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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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El poder sionista y la guerra: de Iraq a Irán / El abrazo del Oso (III)

El 10 de octubre de 2007, el Jerusalem Post citaba a Aron Soffer, director de investigación y profesor en el Colegio de la Defensa Nacional del ejército israelí (IDF), padre de cuatro hijos y abuelo de ocho nietos, de 71 años, había declarado el 21 de mayo de 2004: «El hecho de que 2,5 millones de personas vivan encerradas en Gaza provocará una catástrofe humana. Esas personas se volverán mucho más animales de lo que ya son hoy, con la ayuda de un Islam fundamentalista demente. Las presiones en la frontera serán horribles. Habrá una guerra terrible. Por eso, si queremos seguir con vida, tendremos que matar y matar y matar. Todos y cada uno de los días».

 

Este es, literalmente, el mensaje asesino que se enseña a los oficiales israelíes en las escuelas más avanzadas, por eminentes profesionales fascistas sionistas. Esto nos ayuda a entender la brutalidad manifiesta y la conducta homicida de los soldados israelíes en los territorios ocupados.

 

Un estudio israelí reciente realizado por dos importantes psicólogos ilustra la profunda tendencia de sadismo y racismo que se inculca en las academias militares de Israel y que está apoyada por los altos cargos políticos israelíes, incluida la Oficina del Primer Ministro. Según el Haaretz del 21 de septiembre de 2007, dos psicólogos israelíes entrevistaron a 21 soldados israelíes, que expresaron «sus más íntimas emociones sobre los horrendos crímenes en los que tomaban parte: asesinar, fracturar huesos a niños palestinos, actos de humillación, destrucción de propiedades, saqueos y robo». Uno de los psicólogos israelíes, mujer, se mostró «impresionada al encontrar que los soldados disfrutaban con la intoxicación de poder y que sentían placer al utilizar la violencia». Y declaró: «La mayoría de mis entrevistados disfrutaban exacerbando su propia violencia durante la ocupación». La dominación colonial absoluta saca a la luz las tendencias psicopáticas de un ejército de ocupación. El soldado C testificó: «Si no entro en Rafah (ciudad palestina de Gaza) al menos una vez a la semana para sofocar una rebelión, es como si me volviera loco». Como otros ocupantes coloniales, los soldados israelíes asumen un «complejo de raza superior» totalitario. El soldado D declaró: «Es fantástico cuando no tienes que respetar ninguna ley ni norma. Sientes que tú eres la ley. Una vez que entras en los Territorios Ocupados, ¡eres Dios!». La interiorización de los soldados de la poderosa ideología fascista sionista los justifica a los ojos de los entrevistadores por castrar a un hombre, golpear en la cara a una mujer que protesta, disparar a un peatón indefenso, romperle el brazo a un niño de cuatro años y otros actos de violencia gratuita e indiscriminada.

 

Los Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses ni siquiera mencionan, y mucho menos critican, la conducta psicopática diaria de las IDF. Importantes filántropos judíos multimillonarios contribuyen con cientos de millones a apoyar la violenta ocupación y represión de los civiles palestinos por las IDF, descritas con cruel placer por los soldados objeto del estudio israelí. De hecho, el mayor contribuyente sionista al Partido Demócrata, Haim Saban (12,3 millones de dólares en 2002), «siente debilidad por los soldados de combate israelíes». Según Haaretz (12 de septiembre de 2006), Saban declaró: «No puedo tratar con los soldados de combate, cada vez que tengo que interactuar con ellos… lloro». Existe un poderoso lazo emocional entre el fascismo sionista israelí y sus homólogos estadounidenses. Saban se refiere con arrogancia a la primacía de su lealtad hacia Israel: «Me siento como un pavo real en EEUU declarando que soy estadounidense-israelí. Lo que oyen… un estadounidense-israelí», (Haaretz, 14 de octubre de 2007). El antes respetable Instituto Brookings ahora alberga el Saban Center, financiado por Haim Saban, que lo ha convertido en otro más de la docena de molinos propagandísticos que fabrican sin parar apologías sobre las prácticas totalitarias de las IDF para sus principales directores de investigación y su Primer Ministro. El mortífero sentimentalismo de los multimillonarios estadounidenses-israelíes hacia los psicópatas de las IDF no llega a los jóvenes estadounidenses que sirven a los intereses de Israel como soldados en Iraq y que están sufriendo el peso de una guerra que busca extender el poder regional de Israel. Saban, como la gran mayoría de los altos dirigentes de las organizaciones sionistas más influyentes, está presionando para una nueva guerra: esta vez con Irán. Según Saban: «Trataría de hacer primero otras cosas, pero si no funcionan, entonces hay que atacar… Llegar hasta Irán y destruir completamente todas sus estructuras. Hundirlos en el abismo. Cortarles el agua» (Haaretz, 14 de octubre de 2007). Esas no son invectivas homicidas de un fanático colono judío que golpea a un niño pastor palestino, Saban es el dirigente más importante del AIPAC, amigo íntimo y financiador político de los Clinton y de todo el actual liderazgo israelí. Sus 2.800 millones de dólares compran la aduladora atención de todos los candidatos importantes a la presidencia estadounidense que cortejan el apoyo judío (MSNBC, 14 de octubre de 2007).

