomprensible.

A. Camus: El hombre rebelde

A partir de 1935, Camus se dedica al teatro y participa en la fundación de grupos como Théâtre du Travail, y Théâtre de l’Équipe. En esa primera etapa de actividad teatral desarrolla un trabajo sobre la revolución anarquista de 1934 en Asturias, Revolte dans les Asturies (1936), donde trata por primera vez la lucha de clases. También adapta El secreto, de Ramón J. Sender, y en 1937 estrena un montaje sobre La Celestina, de Francisco de Rojas.


El escolar Camus.
Foto: rentabilizatublog.com

Estas referencias, así como sus traducciones y adaptaciones de clásicos españoles –Lope de Vega y Calderón de la Barca, entre otros–, señalan una influencia hispana en la obra de Albert Camus. Consciente de esa herencia llegó a afirmar: “Tuve allá, en Argelia, todas las ocasiones de desarrollar una ‘castellanería’ que me ha dejado secuelas [...] que he tratado en vano de corregir hasta que he comprendido que eran también una fatalidad de naturaleza.” Su amigo Emmanuel Roblès afirma que: “España estaba viva en su sangre y tenía el tipo ibérico que describe Madariaga: cuerpo duro y elegante, cara delgada y sobre todo una mirada grave e irónica siempre penetrante.” (Hommage a Albert Camus, Nouvelle Revue Française, 1960).

Además, Camus mantuvo un apoyo constante a los republicanos españoles a través de numerosas acciones y diversas colaboraciones periodísticas, donde mostró sus afinidades ideológicas con los anarquistas (Solidaridad Obrera, Monde Libertaire y Révolution Prolétarienne). Años después escribe El estado de sitio, una alegoría crítica sobre las dictaduras que sitúa en Cádiz. Toda esta influencia está señalada por él mismo en un texto titulado Ce que je dois à l’Espagne (1958).

En 1937 Camus publica su primer libro, El revés y el derecho, que contiene textos sobre su barrio e impresiones de sus primeros viajes. A partir de entonces realiza una intensa actividad periodística en Alger Républicain y Soir-Républicain. En 1940 fue prácticamente expulsado de Argelia a causa de un reportaje sobre la miseria en que vivían los árabes (Misère de la Kabylie, 1939). También publicó Noces (1939), un volumen que recoge cuatro ensayos autobiográficos en los que exalta su visión de la naturaleza bajo el sol y ante la mar.

Con todo este bagaje formativo, Camus llega a París en 1940 y se incorpora a la vida cultural e intelectual de la capital francesa. Trabaja en publicaciones de carácter político durante la Resistencia, y entre sus artículos destacan las editoriales que escribe para el periódico Combat.

Jean-Paul Sartre, que había elogiado su novela El extranjero, se apoyó en Camus para introducirse en el CNE (Comité Nacional de Escritores), y en 1943 pidió su colaboración para interpretar y dirigir su obra A puerta cerrada. Entre ambos se desarrolló una amistad llena de desencuentros: Sartre hablaba de Camus como “ese golfillo de Argel, tan divertido, tan truhán” (Situations IV) y en las cartas dirigidas a Simone de Beauvoir (Cartas al Castor) decía estar harto de ver cómo gustaba a todas las mujeres que se cruzaban en su camino; y es que Camus, sin saberlo, había mantenido relaciones con una de las mujeres del círculo íntimo de Sartre.

A pesar de su molestia, Sartre aceptó en 1944 una invitación de Camus para viajar a Estados Unidos como corresponsal de Combat, aunque luego enviaría los ensayos más elaborados al periódico conservador Le Figaro. A nivel político comenzaron a disentir por la defensa que hacía Sartre del estalinismo. Tiempo después, cuando Camus publicó El hombre rebelde (1951), se produjo el enfrentamiento directo: Sartre publicó una serie de sentencias descalificadoras a nivel personal, que rompieron su relación definitivamente.

A lo largo de su vida, Camus desarrolló una forma de “periodismo crítico”, de carácter filosófico, donde el periodista ejercía de “historiador cotidiano” y tenía como “primera preocupación defender la verdad” (Combat, septiembre de 1944). Camus explica que los regímenes totalitarios y las democracias burguesas separan el trabajo de la cultura: sobre el trabajo ejercen una opresión económica y en la cultura, “la corrupción y el escarnio cumplen su función. La sociedad mercantil cubre de oro y privilegios a los bufones decorados con el nombre de artistas y los impulsa a todo tipo de concesiones”. (Carta a Révolution Prolétarienne, 1953).

Albert Camus recibió el Nobel de Literatura en 1957 por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”, y siguió escribiendo hasta el momento de su inesperada muerte. Entonces, Sartre nos dejó sobre el ausente una aseveración donde quedaron reflejadas sus propias carencias: “Su humanismo terco, estricto y puro, austero y sensual” (France-Observateur, núm. 505, 1960); posteriormente, al cumplir setenta años, reconocía: “Fue, probablemente, el último buen amigo que tuve” (Situations X).

Absurdo, rebelión e independencia

Yo he elegido la justicia para permanecer fiel a la tierra.
A. Camus:

A través de la novela –El extranjero (1942)–, el ensayo –El mito de Sísifo (1942)– y la obra de teatro –Calígula (1944)–, Camus desarrolla una de sus ideas fundamentales, el absurdo: “La existencia humana no tiene sentido alguno.” A pesar de esta certeza, Camus decía que la vida tenía un valor inestimable y había que vivirla con la pasión de la conciencia del instante.

