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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Mínimo balance del proceso después de diez años y construcción de la “Otra Política” /1

Mínimo balance del proceso después de diez años y construcción de la “Otra Política”

 

 

 

I. Balance del proceso

 

 

Recuento de un giro en el timón

El 2D del año pasado se termina de develar la crisis que le corría al chavismo por dentro. Entendido el chavismo no como sentimiento, ni apego al liderazgo de Hugo Chávez, sino como cultura política impuesta. Muchas razones pueden estar detrás de esta circunstancia, aquí solamente trataremos de ordenar aquella que tiene que ver con el ataque directo, esencialmente burocrático, sobre el “sujeto popular” que le ha da vida a este proceso.

 

Después del 2004 (en concreto después del referéndum), cuando empieza a bajar la movilización popular surgida de la conspiración fascista, “el proceso” fue desviándose, o si se quiere “invirtiéndose” en sus prioridades. La prioridad antiburocrática y constituyente expuesta por Chávez desde el mismo 99 se invierte poniéndose todo el énfasis en el reforzamiento del control de estado, dejando el “antiburocratismo” y el “moralismo” para discursos de oportunidad. Consecuencia: esto provoca en la dirección de gobierno la emergencia de una visión y una práctica cada vez mas funcional al mando de un viejo orden que él gestiona (concretamente del estado burgués, colonial, autoritario y archiburocrático que tenemos), facilitada por el crecimiento de la economía y los precios petroleros los cuales le garantizan una base material de maniobra a ese desvío. La absorción bajo la estricta conducción burocrática de las misiones, hechas en un inicio para superar todo el modelo de estado, y el control y posterior desaparición tanto de los Círculos Bolivarianos como de las UBE´s, marcaron en el tiempo este paso en forma tajante. Tal giro a su vez acelera la vuelta al estado generalizado de corrupción, la reincorporación en los cuerpos directivos de una vasta camada de personajes venidos de la república puntofijista, el restablecimiento de la ineficiencia administrativa como norma de orden, la división del trabajo entre “intelectual y manual”, “dirigente y dirigido”, y poco a poco,  fue regresándole al quehacer de estado toda su esencia contrarrevolucionaria.

 

A pesar de las altisonancias del lenguaje antimperialista y socialista que corre por boca de Chávez y luego por el resto de las instancias de estado, lo que tenemos en realidad es una contraofensiva del cuerpo directivo político del “chavismo” en función de tomar bajo su dirección y administración directa los espacios democráticos revolucionarios que la propia dinámica de movilización masiva y constituyente había generado. Es una nueva forma de reapropiación de la renta del suelo y del petróleo, y sobretodo, una manera precisa de explotación de la plusvalía política que deja el pueblo militante en su esfuerzo organizativo y transformador en la base de la sociedad. Se va destruyendo de esa manera el “gran pacto del 98” que ponía énfasis en la refundación nacional y la apertura del proceso popular constituyente. Cosa que le va a costar muy caro en lo que respecta a la enorme cuota de credibilidad ganada durante esa etapa constituyente y de lucha antifascista. Hasta los mismos movimientos sociales empiezan a sentir de lleno esta presión cediendo en su mayoría hacia una lógica de sobrevivencia política y de hegemonía parcial dentro de los espacios de interés que les atañe (movimientos obreros, campesinos, comunicacionales, urbanos), fundiendo su destino político (y muchas veces personal) a los intereses de la nueva casta político-burguesa en formación.

 

La incrementada influencia cubana y el liderazgo creciente de Chávez al menos hasta el 2007 sin duda que ayudan a pulir estos pasos sin mayores resistencias en un inicio. La interpretación de que “no hay otro camino”, que esta simbiosis jerarquizada entre el poder revolucionario y el poder burocrático que habla en el lenguaje del primero, absorbe efectivamente todo el pensar y el imaginario político de los movimientos populares, hasta los más avanzados y luchadores. Esto provoca por supuesto una importante involución dentro del pensar y el hacer del movimiento revolucionario, hasta el punto de ahogar a unos tantos en estrategias de penetración o lucha hegemónica interna que patinan sobre su propio esfuerzo y sin ningún vuelo importante, cuando no en aberrantes conductas oportunistas y de muy dudosa moral.

