El cristianismo
La época del cristianismo es para Odifreddi la época vulgar. Eso no lo justifica, al menos en este libro, pero en vez de citar las fechas como a.C, las cita a.e.V. (antes de la época vulgar). Pienso que el cristianismo no le convence a Odifreddi porque es metafísico y es paradójico. Casi todas las religiones son paradójicas. Odifreddi lo cuenta refiriéndose a una leyenda: “La leyenda dice que, en el momento del nacimiento de Cristo, se haya oído en todas las islas de Grecia un profundo estruendo que anunciaba: ‘El gran Pan ha muerto’. Lo que venía a indicar, detrás del velo del mito, una característica típica de las religiones populares: ponen los pies en polvorosa ante el racionalismo panteísta, que constituye la natural atracción de todo teísmo filosófico”.
El cristianismo tiene muchas paradojas: la inmanencia-trascendencia de Dios, la muerte-vida de la resurrección, la unidad-trinidad de Dios… La gran paradoja lógica del cristianismo consiste en que el cristianismo no renuncia ni a la lógica ni al significado metafísico de palabras como trascendencia, resurrección o unidad-trinidad.
En la Edad Media la escolástica respondió a la llamada de la razón, aunque, paradójicamente, sin renunciar a la metafísica. Odifreddi piensa que el hecho de que no renunciara al significado metafísico de los enunciados se debió a que no actuaba con independencia lógica: “El movimiento teológico que respondía la llamada de la razón se denominó escolástica… El método, ejemplificado por Abelardo en el clásico Sic et non (Así y no), consistía en exponer, en este orden: el problema, las razones contrarias a la solución, las razones favorables, el enunciado de la solución, sus demostraciones, y las refutaciones de la solución opuesta… La escolástica encontró que debía exhumar en un caso y redescubrir en otro, tanto los análisis olvidados de Aristóteles y los peripatéticos, como los perdidos de Crisipo y los estoicos. Con una diferencia esencial. Mientras que los filósofos griegos iban de buena fe en busca de una verdad desconocida, los teólogos escolásticos sólo trataban de confirmar con mala fe una verdad preconstruida”.
Odifreddi reconoce la osadía que hay en el intento de reconciliar el cristianismo con la razón: “El intento de conciliar el cristianismo con la razón era una empresa osada, porque desde sus inicios aquél había sido presentado como la encarnación de la irracionalidad: de Pablo de Tarso que invitaba a creer a pesar de que fuera absurdo, a Tertuliano, que incitaba a hacerlo porque era absurdo”.
Evidentemente no puede llegarse al significado metafísico de los enunciados del cristianismo por el camino de la deducción lógica. La irreductibilidad de las argumentaciones metafísicas a las argumentaciones lógico positivas la expone Odifreddi con ingenio y agudeza lógica: “Pedro Hispano, que fue papa con el nombre de Juan XXI, es el autor de Summulae logicales (Compendio de Lógica). Por desgracia el derrumbe de una estancia del palacio papal de Viterbo lo enterró después de sólo seis meses de pontificado (hay quien asegura que por intervención directa del Dios, del cual el papa parecía haber demostrado la no existencia). Por supuesto, si la historia es verdadera la prueba era falsa. Como también eran falsas (sin el condicional) las cinco pruebas ontológicas que Tomás de Aquino parió en la Suma Teológica, copiándolas de Aristóteles, Avicena y Averroes. Tales pruebas usaban el mismo argumento, es decir, una regresión al infinito, para tratar de demostrar la existencia de un primer motor, una causa primera, un ente necesario, un ente perfecto y un fin último”.
Odifreddi nos dice, pues, que el cristianismo, bajo capa de buscar la razón, se aventuró más allá de las columnas de Hércules en el mar de la sinrazón. Los filósofos cristianos del pasado argumentaron a partir de los hechos y justificaron una metafísica congruente con el cristianismo que gozó de gran prestigio en la cultura de su tiempo (que no es la nuestra y que no se debe juzgar con anacronismos).
¿Se reduce el cristianismo a la edad media? Quizá haya todavía filósofos escolásticos. Pero el teismo cristiano actual mayoritario está de acuerdo en que el mundo medieval ha sido superado por la ciencia moderna. La filosofía cristiana actual argumenta desde los hechos para construir una manera de ver el mundo “significativa” (cosa que no quiere decir imponible a todos, sino asumida libremente desde una realidad enigmática).
Dentro de esta “lógica cristiana” (que no se puede valorar sin conocerla) lo que Odifreddi considera paradojas se resuelve perfectamente. Aun manteniendo siempre que la fe cristiana considera que ciertos contenidos de la misma fe son “creídos” pero no deducidos racionalmente (trinidad, encarnación, etc.). El cristianismo, poco a poco, a lo largo de la historia, ha ido construyendo su propia “razón” (asumible, pero sin imponerla a nadie, al menos en la actualidad); pero no ha pretendido hacer pasar la sinrazón, el misterio, el enigma … como si fuera razón. La verdad es que los análisis de Odifreddi –juzgados desde la creencia de aquellos que conocen con toda seriedad la tradición cristiana y la filosofía-teología cristiana actual – no dejan de parecer un tanto simplificados.