 

La ZPC ha logrado enterrar tres iniciativas políticas de alto nivel diseñadas para llegar a una solución de la ocupación colonial israelí de Palestina. Una declaración enviada al presidente Bush y a la Secretaria de Estado Rice por anteriores altos cargos políticos de ambos partidos, incluidos Brzezinski, Lee Hamilton, Brent Scowcroft y otros, llamando a Israel a cumplir las Resoluciones 242, 338 y otras del Consejo de Seguridad, fue totalmente descartada por el Congreso Demócrata y la Casa Blanca Republicana, una vez que la ZPC intervino y llamó a Brzezinski «persona hostil a Israel» tras el absoluto rechazo de la declaración por el estado israelí. Los esfuerzos de Tony Blair al frente de la Misión de Paz del Cuarteto han cosechado un fracaso absoluto a la hora de resolver siquiera la terrible situación humanitaria de los palestinos, frente a la intransigencia israelí y el rechazo de hasta la más banal de las conversaciones con el ahora sometido (aunque anteriormente tan frenético) ex Primer Ministro británico (Guardian, 13 de octubre de 2007). Los esfuerzos de la Secretaria Rice para organizar una conferencia de paz sobre Oriente Medio a finales de noviembre en Annapolis, Maryland, se han diluido en los pronunciamientos israelíes. Israel rechaza cualquier acuerdo sobre fronteras, calendarios, Jerusalén, asentamientos, territorio, etcétera. Insiste en que la conferencia se centre en acuerdos generales insignificantes que no le comprometen a nada. En una acción planeada para humillar todavía más a la Secretaria de Estado Rice, el gobierno israelí se apoderó ilegalmente de varios cientos de acres de tierra palestina, un claro ejemplo de ampliación de asentamientos (Aljazeera, 14 de octubre de 2007). Intentando parecer lista y no la torpe de la clase, la Secretaria Rice respondió que la nueva confiscación israelí de tierra palestina podía «erosionar la confianza en el compromiso de las partes hacia la solución de dos estados» (BBC, 14 de octubre de 2007).

 

Al reconocer que la ZPC ha logrado inmovilizar su posición en las negociaciones y que no puede pedirle nada sustancial a Israel, la Secretaria Rice está indicando la futilidad de la reunión de Annapolis al pedir «que se rebajen las expectativas», que no habrá acuerdos importantes. Hay buenas razones para creer que Israel y su quinta columna han hundido eficazmente la iniciativa de Annapolis de Bush. Incluso estados clientelistas de EEUU como Egipto, Arabia Saudí, Jordania y hasta el títere palestino Abbas han expresado dudas al no establecerse acuerdos sustantivos sobre límites fronterizos, anatema para Israel y la ZPC. Si la conferencia se aplaza o tiene lugar, el evento promete constituirse en otro gesto sin consecuencias, otra derrota de EEUU en Oriente Próximo, otra victoria para el statu quo colonial de Israel y otra razón para que aumente la resistencia árabe en Oriente Próximo.

 

Lo que resulta de peor agüero es que es probable que Israel y la ZPC entiendan que su exitoso sabotaje de la Conferencia de Paz de Annapolis de la Casa Blanca les anima a continuar con más confiscaciones violentas en los Territorios Ocupados, nuevas incursiones más mortíferas en Líbano y Siria y crecientes presiones para la guerra contra Irán. El fascismo sionista se alimenta del poder imbatible que disfruta en la política de EEUU hacia Oriente Próximo frente a cualquier otra fuerza importante institucional estadounidense, que fracasa al seguir dicha política la línea israelí.

 

Junto a la radicalización derechista de la ideología conservadora sionista con respecto a las presiones de Israel hacia soluciones totalitarias, están también apareciendo patentes manifestaciones de discursos y prácticas racistas antiislámicas, antiárabes y antipersas por parte de importantes portavoces conservadores sionistas y, especialmente, por parte de los propagandistas académicos en Estados Unidos.

 

La propaganda de guerra y las soluciones militares dominan la retórica conservadora sionista: en primer lugar, contra Palestina, después, contra Afganistán, Iraq, Líbano, Siria, Somalia y Sudán. Acompañando la radicalización de la retórica conservadora sionista también se están produciendo crecientes actos represivos en el interior de la sociedad estadounidense.