 

La revolución y el imperio: la tensión-negociación por las escalas de soberanía

El propio escenario internacional favorece este desvío al ampliarse la imagen de la “gran contradicción”: Lo que era en un inicio una confrontación local entre oligarquía y nuevo poder revolucionario, por cierto muy real y concreta, ahora se utiliza como imagen ampliada de una supuesta confrontación total con el imperio, sirviendo de mecanismo para fortalecer el control burocrático. En realidad no es una confrontación con el “imperio” y menos con el “capitalismo” como sistema-mundo, sino con la política de la elite gobernante archiconservadora que rodea a Bush (desplazándose ahora hacia Obama), cuyo plan político impide bajo fuego o amenaza la formación de soberanías parciales, nacionales y continentales, que promuevan la formación de un orden mundial multipolar (que es en realidad el verdadero proyecto de Chávez y de la dirección política que lo rodea). Tesis que es una heredera directa de la aclamada e inservible “coexistencia pacífica” planteada en los sesenta por los soviéticos. En definitiva nos encontramos sumergidos dentro de una etapa política transitoria en donde las izquierdas institucionales y de gobierno optan en su mejor versión por una salida negociada de escalas de poder. “El imperio” no reconoce otra cosa que la escala de su propia hegemonía concentrada sobre la apropiación salvaje de todo espacio y fuerza de trabajo a disposición de uso, mientras que estas izquierdas renacientes en América pretenden una negociación al menos de las escalas menores de soberanía concretadas en planes regionales independientes de integración y formación de mercados, apoyándose de la “competencia imperial” que representan básicamente Rusia, Irán y China. Volvemos a los comienzos del siglo XX con unas izquierdas parlamentarias perdidas, deslegitimadas por un imperialismo desaforado que solo la verdadera revolución social pudo parar en su momento.

 

Pero no hay pueblo vencido ni revolución que se detenga

De todas formas esto no quiere decir que “la revolución” en el único sitio donde ella es posible: la acción libertaria y emancipativa de las clases explotadas, se haya borrado por completo. El estado como “totalidad abstracta” en ningún momento logra atrapar de lleno esta liebre rebelde y muy material que sigue buscando su propio sendero. Más bien en muchos casos ha tenido que duplicar habilidades para hablar y hacer a imagen y semejanza de sus sueños antes que exploten y sean ellos los que arropen a su base política. “La rebelión antiburocrática”, la confrontación real con lo grandes monstruos del capital, la búsqueda de espacios de construcción de una sociedad radicalmente distinta, la constitución de una “democracia de la calle” en todos los escenarios productivos, reproductivos o vivenciales posibles, es una constante que no han logrado detener. Vemos como emergen días tras día “sujetos” que hacen desde esta inventiva política permanente su reto cotidiano, incitando con relativo éxito al conjunto social organizado bajo administración o control político de estado a adoptar una visión mucho más crítica y beligerante de este proceso. Son miles de personas que hacen y luchan por lo suyo, o al menos lo intentan, sin ninguna ilusión de ganarse la amistad o al menos la solidaridad desinteresada por parte de instituciones que le han probado mil veces que nada tienen que ver con su esfuerzo y esperanza.  Este es si se quiere el verdadero fruto “del proceso” cuando lo vemos más allá del asistencialismo social o el reforzamiento del capitalismo de estado impulsados por el gobierno, y nos centramos en su construcción estrictamente emancipatoria.

 

