EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
¿Quiénes somos?, ojo con la propia composición clase; romper con la improductividad y no solo las relaciones de producción, allí un cometido central
¿Pero quién es esa liebre libertaria, o al menos de quien es hija, mas allá de las vanguardias que le han servido de voceras?. No estamos seguros si es la salsa o el ballenato, el ska o el golpe tocuyano, lo que marca su ritmo, eso no se responde con palabras escritas. En todo caso, ya en muy poco somos la clase obrera clásica que se rebela contra el despotismo y la explotación del patrón capitalista que maneja la producción. Nuestras dignas, a veces heroicas y muchas veces cercadas rebeliones obreras, capitaneadas por el movimiento de tomas de fabricas y espacios productivos, desafortunadamente se sienten impotentes frente a la magnitud del entorno popular no obrero y la presión burocrática por despojarlos del control de la producción. Probablemente nos parecemos mas a eso que algunos autores han llamado “multitudes” u “obrero-social”, con toda la ambigüedad del término y la particularidad de nuestras tierras, muy distinta al mundo asalariado que prevalece en el norte. Si algo tenemos de obreros tradicionales los hechos confirman que lo redujeron al mínimo (cuando mucho se acercan al millón y pico contando las maquiladoras y los llamados “obreros de estado” que en la mayoría no es mas que trabajo tercerizado) fugando de este país todo lo que podía ser inversión productiva desde hace mas de treinta años. Más bien somos un sujeto en autofabricación que nace de las entrañas de la histórica colonización y de la contemporánea exclusión, condenado a la improductividad, a la producción marginal propia o a la sobreexplotación allí donde consigue un trabajito en las cadenas de la sobrevivencia y el empleo de servicios. Es el sustrato social real de todo cuanto podamos nominar como revolución, hoy “representada” o más bien sustituida dentro de las esferas de gobierno por sectores de una clase media en permanente reciclaje y competencia interna por los cargos directivos, pero absolutamente extraña a este mundo tan vivo como complejo.
Por ello, no es de sorprenderse que nuestro “programa mínimo bolivariano” se condensa por un lado en la lucha por multiplicar el protagonismo político colectivo contra todas las formas clásicas de la representación (el llamado “poder popular”), la lucha sin cuartel por derechos nunca respetados, y sobretodo nuestra reactualización como sujeto productivo pero esta vez como partícipe de múltiples asociaciones de productores libres o comunidades autogestionarias, al interno de una pluralidad de espacios y territorios donde la soberanía colectiva se afianza sin límites. Es ciertamente lo más esencial de la “revolución bolivariana” y que la misma discusiva de Chávez a veces refleja muy bien, pero que tan mal trata a la hora de convertirlas en línea política de gobierno.
Productividad pasa por tomar el territorio y liberar el espacio y el tiempo vital
Tal interrogante sobre el ¿quiénes somos?, nos ayuda también a explicarnos este asunto de la “centralidad territorial” de nuestras luchas, contrariamente a la “centralidad fabril o metropolitana” (el boom de lo que se describe como movimientos sociales) que han tenido las luchas dentro de los grandes centros del capitalismo imperial. Las formas del sometimiento global del capitalismo no es que determinen una u otra forma de rebelión contra él. Es un impulso que no aparece por determinación social obligante sino como parte de la misma creatividad política del ser humano a partir de su propia condición de explotado, teniendo la virtud de transformarse en un ser universal y amante del mundo; es decir la virtud de actuar desde la condición “ser “político”. Pero sin duda no cualquier cosa se puede crear, no cualquier rebelión funciona. Todas las revoluciones de los siglos XIX y XX en nuestro continente nos confirman que solo aquellas que liberaron el territorio de sus ancestrales y actuales enemigos al menos pudieron avanzar. Y hoy, nuestros gobiernos revolucionarios o democráticos-populares nos confirman también de la enorme debilidad cuando no mentira que rodea estas iniciativas ancladas en la obediencia a los viejos regímenes en sus fachadas democráticas. Nuestra revolución, la definitiva liberación del trabajo y de todo orden de sumisión si seguimos fieles al marxismo, a su vez necesita liberar el espacio y el tiempo vital, liberarse de los regímenes monopólicos de propiedad que lo controlan, liberarse de las opresiones políticas grandes y pequeñas, para construir allí los instrumentos no existentes para poder recrearse como potencia productiva y liberadora. Necesita de nuevo tomar el territorio, no solo para “colgar al dictador” o al “colonizador” que dominaba sobre él y declarar la libertad, sino para liberarlo definitivamente del saqueo, la masacre, la destrucción capitalista y burocrática, la improductividad, y junto a ellas la pobreza que este salvajismo produce. Y nuestras instituciones (representativas, corporativas o de asistencia social), por muy democráticas y reformadas, liderizadas por el ser “más popular y revolucionario” que exista, no sirven para nada a tal fin. Si cabe hablar de un “proyecto de liberación nuestramericano” lo vemos como el de un largo proceso popular constituyente que vaya articulando en forma cada vez más profunda y creativa los espacios donde se pelea y donde se logran niveles de liberación territorial cada vez más altos, hasta quebrar el orden estructural dominante.