Con la novela La peste (1947), la obra de teatro El estado de sitio (1948) y el ensayo El hombre rebelde (1951), Camus enfrenta la certeza del absurdo con la rebeldía. El absurdo es el punto de partida de una rebelión movida por el compromiso de la acción solidaria ante la injusticia y el sufrimiento en el mundo. Camus declara la necesidad de servir a la verdad y vincularse a la lucha contra la opresión y el oscurantismo, enarbolando el estandarte de una cultura rebelde que, al apostar por la claridad del conocimiento, permita disipar las sombras de la cultura dominante.

La misión del arte, para Camus, es expresar lo que nadie dice. La literatura es una forma lúcida de transgresión que se afirma en la rebeldía. El artista libre se arriesga porque su labor creadora exige una voluntad férrea en pos de la verdad, que le obliga a rechazar los valores corruptos de lo establecido para implantar una nueva realidad donde toda forma de opresión desaparezca. El artista tiene ese deber consigo mismo, pero sobre todo con aquellos que han sido marginados en el transcurso de la historia. Un compromiso con los que luchan contra la injusticia y la explotación.

Albert Camus asumió la rebelión personal ante lo absurdo de la existencia. Su compromiso se sustenta en dos premisas fundamentales: independencia y honestidad; porque los mecanismos de defensa de los que ejercen el poder han encontrado en el servilismo y la corrupción el antídoto al veneno liberador que el hombre rebelde inocula en la sociedad, con el objetivo de cambiar la dinámica funesta de la historia.-

 

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13 décembre 2013 5 13 /12 /décembre /2013 15:12

 

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29 novembre 2013 5 29 /11 /novembre /2013 15:50
"Para llegar a una sociedad satisfactoria y justa hay que destruir el capitalismo" 
 
  x Pablo Fernández Fernández 29/11/2013 
 
  Entrevista con Miren Etxezarreta :: La economista considera que "un capitalismo verde, o con rostro humano, no se puede dar"
 

El capitalismo necesita de crisis cíclicas para superar sus contradicciones. Cuando esta última crisis aparece, primero en el ámbito financiero, pero traspasándola automáticamente a todos lo niveles, ¿tiene algo que la haga especial, o es una crisis más? ¿Supone un punto de inflexión?

No es un punto de inflexión en el sistema. Yo creo que es una crisis más del capitalismo, unas son más intensas y otras menos. Ésta es bastante intensa, pero no creo que vaya a suponer una transformación en tanto en cuanto capitalismo, no veo el punto de inflexión.

Vivimos un proceso de atomización en el Estado Español, a partir de los 80 hay un proceso de deslocalización a los países subdesarrollados, y con el auge del Estado del Bienestar desde los 50. Esto ha supuesto un aumento de la terciarización de la producción, con aumento de la conocida como clase media ¿Qué define a la clase media como tal?

Es una distinción artificial, extremadamente. La diferencia fundamental es que la clase media tiene unos salarios más altos y las clases populares más bajos. Generalmente, la clase media tiene un nivel de formación superior que le permite acceder a escaños más altos, pero en el fondo de la cuestión trabajadores asalariados son unos como otros, con la diferencia de que unos reciben más. Esencialmente, no hay diferencia, sólo de nivel mientras las cosas van bien. Cáritas está diciendo que cada vez ayudan a más gente de clase media. Quiere decir que si una persona de clase media se queda sin salario tampoco puede sobrevivir.

Quienes no son propietarios del capital y venden su fuerza de trabajo, esencialmente da igual el nivel de su salario. No es exactamente lo mismo, pero en el esquema de la producción no hay diferencia.

Postulas una vía alternativa para salir de la crisis, e incluso del capitalismo. ¿Por dónde hay que caminar y cómo?

Hay que distinguir dos cosas. Una es salir de la crisis, volver a recuperar un nivel de actividad económica, y otra es salir del sistema. Mientras tengamos capitalismo siempre tendremos crisis recurrentes. Igual podemos salir de ésta, pero tendremos otras. ¿Cómo se sale de esta crisis? Va a ser enormemente complicado para países como el Estado Español, porque no tenemos una capacidad productiva fuerte, y que además se ha ido debilitando. Cuando hay gente que piensa en la recuperación, debería pensar que la recuperación no va a ser recuperar el año 2005 o 2006. Los salarios que se están perdiendo, el estado del bienestar que se esta destruyendo o la precariedad laboral provoca que estemos muy por debajo, y va a suponer que cuando la recuperación comience empezará a niveles muy inferiores, cuando empiece.

Hay que hacer una diferenciación importante, la sociedad no está hecha de un bloque homogénea, hay clases sociales. Ahora, cuando nuestros dirigentes políticos y algunos empresarios están diciendo que nos estamos recuperando, se están recuperando ellos, cuando recuperan la tasa de ganancia. Precisamente porque están deteriorando la situación de los trabajadores, de las clases medias y de las clases populares. Entonces, están mejorando ellos y pueden hablar de recuperación, pero al mismo tiempo se ven obligados a decir que el empleo no mejorará, al igual que el Estado del Bienestar. Al hablar de recuperación hay que preguntar recuperación de quién.

Una cosa es salir de la crisis, que se irán sucediendo mientras haya capitalismo. Creo, que para llegar a una sociedad satisfactoria, justa, armónica o atractiva hay que destruir el capitalismo. Un capitalismo verde, o con rostro humano, no se puede dar.

En el modelo zapatista, creaba su propio modelo fuera del capistalismo, dentro del propio Estado. En nuestro caso, si quisiéramos tomar el poder, hoy por hoy, es imposible. Si no lo queremos, descartamos la vía. Para ambas opciones ¿Qué nos puede aportar este modelo?