La ZPC y la negación del holocausto armenio: al servicio de Israel

Los dirigentes demócratas sionistas, bajo órdenes israelíes, tuvieron un papel muy importante a la hora de socavar una resolución del Congreso que condenaba como genocidio el asesinato de 1,5 millones de armenios por parte de los turcos. Durante muchos años el estado de Israel y sus especialistas académicos, tanto en Israel como en EEUU, han negado el genocidio de Turquía contra los armenios en su patria ancestral entre 1915 y 1917 a pesar del voluminoso corpus de documentación aportado por eruditos de todo el mundo. Una razón para esto es que la industria judía del Holocausto exige la exclusividad en el genocidio del siglo XX con el fin de incrementar su recaudación de fondos y sus esfuerzos de propaganda. Otra razón contemporánea mucho más importante para la negación en Israel y EEUU del holocausto armenio es la estrecha colaboración militar entre el estado sionista y Turquía y, en fechas más recientes, la nutrida presencia de consejeros militares y agentes secretos israelíes (del Mossad) en el norte de Iraq controlado por los turcos, el denominado Kurdistán.

El congresista Rahm Emanuel, ex miembro del ejército israelí y hoy presidente del Comité Político del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, se opuso a la resolución desde el principio y convenció a un grupo de veteranos representantes de su partido para que exigieran la anulación de los planes de votar esta medida en el Congreso. Profundamente conectado con los intereses de Israel, Emanuel tiene los pies bien plantados en una realidad de Oriente Próximo definida según la lógica israelí. El congresista Emanuel justificó cínicamente su servicio al estado de Israel con una retorcida declaración: «Este voto (sobre el genocidio armenio) se dio de bruces con la realidad sobre el terreno en esa región del mundo» (New York Times, 16 de octubre de 2007). La quinta columna de Israel en el Congreso de EEUU ha expandido sus objetivos más allá del estrecho marco de la búsqueda israelí del control regional de Oriente Próximo para ocuparse de asuntos históricos que afectan a pueblos que no son ni árabes ni musulmanes y que tocan indirectamente a los intereses estratégicos israelíes. Los estrategas israelíes consideran que la resolución del Congreso sobre el genocidio armenio originaría la hostilidad de Turquía contra EEUU, lo que incrementaría la probabilidad de una invasión turca del Kurdistán iraquí, hoy bajo la influencia de EEUU e Israel. Agentes israelíes han estado entrenando y armando a comandos kurdos para que éstos participen en actividades terroristas en Irán y en otras zonas de la frontera turca, iraní y siria. Una invasión turca por tierra y aire destruiría, o como mínimo desarticularía, estas bases terroristas, con la consiguiente movilización kurda generalizada en defensa de sus tropas irregulares. Los kurdos son clientes leales y sus milicias pershmergas cumplen una función esencial en la limpieza étnica de minorías en el norte iraquí, así como en la salvaje represión de la resistencia en el centro del país por parte de los mercenarios financiados por EEUU. Una invasión turca probablemente daría lugar a la transferencia de los ejércitos kurdos hacia su frontera con Turquía, amortiguando el control de Estados Unidos en Iraq y debilitando sus agresiones contra Irán. Los israelíes tendrían que escoger entre su alianza con Turquía, su único aliado importante en Oriente Próximo, retirando a sus agentes y cancelando sus ventas de armas a los kurdos iraquíes o su apoyo a los separatistas kurdos.

Las alarmas de la ZPC se encendieron para bloquear o frustrar la resolución sobre el genocidio armenio y mostrarle al Primer Ministro turco Erdogan que Israel está utilizando su poder sobre el Congreso de EEUU en beneficio de Turquía. En el conflicto que se entabló, por un lado, entre millones de estadounidenses que aborrecen el genocidio -ocurra donde ocurra y sean quienes sean las víctimas- y el grupo de presión armenio y, por el otro, entre una docena de congresistas pro israelíes bien situados y sus multimillonarios contribuyentes sionistas, triunfaron los segundos. Incluso en un asunto tan palpable como el genocidio, la ZPC no tiene ni miedo ni vergüenza de oponerse a una resolución simbólica que reconozca un crimen histórico del mundo.

La victoria sionista en el Congreso en la resolución sobre el genocidio armenio ilustra gráficamente de qué manera los intereses israelíes degradan nuestras instituciones y nuestros valores. El hecho de que muchos congresistas, incluida la mayoría del Partido Demócrata, estuviesen inicialmente convencidos de la justicia de aprobar dicha resolución y de que más tarde, bajo las presiones de la dirección sionista en el Congreso, se retractaran de su apoyo, indica hasta qué punto el Congreso ha degenerado para convertirse en una institución sionista colonizada. No sólo el Congreso hace caso omiso de su electorado, de los valores de las personas que los votaron, sino que también entrega sus propios valores y su conciencia a eso que Seymour Hersh acertadamente define como el «dinero de la Nueva York judía».

El esfuerzo israelí por evitar un ataque turco contra sus clientes kurdos está estrechamente relacionado con sus esfuerzos por socavar las defensas iraníes y por acrecentar su capacidad de inteligencia mediante operaciones de comandos terroristas por parte de soldados irregulares kurdos.

La principal actividad de todas las organizaciones judías pro israelíes de importancia -nacionales estatales y locales- es aislar y destruir Irán por medio de sanciones económicas y de un ataque masivo por parte de EEUU. No tienen la menor consideración por los millones de iraníes que morirían, resultarían heridos o perderían sus hogares a causa del esfuerzo estadounidense o israelí para «borrar a Irán del mapa».

