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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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La temperada racionalidad del ateísmo (I)

05-01-2008
 
La temperada racionalidad del ateísmo

Salvador López Arnal
Rebelión/El Viejo Topo

 

 

PARA MERCEDES IGLESIAS SERRANO, QUE SIEMPRE ESTÁ.

 

No puedo imaginar a un Dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física […] Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

Albert Einstein (1934), El mundo tal como yo lo veo.

 

El libro más letal del planeta, ahora mismo, no es el Corán, sino la Biblia. En la fe de los cristianos evangélicos está que el mundo está a las puertas del fin. Lo que no ven es que podríamos estar a las puertas del fin a causa de su fe

Terry Eagleton, “Contra los valores familiares”

 

Nadie discute que la gente obtenga bienestar y consuelo de la religión. Si un ser querido muere, por supuesto que es alentador sentir que está en alguna parte interesándose por uno y que algún día lo volveremos a ver. Pero lo que es alentador no es necesariamente cierto, y es una especie de cobardía intelectual decir:”Debemos dejar que la gente se revuelque en sus ilusiones, porque eso los consuela”. Creo que eso es ser condescendiente.

Richard Dawkins.

 

Con la utopía pasa en nuestras sociedad, en última instancia, lo mismo que con el ateísmo, a saber: que como el significado de la palabra lo establecen los que mandan (en el Estado, no necesariamente en la Academia de la Lengua), uno no puede ser, ni proponiéndoselo, lo que quiere ser.

Francisco Fernández Buey (2007), Utopías e ilusiones naturales

 

1. Ateísmo, agnosticismo

Un excelente periodista, antiguo director si no ando errado de SAIDA, aquella inolvidable revista de la izquierda comunista que se publicó durante los primeros años de la transición política española, nos suele regalar diariamente un sustantivo e inteligente -aunque (¡ay!) breve- artículo en las páginas de Público.

Ciudadanos que hasta hace pocos años desayunábamos diariamente con la columna de Eduardo Haro Tecglen a nuestro lado, mirando el mundo con su letra y casi siempre con su música, lo hacemos ahora con “El dedo en la llaga”. El nombre, en este caso sí, es parte de la cosa. El dedo del admirado escritor y editor2 suele señalar con acierto la llaga esencial. A veces, claro está, nuestras propias llagas.

Por eso sorprendió la columna que Javier Ortiz publicó el 1 de noviembre de 2007. Contaba l periodista donostiarra que un amigo de su juventud se ponía de los nervios cuando él se proclamaba agnóstico. “No puedes demostrar la inexistencia de Dios”, le gritaba. Ortiz, con algo de sorna, sabiamente, le respondía: “Y tú no puedes demostrar que en este momento no haya un habitante de una lejana galaxia, de 30 cm de largo, por 0,2 m de ancho y de color verde pistacho, que no esté tatareando el primer movimiento de la 5ª sinfonía de Beethoven”. ¡Qué tontería!, replicaba su interlocutor. No más que lo tuyo, respondía nuevamente Ortiz.

Desde su infancia, concluía el periodista donostiarra, siempre había pensado que la idea de Dios era tan sólo un refugio mental y que quien consiguiera albergue en ella bendito era desde luego.

Los agradables ecos spinozianos son patentes.

Ortiz señalaba a continuación que en Derecho ese procedimiento argumentativo que él había criticabo tenía un nombre: invertir la carga de la prueba. Si alguien sostiene una afirmación que dista de ser evidente, es a ese alguien a quien corresponde demostrar que su creencia, la posición que él defiende, tiene fundamento razonable.

Magnífico, muy entrado en razón. Una concepción consistente con las teorías contemporáneas de la argumentación.

Lo sorprendente, más allá de la elección del primer movimiento de la 5ª en lugar del tercero de la novena3, a todas luces mucho más mozartiano y más en la cumbre de la música de Beethoven, es que Ortiz construya esa argumentación para defender…su agnosticismo, no su ateísmo. ¿Pero no habíamos quedado en que el agnosticismo era la suspensión del juicio en asuntos de divinidades, al señalar que no puede probarse ni la existencia de Dios ni su inexistencia, presuponiendo con ello que haya que probar siempre inexistencias? ¿No conlleva entonces el desarrollo de la posición de Ortiz que es necesario demostrar la inexistencia de Dios para poder colegir el ateísmo en contra precisamente de los supuestos aceptados en su propia argumentación?