El enemigo capitalista tiene muchas caras

Los enemigos de este enredado y subterráneo “sujeto emancipativo”, claro, están allí enteritos, aunque ahora tienen que vérselas no solo con los enemigos capitalistas de siempre sino con el imperio que acerca su IV Flota, la CIA e inteligencias globales que rompen, infiltran, manipulan y aniquilan. En su desvío el “estado revolucionario” vuelve a jugar su papelito de represor, acusador, controlador, saboteador que todo estado (o lo que son: agencias de administración, imposición y legitimación de los intereses colectivos del capital) que aún logra sostenerse juega a placer. Incluso tomando en cuenta que en su seno se cuelan muchas tendencias con lecturas muy distintas de este mismo fin, fruto de la complejidad de la misma “revolución bolivariana”. Hay “lecturas de derecha y de izquierda”; unas descaradamente contrarrevolucionarias y de instrumentación de masas, otras dispuestas a reconocerle status político al quehacer político emancipativo y no estatal, pero eso sí, “el mando queda en nuestras manos”, cuestión que impide a desgracia de todos relaciones de “equivalencia de poderes” aunque sea entre pequeños nichos institucionales y el poder revolucionario. Son confrontaciones al interior del estado, muy naturales en medio de  épocas de crisis y de aliento revolucionario como las nuestras. Obligatoriamente cabe decir también que las primeras (la opción abiertamente instrumentalista y de derecha) desde hace un buen tiempo se prueban muy superiores a las segundas (para muestra un botón: el gabinete presidencial, los jefes reales del PSUV, las candidaturas a elecciones regionales). Pero no son solo estos dos entes –estado y capital- claramente visibles los que bloquean la verdadera liberación. Ahora tenemos un tercer monstrillo, cada vez más presente y poderoso, que no es otra cosa que el “paraestado” y su acompañante “paramilitar” (y en esto no dejamos de lado la tradicional delincuencia y el fenómeno multiplicado de inseguridad, fortalecido por este novedoso enemigo hijo del “plan Colombia”). Es decir, ese “otro orden burgués” que al ver como su civilización se desmorona empieza a actuar sin ninguna vergüenza y sin ningún apego a las normas jurídicas y civilizatorias que constituyeron el orden capitalista: es el capital liberado de sus fachadas humanistas, morales y normativas, es la mercenarización completa de la sociedad a la par de su privatización. Todos los interesados a nivel de estado, imperio y capital lo ayudan y de alguna manera se benefician política y económicamente de él, lo cual le permite actuar sobre un campo de impunidad política, económica y militar tal que en el caso por ejemplo de Colombia terminan por fundirse y tomar el poder político formal. Este es un fenómeno que avanza en toda América acentuándose en Venezuela por su peligroso “proceso”, riquezas y condición fronteriza a Colombia. Situación que ya le ha costado la vida -y seguirá costando lamentablemente- a varios centenares de valiosos militantes de la lucha popular.

 

Los errores llamados PSUV y Reforma Constitucional

Volviendo al problema del “desvío”, es el año pasado (2007) cuando Chávez intentó jugarse la carta lógica de “cerrar el ciclo” burocratizante a partir de su victoria aplastante el 2006. Las propuestas del PSUV y la reforma constitucional, eran una manera de acentuar todas las tendencias de control administrativo supuestamente legitimadas con el voto presidencial y restarle fuerza de manera definitiva a los enemigos imperiales, oligárquicos y liberales (y por añadidura lo que él llama “anárquicos” y las fastidiosas tribus partidarias antiunitarias) del proyecto del “socialismo del siglo XXI”.  Pero el tiro definitivo le sale por la culata. No entremos en detalles pero todo esto estuvo tan mal planteado (cosa que se advirtió con las mejor de las voluntades), tan mal interpretada la realidad política en curso (no era un cheque en blanco lo que se le dio a Chávez en el 2006, era una prueba para que de una vez se atreviera a liderizar la Revolución que millones aspiran, empezando por sacarse de encima la carroña contrarrevolucionaria y ladrona que lo rodea y que él mas bien termina fortaleciendo), que el resultado no podía ser otro. Se vino al piso la reforma y el partido terminó como tenía que ser: una maquinaria electorera que desdobla el control sobre la base social chavista que ya las instituciones y los partidos venían ejerciendo. Además se convierte en una jugada que logra exactamente lo contrario de lo que buscaba: en vez de unificar orgánicamente el vasto movimiento que ha venido militando a favor de la revolución bolivariana lo que hace es paralizarlo y quebrarlo en algunos casos, impidiendo el desarrollo natural de espacios verdaderamente militantes organizados y autónomos. De allí la reducción dramática del espacio y número de militantes esperado en el partido.