El modelo zapatista no está consiguiendo gran cosa en México, no podemos engañarnos. Pero sí que está marcando una manera de hacer diferente. Mi planteamiento, y del grupo en que yo trabajo, es que cada uno debe construir ámbitos de autonomía, luchando por transformar esta sociedad dónde puede. Un periodista puede intentar conseguir un ámbito de autonomía dentro de cierta prensa, pero no que cambie el sistema financiero. Cada persona debe trabajar donde pueda, creando su ámbito.

Hemos socializado las pérdidas de los bancos, pero ¿Podríamos haberlos dejado quebrar? ¿O nacionalizarlos? Hay países que lo han hecho, como Islandia o Chipre.

No soy capaz de ver una solución para los bancos. Personalmente creo que hubiera dejado quebrar muchos en el Estado Español, y de hecho han dejado quebrar 42 cajas de ahorro. Que los bancos no pueden quebrar es mentira. Cuando esos bancos y cajas han sido atractivas para los grandes bancos lo han hecho.

Una cosa es salvar el sistema financiero, y otra salvar a los propietarios del sistema financiero. Lo que ha hecho el Estado ha sido, con la excusa de salvar al sistema, salvar a los propietarios. Ahí es dónde hay una divergencia importante de la que debemos ser conscientes, cuando podemos salvar al sistema financiero sin tener que salvar a los propietarios. Aquí hemos visto que han hecho todo lo contrario. Se tendría que haber hecho otras cosas, pero no nos olvidemos de que estamos en el capitalismo.

¿Una opción podría ser crear una Banca pública?

La Banca Pública me da mucho miedo porque depende de quien pongas al frente. El Banco de España es una banca pública, y en este país el señor Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del banco de España, ha sido uno de los máximos potenciadores de una política antipopular.

Una Banca Pública requiere un Estado diferente. Por sí sola, no implica nada. Argentaria era pública, y sólo tenía unas pequeñas diferencias en que tenía un poco de política social, nada más. En el capitalismo, los arreglos a trozos son poco eficientes.

Sólo una pequeña parte de la deuda del Estado proviene de las familias. ¿Es legítimo pagarla?

Hay que distinguir entre la deuda pública y la deuda privada. La deuda pública, baja en los últimos años, ha subido por el apoyo que ha dado a las grandes empresas y que no ha dado a las familias. El problema de la deuda pública de España, hasta hace muy poco no era un problema de la parte pública, era un problema de la deuda privada, de los bancos y las grandes empresas.

Ya antes de la crisis España tenía un déficit de comercio exterior muy alto, que se tenía que financiar. Eso ha sido un desastre de los economistas y de los políticos de ese momento, por no atender a un problema evidente, porque había un 10% de deuda cada año de la balanza comercial. Si a eso le añades, la deuda de los bancos que salieron al exterior a pedir prestado para hacer más hipotecas en el interior, no para las familias, sino para los grandes constructores y para las grandes inmobiliarias, menos para las grandes empresas y pocas para las familias.

Ahí está el problema grave, que en el capitalismo se consigue una traslación de la deuda privada a la deuda pública.

¿Una auditoría funcionaría?

La auditoría pondría de relieve las cosas. Una vez hecha estaría más claro la injusticia de una gran parte de esa deuda que habría que repudiar. Además no nos va a quedar más remedio, sólo el pago de los intereses se eleva más que el subsidio de paro. Una recuperación económica sin el repudio de la deuda va a ser muy muy difícil, por mucho que haya bajado la prima de riesgo.

Para el estado español, ¿sería más conveniente seguir en la Unión Europea o abandonarla?

Es un tema complicado. Desde que entramos en la Unión Europea, España ha sufrido un proceso de desindustrialización muy importante, y en estos últimos años las políticas económicas son las causantes del aumento de deuda, la precariedad salarial. Europa nos está perjudicando, y desde la crisis todavía más. Eso hay que decirlo en voz alta.

¿Es la salida de Europa una solución? Es posible que sí, yo no tengo una solución clara. Primero, nosotros no tenemos capacidad para decidir salir de Europa, serán otros los que decidan. Segundo, en un mundo globalizado, ¿salir de Europa va a suponer que podamos hacer una política económica alternativa? Si el pueblo español está apoyando a sus dirigentes, para aceptar las consecuencias de una salida de Europa, esta salida puede ser interesante, pero si lo que el pueblo español quiere es salir de Europa sin que le moleste, entonces puede ser dificil.

Salir de Europa es un tsunami importante. Puede ser más facil repudiar la deuda, que hay que hacerlo antes que salir, porque si seguimos con la deuda en euros, estamos peor que antes. Pero si hicera falta salir de Europa, se sale.

¿Qué modelo planteas de democracia económica? Para crear capital social, ¿qué herramientas podemos utilizar? ¿Parcipando en el Estado, en cooperativas, etc?

Yo creo que no hay un modelo, y que no debe de hacer. Ese modelo se debe de ir construyendo de abajo hacia arriba, de acuerdo con los agentes sociales, en cada momento, respondiendo a las necesidades colectivas, de acuerdo con una serie de principios. Un modelo hecho y cerrado sería erróneo. La sociedad está cambiando tan rápidamente que cosas que valían hace 6 meses ya no lo hacen. Lo que si planteamos es que, primero, en el capitalismo no se puede tener ese modelo, tiene que ser un modelo anticapitalista; segundo, con propiedad privada no se puede conseguir nada de lo que queremos en una sociedad alternativa, luego no puede haber propiedad privada, tiene que ser comunitaria, gestionada por el conjunto de la sociedad y no por técnicos; y por último, con valores transformados, no de dinero y de bienestar material sólo, sino de sistemas armónicos, de justicia, colaboración, de construir una cosa entre todos juntos, pero satisfactoria para todos.

