EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
ESTO Y AQUELLO
LOS ANARQUISTAS INDIVIDUALISTAS
El anarquismo individualista es como un purgante. Es útil para limpiar la flora intestinal pero es inútil para todo lo demás. Realmente siempre ha existido y desde tiempos remotos. Quizá Robinson Crusoe sirva para ilustrarlo, aunque no sé qué hubiera hecho Robinson sin Viernes.
El anarquismo individualista parte de una antropología totalmente idealista: sólo existe el hombre, es decir, el animal humano. Prescinde del hecho, ampliamente corroborado, de que ese animal es, principalmente, un animal cultural, es decir, un animal cultural comunitario. Durante centurias los individualistas, a decir verdad, tomaron a la mujer como parte de los bienes que la naturaleza había puesto a su disposición: para trabajar, para follar y para hacer familia.
Los anarquistas individualistas comparten con sus parientes, los liberales, que lo más importante en la vida humana es la libertad. Ahora, la libertad es un poder, el de obrar o no obrar; el poder escoger. Pero éste, a su vez, es producto de la autonomía de la voluntad. Eso es, en síntesis, la libertad: la autonomía de la voluntad.
En la adolescencia la autonomía de la voluntad se desarrolla a partir de muchas influencias, todas ellas, culturales. Es decir, que esa autonomía es autónoma dentro de determinadas circunstancias. Desde la iglesia hasta la cárcel las instituciones sociales están pensadas para orientar esa voluntad y para ponerla al servicio de la sociedad. El anarquista individualista no choca con la sociedad sino con determinado tipo de sociedad: la sociedad autoritaria.
Bien. Pero una sociedad autoritaria es aquélla en la cual se imponen los valores colectivos y se minimizan los individuales. Es contra la autoridad de lo colectivo que se alza el rebelde anarquista individualista. Una “sociedad libre” sería, por tanto, aquella fundamentada en los libres contratos entre individuas e individuos que, al garantizar todas las manifestaciones de la autonomía de la voluntad, se establecen sobre la base de los intereses egoístas de cada cual.
El egoísmo es la filosofía del anarquista individualista; no otra. Rechaza el Estado porque rechaza a Dios. Expresión de la dominación inicial, Dios es el Estado en plan creacionista. Rechaza al Padre porque éste encarna el Patriarcado así como rechaza la Familia porque ha debido, sin autorizarlo, someterse a su autoridad.
Sin embargo, el anarquista individualista no rechaza todas las categorías sociales y/o humanas. Acepta, curiosamente, la más importante de ellas: el Dinero. No tanto la Propiedad contra la cual puede circunstancialmente oponerse cuando es la Propiedad de Otro a la cual, sin equívocos, calificará como expresión del Dominio. Siempre de Otro, no del propio. Porque el Dominio suyo es defendido como garantía de su libertad. Como ha apuntado Sombart en su obra clásica sobre el burgués, el Dinero es el verdadero rostro del individualismo.
Ahora bien, Dominio, Propiedad, Dinero, Contrato, etc., no son creaciones de Robinson Crusoe. Son creaciones sociales, implican una estructura social decisora. Y, en el caso del Contrato, no puede hacerse sino entre iguales. Y no hay iguales sino dentro de cada una de las clases sociales. Entonces, es evidente, que antes del átomo humano debió existir un plasma social. En otras palabras, no hay un Hombre universal; hay –y ha habido- animales culturales bípedos aclimatados a determinadas circunstancias históricas, geográficas y ¿étnicas?
Entonces el sofisma del anarquismo individualista se desploma en cuanto la antropología abandona el idealismo. Y, el idealismo antropológico es semejante al idealismo de Berkeley, el filósofo irlandés del idealismo subjetivo.
Pero el que mejor ha combatido a los anarquistas individualistas –del cual Benjamín Tucker es un símbolo- ha sido precisamente P. Kropotkin, el forjador del apoyo mutuo como principio de la evolución humana y del comunismo anarquista, “el príncipe del anarquismo”.
“La conclusión final de este anarquismo individualista no es de ninguna manera que todos los miembros de la comunidad se desarrollen normalmente, sino la posibilidad de que ciertos individuos más dotados “se desarrollen completamente”, incluso a costa de la felicidad y de la misma existencia de la masa de la humanidad (…) Sin embargo, el anarquismo individualista de los proudhonianos norteamericanos –clara referencia a Tucker, entre otros- ha encontrado escasa simpatía por parte de la masa de los trabajadores. Quienes lo han defendido –sobre todo intelectuales- pronto advirtieron que la individualización tan valorada no podía lograrse por esfuerzos individuales; entonces abandonaron las filas del anarquismo y desembocaron en el individualismo liberal de los economistas clásicos o bien se retiraron hacia una especie de amoralismo epicúreo o hacia una teoría del superhombre parecida a la de Stirner o a la de Nietzsche” Y, termina diciendo Kropotkin, que ese individualismo anarquista no es otra cosa que el anarquismo del burgués. (Cf. “Kropotkin, obras”, compilación de Frank Mintz, Barcelona, España, 1977).
Por eso el anarco-comunismo es una etapa mucho más madura y más desarrollada del anarquismo social, organizado y revolucionario. Mientras que el anarquismo individualista desemboca en el neoliberalismo o en el fascismo, tiene dónde escoger.-
Floreal Castilla.-
Venezuela, 2 de junio de 2007.-