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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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¿REALISMO GEOPOLÍTICO O INGENUIDAD ESPONTANEÍSTA?

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ESTO  Y  AQUELLO

 

¿REALISMO  GEOPOLÍTICO  O  INGENUIDAD   ESPONTANEÍSTA?

 

I

 

La Revolución Bolivariana ha ingresado en una fase en la cual se ha convertido en un factor que amenaza la estabilidad del orden globalizado del modo de producción del capital. La etapa de la perturbación quedó atrás; ahora, los que mandan en el mundo la ven como un riesgo para su proyecto en América Latina.

 

Esto significa, visto desde el plano de la geopolítica, que los bolivarianos pueden asegurarse el control de Ecuador; consolidar sus posiciones en Bolivia y Nicaragua; usar los recursos humanos y técnicos cubanos (y, en menor medida, venezolanos) para elevar la consciencia política de muchas poblaciones tanto de Tierra Firme como del Caribe insular; y proyectarse hacia Colombia,  Perú, El Salvador, Jamaica y el conjunto de islas que forman las Antillas menores.

 

Por tanto, es un factor que amenaza más allá de las fronteras venezolanas. Los imperios globales han comprendido las dimensiones de este peligro. Y han comenzado un ataque no sólo en el plano de la ideología sino en el plano de los hechos.

 

Así, por ejemplo, la logística militar de la Revolución Bolivariana ya depende de un solo proveedor: el bloque Rusia-China, con las desventajas que esa dependencia conlleva en diferentes aspectos de la preparación del personal idóneo y el manejo tecnológico de los nuevos suministros.

 

El cerco de los imperios globales todavía no ha llegado a la tecnología punta pero puede presentarse en cualquier momento y de manera inesperada. Sin embargo, una empresa multinacional fabricante de software interactivo entre usuario y máquina ya ha respondido adversamente a la decisión gubernamental venezolana de abrirle el campo al software libre.

 

Es importante comprender que el bloqueo contra las naciones insumisas no es simplemente una justificación que enarbolan los gobiernos locales para el uso de la “dictadura” como mecanismo de defensa. Se trata de una realidad que se practica cotidianamente en las decenas de miles de transacciones comerciales que van desde mercancías tangibles hasta mercancías intangibles.

 

Recordemos que las potencias imperiales se distribuyen entre ellas el 80% del comercio mundial. Ningún país puede quebrar la división internacional del trabajo si no está autorizado para ello. Las naciones insumisas están condenadas por el modo de producción del capital a ser proveedoras de materias primas y mano de obra barata –casi esclava- a través de los flujos migratorios.

 

El modo de producción del capital transnacional es el mundo ficticio de las “ventajas comparativas”. No puedes salirte de ese mundo porque tu excedente no alcanza para lograrlo; las “ventajas comparativas” son, en resumidas cuentas, las ventajas que, desde el punto de vista del orden comercial, controlado por los imperios, ofreces al sistema de la dominación.

 

Y, al mismo tiempo, los pueblos insumisos tienen el derecho humano a satisfacer sus necesidades con bienes idénticos a los usados por las poblaciones metropolitanas de los imperios globales producto de la ciencia y de la tecnología, creaciones de la cultura de la especie humana.

 

El bloqueo consiste en privar a las naciones insumisas de ese derecho. Y, si no han abrazado la insumisión, a cumplir su rol en la división internacional del trabajo sin el cual el modo de producción del capital sería inexplicable.

 

Con la apropiación del petróleo de la Faja del Orinoco, la Revolución Bolivariana se enfrenta a la posibilidad nada remota del bloqueo tecnológico. Este elemento obliga a acelerar procesos políticos y sociales; a consolidar muchos otros y, sobre todo, a fortificar la defensa revolucionaria.-

 

II

 

El idealismo es una etapa del sueño humano que tiene sus límites fácticos. Los chicos que apedrean los hoteles en los cuales se celebran las cumbres del G8 o de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sin duda que actúan animados de un gran espíritu libertario; pero quizá la mayor parte de ellos no estaría dispuesta a pasar el resto de su vida resistiendo un bloqueo como, por ejemplo, el que atenaza a Cuba desde hace casi medio siglo.