Debiera haber un sistema planificado socialmente, según la sociedad. Con este sistema no vamos a ninguna parte, y es imposible humanizarlo. Lo que está pasando es que se está deshumanizando todavía más. Tiene que ser un sistema que no es el capitalista, y tiene que ser bajo unas premisas totalmente distintas, buscando el bien común y la felicidad de la gente en lugar del beneficio de unos pocos.


* Miren Etxezarreta es Doctora en economía por la London School of Economics y economista crítica, catedrática emérita de Economía Aplicada de la UAB, y miembro del seminario taifa. La entrevista fue realizada en el marco del encuentro internacional Otra Economía Está En Marcha, organizado por Economistas sin Fronteras.

Tercera Información / www.marxismocritico.com

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14 novembre 2013 4 14 /11 /novembre /2013 15:36
14-11-2013

 

Entrevista a Terry Eagleton
“El marxismo es mucho más que un método crítico”

Alejandra Ríos y Ariane Díaz
Ideas de Izquierda


Presentamos una entrevista exclusiva a Terry Eagleton, crítico literario marxista y escritor, sobre uno de sus últimos libros, The event of literature. Además de exponer algunas de las ideas centrales de este libro, el autor nos remite a conceptos tratados ya en otros trabajos publicados en castellano, como La estética como ideología, Después de la teoría o Por qué Marx tenía razón.
 

IdZ: Su libro The event of literature plantea que la teoría literaria ha estado en declinación durante los últimos 20 años, y que históricamente existe una relación entre las vicisitudes de la teoría y determinados momentos de conflictividad social. ¿Por qué cree que la teoría se desarrolla y alcanza sus picos más altos en períodos en que la conflictividad social es mayor?

En nuestra época, la teoría literaria alcanzó su punto más álgido, a grandes rasgos, en un momento en el cual la izquierda política se encontraba en ascenso. Hubo un auge de dicha teoría en el período que abarca, aproximadamente, desde 1965 hasta mediados o finales de la década de 1970, lo que coincide más o menos con el momento en el que la izquierda era mucho más militante, y tenía mayor confianza en sí misma, que en la actualidad. De 1980 en adelante, con el endurecido control del capitalismo postindustrial avanzado, estas producciones teóricas empezaron a ceder lugar al posmodernismo, que entre otras cosas es –como lo ha señalado Fredric Jameson– la ideología del capitalismo tardío.

La teoría radical no se ha desvanecido, es cierto, pero fue empujada hacia los márgenes, y gradualmente se fue volviendo menos popular entre los estudiantes. Las grandes excepciones a esto fueron el feminismo, que continuó atrayendo una gran cantidad de interés, y el poscolonialismo, que se convirtió en algo así como una industria en crecimiento, y aún sigue siéndolo. Uno no debería concluir, de esto, que la teoría es inherentemente radicalizada. Hay muchas formas de teoría literaria y cultural que no son radicales.

Pero la teoría como tal plantea algunas cuestiones fundamentales –más fundamentales que la crítica literaria de rutina–. Donde la crítica se pregunta “¿Qué significa la novela?”, la teoría se pregunta “¿Qué es una novela?”. Hace que la pregunta retroceda a un paso previo. La teoría es también una reflexión sistemática sobre las suposiciones, procedimientos y convenciones que gobiernan una práctica social o intelectual. Es, para decirlo de algún modo, el punto en el cual la práctica es empujada a una nueva forma de autorreflexividad, tomándose a sí misma como objeto de su propia indagación. Esto no tiene necesariamente efectos subversivos, pero puede significar que la práctica esté obligada a transformarse, habiendo examinado algunas de sus consideraciones subyacentes, en una nueva forma crítica.

 

IdZ: En el mismo libro comenta que el concepto de “literatura” es relativamente reciente, surgido durante un período de turbulencias sociales, y que reemplazó a la religión como refugio de valores estables. Pero también señala que la literatura puede ser vista como una actividad capaz de desmitificar las ideas dominantes. En La estética como ideología, planteaba también que la estética ha sido tanto una forma de interiorización de valores sociales –y en este sentido un elemento de disciplinamiento social–, así como también un vehículo de utopías y cuestionamientos a la sociedad capitalista. ¿Sigue cumpliendo el arte ese papel doble y contradictorio?

Desde un punto de vista político, tanto el concepto de literatura como la idea de la estética son, sin duda, conceptos de doble filo. Hay sentidos en los que se ajustan a los poderes dominantes, y otras formas en las cuales los desafían –una ambigüedad que es también verdad para muchas obras artísticas individuales–. El concepto de literatura data de un período en el cual había una sentida necesidad de proteger ciertos valores creativos e imaginativos de una sociedad que era cada vez más filistea y mecánica. Está relativamente hermanada con la llegada del capitalismo industrial. Esto luego permitió que esos valores actúen como una crítica poderosa a dicho orden social, pero al mismo tiempo los distanció de la vida social cotidiana y algunas veces ofreció una compensación imaginaria por ello. Lo que quiere decir que se ha comportado de una manera ideológica. La estética encontró un destino similar.

