EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
B. En Europa, la Agencia de Inversiones del Gobierno de Singapur (GIC) invertirá 11.000 millones de francos suizos (6.600 millones de euros) en el principal banco suizo, UBS, para ayudarle a superar una crisis financiera que originó, en 2007, las primeras pérdidas de su historia.
C. En Francia: BNP Paribas pasa por contar entre sus accionistas ultra minoritarios con fondos saudíes, kuwaitíes y de los Emiratos Árabes Unidos, y la firma petrolera Total está considerando diversificarse hacia la energía nuclear y abrir su capital a las petromonarquías del Golfo mientras que, por su parte, Qatari Diar (un fondo de inversión propiedad al 100% de Qatar Investment Authority, los fondos soberanos de Qatar) se dedica a negociaciones exclusivas con Cegelec (antigua filial de Alcatel), para la adquisición de este peso pesado especializado en servicios relacionados con la energía, la electricidad y la renovación de las líneas ferroviarias en Marruecos. Qatari Diar está omnipresente en el plano internacional en Marruecos, Egipto y en todo Oriente Medio, y además en Gran Bretaña en el sector inmobiliario, como en el distrito de Canary Wharf en Londres (6).
En la hostelería de alta gama, el único palacio parisino propiedad de los franceses es el Fouquet’s del grupo Barrière, situado en una esquina de los Campos Elíseos y la avenida George V, donde Nicolas Sarkozy pasó su famosa «noche de Fouquet’s» al ofrecer su primera recepción tras su elección presidencial a sus amigos de las altas finanzas y pasando su primera noche como presidente de la República con su esposa de entonces, Cecilia Siganer. El resto está en manos de capitales extranjeros.
- El Ritz, joya de la hostelería de lujo francesa es propiedad de Mohamed Al-Fayed, padre de Dodi, el novio de la princesa Diana con quien murió en un accidente de tráfico en París. Al-Fayed es cuñado de Adnan Kashooggi, importante mercader de armas saudí implicado en el escándalo «Irangate», la venta prohibida de armas estadounidenses a Irán bajo la administración Reagan en los años 80.
- El George V es propiedad del príncipe saudí Walid bin Talal, que ha invertido para renovarlo 200 millones de dólares. La gestión del establecimiento se ha confiado al grupo canadiense Four Seasons. Al Walid también es accionista, con un 5%, de otra cadena hotelera canadiense, Fairmont. Por medio de esta sociedad compró en 2007 el Savoy de Londres.
- El Plaza Athénée y el Meurice son gestionados por el grupo inglés Dorchester Group, propiedad de la agencia de inversiones de Brunei.
- El Vendome pertenece al joyero libanés Robert Mouawad, proveedor de la familia real saudí.
- Propietario del Carlton Tower de Londres, el grupo Jumeirah International, propiedad de la familia que real de Dubai, Al-Maktoum, pretendía comprar el Intercontinental de París por un valor de 300 millones de dólares. En competencia con el príncipe saudí en este negocio, la transación se ha suspendido. En compensación, grupo Jumeirah podría adquirir el Crillon, el famoso hotel de la plaza de la Concordia, y el príncipe Al-Walid consolarse con el Martinez de Cannes.
V. El nuevo reciclaje de los petrodólaresLa subida del barril de 25 dólares en 2002 a 135 dólares en junio de 2008, ha generado una gigantesca transferencia de dinero de los países consumidores a los países productores, del orden de 1 billón de dólares, que de esta forma han pasado de los consumidores de energía (Japón, Europa, EEUU) a Arabia Saudí, Rusia, Emiratos Árabes, Angola, Argelia o Venezuela. Durante el primer boom petrolero pocos países, aparte de Noruega, aprovecharon el maná petrolero para impulsar su despegue. Poderoso factor de corrupción de las élites, el primer shock petrolero de 1973 transformó precozmente las petromonarquías en estados rentistas, llegando a desarrollar la caricatura de una bulimia consumista de adquisición ostentosa de productos de lujo estridentes, constituyendo un terreno abonado para el islamismo.