No hay territorialidad vacía y plenamente dominada
Al mismo tiempo, nuestros territorios tal y como hoy existen, aún sin ninguna organización que los articula a una política libertaria, tampoco no son un lugar vacío, una simple suma de gentes y geografías sin alma e identidad resistente y por tanto absolutamente dominados. Por el contrario, allí discurren actos y memorias grandiosas que forjan la inmensa mayoría de nuestras formas de resistencia política y cultural. Corren en realidad las formas ocultas de organización popular que en los momentos decisivos han probado ser los espacios determinantes de toda subversión al orden dominante. Particularmente en sociedades como las nuestras lo divino aún yace en la tierra misma y la sobrevivencia de sus espíritus subversivos. La maldición moderna del racionalismo no como razón útil y en manos de todos sino como razón privatizada y de dominio, forjó el esquema del control total sobre cada uno de los centimetrajes desde donde discurre la vida. De hecho, rebeliones del norte partiendo de los años sesenta mucho han tenido que ver con ello; el alzamiento contra este odiado despotismo sobre la totalidad de la vida (el llamado “biopoder”) que ahora se extiende hacia los medios de comunicación y los deseos colectivos en nombre de las mas pura “democracia” y el absoluto respeto al “individuo” (un poquito mas si es blanquito, claro). Una divinidad lejana y muy cristiana cada vez más omnipotente y tan abstracta como el dinero virtual que monopolizan como sus mismos dioses. Mientras lo que aún logra ser común entre nosotros se rodea de un particular carácter que simplemente no le da la perra gana de subsumirse real y totalmente al capital ni a sus dioses como diría Marx. No idealicemos las identidades y resistencias culturales, que mucho daño les han hecho, acribillándolas muchas veces sobretodo dentro de las grandes ciudades. Pero no hay duda, nuestra tierra, la territorialidad desde donde nos hacemos, aún posee magias ocultas y poderosas que siguen recreándose, siendo indispensables tanto a la reconstrucción de una memoria cultural y revolucionaria completamente borrada dentro de los saberes oficiales, como a los actos que lograrán liberarnos el futuro. Si en la terrible Caracas, por allí, en situación de indigente, se pasea un amigo que es un genio recreador del “Blues” tocado en cuatro, entonces podemos salvarnos; su canto nos emancipa a tod@s; si el no existe estamos muertos.
El territorio crea subjetividad, cartografían el entorno que ha de generar las singularidades políticas
“Otra política” de alguna manera tendrá que revaluar por entero esa relación muchas veces despreciativa que tenemos con los espíritus resistentes y libertarios que discurren entre los rincones de nuestros espacios de vida; sus irreverentes tradiciones y nuevas producciones. Lo que también nos lleva a distinguir entre uno y otro conjunto territorial por lo menos en sus tres grandes presencias, que forman a su vez las condiciones para hablar de una suerte de “subjetividad del territorio”. No es lo mismo estar y hacer en territorio urbano, rural o marítimo. Quizás tampoco en territorios donde prive lo femenino a uno donde prive lo masculino, la comunidad indígena o criolla, la comunidad inmigrante o la nacional, la metrópolis más obrera o mas de servicios, u otros donde prive la montaña o donde prive el llano. Todo ello dentro de las múltiples divisiones sociales de género, roles, culturas y trabajo, como de las mismas divisiones geográficas. Ellos mismos producen subjetividades distintas contenidas en su propio arte, pero determinadas también por la distancia, relaciones meramente utilitarias o de quebrantamiento interno que el propio capitalismo ha creado entre ellos. A la hora de “construirlos” como verdaderos corredores de lucha y liberación, los ritmos y procesos de cada uno son muy distintos, igual que la movilidad de sus límites a la hora de construirlos en esa “otra política”.
El mar, el campo, lo urbano
Tomando solo los más genéricos y abarcantes, vemos como el mar nos da el sentido de lo infinito de lo “ilimitado”. El campo el sentido de lo mágico, lo terrenal y lo concreto dentro del espacio finito. Lo urbano la movilidad permanente y la multirelación de una humanidad que se encierra sobre sí. A su vez cada uno de ellos es víctima de un conjunto de consecuencias e intenciones explotadoras y devastadoras propias del desarrollo capitalista que reducen toda su condición humana y más allá de lo humano a simple mercancía. De allí que la territorialidad como nicho de la liberación tenga sentidos, definiciones, estructuras, estrategias, muy distintas de acuerdo a cada uno de ellos, partiendo como siempre de los sujetos militantes que se fabrican a sí mismos dentro y por estos universos distintos. Nos desplegamos entonces sobre fueros territoriales realmente singulares que no es posible absorber en la mera idea, es absolutamente necesario entenderlos y experimentarlos en su singularidad material como espiritual encontrando allí la potencia colectiva que los reconstruya y libere. Siendo también la liberación de toda la potencia de cualquier “otra política” que podamos crear.