Por un lado, la así llamada autonomía del artefacto estético brindó una imagen de autodeterminación y libertad en una forma autocrática, a la vez que desafió su racionalidad abstracta con su naturaleza sensorial. En este sentido puede ser utópica. Al mismo tiempo, sin embargo, esa autodeterminación era, entre otras cosas, una imagen de un sujeto de clase media, que no obedecía a la ley sino a sí mismo. Creo que esas ambigüedades permanecen en la actualidad. En las sociedades capitalistas avanzadas, donde la idea misma de las Humanidades está bajo amenaza, es vital promover actividades como el estudio de las artes y la cultura precisamente porque las mismas no tienen ningún propósito pragmático inmediato, y en este punto cuestionan la racionalidad utilitaria e instrumentalista de tales regímenes. Esta es la razón por la cual el capitalismo en realidad no tiene tiempo para ellas, y por la cual las universidades, actualmente, quieren desterrarlas. Por otra parte, todo socialista tiene claro que el arte y la cultura no son, en última instancia, los escenarios de lucha más importantes. Tienen su importancia, en particular porque la cultura, en el sentido cotidiano de la palabra, es el lugar donde el poder se sedimenta y reposa. Sin esto, es muy difícil y abstracto ganar la lealtad popular. Sin embargo, el culturalismo posmoderno está equivocado en creer que la cultura es lo básico en los asuntos humanos. Los seres humanos son en primer lugar naturales, animales materiales. Son el tipo de animal que necesita de la cultura (en el sentido amplio del término) para sobrevivir; pero eso se debe a su naturaleza material como especie –lo que Marx llama “ser genérico”–.

IdZ: En el libro propone la noción del trabajo literario como “estrategia”, esto es, una estructuración determinada por una funcionalidad, propuesta como un especial tipo de “respuesta” a una pregunta planteada en la realidad social. ¿Cómo se lleva esta definición con la idea de autonomía de la obra, en tanto un fenómeno autorregulado?

No creo que exista necesariamente una contradicción entre estrategia y autonomía. Una estrategia puede en sí misma ser autónoma, en el sentido que es una pieza distintiva de una actividad cuyas reglas y procedimientos son peculiares e internos a sí misma. La paradoja de la obra artística, al respecto, es que de hecho va a trabajar en algo que está fuera de sí misma, concretamente, problemas en la realidad social, pero esto lo hace “autónomamente”, en el sentido de que “reprocesa” o “retraduce” estos problemas en sus propios y sumamente peculiares términos. En este sentido, lo que empieza como algo externo o heterónomo a la obra, termina como algo interno a la misma. Una obra realista debe respetar la lógica heterónoma de su material (no puede decidir que Nueva York esté en el Ártico, como una obra modernista o posmodernista podría), pero al hacerlo simultáneamente arrastra este hecho a su propia estructura autorregulada.

IdZ: Varias veces en este libro señala que las teorías posmodernas y posestructuralistas terminan en un fundamentalismo antiesencialista simétrico a aquellos “fundamentalismos” que se pretendían minar. ¿Siguen siendo estas definiciones posmodernas las dominantes en la discusión cultural e ideológica, o la nueva situación de crisis capitalista y cierto reemerger de la lucha de clases han dado pie a nuevos intentos teóricos que no sean teórica y socialmente escépticos?

El posmodernismo es, supuestamente, antifundamentalista, pero se podría afirmar que simplemente sustituye ciertos fundamentos tradicionales por uno nuevo: concretamente, la cultura. Para el posmodernismo, la cultura es la base más allá de la cual no se puede excavar, dado que para ello se necesitaría recurrir a la cultura (concepto, métodos y demás). En este punto, cabría sostener entonces que este antifundamentalismo es bastante falaz. En cualquier caso, todo depende de lo que se considere por “fundamento”. No todos los fundamentos necesitan ser metafísicos. Existe, por ejemplo, la posibilidad de un fundamento pragmático, como podemos encontrar, pienso, en el último Wittgenstein. Respecto de la cuestión de si el discurso posmoderno sigue siendo dominante o no en nuestros días, me inclino a pensar que mucho menos. Desde el 11/9 hemos presenciado el despliegue de una nueva –y bastante alarmante– gran narrativa, justo en el momento en el que se decía con complacencia que las grandes narrativas habían terminado. Una gran narrativa –la de la Guerra Fría– se había de hecho acabado; pero, por razones relacionadas sutilmente a la victoria de Occidente en dicha lucha, ni bien terminó esa narrativa, se desató otra. El posmodernismo, que juzgaba la historia como posmetafísica, posideológica, incluso en un sentido poshistórica, fue tomado por sorpresa. Y no creo que se haya recuperado realmente.

Idz: A lo largo del libro repasa, en lo que considera sus aportes y debilidades, diversas teorías literarias desarrolladas en del siglo XX y más contemporáneamente. La perspectiva marxista parece haber tenido en esta historia un importante peso. ¿Cuáles son en la actualidad los nuevos aportes que se ubican desde esta perspectiva? ¿Sigue siendo fructífera hoy esta tradición en este terreno como lo es en otros, según plantea por ejemplo en Por qué Marx tenía razón?

La respuesta breve a la pregunta sobre cuáles son las nuevas contribuciones marxistas críticas es: son casi inexistentes. Simplemente, el contexto histórico no es el adecuado para este tipo de desarrollos. La obra de quien, desde mi punto de vista, es el crítico más eminente del mundo –Fredric Jameson– sigue en curso. Produce un libro brillante tras otro en una época en la que muchos críticos muy reconocidos han caído en el silencio. Pero no hay un nuevo cuerpo de crítica marxista, y dado que no se dan las circunstancias históricas propicias, uno casi no esperaría que lo haya. Al mismo tiempo, indudablemente el marxismo no ha desaparecido, como sí ha ocurrido con el posestructuralismo (de manera bastante misteriosa), e incluso quizá con el posmodernismo. Ello se debe en gran medida a que el marxismo es mucho más que un método crítico. Es una práctica política, y si lo que tenemos es una grave crisis del capitalismo, es inevitable que de algún modo éste se encuentre en el aire. Lo mismo puede afirmarse del feminismo, cuyo momento culminante está unas décadas atrás, pero que ha sobrevivido de manera modificada, porque las cuestiones políticas que plantea son vitales. Las teorías van y vienen; lo que persiste es la injusticia. Y mientras esto sea así, habrá siempre alguna forma de respuesta intelectual y artística a ello.