Durante el último cuarto del siglo XX, los países árabes han invertido casi 1,5 billones de dólares para compras masivas de equipamientos militares sin poder dotarse de capacidad espacial, ni de capacidad nuclear ni de capacidad de proyección militar, tres elementos que condicionan la potencia militar. Generadores de jugosas «retrocomisiones», los contratos de armamento aparecen a veces sin relación con las necesidades reales de los países concernidos o con sus capacidades tecnológicas. Así, la aviación saudí, desde hace mucho tiempo, está en manos de los pilotos pakistaníes y la protección del espacio aéreo libio confiada a técnicos de Corea del Norte y sirios. Peor todavía, en dos ocasiones el arsenal de dos países árabes ha sido completamente destruido por sus propios proveedores, el de Libia por Francia durante la guerra de Chad (1984-1987) y el de Iraq por la coalición occidental, en 1990, después de la invasión de Kuwait por el iraquí Sadam Husein. Aunque las extravagancias se han reducido, pero no eliminado, las primeras inversiones del período 2007-2008 parecen más razonables.
Así, el rey Abdalá de Arabia Saudí decidió crear un millón de empleos construyendo seis centros económicos para atraer industrias diversificadas (7). King Abdullah City, en el mar Rojo, al norte de Jedah, que se concluirá a finales de 2008, con un puerto y todas las infraestructuras y conductos para atraer a 2.500 empresas y sus ejecutivos. El coste de este proyecto se estima en cerca de 400.000 millones de dólares. En vista de la experiencia anterior, el primer boom petrolero, donde el despilfarro y la mala gestión eran prácticas comunes, el nuevo maná petrolero parece mejor administrado. El deseo de preservar los recursos para las generaciones futuras está más presente, pero el principal handicap que sufre el mundo árabe es su falta total de críticas al hecho de su balcanización y su permanencia bajo la tutela estadounidense, dos elementos que obstaculizan su desarrollo en los proyectos de ámbito regional.
VI. La «Sharia compliance» o la rivalidad entre la City y Wall Street
La competencia es intensa entre los grandes centros financieros internacionales para absorber los excedentes de los ingresos del petróleo, especialmente entre la City de Londres y Wall Street (Nueva York), en particular los petrodólares procedentes de las petromonarquías, estimados en 1,5 billones de dólares en 2007. Tomando la delantera a sus rivales, los ingleses han lanzado dos emisiones de obligaciones del Estado «Sharia compliance», conformes con la legislación islámica que prohibe el préstamo con interés.
El nuevo orden internacional, tan celebrado desde el hundimiento del bloque comunista, es decir, desde el hundimiento del mundo bipolar a principios de los años 90, se basa en el «consenso de Washington», un concepto inventado en 1989 por el economista John Williamson para sustituir los reglamentos keynesianos vigentes desde el crash bursátil de 1929, con los seis nuevos parámetros de la globalización, a saber: restricción monetaria, rigurosidad fiscal, libre comercio, privatizaciones, desregulación y relanzamiento de la inversión privada. Por las buenas o por las malas, bajo los auspicios del Fondo Monetario Internacional (FMI), las políticas de «ajuste estructural» se han impuesto en un buen número de países en desarrollo para su adaptación a las nuevas reglas del juego, así como en la Unión Europea a través del «consenso de Bruselas». La versión elitista europea del «consenso de Washington» en realidad es un «consenso de Washington» agravado, porque asume todas las disposiciones neoliberales pero las aplica con todo su radicalismo, con ensañamiento, y sistematizando las privatizaciones o la política agraria común a pesar de las escaseces, así como con la imposición de un «criterio de convergencia» de la zona euro en materia de déficits públicos, fijando el límite en el 3% del PIB en lo que se refiere al déficit anual y el 60% del PIB para el déficit acumulado.