La Matemática
Desde que los griegos desarrollaran el carácter deductivo de la matemática, la matemática ha estado íntimamente unida al lenguaje formal y a la lógica. Los primeros problemas de la lógica fueron con la matemática. La matemática parecía totalmente racional pero no lo era tanto. La verdad metafísica de la racionalidad de la matemática se vino abajo: “Poco después de promulgar el dogma de la racionalidad universal, Pitágoras se encontró frente a un doble cisma provocado por dos herejías: una de carácter geométrico, relativa a la diagonal del cuadrado; la otra musical relativa al semitono. La raíz de 2 se coló también en la teoría musical pitagórica. En efecto, si se quiere dividir el tono pitagórico en dos semitonos, es preciso extraer la raíz cuadrada de 9/8, lo cual introduce una raíz de 2 como denominador. Es fácil comprender por qué Pitágoras decretó que el descubrimiento de los irracionales debía permanecer en secreto. Pero toda confraternidad tiene sus arrepentidos, y en la Pitagórica fue Hipaso de Metaponto quien cantó. Lo expulsaron de la orden, lo enterraron en vida, lo hicieron naufragar, pero en vano: el daño ya estaba hecho, y lo irracional empezó a extenderse y prosperar por el mundo. Y dominaría en paz, si la lógica no hubiera tratado y tratara de hacerle frente”.
Son muchos los que han creído en la reducibilidad de la matemática al razonamiento lógico. El problema ha tenido distintos enfoques a lo largo de la historia, siempre dependiendo qué se entendiese por racionalidad y por lógica. El influjo del pensador medieval Ramón Llull se hizo sentir a través de Leibniz, que en 1666 lo citó como su inspirador en el Ars combinatoria.
Leibniz creía en la posibilidad de mecanizar la lógica y con ella todo el pensamiento. Encontró unos diagramas semejantes a los de Euler y Venn para verificar de una forma automática los silogismos. “Pero también distinguió entre dos tipos de verdad: las de razón necesarias y las de hecho contingentes. Las primeras son verdades lógicas, las segundas científicas. En cuanto a las verdades matemáticas, Leibniz pensaba que eran de razón, pero los desarrollos modernos mostrarán que se equivoca: desde este punto de vista las matemáticas resultaran ser más cercanas a la ciencia que a la lógica”.
“En todo caso para Leibniz la distinción entre dos tipos de verdades era una ilusión provocada por la finitud humana. Porque todas las verdades se pueden probar lógicamente, aunque con demostraciones diversas: finitas las primeras cuya razón necesaria está al alcance de nuestras mentes, e infinitas las segundas, cuya razón suficiente puede ser percibida solamente por Dios. En cuanto el encontrar estas razones, en el primer caso basta una simple ars iudicandi (arte de la verificación), pero en el segunda caso se requiere una más compleja ars inveniendi (arte del descubrimiento)”
“Para Leibniz las verdades de la razón son verdaderas en todos los mundos posibles mientras que las de hecho sólo lo son en el nuestro que es el mejor de los posibles. Y si la cosa no nos parece evidente es porque no somos capaces de captar la mente de Dios”.
Los límites de la lógica
El optimismo voluntarista de Leibniz no fue menor que el optimismo voluntarista de otros matemáticos posteriores a él como Hilbert, con su famoso: wir müsen wissen, wir werden wissen (debemos conocer y conoceremos).
Los planteamientos de Leibniz anticiparon los desarrollos posteriores: “En primer lugar, la distinción kantiana entre ‘analítico’ y ‘sintético’. Además los teoremas de incompletitud de Post y Gödel que confirmarán la efectiva posibilidad de demostrar todas las verdades de la razón de la lógica, pero no todas las de hecho de la matemática. Y por último los teoremas de indecidibilidad que mostrarán que los confines entre el ars judicandi y el ars inveniendi se hayan en el interior de la lógica.”
“En Kant, tanto los fracasos de la cosmología como los de la teología racional prueban la aserción fundamental de la crítica de la razón pura: quien se aventura más allá de las columnas de Hércules de la razón acaba naufragando en la inconsistencia. Una aserción que, como veremos, la lógica moderna transformará en su más importante teorema de limitación. Y no es menos curioso que después de deconstruir juiciosamente la metafísica en la Critica de la razón pura, Kant intentase construirla en 1785 sobre bases no racionales sino morales, con la Crítica de la razón práctica: un libro que, según Rusell, debería haberse titulado Crítica del prejuicio”.
“Sin duda hallamos una poética explicación en el epígrafe de su tumba en Könisberg. Dos cosas llenan el ánimo de admiración y veneración siempre nueva y creciente, cuanto más a menudo y largamente la reflexión se ocupa de ellas: el cielo estrellado encima de mi y la ley moral en mi”.