Entrevistaron: Alejandra Ríos y Ariane Díaz.

Traducción: Alejandra Ríos.

***

TERRY EAGLETON

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Es un destacado teórico marxista, crítico literario, escritor y Profesor Distinguido de Literatura Inglesa en el Departamento de Literatura Inglesa y Escritura Creativa de la Universidad de Lancaster, Inglaterra. Nacido en una familia de clase obrera irlandesa de tradición católica y republicana, y formado teóricamente con Raymond Williams, es en la actualidad uno de los más destacados críticos literarios. Su perspectiva marxista le ha valido una importante influencia en el panorama de debate ideológico y político marxista, así como enconados ataques de conservadores y liberales, entre ellos el mismo Príncipe Carlos, quien ha recomendado evitar el “terrible Terry Eagleton”. Ha publicado diversos artículos en la New Left Review desde la década de 1970 hasta la actualidad.

Periódicamente también, publica artículos de crítica cultural y política en The Guardian, periódico inglés de tradición izquierdista. Entre sus más de cuatro decenas de libros escritos sobre teoría marxista, crítica y teoría literaria, y abundantes polémicas (es conocido por sus irónicos y fundamentados argumentos en el debate ideológico), se encuentran algunos de los más influyentes en el panorama marxista de las últimas décadas. Algunos de ellos, publicados en castellano son: Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria, Las ilusiones del posmodernismo, La estética como ideología, Después de la teoría, Por qué Marx tenía razón, Introducción a la teoría literaria, y el reciente El marxismo y la crítica literaria –que reseñamos en IdZ 1–. Ha publicado sus memorias con el título de El portero.

Versión en PDF

Fuente: http://ideasdeizquierda.org/



   
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9 novembre 2013 6 09 /11 /novembre /2013 19:12
Infancia y sociedad

Pedagogía anarquista

Andrea Bárcena
Es mucho más fácil y feliz educar niños para que se autogobiernen y participen en el diseño de normas colectivas que han de respetar, que educarlos para la obediencia y la disciplina a través de la competencia y los castigos. En el primer caso, internalizan orden y colaboración; en el segundo, individualismo y miedo.

Eso lo intuyó sabiamente Juan Jacobo Rousseau en el siglo XVIII: El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado. También Antón Makárenko lo descubrió en la práctica y creó sus propios métodos en libertad, según consta en su extraordinario Poema pedagógico; lo pusieron en práctica también con éxito Celestín Freinet, Paulo Freire y algunos pedagogos españoles inspirados en los ideales de pensadores anarquistas como Proudhon, Bakunin y Kropotkin.

Así surgieron experiencias como la Escuela Moderna de Barcelona, a comienzos del siglo XX, o las escuelas para obreros de los ateneos populares anarcosindicalistas en la España del primer tercio del siglo XX, que se llamaron Ateneos Libertarios.

En México fueron los exiliados maestros españoles Patricio Redondo Moreno, José Tapia Bujalance y Ramón Costa Jou quienes fundaron las primeras escuelas llamadas escuelas activas y que hoy se han multiplicado con distintos nombres y particularidades, pero a las que se puede identificar, en conjunto, como expresiones de la pedagogía libertaria, que descendiente de la utopía anarquista, propone métodos con los que los individuos se desarrollen libremente, sin autoridad vertical centralizada.

Lo más importante para los partidarios de la pedagogía libertaria es que los individuos decidan qué les interesa aprender y cómo quieren hacerlo. En ello es fundamental el juego como vía de acceso al saber, ya que desde él es más fácil desarrollar creatividad y trabajo colectivo, en vez de fomentar la competencia y el individualismo.

El gran epistemólogo suizo Jean Piaget defendió este tipo de pedagogías porque el alcance del respeto mutuo y de los métodos basados en la organización social espontánea de los niños entre ellos, consiste precisamente en permitirles elaborar una disciplina cuya necesidad aparece en la acción misma, en lugar de recibirla ya acabada antes de poder entenderla; y es aquí donde los métodos activos prestan el mismo servicio inestimable en la educación moral y en la educación de la inteligencia: conducir al niño a la construcción, por sí mismo, de los instrumentos que le transformarán por dentro, verdaderamente, y no sólo en la superficie. Así, una auténtica modernidad educativa ha de convertir la escuela básica en espacio vital de libertad y participación creativa.-

 

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7 octobre 2013 1 07 /10 /octobre /2013 15:32
07-10-2013

 

Conversación con Giorgio Agamben
La crisis sin fin como instrumento de poder

      Dirk Schümer     
FAZ / SSociólogos


¿Un imperio latino contra la dominación alemana? El filósofo italiano Giorgio Agamben explica su gran tesis discutida. Al parecer, había sido mal interpretado.
  

Dirk Schümer: Profesor Agamben, en marzo se puso en marcha la idea de una “soberanía América” ​​contra la dominación alemana en Europa, podría usted imaginar la poderosa resonancia tendría eso? Mientras tanto, el ensayo ha sido traducido a muchos idiomas y apasionadamente discutido en la mitad del continente…

Giorgio Agamben: No, no me esperaba esto. Pero yo creo en el poder de las palabras, cuando se les llama en el momento adecuado.