Pero por loables que fueran las intenciones del teórico estadounidense, esta política ultraliberal de transparencia no previó, sin embargo, las estrepitosas quiebras fraudulentas (Enron en Estados Unidos y Vivendi en Francia), los «delitos de iniciados» (utilización de información privilegiada para intervenir en los mercados bursátiles regulados, N. de T), como el escándalo de la firma aeronáutica franco-germana EADS, o la evaporación de los ingresos, como fue el caso de la firma petrolera estadounidense Halliburton en sus mercados en Iraq, o la crisis de las subprimes, cuya última ilustración ha sido el desprecio del principio de la libre empresa, la puesta bajo control federal, en el verano de 2008, de tres bancos de refinanciación del crédito inmobiliario, la primera en julio, el banco californiano Indymac, y las otras dos, Fannie Mae y Freddie Mac, en septiembre.
Uno de los principales prestamistas hipotecarios de EEUU, Indymac, ha enjugado sus pérdidas, del orden del 98% de sus activos, estimados en 32.000 millones de dólares, certificando la mayor quiebra bancaria estadounidense desde hace 24 años. Fannie y Freddie, engranajes esenciales de la industria de la vivienda en Estados Unidos, poseen o garantizan casi la mitad de los 12 billones de dólares de créditos inmobiliarios residenciales en curso en Estados Unidos.
El «consenso de Washington», por el contrario, sobre todo ha originado un sistema planetario articulado en torno a la criminalidad internacional.
Los comentaristas occidentales, durante mucho tiempo, se han mostrado discretos con respecto a este asunto, más dispuestos a denunciar el peligro islamista o el peligro amarillo después de haber denunciado tanto el peligro rojo. Según el Fondo Monetario Internacional, citado por el diario Le Monde el 23 de mayo de 2006, de 700.000 millones a 1,750 billones de euros circularían así entre los bancos, paraísos fiscales y centros financieros, a pesar del endurecimiento de las legislaciones y el aumento de los controles. Es decir, la importancia de los importes en juego y, en consecuencia, de los propios objetivos. Paraísos fiscales, zonas «offshore», flujos monetarios, capitales errantes y presupuestos aberrantes… Estos términos inocentes evocan, de entrada, la dulzura de vivir en una sociedad caracterizada por la abundancia financiera, la flexibilidad económica y la evasión fiscal. Es, de hecho, la cara odiosa de la globalización, el nuevo dogma de la libre empresa con su comitiva de desempleo, exclusión, corrupción, en una palabra, todos los ingredientes que gangrenan la vida política, minan las bases de las grandes y pequeñas potencias y hacen planear el riesgo de corrupción en las grandes y antiguas democracias. De los 57 paraísos fiscales, o los aberrantes países NEO contabilizados en todo el mundo, 38 enclaves presentan la característica singular de no disponer, o no facilitar, los datos cifrados de sus depósitos bancarios extranjeros. Entre estos enclaves podemos citar Aruba, ex colonia neerlandesa del Caribe hasta 1996, y la isla malasia de Labuan en el Pacífico, que alberga 21 bancos y once «trusts companies». Situados generalmente en las proximidades de las zonas del narcotráfico mundial, los países NEO se llaman así porque disponen en sus balanzas de pago de una cláusula NEO (Net Errors and omissions) que permite, por una astucia contable con el pretexto de los errores estadísticos resultantes de los desórdenes administrativos, encubrir la grave disfunción de su comercio.
Pero si es sano denunciar los peligros exteriores, sería igualmente saludable denunciar también los propios peligros internos: tráfico de drogas, de armas, prostitución, juego clandestino y extorsión constituyen las principales fuentes de los capitales ilegales; y esos tráficos diversos a veces consentidos, cuando no fomentados, por los Estados, generan anualmente 1,5 billones de dólares, es decir, el presupuesto de los 20 países de la Liga Árabe. Algo que no hacen a menudo los estados occidentales, únicamente obnubilados, de momento, por el «terrorismo islámico». Lo más gracioso de este asunto es que los fondos soberanos, aunque sean musulmanes en lo que se refiere a los de las petromonarquías, no dudaron en volar al auxilio de los grandes establecimientos estadounidenses en dificultades durante la crisis de las subprimes, sin que los beneficiarios de los préstamos hayan manifestado la menor reticencia al respecto.
