Overblog Tous les blogs Top blogs Économie, Finance & Droit Tous les blogs Économie, Finance & Droit
Editer l'article Suivre ce blog Administration + Créer mon blog
MENU

EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

Publicité

El poder sionista y la guerra: de Iraq a Irán / El abrazo del oso (II)

podersionista0001-copie-1.jpg

Israel, la ZPC y la preparación de la invasión de Iraq

 

Como demuestra el análisis, las políticas del estado israelí y las de las principales organizaciones sionistas de Estados Unidos son, con raras excepciones, prácticamente idénticas. La preparación de la guerra de Estados Unidos contra Iraq es un ejemplo evidente. A partir de los últimos años de la década de 1980 y a lo largo de la primera Guerra del Golfo, las sanciones del gobierno de Clinton, los bombardeos cotidianos y la escisión territorial del Kurdistán iraquí del resto del país, hasta la invasión de Iraq en 2003, el gobierno israelí presionó a los miembros del Congreso de Estados Unidos y a los principales responsables de las políticas de este país para que adoptasen políticas de guerra contra los «enemigos» de Israel. La política estatal israelí, que instaba a EEUU a una mayor degradación de Iraq, se transmitía por medio de las grandes organizaciones sionistas y los altos funcionarios sionistas principales de los gobiernos de Bill Clinton y, más tarde, de George Bush. Dennis Ross, Martin Indyk, Madeleine Albright, Richard Holbrook, Sandy Berger, William Cohen y otros eran los principales artífices de las políticas de nuestro gobierno relativas a Oriente Próximo y planearon y aplicaron sanciones, bombardeos y el desmembramiento territorial de Iraq. Al finalizar sus mandatos en puestos gubernativos, los principales sionistas de Bill Clinton pasaron a trabajar para los think tanks pro israelíes de Washington. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, los principales ziocons del gobierno de Bush (Ari Fleischer, Paul Wolfowitz, David Frum, Richard Perle, Douglas Feith, Eliott Abrams, Irving Scooter Libby, David Wurmser y otros) y algunos señalados sionistas del Congreso, como el senador Joseph Lieberman, instaron a un ataque contra Iraq, como parte de una serie de guerras secuenciales que incluirían a Siria e Irán. Sus voces eran ecos de las políticas del estado de Israel y especialmente de las del primer ministro, Ariel Sharon.

 

Los funcionarios del estado de Israel no expresaron en ningún momento reserva o diferencia alguna con las belicosas iniciativas de sus agentes colocados en el seno del gobierno de Bush, o con su servil lobby, el AIPAC (6), ni con los editorialistas favorables a Israel de los principales periódicos y medios de radiodifusión. Los ideólogos sionistas prevalecieron en todas partes, llegando a regañar a los funcionarios del gobierno de Estados Unidos por su tímida actitud. Israel, consecuente con sus políticas desde finales de la década de 1980, instaba al gobierno a una invasión y ocupación de Iraq en todas sus reuniones de alto nivel con Donald Rumsfeld, Colin Powell, Condoleezza Rice y George Bush. Los medios de comunicación israelíes, con raras excepciones, satanizaban a Sadam, inflaban su supuesta amenaza sobre todo Oriente Próximo y la seguridad de Israel, vinculaban los bombardeos suicidas palestinos con el apoyo iraquí a las aspiraciones nacionales del pueblo de Palestina y hacían todo lo posible para que sus amigos fundamentalistas cristianos de Estados Unidos se sumasen a sus exigencias de la invasión de Iraq.

 

Un análisis de las relaciones entre el estado de Israel y los funcionarios sionistas colocados en los niveles más altos del gobierno de Bush pone de relieve en primer lugar y de manera destacada que Tel Aviv creó las políticas estratégicas de eliminación de los gobiernos de Oriente Próximo opuestos a su limpieza étnica de los territorios ocupados y opuestos también a la ilimitada expansión de los asentamientos coloniales en la Palestina ocupada, así como a la consolidación de la hegemonía de Israel en todo Oriente Próximo. La elite sionista del gobierno de Bush inventó el pretexto y la propaganda para la guerra, y, más importante, el exitoso diseño y ejecución de la invasión de Iraq. Esta «división del trabajo» incluyó a los ziocon del Ejecutivo respaldados por los presidentes de las organizaciones judías estadounidenses (incluida la AIPAC) y las federaciones regionales estatales y locales de organizaciones judías mediante su influencia en el Congreso.