La situación, en mi opinión, no es una simple inadvertencia, un improbable ocultamiento o una posición singular de Ortiz4. En las dos últimas décadas, la izquierda, la izquierda española cuanto menos, ha pasado de transitar sin sectarismo5 por las esferas del ateísmo a caminar mayoritariamente por el ámbito más aceptado del agnosticismo. Fernández Buey lo ha señalado así6:

Efectivamente, de la misma manera que el ateo sólo puede ser agnóstico (pues, por definición de los que mandan en esto, el sin-dios es un imposible metafísico dado que el sin-dios es siempre un buscador de dios, etc) así también al utópico solo le dejan ser una de estas dos cosas: o un realista político a la fuerza, que simultáneamente cree en las calendas griegas, o un receptor de palmaditas en el hombro derecho que afirma que la utopía no es de este mundo

 

Pero ¿qué cabe entonces entender por ateísmo? Tomemos, a título de ilustración, dos aproximaciones razonables -moderadas por lo demás, sin apenas arista política- del gran filósofo analítico Daniel Dennett7.

1. “El árbol de la vida ni es perfecto ni infinito en el espacio o el tiempo, pero es real, y si no es lo que pensaba San Anselmo, “un ser más grande que todo lo que uno pueda concebir”, es seguramente un ser que es mayor que cualquier cosa que cualquiera de nosotros concebiría en un detalle merecedor de su detalle. ¿Es algo sagrado? Sí, afirmo con Nietzsche. Yo no puedo rezarle pero puedo apoyar la afirmación de su magnificencia. Este mundo es sagrado”.

2. “Si lo que considero sagrado no es una suerte de Persona a la que se le puede rezar, o que pueda ser considerado un receptor apropiado de gratitud (o de furias, como cuando un ser querido es estúpidamente asesinado), en mi opinión usted es ateo. Si por razones de lealtad a una tradición, de diplomacia o de mero camuflaje autoprotector (que es muy importante hoy día, especialmente para los políticos8), desea negar lo que es, ése es su problema -pero no se engañe-“.

 

En lo que sigue pretendo argüir la temperada racionalidad de un ateísmo9 así entendido, no sectario políticamente, que no niega desde luego el admirable compromiso político de cristianos de base y de otras organizaciones religiosas10, pero que entiende, consistente herencia ilustrada, que la creencia religiosa puede ser, ha sido y puede continuar siéndolo en el futuro un ámbito de oscuridades, prejuicios y trampas.

 

2. Pistas y creencias

Los asuntos teológicos son a veces un buen material para excelentes e inocentes bromas filosóficas. Un ejemplo. Cuando a Bertrand Russell, el autor de Por qué no soy cristiano, le preguntaron qué le diría al Altísimo si se lo encontrase cara a cara en las puertas del paraíso, respondió con envidiable rigor metodológico: “Oh, Señor, ¿por qué no nos dio más pistas?”11.

Desde luego: no toda la temática religiosa presenta aristas tan amables como esta magnífica ocurrencia de aquel gran pacifista que fue lord Russelll12. Una ilustración de ello. Aunque la desolación ocasionada fue probablemente mayor y la respuesta de la Administración Bush13 fue seguramente aún más inepta y clasista de lo que suele afirmarse, el huracán Katrina provocó la muerte de más de 1.000 personas, decenas de miles de ciudadanos perdieron todos sus bienes y más de un millón tuvieron que ser desplazados. Una encuesta del Washington Post realizada poco después del desastre revelaba que el 80% de los supervivientes afirmaban que lo sucedido no sólo no había disminuido su fe, su creencia en Dios, sino que, milagrosamente sin duda, la había reforzado14.

Otros datos complementarios, en ningún modo incoherentes con el anterior. El 22% de los ciudadanos norteamericanos estaba convencido o totalmente convencido en fechas muy recientes, sin resquicio para la duda, de que Jesucristo volverá a la Tierra algún día de los próximos 50 años; otro 23% cree que el retorno de Jesús no es seguro pero que es, en cambio, muy probable. Un 44% cree literalmente, y las consecuencias políticas de esta creencia son fácilmente deducibles, que Dios prometió la tierra de Israel a los judíos15. Sólo un 28% de la población usamericana acepta la teoría de la evolución y un 68% cree en la existencia de Satán. Unos 120 millones de estadounidenses creen, sin apenas espacio para la metáfora, que Dios creó a Adán del barro hace 10.000 años16.