VII. La principal contradicción del capitalismo occidental: del ultraliberalismo al patriotismo económico, al proteccionismo financiero y al intervencionismo estatal
El entusiasmo por los fondos soberanos ha sido tan repentino como sorprendente. El fenómeno no puede explicarse por su novedad, puesto que estas inversiones institucionales existen desde hace treinta años, sino por la necesidad de aprovisionar a los establecimientos prestigiosos en dificultades debido a una gestión arriesgada. No obstante, la admisión de los fondos se hace a regañadientes –haciendo de tripas corazón- como consecuencia de la evolución de las relaciones de fuerza dentro de las grandes operadoras financieras, especialmente el debilitamiento de Estados Unidos cuyo poder en la gestión de los negocios del mundo actualmente es relativo y no absoluto como en la década 1990-2000, un período en el que EEUU reinó como «amo del mundo» del nuevo orden internacional que siguió al hundimiento del bloque soviético.
Espectacular, pero no triunfal, la entrada de los fondos soberanos en el cenáculo de las finanzas internacionales, no se efectúa por la puerta grande, sino por la puerta trasera y pasando por el aro de los grandes amos de los negocios. Las condiciones impuestas a China para su entrada en el capital de Blackstone, la evicción del Emirato de Dubai en la gestión de los puertos estadounidenses o el discreto montaje armado por Francia para disponer de una minoría de bloqueo en las «obras del Atlántico» lo demuestran (8). Curiosamente, estas prevenciones y restricciones no se aplican a los fondos de la esfera occidental. Así, el conglomerado noruego GPFG dispone de un abanico de 4.000 sociedades para sus intervenciones en el mercado financiero mundial sin la más mínima dificultad más que las de las leyes del mercado y la libre competencia.
El comportamiento pusilánime, tanto de los estadounidenses como de los europeos, ha revelado, por repercusión, la inutilidad de los grandes principios que los occidentales forjaron para garantizar su dominación económica mundial. El principio de la libertad del comercio y la industria y el principio de la libertad de navegación, en el origen de la expansión occidental, ahora se esgrimen por los países del sur para conquistar los mercados de los grandes países industrializados, los cuales están condenados a librar, a golpes de argumentos proteccionistas (la protección del empleo, la estabilidad del tejido social), un combate en la retaguardia para contener este empuje. Ni los europeos ni los estadounidenses tenían este tipo de preocupaciones cuando se trataba de la colonización (forma primitiva de deslocalización), de la conquista física de los mercados exteriores para convertirlos en mercados cautivos, obligando a las poblaciones autóctonas a adoptar la forma de vida y los hábitos de consumo de los países occidentales. Para recordar: la guerra del opio que libraron los ingleses contra China en el siglo XIX para obligarla a abrirse a los productos ingleses, se hizo precisamente, en la época, en nombre del principio de la libertad del comercio, con su disfraz moral «la responsabilidad del hombre blanco» portador de la civilización frente a la barbarie de los pueblos «morenos».