III: El cómo de la otra política:
Partimos de una premisa: lo que nos interesa no es una política para el poder y luego para la revolución o lo que sea. Nos interesa desarrollar todo el poder y la fuerza de nuestra política, entendida como esa otra política que emana directamente de la acción popular emancipatoria.
Tal premisa nos obliga a ir ideando mecanismos, dispositivos, metodologías, caminos concretos, que hoy no están creados ni sistematizados. Más bien, es de reconocer que si en algún momento no muy lejano en el tiempo todas estas herramientas se desarrollaban con muchísima autonomía y política propia, en los últimos años se resquebrajó ese desarrollo muy particular de las corrientes históricas de lucha quedando opacadas por su utilización y administración burocrática. A nuestro parecer, la poca claridad y sinceración ya no teórica sino política-concreta sobre el problema hoy del estado y del fenómeno chavista, permitió ese estancamiento; es el caso del llamado “método o estrategia invedecor”, y de buena parte de lo que es y venimos del PNA (Proyecto Nuestramérica). Sea lo que sea, tenemos por delante, otra vez, una tarea inmensa de creación y productividad política que apenas comienza.
Otra política obliga al desarrollo de una “ciencia política del pueblo”
La “otra política” se convierte dentro de este reto concreto en una “ciencia política del pueblo”. El producto de otro orden de conocimiento que no solamente ya se sacudió de encima el viejo positivismo burgués, sino que también tomó distancia del “dialecticismo crítico” de academias tan interesante como impotente. Ya no nos interesa mucho captar las grandes contradicciones para luego preguntarle a la totalidad, siempre en manos de la noble casta intelectual, dónde está la síntesis superior de tales contradicciones y luego bajar la nueva descubierta al pueblo ignorante. Más bien nos interesa saber y experimentar en qué forma exactamente es que estamos metidos dentro esas contradicciones; nuestro lugar, nuestras fuerzas, debilidades, posibilidades; hasta qué punto ellas nos determinan y aplastan, o por el contrario, nos ayudan a liberarnos, todo en función de salir victoriosos en medio de este mar contradictorio y antagónico que es la realidad misma. La tarea científica se dirime y se resuelve allí. Nos pueden decir también que esta “ciencia del pueblo” es la ciencia de los locos, la ciencia donde no hay síntesis ni conocimiento final. Quizás, ellos dirán, sobre “razones y racionalidades” saben mucho mas. En todo caso, pa’ locos o pa’ racionales, ella es la ciencia que busca su origen y su creación en el cardumen de las multitudes atrevidas que le dijeron a los santos, “lo siento pero ya esta vaina se acabó”.
Hay que empezar a sistematizar los resultados tangibles de esa ciencia
Y vamos ahora al cómo. Primero una cosa que parece pequeña pero que a la final se prueba enorme. Que valga todas las formas visuales, sonoras, y escritas que puedan explicarnos y comunicarnos los frutos tangibles de esa ciencia problematizadora o “complicadora” como dirá Juancho. En cada papel que hagamos desde el colectivo reunido en mesa de trabajo, valga la labor disciplinada de sistematización, graficación y cuento oral sobre los cuales se vayan sintetizando y luego divulgando todas las enseñanzas que nos dejan las luchas de esa “otra política”. Sin quitarle ninguna valía al libro y a la escritura analítica como tal, diríamos que esa es la base intelectual primaria de nuestra escuela militante y de cuadros. Es la única forma de invertir las formas clásicas del conocimiento, poniendo en este caso el conocimiento y el saber acumulado desde nuestras propias neuronas en manos de un universo militante en formación, cada vez más crítico y autónomo.
Por el camino se prueban las estrategias se construyen las ideas
En cuanto a la estrategia como tal, por lo que va de camino no podemos por todas estas razones hablar de un cómo de la estrategia y menos a la manera de una completa y simpática cajita de herramientas gringa. Tampoco es el momento de elaborar otro recetario entero de claves teóricas. Ellas apenas están en fabricación teniendo en cuenta que seguirán fabricándose ilimitadamente en la medida del desarrollo de esa ciencia política del pueblo. Es el desarrollo si se quiere de las fuerzas y relaciones de ese otro conocimiento activado por el quehacer de la otra política.
Solo para adelantar algunas pinceladas al respecto, por lo menos hasta donde hemos podido avanzar por estos rincones del mundo. Digamos que aquí se confunden herramientas políticas de construcción estratégica y objetivos estratégicos como tal, o si se quiere se trata de herramientas para unos objetivos precisos. Hasta los momentos se ha venido trabajando con tres premisas sencillas: “Corredores territoriales de lucha y liberación”, construcción del “tejido militante” y lo que hemos llamado “cartas de lucha”. Ahora no se trata de nada distinto sino de empezar a desarrollar mejor estas premisas, desde un lugar concreto de esta experiencia, precisando un poco más este “como” de la otra política. Seamos esquemáticos en esta parte.
roland denis