Las estimaciones tienen sus derivadas culturales y electorales. El 87% de los ciudadanos norteamericanos afirman no dudar jamás de la existencia de Dios y más del 50% tiene una opinión negativa o muy negativa de las personas que no creen en Dios. El 70% cree que es muy importante que los candidatos a la presidencia de USA sean personas firmemente religiosas. Según una encuesta de Newsweek, sólo el 37% de la ciudadanía norteamericana votaría a favor de una persona que fuera atea para la presidencia de su país17, y menos del 10% de los estadounidenses se identificarían públicamente como ateos.

Estas fuertes creencias religiosas no tienen traducción inmediata en el ámbito de la caridad, la austeridad o la lucha contra la pobreza o la desigualdad extrema. En Estados Unidos, donde el 83% de la ciudadanía cree, sin atisbo para la ensoñación literaria, que Jesús resucitó entre los muertos18, la diferencia de salarios no ya entre grandes ejecutivos y trabajadores industriales o de servicios, sino entre aquéllos y el salario de los empleados medios es de 475 a 1. En la era de la codicia, la diferencia sigue incrementándose de forma acelerada19.

Veamos la situación en España20. Según un estudio del CIS de 200221, el 80% de los ciudadanos españoles seguía declarándose católico y sólo un 12% se declaraba no creyente. El 42% creía firmemente en la existencia de Dios y una 31% tenía también esa convicción pero con menos intensidad22. El 64% seguía prefiriendo el matrimonio católico23, un 56% pensaba que la enseñanza de la religión era algo importante para la educación de sus hijos y un 80% pensaba bautizarlos en su caso. Sin embargo, en sentido muy alejado de las anteriores afirmaciones, el 75% de las personas nacidas desde 1970 se declaraban poco o nada religiosas24.

En España, como es sabido, hemos tenido en épocas recientes como ministros a miembros activos de organizaciones religiosas sectarias, secretas y fundamentalistas; la futura autoridad máxima de un Estado constitucionalmente aconfesional convirtió un asunto privado en acontecimiento público, contrayendo matrimonio en y por la Iglesia católica; las recientes declaraciones de algunos obispos y arzobispos hielan la sangre democrática, por diluida que ésta sea, lanzando desde su emisora proclamas conspirativas de extremísima derecha movilizada; y las presiones, manipulaciones y engaños sobre la enseñanza de la religión católica en nuestras escuelas e institutos, y su lucha sin techo visible para lograr una mayor financiación pública de sus asuntos privados, y un mayor trato de privilegio en asuntos impositivos, merecen un lugar destacado, alcanzado ya sin duda, incluso superado, en la historia universal de la infamia y del despropósito. En la parte opuesta, acaso habría que señalar una excesiva claudicación civil en ocasiones frecuentes25. La prudencia, la excesiva prudencia, ha causado mermas sustantivas en nuestro coraje de antaño26.

 

 

3. Existencias y argumentos

Cuando Florence Nightingale leyó la Physique sociale de Quetelet, que él mismo le regaló en 1872, anotó todas sus páginas27. Las regularidades que Quetelet había descubierto en delitos, suicidios y casamientos las interpretó como una confirmación de su creencia de que la estadísticas revelaba las leyes divinas. El ensayo de Quetelet era una obra religiosa, una revelación de la verdadera Voluntad de Dios.

Nightingale creía, pues, que la estadística revelaba la relación de Dios con el hombre, al igual que su carácter. No su esencia en cambio. Su carácter esencial era el de ser un Ente universal que era Ley. Sus leyes, las leyes del mundo físico y las que regían también al ser humano podían descubrirse por nosotros a través de la experiencia o de la investigación, en la que se incluía de manera destacada el estudio estadístico al cual ella era tan aficionada. Florence consideraba que la humanidad tenía obligación de hallar esas leyes para poder actuar así de acuerdo con el plan divino y contribuir de este modo a alcanzar la perfección.