 

Las culpas son del pueblo vamos pa´la derecha; la mala interpretación

La respuesta al 2D por el lado de gobierno y particularmente de Chávez es que “el pueblo no está preparado para el socialismo” (¿no será él el que no está preparado?), lo cual conduce a otro triste “crucifijo” igual  al que mostró el 13 de Abril del 2002. Es un nuevo giro a la derecha del gobierno: amnistía, fondos inmensos de subvención a los empresarios y bancarios, liberación de precios, Cadivi a sus anchas, derogación de deudas, ningún coto al saqueo financiero, ataque al movimiento tomista de tierras y empresas, la deuda externa aumenta y se paga a realazo limpio, abrazos con “Juan Carlos”. De la izquierda solo guarda el “progresismo jurídico” expresado en las leyes  habilitantes, la continuación de las nacionalizaciones y la actitud de ceder ante la presión política de sectores subalternos. De todas formas esto no sirve de nada. “Nuestros” ricos siguen siendo los explotadores, parásitos, reaccionarios y conspiradores de siempre, y para colmo en vez de calmar los males económicos, ellos no hacen sino acentuarse, particularmente la inflación que este año tiende a duplicar la ya altísima del año pasado. El gobierno cede, el abuso especulativo se duplica, es una ley de hierro en este capitalismo petrolero. Políticamente el gobierno obtiene menos ganancia aún: la clase dominante con más dinero y complacencia es clase dominante con mayores aspiraciones a dominarlo todo, esta vez utilizando el malestar de una población frustrada y tremendamente confundida incluso en su base chavista. Ni se diga en el plano internacional donde el movido caso de Colombia termina en el triste reencuentro con Uribe y el irrespeto de la lucha armada en Colombia. Podemos decir entonces que una mala interpretación de los hechos, incapaz de desechar soberbias y radicalizar la autocrítica (o simplemente hacerla por primera vez desde una luz libertaria y no presidencial), no lleva a otra cosa que a profundizar los errores y allí están. Los resultados electorales por venir, si la derecha supera en algo su mongolismo crónico y le pone coto a sus instintos golpistas que vuelven a revivir, seguirán reflejando esta situación.

 

Un intento fallido por hacer explotar la rebelión antiburocrática; la división en la base

Por su lado los movimientos populares después del 2D al constatar con estupor la torta que se ha puesto, primero revientan de rabia; quizás dos meses de alta vocifería y sinceración inevitable ante el desastre. Pero luego se repliegan ante los regaños del jefe y la humillación pública del líder hacia su masa. A la “rebelión antiburocrática” generalizada parecía al fin que le había llegado su hora, pero esta es bloqueada por una contraofensiva muy bien armada en función de consolidar “el partido mas democrático del mundo”, darle una dirección, programa (¿por cierto donde está ese programa?). Adviene entonces la primera gran división del movimiento popular desde que comenzó la historia bolivariana. La gran mayoría o se jala arrastrada hacia el universo partidario o adoptan definitivamente la desgastada estrategia internista de proseguir la “rebelión” dentro del mundo encerrado en el PSUV; ser la izquierda del mismo; con las consecuencias ya comentadas. El otro espacio se desplaza hacia otras alternativas externas que a su vez pasan por el repliegue al localismo extremo, el basismo en muchos casos muy oportunista, el incremento del corporativismo movimiental, al independentismo, la formación de nuevos partidos clasistas o incluso “antichavistas”, el mantenimiento de la militancia en los viejos partidos de la izquierda chavista. Lo cierto es que se pierde la posibilidad de desatar esa rebelión y probablemente ya la hace imposible al menos dentro del universo chavista y el juego político que el mismo ha impuesto desde hace diez años.

 

Al fin se comienza a respirar: el chavismo es fabricación propia pero aparece otro sendero que ha gritado por nacer

Es entonces, en medio de estas presiones, que mas allá de estar “a lo externo o  interno”, más allá del chavismo incluso, comienza una reflexión y un hacer que desde hace no menos de cinco años espera por nacer: es lo que hemos llamado “la Otra Política” (término aportado por el compañero argentino Raúl Cerdeiras), cuyo problema no se agota ni mucho menos en el posicionamiento en contra o favor del chavismo o la figura de Chávez, el cual lo asumimos como un producto histórico que refleja como proceso político las posibilidades y límites de la rebelión que se inicia en los ochenta. El chavismo es definitivamente un hijo legítimo de esa fabricación popular y rebelde en su grandeza y sus terribles carencias de autonomía, de claridad, de organicidad, de potencia liberadora. Su problema hoy, en medio de esta crisis profunda del mismo y que lo convierte en un hecho político “reactivo” y no “revolucionario”, es el reestablecimiento y creación inédita de la autonomía política y estratégica del quehacer colectivo emancipatorio como tal, siempre fiel a la verdad rebelde y nuestramericana que nos dio nacimiento.