El cambio estratégico de la geoeconomía mundial se reflejó en el terreno diplomático, por primera vez en los anales diplomáticos internacionales, en una cumbre china-africana en Pekín, en enero de 2007 y en otra cumbre india-africana que superaban la rivalidad tradicional entre países anglófonos (Commonwealth) y francófonos (Organización de la Francofonia), concretando la mayor brecha efectuada, tanto en el plano diplomático como económico, por China y la India en el antiguo coto vedado de las ex potencias coloniales europeas. Este cambio va acompañado, en el terreno de los medios de comunicación, por la ruptura del monopolio del discurso mediático, propiedad de los occidentales desde la invención de la comunicación moderna. Por primera vez en la historia, el monopolio del discurso mediático, propiedad exclusiva durante mucho tiempo de los países occidentales, está siendo demolido por los países del sur. La cadena transfronteriza árabe Al-Jazira, líder indiscutible de la información en la esfera árabe-musulmana, ha reforzado su supremacía con el lanzamiento, en noviembre de 2006, de una cadena anglófona en el espacio anglosajón con el fin de igualarse a las grandes cadenas occidentales. Como consecuencia de esta doble constatación, el monopolio de la decisión estratégica recobrado tras el hundimiento del bloque soviético por el núcleo atlantista –la famosa comunidad internacional constituida esencialmente por Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados anglosajones Canadá y Australia-, podría sustituirse, en un futuro cercano, por un nuevo multilateralismo o incluso por un «mundo no polarizado».
Cada vez se alzan más voces para planificar una mejor representatividad de los diversos continentes en los foros internacionales, especialmente en el Consejo de Seguridad de la ONU donde la Alianza Atlántica está representada por tres escaños con derecho de veto (Estados Unidos, Francia y Reino Unido), mientras que Asia, que representa a la mitad de la población del planeta y a tres potencias nucleares (China, India y Pakistán), sólo está representada por un único escaño; y el mundo musulmán, gran poseedor de capitales petroleros, y África, gran poseedora de reservas de materias primas, así como América Latina, no tienen derecho a voto.
VIII. El mensaje subliminal de los países occidentales al resto del mundo: sí a los capitales de los países extranjeros, no a sus emigrantes
Paradójicamente, este cambio también va acompañado, de la multiplicación de medidas restrictivas de carácter proteccionista en los países occidentales, en contradicción con la filosofía de la globalización. Se comprueba con la construcción de un muro de separación en la frontera entre México y Estados Unidos, el dispositivo presentado por Francia para detener la inmigración a la Unión Europea (plan Hortefeux) y la controversia con respecto a la «sharia compliance». Todo se percibe como si el mensaje subliminal de los países occidentales al resto del mundo se resumiese en esta fórmula: Sí a los capitales extranjeros, no a sus emigrantes.
Las finanzas islámicas se estiman en 750.000 millones de dólares (473.000 millones de euros) y alcanzarán el billón de dólares en 2010, según las estimaciones de Kuwait Finance House , el mayor banco de inversiones de los países del Golfo (9). El Center for Security Policy (CSP), famoso organismo de lobby internacional, ha lanzado una intensa campaña dirigida a disuadir a las instituciones internacionales de que recurran a la legislación islámica para la gestión de esos fondos, estigmatizando su origen geográfico, claramente la esfera musulmana. El CSP ha puesto en marcha una campaña victoriosa a favor de Boeing contra Airbus en el contrato del suministro al ejército del aire estadounidense de 179 aviones de nueva generación, un mercado de 35.000 millones de dólares. Asumiendo las reivindicaciones de Boeing , apoyado por el CSP, el Tribunal de cuentas de Estados Unidos (GOP) ha aceptado, el 18 de junio de 2008, el recurso de Boeing contra la designación de Northrop Grumman y su socio europeo EADS. El ataque del CSP que mezcla, sin duda voluntariamente, las finanzas islámicas y el Islam radical, ¿es un combate en la retaguardia o, al contrario, augura otra cruzada contra un nuevo eje del mal, éste financiero? Algunos comentaristas no dudan en comparar esta nueva batalla con la guerra fría cultural que llevó a cabo la CIA contra la ideología comunista en la época de la rivalidad soviética-estadounidense (1945-1990) y, haciendo una mezcla entre las finanzas islámicas y el Islam radical, pretenden recabar las sumas faraónicas de los fondos soberanos y administrarlos «a la americana» para preservar un modelo económico y social, así como una forma de actuar en el ámbito financiero, conforme al sistema estadounidense.