El caso de Florence Nightingale no es único pero es muy singular. No es dato representativo

A pesar de lo señalado en el punto anterior, a pesar del resurgimiento de la creencia religiosa en numerosas sociedades contemporáneas, parece razonable pensar, como ha señalado Daniel Dennett28, que el papel de Dios en la explicación global de la existencia humana, en los grandes cambios históricos o en la misma formación y origen del Universo se ha visto empequeñecido a lo largo de los siglos en una parte considerable de las comunidades humanas29. De la inicial afirmación de un Dios directamente creador de Adán, y también de Eva a partir de una costilla adánica, o explicaciones afines con algunas notas en si-bemol intercambiadas, se ha pasado a sostener que el verdadero y casi único papel de Dios fue haber puesto en marcha el largo proceso de la evolución. Pero, comentaba el autor de La peligrosa idea de Darwin, “ahora ni siquiera necesitamos a este Dios -el dador de la ley-, porque si tomamos estas ideas de la cosmología seriamente, entonces hay otros sitios y otras leyes, y la vida evoluciona donde puede”.

1 El título de este artículo es deudor del subtítulo -Ideas para un racionalismo bien temperado- del ensayo de Francisco Fernández Buey, La ilusión del método. Crítica, Barcelona, 1991. No existe prueba conocida de que ésta sea la única deuda contraída con Fernández Buey por el firmante de este trabajo. Toni Martí, por su parte, me ha señalado numerosas deficiencias que ignoro si he logrado superar. Gracias por ello (y por él) una vez más.

2 Muchos pensamos que nunca le agradeceremos lo suficiente que en una colección que él mismo dirige se hayan editado recientemente las magníficas memorias actualizadas de Tariq Alí.

3 Ese es el pasaje musical que Ken Loach escogió para ilustrar una de las escenas de amor y estudio -¡un obrero leyendo en una película!- más impresionantes de su cine en “My name is Joe” (En mi opinión, nada especial por lo demás, una de sus grandes aportaciones cinematográficas).

4 Carlo Frabetti en su también imprescindible columna “El Juego de la ciencia” de 4 de enero de 2007 –Público, p. 30- sostiene igualmente una singular posición sobre el ateísmo fuerte y el dogmatismo: “(…) Pero tampoco se puede demostrar racionalmente la inexistencia de Dios y el ateísmo (en el sentido fuerte del término) es una forma solapada de dogmatismo”.

5 Recordemos los debates entre cristianos y marxistas de los años sesenta y setenta, y la importancia política que algunos reconocidos cristianos tuvieron en el Partido Comunista de España o en otros partidos de la izquierda comunista.

6 Francisco Fernández Buey, Utopía e ilusiones naturales. El Viejo Topo, Barcelona 2007, p. 15.

7 Véase Daniel C. Denett, Romper el silencio. La religión como fenómeno natural. Katz, Buenos Aires, 2007, pp. 288-289.Traducción de Felipe De Brigard.

8 Dennett está pensando, como es obvio, con coordenadas de la actual política estadunidense, cuyo fundamentalismo religioso es dato indiscutido.

9 Santiago Alba Rico, en un ensayo absolutamente imprescindible (Capitalismo y nihilismo. Dialéctica del hambre y la mirada. Akal, Madrid, 2007), señala un hermoso “lugar natural” para el ateísmo: “El emblema mismo de la más alta teología cristiana es el de ese ojo abstracto e implacable, desprovisto de cuerpo, que todo lo ve y al que nadie -al menos en esta vida- puede mirar (ese Dios-Ojo al que trata en vano Jonás de escapar alejándose en el mar, medio natural del ateísmo)”.

10 Lo mismo, si es el caso, claro está, puede afirmarse de personas y organizaciones de otros credos religiosos no cristianos.

11 Tomado de Rebeccca Godlstein, Gödel. Paradoja y vida. Antonio Bosch editor, Barcelona, 2006, p. 71.

12 Hay otras menos amables. Recordemos “el asilo de la ignorancia” del Spinoza de la Ética demostrada según el orden geométrico como refugio, como apelación al deseo de Dios, a su voluntad, como causa explicativa de lo no explicado (Deslumbra el coraje político y teórico de alguien que pudiera escribir en esos términos en el siglo XVII. ¿Qué pasaría si se formulara una tesis similar a inicios del XXI en numerosas sociedades de nuestro mundo?)

13 Véase, Mike Davis: “¿Quién está matando en Nueva Orleáns?”www.sinpermiso.info

14 Sam Harris, “El manifiesto ateísta”. www.rebelion.org/noticia.php?id=44102. Es probable, o cuanto menos atendible, que este tipo de resultados justifique la irónica opinión de que, bien mirado, el único milagro verdadero es el milagro del propio teísmo.