 

El bloqueo no es producto de la “dictadura”. Ésta es la expresión de aquél. Rememoremos que los revolucionarios cubanos de 1959 nacionalizaron todas las propiedades de ciudadanos y empresas estadounidenses en Cuba como respuesta a las agresiones que la administración de Eisenhower desató contra la los guerrilleros en el incipiente poder de 1959. La agresión se inició con un embargo de armas que estaban destinadas a aprovisionar al Ejército Rebelde. Los contactos del gobierno cubano con la URSS comenzaron tras esa decisión de los Estados Unidos. En abril de 1961 se produce la invasión que, financiada por los Estados Unidos, y apoyada por el personal de la CIA, atacó por bahía de Cochinos. Los cubanos derrotaron a los mercenarios en Playa Girón. Para su defensa, los cubanos autorizaron a los soviéticos a instalar cohetes interbalísticos en la isla. Cuando la administración Kennedy detectó la presencia de los cohetes soviéticos ordenó el bloqueo. Finalmente, tanto los Estados Unidos como la URSS negociaron el desmantelamiento de la cohetería soviética en la isla con un desmantelamiento proporcional de la cohetería yanqui en Turquía.

 

Cuba no tenía otro mercado que el del Pacto de Varsovia. Tan sólo Canadá y la España franquista comerciaban con la isla. Pero si los soviéticos no ayudaban a Cuba la Revolución hubiera muerto de inanición. Esto es inobjetable.

La prueba realmente revolucionaria de los cubanos fue a partir de 1991 con la implosión del bloque soviético; con Yeltsin los cubanos pasaron las de Caín. Ellos llamaron a esa etapa el “período especial”. Han salido de él no sólo gracias a la ayuda y a la solidaridad de la Revolución Bolivariana sino también a la imaginación típica de los cubanos, a que contaban y cuentan con una proporción alta de población culta –producto de la Revolución, por un lado, y producto asimismo de las tradiciones de la isla- y a que las fuerzas revolucionarias están cohesionadas.

 

La Revolución bolchevique, por su lado, y la Revolución china, por el suyo, padecieron asimismo los rigores del ataque enemigo. No se puede tapar el sol con un dedo. Lo mismo le sucedió a los vietnamitas, a los argelinos e incluso el mismo esquema se escenificó durante la Revolución Francesa de 1789.

 

En el Caribe, por otra parte, ha sido habitual la presencia amenazante de buques de las potencias imperiales. Venezuela, más precisamente, ha sido víctima de las potencias navales de Occidente no sólo en el período de 1902 sino incluso durante el siglo XIX. Esos buques han servido para amedrentar a las élites venezolanas cuando los banqueros de la City londinense estimaban que sus acreencias no habían sido satisfechas por la nación. El capital transnacional del siglo XIX ya actuaba como capital usurero contra las economías desestructuradas de América Latina. No creamos riqueza porque el excedente nacional terminaba en las bóvedas de los bancos ingleses, holandeses o franceses. O en los bolsillos de la clase dominante nativa. Porque éramos –y somos- un eslabón de la división internacional del trabajo sin la cual el modo de producción del capital no funcionaría.

 

III

 

La Revolución Bolivariana necesita cohesionar sus fuerzas dispersas porque es una necesidad que las condiciones mundiales imponen a todo proceso que se trace la posibilidad de desmontar localmente las aberraciones del modo de producción del capital. Una nueva sociedad no surge de las bucólicas ideas utópicas sino de la modificación de las fuerzas sociales hegemónicas. Señores: tratamos los venezolanos de hoy de hacer una Revolución; no estamos escribiendo un cuento de hadas.

 

Ya la etapa de la espontaneidad revolucionaria ha sido sobrepasada, sin ella, obviamente, los procesos que desembocaron en la victoria electoral de 1998 no hubieran sido posible. Ahora, toca encauzar esa espontaneidad. Esta fase ha sido constante en todas las revoluciones que del mundo son. Ni vamos a derrotar a las pretensiones hegemónicas imperiales con arcos y flechas ni vamos a construir un mundo nuevo sin la tecnología y la ciencia avanzadas. Necesitamos dotarnos de un país viable, sin él la Revolución se iría al carajo.

 

Las etapas de la revuelta, de la rebelión individual y de las masas sin dirección concentrada están bien atrás. El exacerbado democratismo del cual se ufanan algunos aliados del chavismo, hoy renuentes a participar en el partido unido, alegando un nebuloso “socialismo democrático”, los revela como vulgares oportunistas asentados sobre determinadas cuotas burocráticas. Y, la postura del consulado soviético caraqueño en una época en la cual ya no existe la URSS corrobora que siempre tuvo una concepción dogmática del socialismo en un país donde el proletariado no está integrado mayoritariamente por “la clase obrera”, sino, en gran medida, por marginales y excluidos que conforman el “ejército de reserva” del modo de producción del capital transnacional.-

 

Floreal Castilla.-

Caracas, 12 de Mayo de 2007.-

 

 

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