 

 

II. La “Otra Política”

 

 

Hemos logrado mucho pero cuidado que todo eso se va contra nosotros

Sinteticemos afirmando que en estos primeros diez años (o casi) de la “revolución bolivariana” (o V República) se concluye la etapa de la “aureola caudillista” de la misma (hecho que se trasluce por primera vez el 2D del 2007), para entrar en un doble movimiento. Por un lado empieza a privar la lógica institucionalización de la misma que en principio ha de garantizar su estabilidad futura, forzada tanto por la derecha chavista como el centro “escuálido”. Se trata de un modelo formal de “democracia participativa” y “estado social de derecho” compartido entre derecha e izquierda que podría llegar en un eventual futuro exitoso a convertirse en una reactualización del viejo modelo de rotación partidaria del poder. Esto por supuesto no está exento de enormes tensiones, conflictos internos, disidencias políticas de lado y lado, que seguirán reflejando la lucha interna de intereses, su lucha de clases propia, y de conflictos de interpretación del modelo de estado y de uso de sus riquezas (opción neoliberal, opción estatista-bolivariana). Siempre al interno y en tensa obediencia de las determinaciones de un orden global guiado por la lógica de la caotización, desvastación y saqueo de los territorios mas ricos del planeta, entre ellos el venezolano. En la medida en que tal institucionalización avance, de la misma manera esa nueva careta institucional necesitará ahogar cuando no violentar y acabar a como de lugar el poder revolucionario que por instinto será cada vez mas reacio a las nuevas formas de sumisión política y económica. 

 

Ahora le toca la tarea del imposible al hijo libertario

Por otro lado tiende a desprenderse su hijo legítimo libertario, estrictamente popular y del “común” que nos une, no confundido ni con el Estado, ni con el gobierno, ni en el régimen de la V República como modelo capitalista y representativo de dominio, ni con los modelos de acumulación desarrollista, ni mucho menos con modelo imperial democrático-liberal sobre el cual están masacrando y desvastando este mundo. Cansado de las “criticas constructivas” y luego acusadas y satanizadas, del autonomismo sin política autónoma, pero también de ser la “cara rebelde” del chavismo de base, los propios acontecimientos le van evidenciando que ya a estas alturas y de acuerdo a la maduración de los hechos y los propios sujetos y espacios militantes, ha llegado la hora nuevamente del atrevimiento, de la fabricación de una nueva política, y con ella de nuevos sujetos políticos, nuevas ideas, nuevos valores, nueva organización, nueva práctica liberadora, a partir del desarrollo de una estrategia de lucha que rompa definitivamente con un “anciene regime” que la V República no pudo destrozar cuando pudo (2002-03, sobretodo) y ahora se dedica a reforzarlo. Régimen material que independientemente de constituciones formales está íntimamente ligado al mercenarismo político y el saqueo de la renta petrolera, sujetado a los principios modernistas de estado y soberanía, impuestos en nuestro caso por el viejo modelo colonial-capitalista que cobra vida desde el siglo XIX.

 

Es el hijo que busca su verdadera tierra

Siendo hijo del controversial proceso popular forjado con la rebelión del 89, pero también de las corrientes histórico-sociales que fraguaron su camino unitario y su propia creatividad política en esa década, ahora le toca ir más allá, posiblemente inaugurando un nuevo ciclo de producción política, teórica, metodológica y práctica que pueda recoger los frutos tanto de esa verdad producida en la rebelión como de aquellos que nos dejan estos últimos años “revolucionarios”. Hemos dicho, siguiendo los aprendizajes que estos años nos han indicado, que estamos en la obligación de centrarnos en la tarea del control y la liberación territorial como fórmula para tomar distancia definitiva de las determinantes del estado colonial-capitalista y como tarea estratégica fundamental en una época en donde el imperio, sus principados y lacayos nacionales, están destrozando cualquier forma de ejercicio real de soberanía, particularmente en las periferias de las naciones capitalistas centrales. Pero igualmente en el momento en que de una vez por todas debemos comenzar a construir el mundo deseado, reterritorializando lo que la historia de más de cinco siglos de hegemonía colonial-capitalista ha acabado por desterritorializar (es decir, producir en nosotros un nomadismo forzado, esclavizante y marginalizante y no de huida creadora del mundo bajo el dominio de las armas y el dinero), despojar y explotar en una infinita cadena destructiva.