15 A nadie se le escapa que las creencias religiosas no siempre caen del cielo, ni apuntan hacia él, y que pueden generarse y promoverse. Es sabido, por lo demás, que los grupos de opinión pro-Israel, defensores de la actual política exterminadora de ese Estado y de algunas atrocidades más, son muy activos en estos ámbitos.

16 Sin pretender disminuir la sorpresa, la valoración rigurosa de los datos exigiría una adecuada comprobación del sesgo y la probable ambigüedad de algunas preguntas. No es ningún secreto que algunas de estas encuestas demuestran lo que previamente ha querido demostrarse con intereses inconfesados, sin ninguna pureza epistémica y fuertemente contaminadas por finalidades políticas.

17 Sam Harris, “Diez mitos y diez verdades sobre el ateísmo” argatea.blogspot.com

18 Respecto a las resurrecciones Aguilera Mochón (mientras tanto, nº 95, verano 2005, pp. 125-153) ha recordado los innumerables microprocesos físicos, químicos y biológicos que tendrían que ocurrir, de manera que jamás se ha constatado hasta la fecha, para que un cadáver de varios días volviera a la vida, señalando, además, los debilísimos testimonios evangélicos en este punto concreto y la fuerte apuesta de muchos creyentes al sostener que hay una prueba física contrastable de la resurrección, la llamada “sábana santa”, el lienzo de Turín. Para una excelente aproximación crítica a este asunto, véase Félix Ares, La sábana Santa ¡vaya timo! Laetoli, Pamplona 2007.

19 Antoni Doménech, Daniel Raventós, “La izquierda europea tras la era de la codicia”. El País, 31 de diciembre de 2006.

20 En Francia, más del 70% de la ciudadanía se declaraba católica en 1981. Actualmente, se afirma católica el 50%, y de este 50% sólo la mitad cree en la existencia de Dios (y sólo una parte de este 25% cree en un Dios personal). Las razones culturales y las tradiciones familiares son seguramente explicación de estos desajustes (véase: www.tv3.cat/mil.lenium, 25 febrer 2007).

21 Estudio C.I.S. nº 2443, boletín nº 29, enero 2002. Para un aleccionador comentario de estos datos desde la extrema derecha recristianizadora, Francisco Torres García, “Religión, fe y costumbres en España: anotaciones a la última encuesta del CIS”. Abril, nº 65, 2002.

22 Esta diferencia del 7% no pasó desapercibida, desde luego, a nuestro (escandalizado aunque agudo) comentarista.

23 Es probable que este dato haya sufrido alguna alteración y no es exagerado decir que la aceptación ciudadana española del matrimonio homosexual ha sido una sorpresa cultural de primer orden.

24 El 60% de los nacidos en torno a 1940 se seguían declarando “muy o bastante religiosos”. El porcentaje era superior al 75% en los nacidos hacia 1930. Según investigaciones del CIS, el 55,5 % de los ciudadanos españoles que tienen estudios superiores creen en Dios y no reza nunca el 43,7%.

25 Las últimas actuaciones eclesiásticos, despidos de docentes por ejemplo, parecen confirmar lo ya sabido. La Iglesia católica española está fija en el tiempo del nacional-catolicismo, con algún ligero, muy ligero barniz neofranquista, y no es posible el diálogo con ella sin aceptar previamente la claudicación y genuflexión de los creyentes. El poder sabe de sus propios mecanismos.

26 En Público de 20 de diciembre de 2007, Manuel Saco daba cuenta de unas estadísticas publicadas recientemente por la Iglesia española. Según ellas, acuden semanalmente a misa 10 millones de fieles, casi la cuarta parte de la población española; y aseguran que el 90% de los ciudadanos españoles se declaran católicos. La veracidad, como es sabido, nunca ha sido fuerte en el nacional-catolicismo español.

27 Véase I. B. Cohen, El triunfo de los números, Alianza editorial, Madrid, 2007, pp. 204-231. Traducción Dulcinea Otero-Piñeiro.

28 “Entrevista con Der Spiegel”. Jörg Blech y Johann Grolle, 26 de diciembre de 2006. www.sinpermiso.info

29 Adrià Casinos -“El debate sobre el creacionismo y el diseño inteligente”, El País, 26-2-2007- recordaba la tesis de la historiadora Madeleine Barthérlemy-Madaule: Lamarck fue seguramente el primer científico que redujo el papel de la divinidad a una actuación primera y puntual, sin posterior intervención en el proceso evolutivo.

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