Quien más recibe del dinero de la Nueva York judía (y de Los Ángeles, Miami y Chicago) es Hillary Clinton, la halcón demócrata más belicista en la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2008 y, de hecho, la demócrata más halcón desde la era de Vietnam. En un reciente artículo publicado en Foreign Affairs, a Hillary Clinton sólo le faltó precisar la fecha y las armas con las que Estados Unidos atacará a Irán. En él mantiene que «Irán representa un desafío estratégico a largo plazo contra EEUU y sus aliados y no se le debe permitir que desarrolle o adquiera armas nucleares... Si Irán no obedece, todas las opciones deben permanecer sobre la mesa» (The Guardian, 15 de octubre de 2007).

Israel sabe hasta qué punto los candidatos a la presidencia de EEUU son serviles a sus intereses y obedientes a los dictados de su grupo de presión. De lejos, Hillary Clinton es la elegida por los sionistas entre los candidatos demócratas a la presidencia. Le han perdonado que besase a Suha Arafat hace diez años, porque ha besado las dos mejillas de todos y cada uno de los cabilderos sionistas masculinos y femeninos y de los funcionarios israelíes en Washington, y además ha aplaudido la represión de los palestinos. Hillary Clinton despertó la pasión y el placer de los presidentes de las principales organizaciones judías estadounidenses y es la única entre los candidatos demócratas a la presidencia que apoya la resolución del Senado en la que se exige que el gobierno de EEUU declare que los guardianes revolucionarios del gobierno iraní, una división de elite del ejército de Teherán, es una «entidad terrorista», lo que proporciona una justificación a la Administración Bush para un ataque preventivo masivo contra Irán y sus infraestructuras.

En lo que respecta a las resoluciones sobre la financiación de la guerra y las campañas de sanciones contra Irán; a la legislación proveniente de su grupo de presión y a los discursos en el Congreso; a las horas dedicadas a la campaña para atacar Irán; a las columnas de opinión publicadas y a los comentarios de expertos en los medios, la ZPC supera por diez a uno a cualquier otro grupo que esté a favor de la guerra contra Irán. No sólo los sionistas monopolizan la propaganda de «Atacar Irán», sino que lideran a todos los demás grupos autoritarios en la tarea de acallar a los críticos de esta agresiva alternativa militar estadounidense.

Quiero dejar perfectamente claro que la ZPC, los presidentes de las principales organizaciones judías estadounidenses, los Rahm Emanuel (israelíes o estadounidenses) que controlan el Comité Político Demócrata de la Cámara de Representantes... No hablan siempre y en cualquier sitio en nombre de la mayoría de los judíos estadounidenses, sobre todo en lo relativo a la negación del genocidio armenio por parte de los turcos. Abraham Foxman, el belicoso presidente de la ADL, descubrió en Watham (Massachusetts) que tanto la comunidad local de origen armenio como sus compatriotas y vecinos de origen judío no toleran la negación del genocidio armenio, ni siquiera por parte de la ADL. Bastantes sectores de judíos estadounidenses se oponen al belicismo de Hillary Clinton y encuentran servil, incluso obsceno, su sometimiento a la ofensiva de los funcionarios israelíes. Las encuestas sionistas revelan que la mayoría de los judíos estadounidenses jóvenes de alto nivel cultural cada vez están menos interesados en Israel y su quinta columna local, lo que contraría a los sedicentes líderes de la comunidad. Sin embargo, el hecho de afirmar que una minoría de judíos no habla en nombre de una mayoría mal dispuesta no disminuye su poder y su control sobre las instituciones políticas de Estados Unidos y de la opinión pública en lo que respecta a la política, las apropiaciones relativas a Oriente Próximo o los intereses definidos por Israel.

«Odiador de judíos» se convirtió en el lema de agitación de los ultraconservadores sionistas para sus purgas en foros públicos y en una llamada a la acción masiva directa por parte de cientos de importantes personajes judíos locales y concejos comunitarios. Incluso miembros del consejo presbiteriano fueron intimidados por sionistas judíos debido a su tibia posición de retirar sus inversiones de compañías estadounidenses involucradas en la opresión de los palestinos.

No ha habido ningún acontecimiento trascendente que marque el momento en el que el conservadurismo sionista se transformó en fascismo sionista. La transición fue un proceso evolutivo durante el cual el racismo, el militarismo y el autoritarismo desarrollaron una base comunitaria masiva que se arraigó con el tiempo hasta convertirse en el modus operandi definitivo de la ZPC.

Al igual que los movimientos fascistas anteriores, el fascismo sionista suscribe las doctrinas racistas del conocimiento: según la epistemología sionista sólo los judíos pueden criticar a los judíos (si se atreven), pues el conocimiento de la judeidad está monopolizado por un pueblo definido como comunidad cerrada. Esta teoría «siofascista» del conocimiento se ve reforzada por las frecuentes amonestaciones de sionistas progresistas o izquierdistas que con frecuencia desacreditan o advierten a autores no judíos que se adentran en los debates judíos por su cuenta y riesgo.