Lógica y realidad
El estudio de los fundamentos de la matemática ha demostrado que la matemática no es mera lógica tal como pretendía Frege. En la matemática, además de la lógica hay que admitir, por lo menos, ciertas intuiciones aritméticas y geométricas. La física no es mera matemática porque la matemática se puede justificar mediante modelos formales mientras que la física ha de dar razón de nuestras observaciones empíricas. La metafísica no es mera física, porque el significado de las palabras y enunciados metafísicos no se puede cosificar. Sin embargo la metafísica necesita de la física, la física necesita de la matemática y la matemática necesita de la lógica.
Odifreddi cita el artículo Física y realidad de 1936 en el que Einstein aclara el papel de la lógica en la física moderna. “La física es un sistema lógico de pensamiento en evolución… debemos aceptar el hecho de que los fundamentos lógicos se alejen cada vez más de los hechos de la experiencia y que el camino de nuestro pensamiento … en lo referente a nuestra experiencia sensorial se vuelva cada vez más difícil y largo”. Comentando esta frase y refiriéndose a los teoremas de indeterminación de la física dice Odifreddi: “No nos asombra , pues, que lanzándose hacia sus propios límites la lógica encuentre también en la física resultados de limitación análogos en espíritu, sino en la letra, a aquellos ya descubiertos en la matemática”.
Por nuestra parte pensamos que la lógica abstracta y formal puede crear formas o sistemas abstractos (al margen de la realidad), pero desde esa forma de lógica no se puede dictaminar sobre el mundo real: si el lenguaje sobre el mundo, la metafísica, la religión o cristianismo, la matemática misma son verdaderos o falsos. Para ello es necesario argumentar sobre los hechos y construir un discurso real (eso sí, correctamente lógico). La lógica natural, la matemática, la física, la metafísica y la religión dependen de la realidad y no pertenecen a la pura lógica abstracta.
Conclusión
Las ideas que expone Odifreddi en su libro Las mentiras de Ulises, nos confirman en el hecho de que los meros razonamientos deductivos de la lógica son y deben de permanecer agnósticos. Agnósticos frente a las verdades del espíritu y agnósticos frente a las verdades fácticas como el néctar de las flores y los ríos que van al mar.
La lógica formal es plural y descubre limitaciones intrínsecas en el mundo de la matemática con el que está profundamente unida y que es el mundo más próximo a ella. La lógica formal también descubre limitaciones intrínsecas en el mundo de la física, que por otra parte depende cada vez más de ella. Y por último la lógica formal descubre paradojas en el mundo de la metafísica.
Las paradojas son un estímulo del pensamiento lógico. Una paradoja es una contradicción que necesita ser resuelta. Las paradojas planteadas formalmente se han de resolver formalmente. Russell dio una solución formal a su célebre paradoja.
Las paradojas metafísicas son un estímulo del pensamiento metafísico, son contradicciones que necesitan ser resueltas usando el lenguaje de la metafísica. Pero el lenguaje de la metafísica no es formal, es simbólico. La racionalidad metafísica usará los principios y razonamientos lógicos, pero no los usará con signos con mero significado formal sino con símbolos con significado metafísico. Sus modelos semánticos tampoco serán formales. Serán modelos simbólicos que representan la visión metafísica de la realidad. Las paradojas metafísica deberán ser resueltas en un discurso sobre los hechos reales, construyendo un lenguaje significativo, pero nunca desde argumentos puramente “lógicos”.
En el encabezamiento de su página web dice Piergiorgio Odifreddi:
“Si las matemáticas y la ciencia tomaran el lugar de la religión y la superstición en la escuela y en los medios, el mundo se convertiría en un lugar sensato y la vida sería más digna de ser vivida. Que cada uno aporte por lo tanto su contribución, grande o pequeña, de modo que suceda esto, para mayor gloria del Espíritu humano”.
Es conocida la clasificación de Ian Barbour de las posibles posturas ante la relación ciencia-religión: conflicto, separación, diálogo e integración. Odifreddi, como lógico, se sitúa en la postura de conflicto. Otras posturas tienen elementos de separación, de diálogo y de integración. Consideramos que la relación adecuada entre ciencia y religión es la complementariedad. El conflicto entre ciencia y religión es, en el caso de Odiffreddi, conflicto específico entre la lógica y la religión.
A nuestro entender este conflicto no puede provenir de la lógica pura por sí misma sino de un discurso sobre el mundo real (que, eso sí, discurso que debe construirse con corrección lógica). El conflicto proviene del hecho de que tanto la lógica (en cuanto instrumento mental para conocer el mundo) como la religión (como imagen del mundo real y metafísico) tienen que ver con el sentido de la acción humana.
La religión habla explícitamente del sentido de la acción humana y la lógica es ella misma una guía para la acción humana. La acción humana tiene siempre detrás una lógica orientativa. Las distintas visiones de la ciencia y de la religión son conflictivas cuando atribuyen sentidos contradictorios a la acción humana. La complementariedad, en cambio, incluye separación, diálogo e integración entre los sentidos que la ciencia y la religión atribuyen a la acción humana.
Javier Leach, Universidad Complutense de Madrid, Cátedra CTR.