 

Llega el momento en que el pueblo hecho común y cualquiera, retomando su condición de sujeto, asuma el protagonismo revolucionario y comience a derribar con sus fuerzas las bases políticas, económicas y militares de la vieja sociedad. Pero para ello es necesario reencontrarnos con nosotros mismos, oír al de al lado, producir la política como conciencia que se fabrica desde el pensamiento, la ciencia y la voluntad de todos y todas. Los duros y frontales pasos a dar se darán únicamente desde el fuero colectivo y participativo o será derrotada. No importa su magnitud. No importan los tamaños y trascendencias de nuestras rebeliones. Maravilloso que sean inmensas, pero vale por igual la mas sencilla. De todas formas, valga que una culmine con éxito para que se multiplique como pólvora; ese es el signo del momento porque la crisis “es revolucionaria”; ellos fueron los derrotados nosotros no.

 

Otra política no es una nueva y brillante idea para asumir el poder, es ella la que ha de ser un poder sobre el mundo necesario y deseado

“Otra Política” es por otra parte un emprendimiento político que ya no se centra en la vieja tarea de “tomar el poder de estado”, tantas veces tomado y convertido en sueños frustrados, sino en la toma del poder real y concreto sobre el mundo vivo y necesario. El verdadero poder que hoy puede interesar a la emancipación humana es el poder sobre los valores de uso real, natural y producido por lo humano. Es el poder sobre los medios y las relaciones productivas y comunitarias, sobre la tierra y el espacio, sobre la producción cultural y comunicacional, sobre el conocimiento y la misma espiritualidad de los pueblos. Es el poder concreto que se mide en la capacidad efectiva que tengan los pueblos de ir derribando de una vez por todas el viejo mundo del imperio burgués, incluida sus divisiones territoriales y nacionales y sus infernales modelos de desarrollo, sin ninguna necesidad obligada de estar acudiendo a la toma de unos instrumentos políticos de fuerza (el estado y sus instituciones) que ya la misma burguesía mundial está deshaciendo (para eso inventa sus “paraestados”, “paraejércitos”, “paraleyes” etc, mas fuertes en muchos casos que los estados mismos).

 

No es el momento de la confrontación abierta, sino la confrontación específica y el debilitamiento al mínimo del viejo poder

Pero así como no estamos para partirnos la cabeza hasta la eternidad por “tomar” ese poder inútil a la emancipación, tampoco se tiene planteado en el contexto concreto de la Venezuela de hoy la confrontación abierta con este. Esa misma confrontación en estos momentos se encamina, primero, con los elementos del “paraestado” (ayudados básicamente por redes internas dentro de las polícias, Guardia Nacional, poder judicial, poderes regionales) que suman su influencia en todo el territorio nacional. Y luego con los sectores terratenientes y propietarios que impiden en forma asesina los procesos de socialización tanto de la tierra como de la producción, ligados en muchos casos a ese mismo “paraestado”. Nuestra tarea en ese sentido en mucho mas “disolvente”, “debilitante” y de enfrentamiento “pacífico” por vía de la movilización que confrontativa y violenta. Necesitamos aún de alianzas concretas con sectores progresistas dentro de ese estado para enfrentar el fascismo, la represión, la corrupción, en sus múltiples facetas, sin estar haciendo mayores distinciones formales, ni muchas ilusiones tampoco. La violencia contra la comunidad solidaria y socializada es la esencia misma de la civilización capitalista, llevada en esta etapa a nivel de genocidio mundial. La violencia del opresor por tanto se generaliza informalmente, lo cual nos obliga a una preparación permanente en la defensa militar y la capacidad de control territorial de nuestros pueblos en todo lo que ello implica. Entramos en todo caso en una etapa de preparación estratégica para dar frente a este desgraciado escenario.

 

Aquí no estamos para competir con nadie y menos con este gobierno, si ayudan mejor

Por otro lado, tampoco se trata de hacerle la competencia al estado, muchos menos en una fase tan decadente del mismo donde hasta las mismas oligarquías buscan segmentarlo hasta hacerlo una chatarra a sus únicas órdenes. Ojala, si algún milagro ocurre con el chavismo en su actual puesto gobernante y mientras dure, que este haga en lo inmediato lo mucho que queda por hacer dentro de un espacio nacional donde falta todo: escuelas, vivienda, obras de salud, obras de infraestructura, vías de comunicación, proyectos de desarrollo concreto y sustentable en un interminable número de necesidades productivas no resueltas. Ojala legisle a favor del desbloqueo de derechos sociales siempre confiscados. Ojala incentive frentes de socialización y redistribución de la riqueza y el poder que abran puertas a ciertos niveles de participación e igualitarismo. Ojala ayude a la unidad e integración de los pueblos frente al imperio. Ojala a Chávez no se le agote del todo ese loco que le dio nuestra confianza. Ojala algún respeto por la vida corra desde sus entrañas viendo como ya son cerca de trescientos compañeros asesinados en la mas absoluta impunidad. En fin, que haga al menos algunas de las tareas “nacionales” que la burguesía nacional progresista, que nunca existió (que nunca “dominó” en el sentido europeo y marxista) y por tanto nunca hizo, y que hoy parecen tareas propias del estado “revolucionario”. Bienvenidas las iniciativas es ese sentido; la paciencia en principio es bondadosa, siempre que haya respeto por lo conquistado en esta lucha. Si lo que queda izquierda escolástica y honesta mimetizada a la escuela del socialismo de estado, quiere hacerlo con más afán aún se le agradece, suponiendo -perdonen la ironía- la mejor buena fe en ese alguien que se entiende como aquel que bajará de la colina para salvarnos a nosotros las “victimas” del mundo.

 

Pero sea lo que sea no habrá revolución mientras no la hagamos; nosotros los parias que decimos fabricar esta rebelión

Muy bien. Pero si desmenuzamos un poco la realidad, ¿que cosa nos están enseñando estos ángeles sino un distanciamiento cada vez mas abismal entre las palabras y los hechos? De todas formas ya eso no es lo que importa realmente; esta cosa tan estúpida de estar distribuyendo culpas y acusaciones desde el trono de la inocencia. Mejor decir que si de algo nosotros estamos claros y de hecho sí somos víctimas, es de nuestra propia pasividad y cultura de sumisión. No habrá revolución mientras no la hagamos. En el fondo lo que estamos afirmando es que ya no esperamos “por el líder, el partido y la dirección revolucionaria” y su asunción al poder. Por la realización del programa revolucionario de “transición”. Que por mucha paciencia que se ha tenido en la Venezuela socialista, o también en el México derechista o en la Colombia de la seguridad genocida, brotan por todos lados una voluntad superior de mando colectivo y directo cuyo campanazo zapatista abrió una nueva etapa en el quehacer emancipativo de los pueblos. Nos ubicamos por el contrario dentro de esa lógica de los parias alzados que ven y ponen a marchar otra alternativa radicalmente contraria a estas esperas del cielo a partir de sus propias experiencias, saberes, fortalezas y acumulados. “Nosotros lo haremos”, estamos seguros y en forma radicalmente distinta desde lo mas grandioso hasta lo mas pequeño, priorizando la necesidad y el deseo colectivo y no el desarrollismo y la acumulación. Pensarlo y anhelarlo es una forma de hacerlo real y de resolverlo como hecho político. Hay que comenzar ya desde lo que tenemos y somos en cada universo territorial y nacional. Territorio por territorio, viendo lo que nunca nos fue posible ver sometidos a la piel y razón del propio opresor. Queremos ser absolutamente soberanos en nuestra propia lucha, incluso de pensar y realizar todo aquello que permita desarrollarnos plenamente como comunidad viva y solidaria, campo que hoy se reserva el mando burocrático, simplemente capitalista o en sus fusiones “mixtas”. Asumiendo las formas de lucha que hagan falta asumir a sabiendas que a la final no hay paz posible ante este imperio de la devastación.

 

La representación de estado si no inútil o enemiga cuando mucho es un lugar marginal de la lucha por una “equivalencia de poderes” provisoria

¿Pero tiene algún sentido aún “la lucha de estado”?. ¿tener influencias o algún espacio ganado allí?, la experiencia nos ha dicho que vale tanto como tener sindicatos, movimientos sociales o niveles de influencia mayores o menos en la llamada “sociedad civil”. “Las guerras de posiciones”, dentro del régimen “democrático” y particularmente en nuestramérica, ya no se quedan solamente en la sociedad civil, ahora se extienden a los propios estados, a la misma sociedad política, derribando por completo el mito de las “representaciones políticas” como vehículos de liberación. El estado en su decadencia, extrema su condición de simple particular donde se disputan intereses que no tienen nada de “políticos” y “universales”, son los intereses corporativos por lo general de una pequeña burguesía que busca status social, ganancia económica y poder burocrático.  Estemos concientes, y en esto mucho nos ha enseñado la “revolución bolivariana”, se trata de una influencia o “hegemonía” que en sí misma no vale nada, mas bien degrada moralmente el poder revolucionario, y en la medida en que se hace más “total” esa influencia más rápido se encamina hacia su degradación ética y política. Son en todo caso “guerras de posiciones” dentro de un mundo improductivo en completa decadencia; pequeñas batallas que aún así no tienen sentido en sí mismas. Que si se utilizan cuando mucho pueden ayudar a forzar desde el campo de los llamados “poderes populares” la generación de relaciones provisionales de “equivalencia de poder”, de “compartimiento horizontal de estrategias”, entre estos segmentos del estado y el pueblo alzado, enfrentando hasta donde permitan los límites de la “paz” a todo este universo esencialmente en manos de las clases dominantes.

 

Queremos el mundo no el poder; no queremos ser gobierno queremos gobernar, es decir, queremos ser poder

La verdadera guerra de liberación hoy se juega en una inmensa guerra de movimientos en el campo directamente territorial, espacio por espacio, material e inmaterial, intentando liberar uno tras otro, con las formas de lucha que cada situación política –y hasta militar- determine. En una “larga marcha” que no termina en la “toma del poder” de cualquier estado en particular, sino en el espacio-mundo como tal (de allí el acento puesto en el “espacio nuestroamericano” como un todo concreto y sin fronteras en permanente constitución y liberación). Efectivamente la “lucha por el poder” hoy se dirime dentro del entramado material de las cosas y espacios que han de pasar al mando del autogobierno popular. Queremos tomar “todo” lo que nosotros mismos creamos como trabajadores o estamos por hacer, queremos en ese sentido retomar nuestra historia, conquistar el presente y disponer del futuro. Cosa muy distinta a tomar el “poder” que garantiza que eso que producimos siga en manos de las clases ricas y privilegiadas, legitimando bajo cualquier argumento (de derecha o izquierda) la división entre dominantes y dominados. La guerra de hoy es la guerra de los pueblos en su infinita riqueza y complejidad contra el uno-imperio capitalista. Una guerra emancipatoria que no se justifica por las finalidades paradisíacas que nos marca el destino o la “ley histórica” escrita en la teoría, sino en la necesidad de reconquistar y gobernar desde nuestros propios deseos subjetivos -hoy totalmente manipulados por el consumismo- hasta los espacios materiales por los cuales se lucha en el proceso revolucionario, sin que estemos delegando a ningún poder “superior” y externo el mando conquistado. Nuestros territorios (y en ellos nuestras comunidades, naciones indígenas, pueblos campesinos y semiurbanos, barrios y espacios urbanos, entornos campesinos, núcleos fabriles, nuestras aguas y nuestros bosques, nuestros mares y ríos, nuestros espacios inmateriales y de telecomunicaciones) como lo repite un dirigente de las comunidades negras del Chocó, “son un patrimonio no una mercancía”. Desde estas palabras comienza a centrarse toda la política y toda la estrategia en estos comienzos del siglo XXI, siendo un común denominador de los grandes movimientos de lucha hoy en día.

 

 

 

roland denis

jansamcar@gmail.com

 

 

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