 

El testimonio de una ex analista del Pentágono, la teniente coronel del ejército del aire estadounidense Karen Kwiatkowski, hoy retirada, confirma que durante todo el período anterior a la guerra de Iraq, oficiales militares, funcionarios de inteligencia y otros funcionarios de alto nivel israelíes tenían acceso diario a los funcionarios sionistas del Pentágono, como por ejemplo el subsecretario de Defensa, Douglas Feith. Las consultas frecuentes, la coordinación en asuntos de inteligencia y la planificación conjunta entre los principales ziocon del Pentágono y los operadores militares israelíes de más alto nivel en Estados Unidos, indican que había un riguroso acuerdo para dirigir a EEUU hacia la invasión de Iraq. Había un acuerdo entre Israel y los ziocon, como quedó confirmado inmediatamente después de la exitosa ocupación inicial de Iraq como la primera de una serie de invasiones en Oriente Próximo que serían los ataques a Irán y Siria. En esos momentos circulaba el siguiente chiste israelí: «Cualquiera puede tomar Bagdad, los hombres de verdad van a por Teherán». En noviembre de 2002 Ariel Sharon, en una entrevista en el The Times de Londres pidió el bombardeo de Irán «al día siguiente de la invasión de Iraq por Estados Unidos».

 

El plan ziocon-israelí de llevar a cabo guerras secuenciales quedó firme y explícitamente establecido en el documento de política Project for a New American Century (Proyecto para un nuevo siglo americano), una especie de Mein Kampf israelo-estadounidense para la dominación del mundo, según el cual Israel se beneficiaría del poder y el tesoro militar estadounidense. La mayor parte de los planificadores y ejecutores ziocon de la política de guerra estadounidense para Oriente Próximo figuraban como autores o patrocinadores del citado documento, y muchos de ellos contribuyeron también a un documento de política del líder del Likud, Benjamin Netanyahu, en el que se pedía explícitamente la división de Iraq en una serie de enclaves étnicos fácilmente dirigibles.

 

La desinformación elaborada por los servicios secretos de Israel sobre la amenaza de Sadam Hussein para la región fue maquillada y adaptada a las necesidades propagandísticas de la Casa Blanca. Mientras que la propaganda israelí insistía en presentar a Sadam Hussein como un moderno Hitler, el jefe de la propaganda sionista y autor de los discursos de George Bush, David Frum, repetía el mismo tema en el infame discurso sobre el Eje del Mal, en el que Bush declaró ante el mundo su intención de atacar preventivamente a otras naciones. Teniendo en cuenta la propaganda belicista del gobierno de Israel, se comprende que la opinión pública israelí estuviera mayoritariamente a favor de la guerra del mismo modo que lo estaban los líderes de las principales organizaciones judías estadounidenses, aunque no la mayoría de los judíos estadounidenses, especialmente los jóvenes y los que no eran miembros de ninguna de las organizaciones sionistas de primera línea, como Israel First.

 

Los asesores israelíes y los ziocon del gobierno de Estados Unidos tuvieron una gran influencia en el desmantelamiento de todas las estructuras administrativas civiles y militares de Iraq, en lo que calificaron de campaña de desbaatificación, con el fin de debilitar de manera decisiva cualquier intento de reconstrucción de Iraq como estado laico moderno que pudiera oponerse a la hegemonía regional israelí. La política israelí desarrollada por los ziocon consistía en fragmentar el estado iraquí y su sociedad en entidades religiosas premodernas dirigidas por exilados iraquíes pro israelíes (como, por ejemplo, Ahmed Chalabi, que tenía negocios con Douglas Feith), incapaces de llegar a cuestionarse las políticas de Israel en Oriente Próximo.

 

La política israelí y ziocon ha tenido hasta ahora éxito en la medida en que ha conseguido la destrucción del estado iraquí, pero en cambio ha fracasado en su intento de conseguir una rápida victoria como paso previo a una segunda fase de invasión de Irán, debido a la masiva resistencia armada de los iraquíes. En su ciego racismo contra los árabes, los altos cargos israelíes y sus agentes estadounidenses descartaron cualquier posibilidad de que los iraquíes organizasen una guerra popular contra la destrucción de su país. A medida que la resistencia iraquí ha ido tomando fuerza y las pérdidas económicas y militares estadounidenses se han multiplicado, la opinión pública de Estados Unidos se ha vuelto contra la guerra y ha comenzado a preguntarse quién ha sido el responsable de esa debacle militar. Ante esta pregunta, potencialmente peligrosa, la propaganda sionista ha cambiado el paso a fin de cubrir sus huellas. Los principales funcionarios sionistas que organizaron la guerra desaparecieron rápidamente de escena, empezando por los perpetradores más conocidos: Paul Wolfowitz, Douglas Feith y Shumsky en el Pentágono y David Frum y Ari Fleischer en la Casa Blanca. Los partidarios de la línea dura en el Departamento de Estado, que tenían un perfil menos visible, siguieron durante un tiempo más: Elliot Abrams, Scooter Libby o David Wurmser. De éstos, Libby tuvo que comparecer más tarde ante un tribunal penal por su papel en el descubrimiento de la identidad de una agente de la CIA, esposa del embajador Joseph Wilson, en represalia por la demostración de éste de la manipulación de algunas de las «pruebas» que condujeron a la guerra.