El CSP forma parte del rosario de organizaciones que gravitan alrededor del AIPACC, la principal formación del lobby judío en Estados Unidos. Próxima al Likud , la derecha israelí, participa de una trilogía que ha propulsado la temática del peligro islámico en el discurso oficial, político y mediático, estadounidense como sustituto del «peligro rojo» tras el hundimiento del bloque comunista. Las otras dos formaciones son la WINEP (Washington Institute For Near Policy) y la JINSA (Jewish Institute For National Security). Veintidós miembros de esas formaciones forman parte de los círculos dirigentes de la administración Bush jr: Richard Cheney, vicepresidente, John Bolton, ex embajador en la ONU, y Douglas Feith, ex subsecretario de Defensa, por JINSA; Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, y Richard Perle, ex subsecretario de Defensa, por WINEP, la influyente organización presidida por Martin Indyk, un estadounidense-australiano ex embajador de Estados Unidos en Israel (10).
Al transmitir sus tesis, el ex secretario de Estado Henry Kissinger preconizó la constitución de un cártel de los países industrializados frente a los países productores de petróleo con el fin de impedir la subida de los precios del crudo… como si el G7 no tuviera el control de los principales mecanismos de la economía mundial. Considerada inoportuna en el momento en que la quiebra bancaria estadounidense había alcanzado un límite que excede el total de la deuda pública de los cincuenta países africanos, la declaración de Kissinger, transmitida por el Herald Tribune el 20 de septiembre pasado, ha suscitado un auténtico clamor en los países del Tercer Mundo, especialmente irritados por el papel prescriptivo que se arroga Estados Unidos en su pretensión de regentar el mundo y maltratarlo por culpa de sus operadores financieros y el egoísmo de sus politólogos.
Sobrevenida a raíz de la puesta en marcha del proceso de neutralización a distancia de los proyectiles iraníes con la firma de un pacto de despliegue de misiles interceptores en Polonia, Chequia e Israel aprovechando el conflicto de Georgia en agosto de 2008, la declaración de Kissinger puso al Golfo Pérsico árabe bajo una viva tensión y a los aliados estadounidenses de la zona a la defensiva. Las petromonarquías que volaron en ayuda de la economía estadounidense en un principio, desde entonces han reconsiderado su posición al percibir la propuesta de la constitución de un cártel anti OPEP como una forma de chantaje disfrazado, y desde entonces, como una especie de respuesta sesgada, han dirigido preferentemente sus inversiones hacia los mercados asiáticos.
El coste real de la crisis inmobiliaria de 2007-2008 en todos sus segmentos (bancos, seguros, inmobiliarias e industria) y conexiones geográficas (Europa, Asia y América) se estima en 1,5 billones de dólares que la administración neoconservadora estadounidense se está dedicando a detener al final del mandato de George Bush para que el desastre económico de su hiper liberalismo no agrave un balance militar lamentable y convierta a George Bush en el peor presidente de Estados Unidos de la historia contemporánea.
En absoluto desalentado por el primer rechazo que le augura un mal lugar en la historia, George Bush jr, en efecto, se dedicó a inyectar a principios de octubre, a un mes del final de su mandato, 700.000 millones de dólares (550.000 millones de euros) para el rescate de los títulos problemáticos, un plan que se añade al reflotamiento de las empresas quebradas que se había decidido previamente (200.000 millones de dólares para los gigantes del préstamo inmobiliario, Fannie Mae y Freddie Mac, y 85.000 millones para el coloso de los seguros AIG). Casi un billón de dólares deberá salir en total de los bolsillos de los contribuyentes estadounidenses para reembolsar las sucias deudas de las instituciones financieras en lo que aparece como la mayor intervención gubernamental desde la «Gran depresión» de los años 30.