El fascismo sionista no es sólo una expresión ideológica de un grupo marginal de extremistas tendenciosos. Su ideología y su práctica, en todo o en parte, han sido adoptadas por organizaciones judías convencionales.

El autoritarismo sionista en marcha

El autoritarismo sionista popular, que practica a un ritmo acelerado la coerción, la represión y el chantaje económico en defensa de Israel y la ZPC, es un hecho en cada región, en cada círculo de vida social, cultural y académica de Estados Unidos. Mas abajo citamos una pequeña muestra de casos que han tenido eco nacional e incluso internacional y que ilustran una tendencia mucho más amplia. No existe una base de datos integral que cubra los cientos de incidentes de intimidación sionista y de control de las ideas que ocurren semanalmente sin que sus víctimas los denuncien por miedo a las represalias o porque no lograrían una atención comprensiva del público a causa de los prejuicios de los medios. En conversaciones informales, escritores y periodistas me han contado las visitas de personajes importantes judíos y miembros de concejos comunitarios judíos a editores de periódicos locales para exigir el despido de columnistas que se habían atrevido a criticar, por ejemplo, la horrenda invasión de Líbano por parte de Israel. Después de una de tales «visitas y charlas», un columnista local nunca más se atrevió a criticar o a escribir sobre Oriente Próximo. Esto no ocurre sólo en Estados Unidos. En 2004, tras haber escrito un artículo para el diario de Ciudad de México La Jornada en el que critiqué la despiadada represión de los palestinos en Jena y la disculpa de los sionistas estadounidenses por los asesinatos masivos, el embajador israelí en México visitó a los editores del diario para exigirles que dejasen de publicar mis artículos. El editor se negó a acceder en aquel momento, pero poco después La Jornada publicó feroces ataques personales escritos por sus columnistas regulares (uno de ellos trotskista y el otro un dentista judío) en los que etiquetaban mis críticas como «propaganda nazi», similar a la de los Protocolos de Sión. Esto sucedió en un presunto periódico progresista independiente.

Las visitas confidenciales, las llamadas telefónicas insultantes de sionistas fanáticos, incluidas las amenazas de muerte, no son prácticas poco habituales entre siofascistas «respetables». Un incidente implicó a una doctora que recibió una visita en su consulta de un colega sionista fanático que se quejó de su carta al periódico local en la que criticaba el papel que representaron los sionistas al financiar la derrota electoral de Cynthia McKinney, la congresista de Georgia, por haber criticado la política israelí. Fue «advertida» de que criticar las actividades de organizaciones judías destinadas destruir a políticos -sobre todo políticos negros- por su apoyo a los derechos civiles palestinos, era antisemita. Los estadounidenses de origen africano, le dijeron, eran cada vez más desagradecidos con los judíos estadounidenses, que habían dirigido y financiado la lucha por los derechos civiles y, por lo tanto, había que darles una lección de historia. Un grupo de patricios locales había escogido a su colega sionista -ex estudiante de Harvard- para que le comunicara este mensaje. Cuando se declaró a sí mismo «judío y sionista», ella le replicó que era «antifascista y antisionista» y le señaló la puerta con el dedo, no sin antes preguntarle cómo un hombre de su elevado prestigio profesional podía soportar la tarea degradante de tratar de censurar a una colega. Estas visitas de sionistas respetables intimidan a otros con menos arrojo y fortaleza intestinal que ella.

Cuando leyeron el manuscrito de mi libro The Power of Israel in the United States (El poder de Israel en Estados Unidos), muchos de mis antiguos editores me notificaron que era un texto fenomenal... pero... no querían sufrir las consecuencias, las amenazas y los vituperios que serían de esperar de la ZPC, de universitarios judíos, de escritores contratados y de editores. Incluso el editor que por fin aceptó publicar mi libro expresó el miedo legítimo que sentía de la hostilidad sionista y al final una docena de profesores judíos cancelaron sus pedidos del libro para sus clases.

Una muestra de los casos más conocidos de los esfuerzos sionistas por acallar y purgar de críticos de la sociedad estadounidense con Israel y el ZPC, incluye el de más de mil antiguos alumnos sionistas del Barnard College que hicieron una campaña para impedir que la profesora Nadia Abu Hajel obtuviese la cátedra en propiedad por haber publicado Facts on the Ground (Hechos sobre el terreno), una crítica destructora de los esfuerzos arqueológicos israelíes por borrar los siglos de continua presencia palestina en Tierra Santa (Chronicle of Higher Education, 5 de agosto de 2007).

En fechas más cercanas tuvo lugar la campaña pública para anular la invitación de la Universidad de Columbia al primer ministro iraní Mahmud Ahmedineyad, que dio lugar a la inaudita y ofensiva presentación de éste por parte del presidente de la universidad.