 

Guerra con Irán: la prioridad para la ZPC (y para Israel)

 

La campaña de Israel para destruir Irán ya ha originado dos acciones de guerra: en junio de 2006, Israel atacó a Líbano persiguiendo, sin éxito, destruir la organización político militar chií Hezbolá, aliada de Irán. Poco más de medio año más tarde (6 de septiembre de 2007), Israel emprendió un acto aún más provocador, una misión de bombardeo sobre territorio sirio sin que mediara provocación, destruyendo una instalación militar. Al tener Siria e Irán un pacto de defensa mutua, la acción israelí se diseñó para poner a prueba la capacidad de esos países para responder a un ataque militar imprevisto.

 

El arma de propaganda de los servicios de inteligencia israelíes preparó una noticia de desinformación comparable a la anterior mentira de las armas de destrucción masiva: proclamaron que habían bombardeado un emplazamiento nuclear que Corea del Norte estaba construyendo y dotando de material nuclear. La desinformación israelí se reprodujo inmediatamente, palabra por palabra, en los principales periódicos estadounidenses: Los Angeles Times, Washington Post, Wall Street Journal y New York Times, así como en todas las cadenas importantes de televisión. Los expertos en propaganda pro Israel justificaron el ataque y a su vez también fueron citados en el Washington Post (20 de septiembre de 2007). El Post citó a Bruce Riedel, en otros tiempos «experto» en inteligencia en el pro israelí Saban Center for Middle East Policy (integrado en el ahora desacreditado Instituto Brookings): «No hay duda de que fue una incursión seria. Era un objetivo extremadamente importante. Se produjo en un momento en que los israelíes estaban muy preocupados por la guerra con Siria y querían calmar las perspectivas de guerra (sic). La decisión se tomó a pesar de esas preocupaciones (sic). La decisión refleja cuán importante era ese objetivo para los planificadores militares israelíes». Es decir, que como Israel «está preocupado por la guerra», ¡va y desencadena un acto bélico para el que no ha mediado provocación alguna y del que sus propagandistas ni siquiera conocen la naturaleza del objetivo!

 

El 21 de septiembre de 2007 el Daily Alert reproducía la propaganda pro bélica orquestada a través del Washington Post, enviándosela a todos los altos funcionarios y congresistas en Washington y en todo el país, activando a sus lobbys del AIPAC para asegurar el apoyo estadounidense a la evidente acción de guerra israelí. Fiel a su función de difundir propaganda engañosa, el Daily Alert publicó un extracto extremadamente desorientador de un artículo del Financial Times (21 de septiembre de 2007) que combinaba la línea propagandística israelí con un potencial vínculo nuclear Siria-Corea del Norte pero excluía varios párrafos que desacreditaban la campaña de desinformación sionista-israelí. El artículo del Financial Times cita a Joseph Circcione, director de Política Nuclear del Center for American Progress: «Es muy improbable que el ataque israelí tuviera algo que ver con una cooperación nuclear significativa entre Siria y Corea del Norte. El hecho básico, y bien documentado, es que el programa de investigación nuclear sirio, de 40 años de duración, es demasiado elemental para que pueda servir de apoyo para desarrollar capacidad armamentística. Las universidades tienen instalaciones nucleares más importantes que Siria» (Financial Times, 21 de septiembre de 2007). Un antiguo alto consejero asiático del presidente Bush y experto en Corea del Norte, ahora en el Center for Strategic and International Studies, también desacreditó la trama sionista-israelí sobre las armas nucleares: «Me sorprendería enormemente que los norcoreanos tuvieran el nivel suficiente como para transferir material de fisión a Siria o estuvieran intentando trabajar fuera de Corea del Norte en un lugar como Siria». De la misma forma, dañando la propaganda bélica sionista-israelí, la administración Bush nunca planteó la supuesta implicación de Corea del Norte con Siria en ninguna de todas las series de reuniones celebradas durante 2007, a pesar del hecho de que era en gran medida hostil a Siria y buscaba cualquier excusa para atacarla. A diferencia de las anteriores provocaciones israelíes en las que la Administración Bush se apresuró a dar la cara por los pretextos de Israel, Bush declinó hacer cualquier comentario sobre los ataques israelíes contra Siria, probablemente informado por sus jefes de inteligencia de que era un acto israelí de provocación para el que confiaba en arrastrar a Estados Unidos.