El salvamento de los establecimientos de crédito, con menosprecio de las leyes de la ortodoxia liberal, ciertamente justificado por el estado de la economía estadounidense, constituye una traición de la doctrina de Bush; hablando con propiedad, se trata de una apostasía que resuena como un insulto. Pero la mayor crisis económica de la era contemporánea ha confirmado, por sí misma, la hipocresía del dogma de la libre empresa que se revela, a fin de cuentas, como un principio selectivo y elitista del intervencionismo del Estado dirigido exclusivamente a «privatizar las ganancias y socializar las pérdidas», es decir, a hacer que las pérdidas de los especuladores capitalistas caigan sobre la colectividad nacional de los contribuyentes. No está de más señalar a este respecto el comportamiento contradictorio de Nicolas Sarkozy, un ansioso de la reglamentación intransigente que se muestra sorprendentemente pudoroso frente a la práctica de los «paracaídas dorados» (cantidades que se garantizan algunos directivos en sus contratos personales para el caso de ser despedidos o de tener que dejar la empresa, N. de T.) y prefiere confiar al MEDEF el cuidado de reglamentar la práctica de los «super bonos» que la corporación de la patronal francesa se concede a sí misma. Corresponde al lector ampliar su reflexión sobre este punto con una saludable meditación sobre los fundamentos morales del corpus doctrinal de los principios universales que gobiernan el mundo bajo el liderazgo occidental desde hace siglos.
En cualquier caso, la constatación es irrefutable: la inyección masiva de capitales de reflotamiento procedente de estados competidores y no amigos de las economías occidentales (China, India y Japón en Asia, así como Rusia y Oriente Medio) ha marcado quizás «el principio del fin del imperio estadounidense», según el acta levantada por Nouriel Roubini, profesor de Economía de la Universidad de Nueva York (11). Y a falta de una «guerra decisiva», es decir, una guerra que modificaría radicalmente la situación, a la manera de la derrota de Napoleón en Waterloo (1815) o la fundición nuclear de Hirosima y Nagasaki (Japón, Agosto de 1945), según la definición del autor de este concepto, el teórico de la estrategia moderna Carl Von Clausewitz, los avatares militares de Estados Unidos en Afganistán e Iraq y la quiebra del neocapitalismo de la era post soviética marcan, en todo caso, el final de cinco siglos de dominación absoluta de Occidente sobre el resto del planeta.
Notas:
* La expresión «geoeconomía» se usó por primera vez, en relación con estrategias aéreas, por George T. Rennes, profesor de la Universidad de Columbia, aunque la popularización del término se debe a Edward Luttwak quien, a finales de los 90, describió el nacimiento de un nuevo orden mundial en el que las armas y mecanismos económicos reemplazarían a las armas militares como instrumentos al servicio de los estados en su voluntad de poder y afirmación en el sistema u orden internacional. Más información: http://www.sem-wes.org/VIREM/cm41.doc
(1) Según el Pentágono, desde septiembre de 2001 a finales de diciembre de 2007, se asignaron 527.000 millones de dólares a la «guerra contra el terrorismo», de ellos 406.000 millones a la guerra de Iraq. Tras un informe del gabinete presupuestario del Congreso publicado en octubre de 2007, al que se refiere el diario Le Monde del 18 de junio, el Congreso ya había autorizado 602.000 millones de dólares de gastos para las operaciones militares en Iraq y Afganistán, el 70% sólo para Iraq. El presupuesto estadounidense dedicado a Defensa supone alrededor del 4,2% del PIB ( Le Monde, 18 de junio de 2008).
(2) «Non aux scénarios catastrophes», en Le Monde del 21 de marzo de 2008, por Eric le Boucher y Le Monde del 8 de abril de 2008.
(3) Informe sobre las inversiones mundiales en 2007, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el comercio y el desarrollo (CNUCED), suplemento Le Monde Economie, dosier materias primas, 16 de septiembre de 2008.