DS: ¿La brecha en la Unión Europea es en realidad entre las economías y estilos de vida del norte “germánico” y el sur “América”?

GA: Yo quiero decir de inmediato que mi tesis ha sido exagerado por los medios de comunicación y por lo tanto distorsionada. Su título, “El imperio latino debería lanzar un ataque contra” fue encontrado por los editores de la Liberación y tomada por los medios de comunicación alemanes. No es algo que he dicho. ¿Cómo podría resistir a la cultura latina en Alemania, cuando un inteligente europeos saben que la cultura del Renacimiento italiano y la cultura de la Grecia clásica ya están plenamente integrados en la cultura alemana, que fue rediseñado y es el apropiado?

DS: Por lo tanto, ¿no “Imperio latino” dominante? ¿ningún alemán sin educación?

GA: En Europa, la identidad de cada cultura aún reside en sus fronteras. Winckelmann como alemán o Hölderlin podría ser más griego que los griegos. Y Dante florentino, así como un alemán podía sentir como el emperador Federico II de Suabia. Esto es precisamente lo que hace que Europa sea una característica que una y otra vez sobrepasa las fronteras nacionales y culturales. El objeto de mi crítica no era Alemania, sino más bien cómo se construyó la Unión Europea, ya sea sobre una base puramente económica. Por lo tanto, no sólo nuestras raíces espirituales y culturales han sido ignorados, sino también los de nuestras políticas y nuestros tribunales. Si se pretende ser una crítica de Alemania, es sólo porque Alemania, debido a su posición dominante a pesar de su destacada tradición filosófica en la actualidad parece incapaz de imaginar una Europa basada en algo más que el euro y la economía.

DS: ¿De qué manera la UE han negado sus raíces políticas y legales?

GA: Cuando hablamos de la Europa de hoy, nos enfrentamos a la enorme descarga de una dolorosa verdad, y sin embargo evidente: la llamada Constitución Europea es ilegítimo. El texto fue creado siguiendo este nombre no ha sido votado por el pueblo. O bien, cuando se puso a votación, como en Francia y los Países Bajos en 2005, fue rechazada frontalmente. Legalmente hablando, por lo tanto, lo que tenemos aquí no es una constitución, sino un tratado entre gobiernos: el derecho internacional, no la ley constitucional. Más recientemente, el jurista alemán muy respetado y sabio Dieter Grimm recordó que la Constitución Europea carecía del elemento democrático fundamental, ya que los europeos no se les permitió decidir. Y ahora todo el proyecto de ratificación por el pueblo fue en silencio congelado.

DS: En realidad, el famoso “déficit democrático” del sistema europeo…

GA: No hay que perder de vista eso. Los periodistas, sobre todo en Alemania han criticado a mí, no entiendo la democracia, pero deben tener en cuenta en primer lugar que la Unión Europea es una comunidad basada en los tratados entre Estados y con sólo una constitución democrática que los disfraces. La idea de Europa como un espectro de potencia constitucional dada es que nadie es más probable que se invoque. Sin embargo, es sólo válida constitución que las instituciones europeas podrían recuperar su legitimidad.

DS: ¿Significa esto que se ve la Unión Europea como una organización ilegal?

GA: No es ilegal, pero ilegítimo. La legalidad es la cuestión de las normas de ejercicio del poder, la legitimidad es el principio que es la base de estas normas. Tratados legales no son ciertamente sólo de forma, sino que reflejan una realidad social. Por tanto, es comprensible que un establecimiento sin una constitución no puede seguir una política original, pero cada estado europeo sigue actuando de acuerdo a su propio interés –y hoy significa, obviamente, por encima de todos los intereses económicos. El mínimo común denominador de la unidad se logra que Europa emerge como un vasallo de los Estados Unidos y participó en las guerras que en ningún caso sean de interés común, por no hablar de la voluntad de las personas. Varios de los países fundadores de la UE –como Italia, con sus numerosas bases militares– son más en el campo que en los protectorados de los Estados soberanos. Política y militar en ese país una alianza atlántica, pero ciertamente no es una alianza de Europa.

DS: En la Unión Europea, por lo tanto, prefieren una soberanía América, el camino de la vida que el “alemán” debe adaptarse…

GA: No, tal vez si me tomé el proyecto de “soberanía América” ​​Alexandre Kojève fue bastante provocativa. En la Edad Media, la gente por lo menos sabemos que la unidad de las diferentes sociedades políticas debe ser más que una sociedad puramente político. En ese momento, se esperaba que el vínculo entre el cristianismo. Hoy en día, creo que la legitimidad hay que buscarla en la historia y las tradiciones culturales de Europa. A diferencia de los asiáticos y los americanos, para quienes la historia significa algo completamente diferente, los europeos todavía se enfrentan a su verdad en un diálogo con su pasado. El pasado nos referimos no sólo a la herencia y la tradición cultural, sino también a las condiciones antropológicas fundamentales. Si tuviéramos que hacer caso de nuestra propia historia, que sólo se podía entrar en el pasado a través de la arqueología. El pasado nos convertimos en una forma distinta de vida. Europa tiene una relación especial con sus ciudades, sus tesoros artísticos, sus paisajes. Esto es lo que consiste realmente Europa. Y ahí está la supervivencia de Europa.

DS: ¿Europa es sobre todo una forma de vida, un sentido de la vida histórica?