 

El ataque israelí contra Siria y su defensa y promoción por la ZPC estadounidense es el paso más reciente del intento de llevar a EEUU a una guerra conjunta contra Irán y Siria. Una investigación sobre el Daily Alert de enero a septiembre de 2007 (180 números), revela una media de tres artículos en cada número pidiendo que EEUU se comprometa en actos de guerra, imponga sanciones económicas estrictas y un bloqueo naval, y se prepare para una amplia confrontación con Irán. No hay una sola voz o artículo que cuestionen la postura favorable de Israel a la guerra. Cada número del Daily Alert repite la línea israelí como un papagayo, incluso cuando se refiere al apoyo al brutal corte de electricidad, gas y agua potable a más de un millón de civiles atrapados en Gaza: un crimen de guerra según el derecho internacional. En palabras del Daily Alert, los asesinos israelíes de los adolescentes palestinos, chicos y chicas desarmados, son etiquetados como «militantes» o «pistoleros». También el Daily Alert describe que las negociaciones de paz se están llevando a cabo de buena fe, a pesar del continuo saqueo de tierras y de los asesinatos de decenas de palestinos, incluidos niños pequeños. «Desde el momento en el que el presidente de EEUU George Bush anunció la reunión de paz (Annapolis) el 16 de julio de 2007 y el 15 de octubre de 2007, el ejército israelí ha asesinado a 104 palestinos, incluidos 12 niños». Financial Times (18 de octubre de 2007)

 

Después de la victoria del Partido Demócrata en el Congreso en noviembre de 2006, gracias a los votantes cada vez más indignados por la guerra de Iraq, la ministra de Asuntos Exteriores Tzipi Livni asistió a la reunión del AIPAC en Washington para urgir a los miles de activistas sionistas y a un gran contingente de congresistas estadounidenses republicanos y demócratas para que continuaran apoyando la ocupación de Iraq de la Administración Bush, incitándoles a otra nueva guerra contra Irán. En un tono muy agresivo se despachó a gusto sobre la imaginaria «amenaza existencial» de la capacidad nuclear iraní. Todo el lobby judío tomó nota y se puso inmediatamente en marcha.

 

El alcance, profundidad y estructura centralizada de la ZPC excede con mucho a cualquier estructura que pueda ser concebida como lobby. En ese sentido, Mearsheimer y Walt, en su estudio sobre el lobby israelí subestiman el poder y la influencia política de las fuerzas pro israelíes. En segundo lugar hay que tener en cuenta varios factores a la hora de medir el poder de la ZPC. Entre dichos factores se incluirían tanto su poder directo como el indirecto. El poder de la ZPC se ejerce directamente sobre consejeros políticos, académicos y culturales para asegurar que sus políticas beneficien a Israel y a los intereses sionistas. Una expresión incluso más directa de poder es cuando los sionistas ocupan altos puestos de decisión y elaboran políticas en nombre de los intereses militares y económicos israelíes. Elliot Abrams, consejero clave para Oriente Medio del presidente Bush en el Consejo de Seguridad Nacional, es uno de tantos ejemplos, como lo es también el director de la Seguridad Interior Michael Chertoff, que destina alrededor de las tres cuartas partes de los fondos disponibles para la seguridad de organizaciones judías privadas.

 

Igualmente formidable es el ejercicio del poder indirecto de la ZPC a través de varios mecanismos:

 

La influencia parlamentaria, por medio de un pequeño grupo de congresistas sobre una gran mayoría. Por ejemplo, el AIPAC escribió el informe presentado por el Senador Lieberman, firmado también por el Senador Kyl, calificando como terroristas a los Guardias Revolucionarios Iraníes, preparando así el camino para que Bush lance un ataque. Ese informe fue asumido por el 80% del Congreso.

 

Poder acumulativo , que es la convergencia de los diferentes sectores de la ZPC sobre un único tema. Por ejemplo, los escritores pro Israel y los dirigentes judíos de todas las organizaciones y esferas más importantes en los medios desde la izquierda hasta la extrema derecha, se unieron para denunciar el ensayo de Mearsheimer y Walt y su posterior libro, recurriendo la mayoría de ellos a ataques falaces «antisemitas» o a argumentos ilógicos o enrevesados, ignorando los datos empíricos.

 

La propaganda de los hechos es la herramienta de poder favorita de la ZPC. Esto implica dar la máxima publicidad a los castigos infligidos a los críticos de Israel y la ZPC, a fin de intimidar a los políticos actuales y futuros. Un ejemplo es cómo el profesor fascista-sionista Alan Dershowitz, de la Escuela de Derecho de Harvard, hizo campaña con total éxito, con el respaldo de la ZPC, para lograr que expulsaran al Profesor Norman Finkelstein de su puesto en la universidad, sirviendo así de «castigo ejemplar» para cualquier futura crítica académica contra Israel. La campaña de Dershowitz llegó hasta a calumniar a la fallecida madre del profesor Finkelstein, superviviente de los campos de la muerte nazis, etiquetándola de «kapo» judía o colaboradora nazi.