La prohibición de la exitosa obra de teatro británica My name is Rachel Corrie (Mi nombre es Rachel Corrie), basada en los escritos de la activista estadounidense asesinada, cuya puesta en escena estaba programada en Nueva York, Miami y Toronto, causó consternación entre aficionados al teatro y actores en ambos lados del Atlántico. El soldado israelí que asesinó a la joven fue absuelto en Israel, mientras que las palabras de Rachel fueron prohibidas en la capital cultural de su propio país.

En fechas todavía más recientes, el Chicago Council of Global Affairs cedió a las presiones de los cabilderos sionistas y canceló una conferencia de los respetados catedráticos de ciencias políticas John Mearsheimer y Stephan Walt, debido a su ensayo crítico The Israel Lobby (El lobby israelí).

La lista es larga e incluye las cancelaciones de un concierto de Marcel Khalife en San Diego (California) y de una invitación al obispo sudafricano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz, debido a su crítica de las políticas de apartheid israelíes en los territorios ocupados.

Otra campaña que se saldó con éxito fue la que impidió a la escritora Susan Abulhawa que presentara su apasionante novela The Scar of David (La cicatriz de David) (7) en una librería de Barnes & Noble de Bayside (Nueva York). Esto se siguió de un ataque a través del ciberespacio contra la autora para desacreditar una gira publicitaria programada. Este ataque a favor de Israel fue dirigido por catorce rabinos y el presidente de la comunidad de concejos judíos de Queens (Nueva York).

La distribuidora University of Michigan Press recibió presiones para que retirase la distribución de Overcoming Zionism (Superando el sionismo), de Joel Kovel, en violación de un contrato con la editorial Pluto Press que la obligaba a hacerlo. La distribuidora amenazó entonces con parar la distribución de todos libros publicados por Pluto Press.

Las recientes audiencias de un comité selecto del Congreso, que investigó el ataque militar israelí contra la fragata USS Liberty (al cabo de 40 años, durante los cuales el lobby israelí había impedido con éxito una investigación oficial) dictaminó que Israel es culpable del asesinato y la mutilación deliberados de más de 100 estadounidenses de la tripulación. Sus escandalosas conclusiones, publicadas en el Diario del Congreso, nunca aparecieron en la prensa ni en los medios audiovisuales.

En violación de las resoluciones de las Naciones Unidas, la agresión militar de Israel contra Líbano, Siria y Palestina fue recompensada por el Congreso de Estados Unidos con 30.000 millones de dólares adicionales de ayuda militar durante los próximos diez años, lo cual hizo que el «tributo anual a Israel» sobrepasase los 6.000 millones de dólares por año (New York Times, 16 de agosto de 2007). En un tiempo de déficits récord y de reducciones en los programas nacionales de servicios educativos y de salud para niños pobres, el voto que otorgó los 30.000 millones de dólares a Israel pasó prácticamente sin discusión por parte del partido de la oposición.

El periodista y documentalista australiano John Pilger produjo una crítica mordaz de Israel titulada Palestine is Still the Issue (La cuestión sigue siendo Palestina) que se había visto en todo el mundo. Su exhibición, que estaba programada en el canal educativo público de San Francisco, fue bloqueada tras una campaña dirigida por los concejos de relaciones de la comunidad judía.

La escuela secundaria pública bilingüe árabe-inglés Kahil Gibran de Nueva York (llamada así en honor del poeta cristiano libanés del mismo nombre), fue vilipendiada por la ZPC (New York Times, 11 de agosto de 2007), lo que llevó al despido de su directora, una estadounidense de origen árabe. Su crimen fue que había traducido con exactitud la palabra árabe intifada como «desembarazarse», en vez de vociferar contra el movimiento de derechos palestinos en los territorios ocupados. La federación de profesores, controlada por sionistas, apoyó activamente la flagrante purga de uno de sus propios miembros por sus «crímenes ideológicos».

En el San Francisco State College hubo una campaña dirigida por el Director Ejecutivo de los concejos de relaciones de la comunidad judía de la ciudad para prohibir un mural que mostraba a un famoso personaje palestino de dibujos infantiles, un desafiante niño pequeño que hace frente a las fuerzas de ocupación israelíes. El problema en cuestión, según los líderes judíos locales, era que el niño tenía una llave en su mano, lo que constituía una «referencia encubierta al derecho de los palestinos al retorno a Israel» (Jewish Forum, 10 de agosto de 2007).

Una de las más duras y prósperas campañas de purga sionista fue la que impidió que el muy respetado profesor y erudito Norman Finkelstein obtuviese en propiedad su cátedra de la Universidad De Paul, de Chicago. La purga, liderada por Alan Dershowitz, profesor de Derecho en Harvard, fue una respuesta directa a los numerosos estudios académicos de Finkelstein, críticos con Israel y con la explotación del Holocausto como medio de promover los objetivos de la ZPC.