GA: Sí, fue por eso que en mi artículo, me señaló incondicionalmente teníamos que preservar nuestras distintas formas de vida. Cuando los aliados bombardearon ciudades alemanas, también sabían que lo que podrían destruir la identidad alemana. Del mismo modo, los especuladores de hoy en día están destruyendo el paisaje italiano con carreteras de concreto y autovías. Esto significa no sólo que nos privan de nuestra propiedad, pero nuestra identidad histórica.

DS: Así que ¿la UE debería centrarse en las diferencias en lugar de la armonización?

GA: Tal vez si fuera de Europa no hay otro lugar en el mundo donde la gran variedad de culturas y formas de vida –al menos en sus momentos preciosos– es notable. Anteriormente, de acuerdo con lo que veo, la política se expresa con la idea del Imperio Romano, después, la del imperio romano. Todos, sin embargo, aún quedan intactas las características de las personas. No es fácil decir lo que podría surgir hoy en el lugar de la misma. Pero, ciertamente, una entidad política llamada Europa no puede hacerlo desde esta conciencia del pasado. Es precisamente por esta razón que la crisis actual parece tan peligroso. Hay que imaginar la unidad por primera vez como una conciencia de las diferencias. Pero muy al contrario de esto, en los países europeos, las escuelas y las universidades, las mismas instituciones que deberían perpetuar nuestra cultura y crear un contacto vivo entre el pasado y el presente, se destruyen y comprometidas financieramente. Esto va minando cada vez con mayor museificación del pasado. Tenemos un comienzo en muchas ciudades que se convierten en áreas históricas, donde las personas se ven obligadas a sentir los turistas en el mundo de sus propias vidas.

DS: ¿Museificación desenfrenada que es la contrapartida de una pauperización progresiva?

GA: Es evidente que no sólo estamos frente a los problemas económicos, pero la existencia de toda Europa –a partir de nuestra relación con el pasado. El único lugar donde el pasado se puede vivir es el presente. Y si esto ya no es elegir a su propio pasado como algo vivo, entonces las universidades y los museos se convierten en un problema. Es obvio que hay fuerzas en el trabajo en la Europa de hoy que tratan de manipular nuestra identidad, rompiendo el cordón umbilical que todavía nos conecta con nuestro pasado. Más bien se nivelan las diferencias.Sólo Europa no puede ser nuestro futuro si hacemos claro que significa, ante todo nuestro pasado. Pero el pasado es cada vez liquidada.

DS: ¿Significa esto que la crisis, presente en todos los aspectos, la forma de expresión de todo un sistema de regulación abordado en nuestra vida diaria?

GA: El concepto de “crisis” de hecho se ha convertido en una palabra de moda de la política moderna, y durante mucho tiempo, él era parte de la normalidad en todos los segmentos de la sociedad. La palabra expresa dos raíces semánticas: médico, en referencia a la evolución de una enfermedad y la otra teológica, el Juicio Final. Los dos significados, sin embargo, han sufrido una transformación actual, que eliminó su relación con el tiempo. En la medicina antigua “crisis” significa un juicio cuando el doctor se dio cuenta al determinar si el paciente podría sobrevivir o morir. La comprensión actual de la crisis, por otro lado, se refiere a un estado sostenible. Por lo tanto, esta incertidumbre se extiende indefinidamente en el futuro. Este es exactamente el mismo que en sentido teológico, el Juicio Final era inseparable del fin de los tiempos. Hoy, sin embargo, el juicio se había divorciado de la idea de la resolución y se presenta en varias ocasiones. Por lo tanto, la perspectiva de una decisión aún menos, y el interminable proceso de decisión que nunca hizo.

DS: ¿Significa esto que la crisis de la deuda, la crisis de las finanzas estatales, la moneda, la Unión Europea, son infinitas?

GA: En la actualidad, la crisis se ha convertido en un instrumento de dominación. Sirve para legitimar decisiones políticas y económicas que privan a los ciudadanos de toda posibilidad de decisión. En Italia, es muy clara. Aquí, un gobierno se formó en nombre de la crisis y Berlusconi está de vuelta en el poder a pesar de que es radicalmente en contra de la voluntad del electorado. Este gobierno es tan ilegítima como la llamada Constitución Europea. Los ciudadanos europeos deben dejar en claro sus propios ojos que esta crisis sin fin – como un estado de emergencia – es incompatible con la democracia.

DS: ¿Cuáles son las perspectivas de seguir siéndolo para Europa?

GA: Hay que empezar por restablecer el sentido original de la palabra “crisis”, como un tiempo de juicio y de elección. No podemos posponerlo a un futuro indefinido para Europa. Hace varios años, el filósofo Alexandre Kojève, un alto funcionario de la embrionaria Europea asume que Homo sapiens había llegado al fin de la historia y que sólo había dos posibilidades restantes. Es el “american way of life” en el que Kojève vio una vegetación post-histórico. Esnobismo japonés o simplemente continuar la celebración de la tradición privada ahora no tienen ningún ritual significado histórico. Creo sin embargo que Europa podría hacer que la alternativa de una cultura que es a la vez humana y vital, tanto porque se encuentra en un diálogo con su propia historia, al mismo tiempo que adquiriría una nueva vida.

DS: Europa, entendida como cultura, no sólo como un espacio económico tanto, podría responder a la crisis?

GA: Por más de doscientos años, las energías humanas se han centrado en la economía. Muchas cosas indican que tal vez haya llegado el momento de que el homo sapiens para organizar una nueva acción humana más allá de esta única dimensión. La vieja Europa puede hacer con precisión una contribución decisiva para el futuro aquí.-

 

Fuente: http://ssociologos.com/2013/07/30/conversacion-con-giorgio-agamben-la-crisis-sin-fin-como-el-poder/

Imperio%20Romano%20348 283

               
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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense