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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Balance y otra política / y 3

IV. Premisas transitorias

1. La transversalidad de la lucha: Estamos partiendo de las luchas reales de los pueblos hoy muy extendidas después de diez años de “proceso” y un avance significativo de los pueblos nuestramericanos. No todas las luchas tienen la misma cualidad liberadora. Hay luchas reivindicativas, luchas de resistencia (aquellas que resisten pero no terminan de desbordar el orden dominante) y luchas de alternativa o directamente emancipativas. Se dice que hay “momento o crisis revolucionaria” cuando estos tres niveles empiezan a borrar sus distancias, generan acontecimientos significativos que sacuden la realidad, hasta convertirse en luchas auténticamente políticas y revolucionarias. Es decir, luchas dirigidas en función de acabar con el estado de dominio y construir un nuevo mundo común y una nueva verdad colectiva. No podemos en ese sentido legitimar o afianzar los mecanismos programáticos, organizativos, agitativos, etc, que mantengan las distancias entre estos niveles creyendo que “el partido”, “la dirección” o cualquier otra “representación del pueblo” por sí misma garantiza el camino revolucionario. El camino revolucionario lo marca la presentación popular directa no su re-presentación. Nos toca, partiendo que “nuestra lucha”, cualquiera que sea su nivel cualitativo, es de por sí el lugar de generación de esa “otra política”, politizar e integrar estos tres niveles sintetizándolos no en un aparato político extraño a todos sino en el mismo territorio que ha de ser de nuevo de todos. Por eso se habla de territorialidades de lucha y liberación. Por eso no hay territorio si de alguna manera no se desarrolla una “subjetividad territorial”. Lo que nos atraviesa y le da sentido a otra política es esa constante lucha que descubre caminos y verdades nuevas, tomando en sus manos su propio territorio, alcanzando niveles de liberación e integración con el mundo cada vez más altos. Tal subjetividad territorial liberadora y necesaria pasa por el reconocimiento de la autonomía de los sujetos, del saberse a si mismo sujetos políticos, en pleno ejercicio de un poder que no necesita permiso alguno para ser ejercido y de la ruptura entre la falsa dicotomía individuo-colectivo. En ella cada uno encarna al colectivo en sí mismo y cada uno es imprescindible en la lucha misma –una suerte de reflejo de la asunción de este poder lo encontramos en la movilización contundente y espontánea del pueblo el 12 de abril para parir un 13 al que tanto le debe Chávez- . Pasa además por convertirse en el sujeto enunciador de su propia practica de lucha, retomar el sustantivo y desplazar el lugar de representado a protagonista. Como bien decía una compañera oaxaqueña, con relación al atropello de los medios de desinformación “yo no quiero que me muestren como son las cosas yo quiero verlas con mis propios ojos”, supone al fin y al cabo retomar la mirada perdida, la palabra silenciada y censurada y la acción directa y rebelde que contiene su fuerza en si misma. 2. La construcción territorial y subterritorial: Esto es un tema probablemente de nunca acabar ya que se trata de la construcción del nuevo orden común en tierra real y no los artificios que hoy llaman “sociedad política”. Pero en este caso lo que nos interesa es la utilidad estratégica de esta idea. Un “corredor territorial de lucha y liberación” es el espacio donde se vienen dando las luchas concretas, donde se ha hecho el esfuerzo militante, pero además el espacio que delimitamos estratégicamente para concentrar allí todas las fuerzas e iniciativas estratégicas de construcción revolucionaria, por ello son corredores de liberación. “Muchos corredores” quiere decir muchas zonas integradas que, más allá del localismo que tanto asfixia y aísla, sirven para contar, integrar y potenciar todas las fuerzas que podemos tener en una región más vasta, una nación, etc. Es decir, no nos contamos por numero de militantes adscritos al aparato, nos contamos como nuestras guerrillas, esta vez por frentes socio-políticos ordenados territorialmente donde se integran toda una cantidad de gentes que independientemente de sus matices individuales, ideológicos o cual sea, fabrican allí es nuevo orden común, socialista y libertario. Los corredores se desbordan, sobretodo en las ciudades, se redefinen constantemente, son sujetos vivos no simples perímetros dentro de un mapa visto y delimitado en frío, redefinición que se da al calor de las mismas luchas y construcción orgánica. Pero también al interno de ellos se construyen subterritorios donde se forman redes y frentes sociales de construcción y de lucha específica, de educación, de salud, de producción, de defensa, etc, que el propio espacio territorial y los niveles internos de coordinación que existan integran. Lo importante en todo caso es que sintamos que ellos existen, que hay un donde, un quien, en un espacio y un tiempo, donde el combate político efectivamente está construyendo una nueva sociedad. 3. La toma territorial: Mucho se ha hablado del “empoderamiento” del pueblo como vía para el desarrollo del poder popular. Nada mas absurdo que el propio Poder decida sobre en que áreas y hasta qué punto el oprimido de siempre ejercerá un poder que antes no tenía. Nadie otorga poder, el poder se hace, se toma, se ejerce, se gana en la batalla revolucionaria, solo así se abre la posibilidad de convertirlo en un arma transformadora; es el poder de una política hecha desde el fuero popular. El “empoderamiento” es un regalo del mando burocrático que multiplica y alimenta las mismas conductas oportunistas entre la población hasta mimetizarse con este mando. Hasta las propias empresas capitalistas saben hacer esto en las nuevas fábricas robotizadas. Es el llamado “toyotismo” donde las unidades de trabajo gobiernan sus propios planes de producción, y luego son premiadas o castigadas por sus logros. Por ello, desechando toda ilusión de “empoderamiento”, es fundamental afianzar las acciones de “a-poderamiento” (la acción que logra apoderarse del hecho) de los espacios y recursos que nos son indispensables al proceso de liberación. Habrá y hay mil maneras de hacerlo, pero todo gira fundamentalmente alrededor de la “toma territorial”: necesitamos apoderarnos del territorio y los subterritorios. Vista ella misma como concepto, es decir, no es solo la toma “de una tierra”, de un lugar empírico, es la toma del territorio vital al colectivo que se dispone a rebelarse contra su estado de sumisión. Es el territorio comunal, el territorio urbano, el territorio inmobiliario, el territorio rural, el territorio marítimo, el territorio fabril, los territorios comunicacionales, educativos, de salud, hasta podríamos hablar del territorio corporal como lugar a reapropiamos después de convertirse en materia de manipulación a la sociedad de consumo; como le es el caso de las mujeres y el uso de sus cuerpos y su imagen como mercancía en lo material y en lo simbólico. Entendida de esta forma, la “toma territorial se convierte en el centro activo de la estrategia, o es ella misma una estrategia fundamental por la cual hoy optamos para la construcción otra política. Acciones que al mismo tiempo profundizan esa “subjetividad territorial”, ese sujeto colectivo que se apodera de nuevo de lo que es su tierra, su espacio, su cuerpo, su necesidad y su propia condición humana. 4. Visión mínima de lo que han de ser el mundo territorial construido: Ya en este punto podemos decir que la base mínima estratégica busca en su sueño más utópico por decir: “ir construyendo repúblicas libres e igualitarias”, no aisladas del mundo o cantones ideales que nos alejan del mismo. Todo lo contrario, se trata de ir ganando espacio en la batalla, imponer de la manera mas firme pero también creativa políticamente nuestro poder al enemigo, que seguirá presente mientras haya opresión, mientras haya un nuevo reto de liberación por el cual luchar, un nuevo territorio por tomar, por fabricar. Nada que ver entonces con mundos perfectos y bonitos, eso se lo dejamos a los libros del paraíso. Lo que si es perfectamente conquistable es la posibilidad de abrir territorios en donde el triunfo de nuestra política permita generar nuevas relaciones humanas, productivas, educativas, relaciones entre el hombre y la naturaleza, y entre el hombre y la mujer. Nuevos saberes y formas de transmitirlos, en fin, nuevas fórmulas de develar la poderosa magia que contiene el esfuerzo libre y colectivo. Todo el pensamiento y quehacer libertario, no solo el anarquista, también el consejista, el autonomista, el indigenista, el ruralismo como el caso de los sin tierra, el zapatismo, muchos de los nuevos movimientos de reapropiación urbana, muchas de las experiencias internas a los territorios bajo control guerrillero en este y otros continentes, nos han dado las primeras pautas. De lo que se trata es de profundizar la experiencia, articularla internamente y entre una pluralidad de territorios. Acabar, neutralizar o incluso cuando sea posible utilizar, el enemigo que busca destruirlas o controlarlas, sumar acumulados de recursos en valores de uso y de cambio que permitan multiplicar estas nuevas relaciones de vida, cuidándose mucho de convertir esto en las mansas y aisladas “ONG’s” tan funcionales al “humanismo” capitalista. 5. El desarrollo programático: la creación de las cartas de lucha Pasamos a otro punto que ha generado numerosas discusiones e ideas para su resolución. Se trata de superar el clásico repertorio programático que cada vanguardia hace para salvar el mundo. Nuestro programa, dicho en aquello que se nombra como “programa máximo” sigue siendo el socialismo nuestramericano y libertario. Ahora esto en sí mismo no quiere decir nada: aspirar a una sociedad libre e igualitaria, desde una práctica y una lucha presente libre e igualitaria, es ratificar la práctica y la teoría por lo menos de los primeros comunistas, cuando no de una cantidad de enseñanzas que nos dejan en la historia mil ejemplos de sociedades muchos mas libres, sabias y felices que la sociedad capitalista que hoy vivimos; en definitiva somos parte de esa historia. Y no ayuda tampoco que lo desglosemos en una cantidad de objetivos inmensos y más pequeños salidos de un documento ajeno que siempre puede ser mejor y distinto. Mejor reconocer que nuestro programa es esa “otra política”, dicho en grande, nuestro programa es nuestra política. Esto significa que lo importante está en que ese “nosotros en lucha”, ese nosotros que se configura y reconfigura permanentemente en la batalla por la liberación, describa con toda claridad cuales son sus objetivos programáticos concretos de acuerdo a la línea de liberación colectiva y territorial que se vaya describiendo. Que los clarifique en el debate y el progreso de su propia comprensión como sujeto político. El avance de esta palabra que se expresa en objetivos visibles es lo que hemos llamado las “Cartas de Lucha”. En la medida en que estas cartas vayan tomando cuerpo, va tomando cuerpo igualmente el tejido militante y el movimiento que gira sobre ellas. El movimiento organizado y militante en cualquier área de lucha se define a sí en estas cartas. Aparece el sujeto concreto en la búsqueda de metas concretas que serán más políticas y con una cualidad emancipatoria superior en la medida en que madura y se profundice su lucha. La suma de esas cartas de lucha, y su espíritu general, los diversos niveles de sistematización es una parte clave de esa ciencia política del pueblo. 6. El avance constituyente: Este es un punto sobre el cual le seguimos la pista a los horizontes básicos de la revolución bolivariana, cosa muy distinta al “chavismo”. Necesitamos desplegar la máxima capacidad de constituir y multiplicar espacios que ordenen estos territorios donde empieza a nacer una “república de libres e iguales”. La cuestión se ha presentado muy compleja por el nivel de control y explotación política que han hecho cualquier cantidad de instancias de gobierno de los espacios que han surgido del “proceso popular constituyente” en Venezuela y en los últimos diez años. Pero esto no quiere decir que ya esos espacios han perdido su sentido. Por el contrario, lo que tiene mucho mas sentido ahora y aquí en este país, es que, en vez de estar centrado en la toma del poder anquilosado del estado, tomemos y constituyamos los poderes populares, reventando esa casta oportunista que los infiltra y descompone. Ejercer un auténtico poder constituyente que no esta pidiendo permiso al estado y sus leyes para desarrollarse ni materializarse en las instancias que la misma inventiva política del pueblo va construyendo. Allí hay un reto difícil por la cultura política de sumisión a la ley y a la autoridad, de compra y utilización de los espacios populares organizados, que ha impuesto el chavismo. Pero sigue siendo fundamental para la formación y articulación territorial. Se habla ahora de formar mancomunidades, comunas, nuevos espacios consejistas a nivel obrero, rural, indígena, pesquero, trabajadores de la calle, trabajadores de servicios públicos, etc. Esto es un plan concreto donde cobra mayor sentido aún la idea de la formación de corredores, plagados de estos poderes, llenos de espíritu y autonomía, así como las tomas territoriales. El avance constituyente supone que la “otra política” apueste a “tomar” en todo lo que se pueda un poder constituyente que no han podido negar ni acabar pero si desdibujar por completo. 7. Formación del tejido militante y movimiental: También se ha repetido si hay algo que debemos recuperar de todas la larga historia de la izquierda son los valores y la práctica militante. El militante revolucionario, mas allá de inclinaciones políticas o ideológicas, es un producto, o quizás el producto mas hermoso, de la lucha contra la explotación del trabajo y la opresión de los pueblos. Necesitamos, territorialmente, configurar esos tejidos militantes dispuestos a contribuir en la producción de esta otra política, así se pongan por cualquier razón personal y de la situación política particular, todo tipo de franela partidista adscrita al mundo izquierdista. Ese tejido supera con creces estos partidos donde en realidad no se “milita” en nada o casi nada, solo se suma gentes y trabajo para que gane elecciones o privilegios uno u otro candidato o personaje del status. Hay corredor territorial, hay subterritorios donde se afianzan líneas de lucha y construcción de nueva sociedad, donde hay un tejido militante y organizado que lo impulse. Ese tejido hay que reconocerlo y cartografiarlo en cada espacio territorial de manera que se pueda en conjunto planificar el trabajo. Abran personas que se ganen por entero, habrán quienes se alíen, habrán personas amigas con quien se puede contar. Todo eso constituye a distintos niveles el tejido militante. Pero no hay tejido como tal sin movimiento social y de lucha desde donde pueda formarse y a su vez potenciar su propia capacidad política. No se trata de militantes de aparato. Aunque siempre se necesitará el “cuadro” político que se desliza sobre múltiples espacios, ayuda a formarlos y organizarlos, lo importante en este caso es que el militante, primero se forme y reconozca en una decisión libre, salga del aislamiento o el arrollamiento que tienen sobre él –ella- los aparatos burocráticos, y luego se haga orgánico a movimientos socio-políticos que nacen del corredor territorial, o lo forman o forman dentro de él subterritorios que desarrollan los contenidos de las “cartas de lucha” que nacen de los propios movimientos. Para que esto resulte es importante a su vez que esos militantes se organicen o estén organizados en los colectivos o células de trabajo revolucionario. Células militantes que poco a poco aparecen y ya existen en gran parte, que le ponen orden al desarrollo estratégico del trabajo. La primera célula en principio es la del propio corredor en su génesis, la que lo empieza a describir, “tomar” y cartografiar social, política, militarmente, geográficamente, etc. Para después, desde un desarrollo natural en la medida en que se suma personas y se forman movimientos, se gestan poderes populares, estos núcleos se multiplican. No se trata de hacerlos por decreto o forzados por el “aparato”. En realidad se trata de organizar militantemente lo que ya existe como potencial individual y colectivo dentro del chavismo de base, lo que ya existe como corriente libertaria y nuestramericana, lo que nace de una juventud que necesita una mano solidaria. El conjunto de todo esto, en la suma de todos los corredores territoriales, seguramente nos dará la suma militante de esa “otra política”. Esa suma si quiere verse en algún momento así, será “el partido”, frente, plataforma, movimiento o como se llame de la otra política y en el nombre que quiera. 8. Fortalecimiento comunicacional y propagandístico: Esta parte ya empieza a tener una importancia clave dada la experiencia desde el campo de la comunicación alternativa acumulada en estos años. Bien se ha dicho que se acabó el oportunismo de la acumulación instrumental de máquinas para la comunicación. Estamos obligados a romper por completo con esta manía instrumental que a la final ha dado mucha experiencia, se ha hecho espacio con ella pero también ha desarmado las voces populares. Por ello vuelve a insistirse en papel central de la propaganda propia, de las campañas de propaganda sobre temas claves en el momento, tanto territorial como global. Una plataforma rebelde de comunicaciones es nuevamente el reto a desarrollar con cualquier instrumento que se tenga para ello. Lo importante es que esa otra militancia, que no es formal, es una práctica de vida y de lucha y que empieza desde lo más pequeño hasta hacerse “territorio” liberado, aprenda todas las artimañas de la propaganda efectiva. Sobretodo aprenda a crear colectivos militantes que se dediquen a impulsarla y hacer partícipe de ella un número cada vez mayor. Esto no quita la importancia de la “comunicación”. Por el contrario, hay muchos órdenes de comunicación que hay que mejorar desde la defensa hasta la capacidad de formar comunicadores de experiencias, de espacios, de información, o la misma creación comunicacional. Pero la experiencia nos dice que todo ello no tiene sentido y menos en un mundo totalmente arropado por la dictadura mediática, si en realidad no es mas que la retaguardia de una vanguardia propagandística que está en continuo movimiento y expresión. Tenemos que reinventarnos de nuevo en ese sentido y pasar a la ofensiva que la palabra sin tapujos espera. 9. Potenciación de la base productiva y de recursos: Y tampoco hay territorio sin una base productiva que permita crear las relaciones necesarias para sostenerlo materialmente y a la vez construir las bases estructurales del nuevo orden común. De acuerdo a la experiencia que suma estos años lo que parece más importante es que, primero, esa “otra política” consiga todas las vías posibles para generar recursos propios que de lo contrario se hace imposible su desarrollo. Y en segundo lugar, que el campo socializado de la economía de una vez por todas se libere de la tutela y hasta del despotismo burocrático que en realidad la está quebrando por completo. El principio del control obrero debe generalizarse a toda una cantidad de espacios por tomar y por generar que además no les queda otro camino que ser productivos de valor, de renta capitalista, de lo contrario, serán súbditos de la renta de estado que los subsidia. No basta el movimiento obrero, toda territorialidad, urbana, rural o cual sea en su proceso debe participar de la constitución de esta plataforma productiva indispensable, utilizando algo que es muy importante y es la reapropiación y valorización del trabajo que ya se hace como asalariado o trabajador de la calle. En esto se debe negociar como sea un equilibrio entre ganancia propia, subsidio, líneas de desarrollo productivo, que en estos momentos están por entero en manos de la decisión burocrática. Esto no quiere decir explotación, quiere decir máxima eficiencia, voluntad colectiva y articulación universos variados de producción y organizados por corredores territoriales o subterritoriales. Para los próximos tiempos tiene que nacer la base de una plataforma productiva autónoma nacional que vaya detallando los procesos de formación de acumulados, mercados, relaciones de producción, tecnologías, canales de integración, formas de financiamiento, establecimiento de relaciones de “equivalencia de poderes y decisión” con el estado que no implique la absurda y mentirosa “cogestión” sino un plan de desarrollo autogestionario decidida por los trabajadores donde el estado ponga de su parte. La “toma” o la formación del espacio productivo nos pone a prueba por completo en este proceso, siendo la primera y decisiva prueba para quebrar la situación de “mercancía productora o distribuidora de mercancías” en que nos han convertido. 10. La tarea de la defensa: Sin ser demasiado expeditos en esta parte, entendamos que esa “otra política” y particularmente la estrategia de centralidad territorial tiene una función clave en la defensa, es de hecho una estrategia militar de defensa de todo el patrimonio revolucionario que vayamos conquistando. El enemigo sin entrar en detalles sabemos que ya ataca y se convierte así mismo en un invasor territorial por todas nuestras ciudades y campos. La estrategia de ellos está muy clara, cual es la invasión y explotación sin límites de todo cuanto puedan en riqueza de manera silencioso y con la complicidad del estado. Su enemigo principal es el poder revolucionario. Tenemos que estar listos en todo territorio para enfrentar esta situación y ordenar y acumular los insumos para cubrir necesidades básicas alimentarías, de salud, de resguardo, de comunicación, de acuerdo a los niveles y las exigencias del enfrentamiento. La situación por los momentos nos permite adelantar mucho en ese sentido, poniendo parte de esa “ciencia política del pueblo” al servicio exclusivo de esta estrategia de defensa que no puede subsumirse al estado, sino al principio del pueblo ordenando y disponiendo de sus propias armas. Esto no es un problema de cantidad de fusiles sino de la capacidad y formación que tengamos con todos los recursos de un territorio para defendernos y seguir avanzando. Estos principios nos deben dar las bases para una “política de las armas” y de una plataforma popular de defensa que luego de diez años está muy lejos de crearse. 11. Objetivo estratégico principal: Finalizamos esta parte tratando de hacer una síntesis de lo que podría ser en estos momentos y por estos pedazos del mundo el objetivo estratégico fundamental de una “otra política”. Se trata de: formar, articular y desplegar todo un tejido militante y movimiental a nivel nacional –y más allá de sus límites- que se identifique y desarrolle una “otra política”, ensamblando en su singularidad un número cada vez mayor y en forma cada vez mas rica y profunda, espacios territoriales que, transformados en corredores territoriales de lucha y liberación, sirvan de piso a un accionar de liberación superior a ritmo, necesidades y deseo de los nuevos retos que se vayan planteando los pueblos de nuestramérica y de la humanidad. ¡Otra política: ciencia, palabra y lucha del pueblo!

Primer borrador. Corredores territoriales de lucha y liberación

roland denis

jansamcar@gmail.com

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