A pesar de las recomendaciones de tres comités académicos de la Universidad de Yale, los millonarios filántropos sionistas lograron bloquear el nombramiento al cargo de catedrático de Juan Cole, un renombrado especialista en Oriente Próximo. Los millonarios amenazaron con retirar sus contribuciones y algunos catedráticos sionistas prepararon un ataque difamatorio contra Cole (1 de junio de 2006).

Se organizó una campaña para ejercer presión y lograr que algunos fondos de pensiones del Estado retirasen su dinero de cualquier compañía que tuviese relaciones con Irán y los invirtieran en bonos de Israel. Hasta ahora ha dado resultado en Texas, Florida, Nueva York y Nueva Jersey. Varios gobernadores fueron «persuadidos» durante viajes sionistas a Israel pagados con fondos públicos (Houston Chronicle, 18 de julio de 2007). Durante uno de estos viajes pagados con fondos públicos, el gobernador McGreevy, de Nueva Jersey, hoy caído en desgracia, conoció a un agente israelí con el que tuvo una relación homosexual y luego hizo que lo nombrasen jefe de seguridad del estado de Nueva Jersey, hasta que el FBI intervino. McGreevy renunció a su cargo tras denunciar al israelí, un tal Golan Cipal, por chantaje.

La Liga Antidifamación, que es una correa de transmisión pro israelí, forzó al único congresista musulmán, Keith Ellison, a que se retractara y humillara por atreverse a comparar las tácticas de la administración Bush con las de los nazis (Jewish Telegraph Agency, 20 de julio de 2007). Como en el caso de la congresista McKinney, el castigo sionista contra los políticos afroestadounidenses es particularmente vehemente.

Las principales organizaciones sionistas, lideradas por el American Jewish Committee, movilizaron con éxito a los burócratas del principal sindicato de EEUU para que denunciasen los boicots a Israel del militante sindicato del Reino Unido (Jerusalem Post, 22 de julio de 2007). Los sindicatos CIO-AFL están bajo el control de la ZPC y han comprado fondos de pensiones en bonos de Israel -por valor de más de 5.000 millones de dólares- que constantemente registran bajos índices de rendimiento, lo cual provoca todos los años pérdidas de cientos de millones de dólares en beneficios a sus 12 millones de afiliados.

El decano de religión Barry Levin, un activista profesional de Israel en la Universidad McGill, despidió recientemente al profesor Norman Cornelt, después de 15 años de enseñanza, por su apoyo a los derechos humanos de los palestinos (Montreal Gazette, 2 de junio de 2007).

Todos los periódicos importantes han publicado editoriales y reseñas difamatorias atacando el estudio crítico del antiguo presidente Jimmy Carter, Palestine: Peace not Apartheid (Palestina: la paz, no el apartheid). Esto formaba parte de una campaña de propaganda de alta prioridad, coordinada por organizaciones sionistas muy importantes e incluía al profesor Alan Dershowitz (Washington Report on Middle East Affairs, abril 2007).

El ilustre autor judío Tony Judt, catedrático de la Universidad de Nueva York, vio cancelada su invitación a una charla programada en el consulado polaco debido a la oposición sionista contra su crítica de la política israelí.

B’nai Brith, de Vancouver (Canadá), atacó un sitio web canadiense llamado Peace, Earth and Justice y le obligó a retirar 18 artículos críticos con Israel.

A principios de 2007 la ZPC intervino en la Comisión estadounidense de derechos civiles e introdujo una sección que equipara el antisionismo con el antisemitismo y difamó docenas de programas de estudios académicos sobre Oriente Próximo como centros universitarios de «antisemitismo». La Asociación de Estudios de Oriente Próximo de América del Norte, el principal grupo académico, escribió una refutación razonada el 11 de junio de 2007.

Los planes para construir una mezquita destinada a la comunidad musulmana de Roxbury (Massachusetts) fueron atacados en una campaña del «Proyecto de David», un grupo sionista afiliado a los concejos de la comunidad judía de Boston y sus suburbios.

Basándose en el testimonio confidencial de agentes de inteligencia israelíes y con el apoyo de la ZPC, se presentaron cargos de terrorismo contra 16 miembros de una sociedad benéfica islámica de EEUU. Un tribunal de Texas los condenó por crímenes contra Israel, incluso si muchos de los acusados eran ciudadanos estadounidenses y no tuvieron posibilidad de carearse con sus acusadores encapuchados, agentes secretos israelíes que operaban en EEUU. El acusado principal, el doctor Rafil Dhofer, fue condenado a 22 años por un crimen israelí, incluso si nunca había sido condenado por ningún crimen cometido en Estados Unidos. Ni a los acusados ni a sus abogados se les permitió interrogar a los testigos extranjeros secretos.

Las organizaciones siofascistas universitarias, dirigidas por su «pequeño Fuhrer» David Horowitz, acosan regularmente a negros, latinos y árabes estadounidenses elogiando los beneficios obtenidos por la trata de esclavos africanos y defienden el uso de la tortura y el asesinato por parte de los israelíes y de sus homólogos estadounidenses en Iraq y Guantánamo. Además difaman a catedráticos no suficientemente favorables al sionismo, espían a instructores, interrumpen clases, interponen demandas judiciales contra profesores, otros estudiantes y administradores de universidades por prejuicios antisionistas en todo el ámbito de Estados Unidos.

A pesar del giro sionista hacia tácticas fascistas y de su adopción de medidas coercitivas autoritarias, el hecho es que todavía sólo controlan parcialmente la sociedad civil y el poder político. Algunas de sus jugadas siofascistas de poder han salido derrotadas en circunstancias específicas, al menos por el momento. La obra de teatro My name is Rachel Corrie fue representada en salas repletas en Londres, Seattle y otras valientes ciudades, a pesar de que fue prohibida en Nueva York, Toronto y Miami.

Norman Finkelstein fue despedido, pero consiguió un fuerte apoyo en todo el mundo académico y pudo negociar una compensación económica por la cobarde traición del cuerpo docente de la Universidad De Paul. Pero, sobre todo, el profesor Finkelstein está contraatacando.

La Universidad de Michigan fue obligada a distribuir el libro de Kovel, a pesar de que amenazó con cancelar su contrato con la editorial Pluto Press.

La lección está clara: el aumento del judeofascismo representa un peligro claro y actual para nuestras libertades democráticas en Estados Unidos. Sus miembros no se presentan con camisas negras ni saludan con el brazo extendido. Sus rostros públicos son los de un abogado, un filántropo de bienes raíces o un profesor de universidad prestigiosa, todos ellos bien afeitados, con corbata y mejillas sonrosadas. Trabajan duro para enviar a los miembros de familias no sionistas a luchar a las guerras en Oriente Próximo en defensa del Gran Israel. Y nos dicen que guardemos silencio, so pena de difamación, de exclusión fuera de nuestras comunidades, de la pérdida de nuestro empleo o de algo peor... El castigo ejemplar de muchas voces pequeñas es lo que ha venido manteniendo bajo el número de críticos ruidosos... hasta hace poco. En Estados Unidos hay una cólera y una hostilidad cada vez mayores contra la ZPC, contra sus arrogantes y autoritarios ataques a nuestros valores democráticos. Tarde o temprano habrá una reacción muy importante contra aquellos que, por vocación o convicción, participaron en los despidos, la censura y las campañas de intimidación contra la mayoría estadounidense. El pueblo de este país no recordará sus gritos de antisemitismo, sino su responsabilidad al enviar a miles de soldados estadounidenses a morir en Oriente Próximo por los intereses de Israel.

Es de esperar que quienes piden justicia no utilicen leyes autoritarias como la Patriot Act ni las rigurosas y degradantes técnicas de interrogatorio (la tortura), ni tampoco las prácticas antiárabes y antimusulmanas promovidas por los sionistas del Pentágono, del Congreso y de los departamentos de Justicia y Seguridad. Quienes se oponen al sionismo tienen que cumplir estrictamente con los más altos patrones morales.

 

(1) Véanse las recientes manifestaciones (septiembre y octubre) del ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan y del general estadounidense John Abizaid, entre otros).

 

(2) Big Oil es un término usado para describir a las transnacionales del petróleo más importantes, así como su poder e influencia en la política, particularmente en la de Estados Unidos. Las principales corporaciones que se suelen incluir en Big Oil son: ExxonMobil, Chevron Corporation, BP, Royal Dutch Shell y ConocoPhillips. [N. de los T.]

 

(3) «La Configuración del Poder Sionista (ZPC) cuenta con más de 2.000 funcionarios a tiempo completo, más de 250.000 activistas, más de 1.000 multimillonarios donantes políticos que contribuyen con sus recursos a los dos partidos estadounidenses en el Congreso. La ZPC proporciona el 20% del presupuesto de ayuda militar exterior estadounidense destinado a Israel, más del 95% del apoyo del Congreso al boicot israelí y las incursiones de su ejército en Gaza, Líbano y la opción militar preventiva contra Irán. La invasión estadounidense y la política de ocupación en Iraq, incluida la falsificación de las pruebas que justificaban la invasión, estuvieron fuertemente influenciadas por altos funcionarios devotamente leales y vinculados a Israel». Cf. J.Petras en http://xymphora.blogspot.com/2007/07/zionist-power-configuration.htm

 

(4) «Big Oil Plays a Waiting Game over Iraq ’s Reserves», Financial Times, 19 de septiembre de 2007.

 

(5) Órgano informativo de la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses (PMAJO), lobby sionista estadounidense. [N. de los T.]

 

(6) The American Israel Public Affairs Committee, principal lobby israelí en Estados Unidos. [N. de los T.]

 

(7) El título de esta obra en inglés juega con la similitud fonética entre scar, cicatriz, y star, estrella. [N. de los T.]

 

Sinfo Fernández y S. Seguí son traductores de Rebelión. Manuel Talens y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de mencionar al autor, a los traductores y la fuente. 


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