 

La ZPC tiene múltiples recursos que se refuerzan unos a otros, tanto en la esfera pública como en la privada. La financiación electoral a gran escala y a largo plazo de los partidos sirve para comprar influencia en el Congreso. Esto a su vez aumenta el poder de la importante minoría de congresistas sionistas a la hora de ganar control en las nominaciones del partido y en las asignaciones a los comités en el Congreso, supone una mayor influencia para la ZPC a la hora de moldear la política exterior de EEUU hacia Oriente Medio y facilita el acceso de escritores pro Israel a las páginas de artículos de opinión de los diarios y semanarios más importantes y a otras ramas de los medios corporativos.

 

El poder sionista también es el resultado de una dominante campaña de propaganda de larga duración, totalmente tendenciosa, que se dedica a satanizar a los árabes de Israel, especialmente a los críticos palestinos, y describe a Israel (el cuarto poder nuclear mayor del mundo y único de Oriente Medio) como una fortaleza democrática rodeada de gobiernos autoritarios hostiles. A través del acceso y control parcial sobre la mayor parte de los medios importantes, la ZPC proporciona informes muy sesgados sobre sucesos tales como los terroríficos bombardeos israelíes de centros de población en Líbano, Gaza y otros lugares. El poder de opinión proyectado por la ZPC en EEUU contrarresta la realidad de Oriente Medio hasta el extremo de que las víctimas palestinas de todas las edades y géneros que llevan padeciendo 40 años de gobierno militar israelí, expropiación de la tierra y constantes asaltos violentos, se convierten en agresores y los verdugos israelíes se representan como víctimas virtuosas y pacíficas.

 

¿Lobby israelí o «configuración del poder sionista»?

 

Mearsheimer y Walt describen la configuración del poder pro israelí como «un lobby igual a cualquier otro lobby estadounidense», una «colección suelta de individuos y grupos» fuera del gobierno que actúan en nombre de Israel. Nada más lejos de la realidad. El poder de Israel en Estados Unidos se manifiesta a través de una multiplicidad de estructuras altamente organizadas, bien financiadas y centralmente dirigidas a lo largo y ancho de Estados Unidos. La ZPC incluye varias decenas de comités de acción política de nombre inocuo, al menos una docena de maquinarias de propaganda, think tank, que emplean a decenas de antiguos altos cargos políticos con muy buenos contactos, la mayoría de ellos en Washington y la Costa Este, y a las 52 principales organizaciones judías estadounidenses, agrupadas bajo el paraguas «Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses» (CPMAJO). El AIPAC y otras organizaciones nacionales (ADL, AJC, etcétera) tienen una gran capacidad de presión nacional, en el ejecutivo y en el Congreso. Pero igualmente, o incluso más importantes a la hora de censurar y purgar a los críticos, controlar los medios locales y moldear la opinión a través de ciudades y pueblos, son las federaciones y organizaciones de comunidades judías locales que se dedican a intimidar a programadores culturales locales, editores, bibliotecas, universidades, iglesias y grupos cívicos para que nieguen cualquier plataforma pública a portavoces, escritores, artistas y otras figuras críticas con Israel y sus discípulos sionistas.

 

La base del poder de la ZPC está en los médicos, dentistas, abogados, comerciales de inmobiliarias y terratenientes activistas locales que presiden las confederaciones locales y a sus varios cientos de miles de afiliados. Son ellos quienes acosan, presionan, intimidan, recaban fondos y organizan viajes de lujo de propaganda para funcionarios elegidos, aseguran su apoyo en las guerras israelíes e incrementan los paquetes de ayuda hacia Israel. La estructura de poder sionista local organiza campañas exitosas forzando que se destinen fondos de pensiones de estado a comprar miles de millones de dólares en desvalorizados bonos del estado de Israel y a retirar inversiones de compañías implicadas en transacciones económicas a las que Israel describe como «adversarios terroristas de estado». Son las organizaciones de estudiantes pro Israel de base judía las que se dedican a espiar a profesores estadounidenses, que pueden ser o no críticos hacia Israel, a desprestigiarlos en hojas informativas locales y nacionales y a presionar a las administraciones para que los despidan. Incluso en lugares en los que menos del 1% de la población local es judía, los fanáticos judíos pueden presionar a pequeños colegios privados cristianos para que prohiban que hable en su campus a un teólogo ganador del Premio Nobel de la Paz como el obispo Desmond Tutu. El pulpo sionista ha extendido sus tentáculos más allá de los centros tradicionales de poder de la política nacional y de las grandes capitales, alcanzando ciudades y esferas culturales remotas. Ni siquiera se libran las páginas de obituarios de pequeñas poblaciones estadounidenses: Cuando un periódico de Connecticut publicó un artículo conmemorativo de una influyente abuela palestina dirigente comunitaria de Hebrón (mayo de 2003), de 61 años de edad, Shadin Abu Hijleh, a quien soldados israelíes dispararon en su casa, los miembros de la confederación judía local expresaron su indignación por la revelación de los crímenes del ejército israelí y censuraron el homenaje de una página conmovedora de obituario que habían escrito sus amigos y familiares estadounidenses.

 

Redes y estructuras centralizadas: políticas coordinadas, objetivos, cuotas, aumentos de la financiación, campañas especiales a gran escala, listas negras (antisemitas y judíos que se odian a sí mismos), todo forma parte integral de la ZPC. Mearsheimer y Walt no acertaron a analizar las relaciones organizativas entre la oficina central y las organizaciones locales y los equipos regionales de las organizaciones judías pro Israel más importantes y con cuanta rapidez pueden ser movilizadas para estigmatizar, censurar o apoyar a un determinado portavoz, actividad o a alguien dedicado a conseguir fondos que favorezcan los intereses israelíes.

 

Por todo el país, los boletines informativos de los Consejos de Relaciones Comunitarias Judías han repetido como loros esa línea, reimprimiendo los bulos y difamaciones de sus oficinas nacionales en los que se denunciaba el libro de Mearsheimer y Walt The Israel Lobby con caricaturas que desconocen de tal modo la discusión de M. y W., que lo único que dejan claro es que apenas han ido más allá de una lectura de la cubierta del libro.

 

Hay una cosa clara en las, en gran parte, eyaculaciones emocionales de los ataques de los intelectuales judíos contra el libro y es que el nivel intelectual de los pensadores judíos contemporáneos se ha deteriorado seriamente hasta el punto de que la envidia, el despecho comunal y el vitriolo partisano han sustituido lo mejor de una revisión razonada de datos y lógica. Los esfuerzos literarios de Abraham Foxman, del ADL, para responder a M. y H. son reminiscencias de las diatribas estalinistas que se produjeron durante los juicios-espectáculos de Moscú de la década de 1930 (nuestra versión judía de Andrei Vishinsky). Lo que importa en la influencia de esos mediocres intelectuales no son los vapores diabólicos que emanan de su maligna escritura, ni su llamamiento a la razón, ya que algunos progresistas sionistas pretenden que es un debate razonado –si es que tal debate existe- sino que es incontestable el hecho de que su repetitivo mensaje circula a través de todos los medios de masas.

 

La ZPC al organizar la guerra mediante datos falsificados a través de dos altos funcionarios del Pentágono (Wolfowitz y Doublas Feith), la oficina de los Vicepresidentes (Wurmser e Irving Scooter Libby) y el Consejo de Seguridad Nacional (Elliot Abrams), que organizó la oficina del Presidente (Ari Fleischer) y escribió el discurso de Bush de la guerra preventiva (David Frum), ahora tiene miedo de tener que enfrentarse a la ira del pueblo estadounidense que ha sufrido la pérdida de miles de soldados hasta un punto no experimentado por los autores y ejecutores de esta guerra por Israel. Para evitar que se les identifique con esta guerra desastrosa, los planificadores y propagandistas bélicos de la ZPC han acudido a las mentiras (negando el papel crucial de Israel que llevó a EEUU a la guerra) y algunos operarios más inteligentes, como Alan Greenspan, se han unido a los descerebrados estadounidenses que todavía siguen repitiendo el viejo bulo de la «guerra por el petróleo».

 

Guerra por el petróleo o guerra por Israel: el archivo público

 

El apoyo de la ZPC a la guerra de Iraq fue una campaña de propaganda abierta e implacable de conocidos escritores, publicistas y dirigentes comunitarios así como de las 52 principales organizaciones judías. No hubo conspiración ni intriga: la campaña sionista fue descaradamente pública, agresiva y reiterativa.

 

Una revisión sistemática del Daily Alert desde 2002 hasta septiembre de 2007 -1.760 números-, nos proporciona una muestra científica de la opinión de la ZPC. Como media, cada número contenía cinco artículos a favor de la guerra o de movimientos hacia la guerra con Iraq y/o Irán. En Daily Alert se destacaban los artículos de opinión de los escritores y académicos liberales, conservadores y fascistas-sionistas más importantes que aparecían regularmente en el Washington Post, Wall Street Journal, New York Sun, New York, Los Angeles Times, el Daily Telegraph y el Times de Londres, YNet y otros. Es decir, en el periodo crucial previo a la guerra y posterior a la invasión, las principales organizaciones judías estadounidenses produjeron aproximadamente 8.800 textos de propaganda a favor de la guerra de Iraq y los hicieron circular a todos los miembros de sus organizaciones, a todos los congresistas, a todos los principales miembros del poder ejecutivo, con seguimiento por parte de activistas locales y con un ejército de integrantes de los lobbys en Washington (150 sólo del AIPAC), más varios cientos de activistas con dedicación total en las oficinas locales y regionales.

 

Una investigación parecida del principal periódico financiero y comercial anglo-estadounidense Financial Times, entre 2002 y septiembre de 2007, acerca de la política de las Grandes del Petróleo hacia la guerra con Iraq y ahora hacia Irán es bastante reveladora. He revisado las páginas de cartas, editoriales y artículos de opinión de 1.872 números del Financial Times y no hay ni un solo artículo o carta de ningún portavoz o representante de una compañía petrolífera importante (o menos importante) que llamara a la invasión y ocupación de Iraq o a bombardear Irán. No hubo ningún lobby del petróleo ni organización de nivel local que le pidiera al Congreso o a la administración de Bush que fuera a la guerra en defensa de los intereses petrolíferos estadounidenses. Pero la ZPC fue muy activa a la hora de promover la mentira de que el desarmado y embargado Iraq representaba una amenaza existencial para el Israel dotado de armas nucleares.

 

Una comparación similar de la propaganda sionista y de las Grandes del Petróleo sobre la confrontación militar estadounidense con Irán refuerza el argumento de la importancia de las principales organizaciones judías a la hora de promover la implicación de EEUU en las guerras de Oriente Próximo a favor de Israel. Entre 2004 y septiembre de 2007 (tres años y nueve meses) la hoja de propaganda sionista Daily Alert, publicó 960 números en los que había una media de seis artículos por número defendiendo un ataque militar preventivo inmediato o a corto plazo contra Irán por parte de EEUU o Israel, sanciones económicas más duras de las que el Consejo de Seguridad estaba dispuesto a asumir, retirada de inversiones y boicot organizados contra Irán. Una investigación del Financial Times durante el mismo período, 1.053 números (el FT se imprime seis días a la semana, el Daily Alert cinco veces), no logra encontrar una sola carta, artículo de opinión o editorial de ningún representante o portavoz de las Grandes del Petróleo apoyando la guerra contra Irán. Al contrario, igual que en el caso de Iraq, dirigentes importantes del petróleo expresaron ansiedad y temor de que una guerra instigada por Israel desestabilizara todo la zona y llevara a la destrucción de instalaciones petrolíferas vitales, socavara rutas de transporte y líneas marítimas y cancelara lucrativos contratos de servicios. Muy al contrario de la propaganda reciente sionista, las Grandes del Petróleo quieren que EEUU levante sus sanciones contra la inversión en Irán, ya que están procurando negocios muy lucrativos a los competidores.

 

En completa contradicción con el izquierdista dedo sionista-trotskista que apunta a las grandes petroleras como el principal elemento impulsor hacia la guerra, la gran petrolera de Texas estaba trabajando provechosamente con el Iraq de Sadam Hussein, firmando cientos de millones de dólares en contratos ilegales con el ahora ejecutado gobernante. Oscar Wyatt, un multimillonario del petróleo de Texas acusado recientemente de haber pagado sobornos a Sadam Hussein, fue uno de los muchos comerciantes de las grandes petroleras implicado en el lucrativo comercio petrolero de antes de la guerra con Iraq (Financial Times, 2 de octubre de 2007).

 

Belicismo sionista: temores y venenos

 

Al aumentar las presiones de Israel para que se desencadene un ataque militar contra Irán respaldado por EEUU, y como altos oficiales militares estadounidenses y el público general van incrementando su hostilidad hacia las violentas presiones del brazo sionista y la grosera manipulación de los políticos, la ZPC se vuelve agresivamente autoritaria en su esfuerzo por silenciar a la oposición que intenta desenmascarar su papel de actor desleal que busca beneficiar a un poder extranjero. En el pasado, una vez detectados los agentes de un poder extranjero, se les aplicaba normalmente una sanción severa o algo peor. En la actualidad, las numerosas personas que disponen de información privilegiada en el interior del sistema saben que están jugando un juego cada vez más arriesgado al aumentar la percepción de los costes que supondría una nueva guerra contra Irán y al presionar sus manipuladores israelíes cada vez más para que un ataque contra Irán sea lo que figure en el primer lugar de su agenda.

 

En última instancia, la ZPC, a pesar de sus riquezas y su actual dominio de la política estadounidense hacia Oriente Próximo, sabe que representa a menos del 1% de la población: Son una elite sin masas en la base. Tienen poder sólo en tanto en cuanto el otro 99% de la población se muestre inactivo, esté manipulado o se sienta intimidado para servir a los intereses de Israel. Pero como el creciente flujo de libros, artículos y discursos empieza a atraer la atención hacia la ZPC dirigida por Israel y sus destructivas actividades belicistas, las imágenes, promovidas por ellos mismos, de sus miembros como profesionales brillantes, líderes de éxito en el mundo de los negocios y las finanzas y políticos compasivos al servicio de los intereses de EEUU, empiezan a verse erosionadas. El lado oscuro de su servil lealtad hacia Israel, una racista y arrogante potencia colonial que no para de provocar guerras vía EEUU a fin de establecerse como incuestionable poder regional, ha entrado ya en el debate público estadounidense.

 

La ZPC está en la cima, o muy cerca, de su poder político en el Congreso, en el ejecutivo, en la Oficina de Seguridad Interior y en el futuro Fiscal General, en la cultura y en la propaganda de los medios de masas. Pero, paradójicamente, cuanto más cerca de la cumbre está la ZPC, también va destapándose más, mucho más de lo que quisiera, ante el pueblo estadounidense.

 

Incluso los chillones e imprudentes sionistas dedicados a la polémica, que se esconden en las prestigiosas universidades y think tanks, están empezando a sentir ansiedad en público e incluso, quizá, preocupación en privado. Mientras hacen todo eso, regresan sobre las pistas tratando de tapar sus huellas en todos los planes de guerra y propaganda que conducen a la ahora masivamente impopular invasión de Iraq. Recurren a mentiras descaradas en forma de desmentidos de complicidad o belicismo. ¡Abundan las mentiras inauditas! El descubrimiento del desleal papel de la ZPC y su complicidad provoca réplicas feroces en los más agresivos y obstinados ziocon, con un lenguaje barriobajero revestido de academicismo que abusa de las falacias y refleja pobremente sus cacareadas posiciones académicas. La ZPC, sus escribas, operarios y caciques son vulnerables: han cometido grandes crímenes contra los intereses del pueblo estadounidense. Sus acciones han causado la muerte y mutilación de decenas de miles de soldados estadounidenses, el 99,9% de los cuales no tiene ninguna lealtad a los intereses del gran Israel o a sus agentes estadounidenses, que tienen a sus propios hijos ejerciendo lucrativas carreras civiles. Estimaciones recientes hallaron que menos del 0,2% de los soldados estadounidenses que luchan sobre el terreno en Iraq son judíos estadounidenses, algunos de ellos inmigrantes judíos de la extinta Unión Soviética. Esto a pesar de las fuertes presiones sionistas para invadir y destruir Iraq e Irán. Las manipulaciones de la ZPC al empujar a la administración Bush a invadir y ocupar Iraq han llevado al ejército estadounidense a un estado de vergüenza y desmoralización sin precedentes, con miles de oficiales solicitando el retiro anticipado, miles de soldados desertando y enfrentándose a una corte marcial, y un creciente número de antiguos oficiales retirados que expresan su indignación. No sorprende que el Secretario de Defensa Robert Gates obtuviera el apoyo de los altos oficiales militares en Oriente Próximo en su oposición a una inmediata invasión de Irán.

 

Las invectivas sionistas contra sus críticos expresan los temores de que se desenmascare su doble discurso, su falsa fusión de las políticas coloniales israelíes con los valores democráticos del pueblo estadounidense. Nada más puede explicar los estridentes ataques personales verbales que persiguen matar al mensajero antes que enfrentar realidades desagradables y trabajar para la rectificación de una situación desastrosa. No obstante, aunque el estado de Israel ha colocado a sus promotores estadounidenses en una posición incómoda mientras la ocupación de Iraq se desmorona y los estadounidenses resisten los histéricos llamamientos a atacar Irán, ha resultado ser el ganador real a corto plazo porque ha conseguido destruir la república laica y unificada de Iraq.

 

Del arañazo a la gangrena: la transición del sionismo al fascismo sionista

 

Los conservadores sionistas dominantes pusieron de manifiesto enseguida sus políticas autoritarias mediante su apoyo sin reservas ni condiciones a las brutales campañas de Israel que han expulsado a cientos de miles de palestinos de sus casas y de sus tierras. Posteriormente, los conservadores sionistas apoyaron totalmente y sin ninguna objeción la matanza y encarcelamiento de miles de civiles palestinos que protestaban por la ocupación militar israelí y la conversión de Cisjordania y Gaza en campos de concentración al aire libre por medio de unos 500 puestos fronterizos militares y bloqueos de carreteras. Más recientemente el liderazgo al completo de las principales organizaciones judías, que engloban tanto a conservadores como liberales sionistas, defendió la construcción por parte de Israel de un muro de hormigón de 30 metros de altura que encierra en guetos, con una eficacia indiscutible, a toda la población palestina, a semejanza de los muros construidos por los nazis alrededor de la inmensa población judía de Varsovia. El muro y los puestos fronterizos militares estrangulan el comercio y el movimiento de alimentos y personas desde los territorios ocupados a los mercados, colegios y hospitales, impidiendo incluso que los campesinos puedan cultivar sus tierras.

 

 

Publicité
Retour à l'accueil
Partager cet article
Repost0
Pour être informé des derniers articles, inscrivez vous :
Commenter cet article