(4) «La République Démocratique du Congo tente d’empecher le pillage de ses ressources: Manoeuvres spéculatives dans un Katanga en pleine reconstruction», Colette Braeckmann en Le Monde Diplomatique, julio de 2008, así como el estudio de Raf Custers, investigador del «International Peace Information Service» (IPIS) de Anvers (Bélgica), «L’Afrique révise ses contrats Liniers», aparecido en el mismo periódico francés en la misma fecha.
(5) Principales fondos soberanos de inversión, según la clasificación establecida por el Deutsche Bank en septiembre de 2007:
Emiratos Árabes Unidos: Abu Dhabi Investment Authority (ADIA), 875.000 millones de dólares (594.000 millones de euros), creado en 1976.
Singapur: Government of Singapore Investment Corporation (GIC), 330.000 millones de dólares, creado en 1981.
Noruega: Government Pension Fund Global (GPFG), 322.000 millones de dólares, creado en 1990.
Arabia Saudí: diversos fondos por 300.000 millones de dólares.
Kuwait: Kuwait Investment Authority (KIA), 250.000 millones de dólares, creado en 1953.
China: China Investment Company Ltd (CIC), 200.000 millones de dólares, creado en 2007.
Otros fondos soberanos (capitales bajo mandato en miles de millones de dólares): Rusia (141), Qatar (50), Australia (49), Argelia (43), Estados Unidos (40), Brunei (30), Corea del sur (20), Kazakhstan (19), Malasia (18), Venezuela (16)… por un importe total de 2,123 billones de dólares.
(6) Libération, 16 de junio de 2008 «Le français Cegelec pourrait tomber dans le giron du Qatar» por Catherine Maussion: Cegelec cuenta con 26.000 trabajadores, presentes en una treintena de países e indica 3.000 millones de euros de volumen de negocios, exactamente mil millones menos que la mediática Alcatel, su antigua casa central. Nacida en 1913 y bautizada con su nombre actual en 1989, adquirida por Alcatel y después por Alsthom (1998), en 2001 se cedió a dos fondos: CDC Entreprises, filial de la Caisse des dépôts y la británica Charterhouse. El importe total de la transación Qatar-Cegelec fue alrededor de 1.600 millones de dólares.
(7) Le Monde, 14 de junio de 2006: «Le nouveau recyclage des pétrodollars» por Eric le Boucher.
(8) El gobierno francés decidió comprar un 9% del capital de las obras Aker Yards de Saint-Nazaire, más conocidas por su nombre primitivo «obras del Atlántico» con el fin de constituir «una minoría de bloqueo» conjunta con Alsthom que posee el 25% de Aker Yards France. El objetivo es doble: evitar una deslocalización de la única joya de la construcción naval francesa e impedir que el grupo coreano STX, que controla el 40% de la empresa central noruega Aker Yards, no venga a descuartizar las obras francesas y a deslocalizar la carga de trabajo hacia Asia. La operación se anunció en un comunicado del Elíseo sin avisar a la dirección de Aker Yards en Noruega. Como si tratar con un accionista que no tiene más que el 40% del capital eximiese de las negociaciones con el patrón operacional. Leer al respecto: «la participation de l’Etat Sarkozy, chef de chantier… naval», de Hervé Nathan, redactor jefe de Marianne 2-16 de junio de 2008.
(9) «Le Halal en quête d’une norme industrielle», por Carla Power, Courrier International N° 925, del 24 al 31 de julio de 2008.
(10) «Des avocats influents pour la cause d’Israël», por Joel Beinin, politólogo estadounidense, en el suplemento bimestral de Le Monde Diplomatique «Manière de Voir» N° 101 «Demain l’Amérique», octubre-noviembre de 2008.
(11) «Nouriel Roubini, l’économiste qui a prévu la crise» de Stephen Mihn (New York Times) reproducido en Le Courrier International N° 933, 14-24 de septiembre de 2008.
Original en francés: http://renenaba.blog.fr/2008/10/05/geo-aeacute-conomie-mondiale-un-basculement-strategique-4823850
Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.-