EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
| 15-10-2008 |
| Traducido por caty R. |
Al final de un psicodrama de una semana, el Congreso estadounidense adoptó, el viernes 3 de octubre, una ley que autoriza la inyección de 700.000 millones de dólares en la economía de EEUU con el fin de calmar la tempestad financiera y bursátil que ha acarreado la quiebra de trece bancos y compañías aseguradoras y de 700.000 hogares estadounidenses, debido a una gestión especulativa de los préstamos inmobiliarios, dañando la industria del automóvil con una caída de la producción de alrededor del 26% y hundiendo en la recesión a un buen número de países europeos, entre ellos Francia.
Presentamos las primeras enseñanzas de este cataclismo económico, tanto en lo que respecta a la posición de EEUU en el mundo como a la nueva configuración económica del planeta.
- El mensaje subliminal de los países occidentales al resto del mundo: sí a los capitales de los países extranjeros, no a sus emigrantes.
- Los avatares militares de Estados Unidos y la quiebra de neocapitalismo de la era post soviética certifican el final de cinco siglos de dominación absoluta de Occidente sobre el resto del mundo
Con el telón de fondo del devastado paisaje de la economía occidental, marcada por la quiebra estrepitosa de grandes y famosos establecimientos, tanto en Estados Unidos como en Europa, en 2008 se ha producido un cambio estratégico en la «geoeconomía» mundial con la recomposición de la «carte bancaire» (institución francesa encargada de dirigir el sistema interbancario, N. de T.) estadounidense, la entrada espectacular de fondos soberanos árabes o asiáticos en el capital de grandes sociedades estadounidenses o europeas y la afirmación, cada vez más marcada, de los grandes países del sur, las petromonarquías del Golfo y el Grupo BRIC (Brasil, India, China y Sudáfrica) como protagonistas de la escena mundial, hasta el punto de que se plantea la cuestión de la permanencia de la hegemonía mundial de Estados Unidos y la viabilidad de las estructuras internacionales, tanto financieras como políticas, establecidas a raíz de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), especialmente el Consejo de Seguridad de la ONU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como el G7, el grupo de los siete países más industrializados del mundo, creado después de la primera crisis del petróleo (1973).
La India, con la apropiación, a través del grupo Mittal, de la principal sociedad siderúrgica europea (Sacelor-Arcelor) y China, al convertirse en accionista de los mayores fondos de inversión estadounidenses, Blackstone, con un 10% -sin derecho a voto-, por un valor de 3.000 millones de dólares, en paralelo con el dominio de la Bolsa de Dubai y del Qatar Investment Authority (QIA), la mitad de la Bolsa de Londres, la participación en 2006 en el banco público ruso VTB y con el 5 % del capital del consorcio aerospacial franco-alemán EADS, han demostrado su vitalidad y su ambición de redefinir los contornos de la nueva economía mundial en vías de construcción.
I. La recomposición de la carta bancaria estadounidense
Esta conmoción ha llevado a los dirigentes de las finanzas internacionales, si no a pactar con sus rivales potenciales, al menos a moderar sus pretensiones, debido a la conjunción de cuatro factores acumulativos.
- El debilitamiento de la economía de EEUU a causa de los costes de las guerras de Iraq y Afganistán, calculados por el Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz en cerca de 3 billones de dólares (1).
- La gestión especulativa de los préstamos inmobiliarios estadounidenses y la consiguiente cascada de pérdidas, del orden de 945.000 millones de dólares, según un informe del FMI (2), de ellos 20.000 millones de dólares en bancos franceses: Crédit Agricole, Société Générale y Dexia (6.500 millones de euros), así como las filiales de CNCE: Caisse Nationale des Caisses d'epargne y Natexis-Nexity (6.000 millones de euros).
- La riqueza acumulada por los Estados petroleros gracias a la subida de los precios del crudo, estimada a finales de 2007 en 3,355 billones de dólares.
- El «colchón» organizado por los bancos centrales extranjeros en bonos del Tesoro estadounidense, del orden de 2,5 billones de dólares.
En este alborotado contexto económico, los capitales extranjeros han abierto una brecha considerable en un sistema bancario estadounidense en plena recomposición, sin olvidar, incluso, a ciertas joyas de Wall Street. Si JP Morgan ha conseguido librarse, no ha pasado lo mismo con otros tres grandes bancos inversores, Merryl Lynch y Lehman Brothers y Morgan Stanley. Confirmando su papel de depredador de las finanzas, JP Morgan subió al primer puesto de los bancos estadounidenses apropiándose, golpe a golpe en 2008, del banco Bear Stearns y de la Washington Mutual Bank, la caja de ahorros más importante del país, convirtiéndose así en el mayor banco estadounidense, con depósitos del orden de 900.000 millones de dólares, de los cuales 188.000 recuperaron a Washington Mutual. Pero los otros tres grandes bancos inversores de Wall Street -Merryl Lynch y Lehman Brothers y Morgan Stanley-, han pagado las consecuencias de esa gestión arriesgada de préstamos inmobiliarios aleatorios, igual que el mayor grupo de seguros de EEUU, AIG, rescatado por los pelos, antes del naufragio, por el gobierno estadounidense.
Lehman Brothers, tras una depreciación de casi 25.000 millones de dólares de sus activos, ha tenido que colocarse al amparo del capítulo 11 de la legislación financiera estadounidense, que habilita la protección de las empresas en quiebra, mientras que Morgan Stanley, para escapar de un destino mortal, se alió con Mitsubishi UJF, cediendo el 20% de sus acciones al gigante asiático por 9.000 millones de dólares. A Merryl Lynch, pura y simplemente, lo ha comprado el Banck of America.
Tercer banco de inversión del país y sin duda uno de los más afectados por la crisis financiera, con cerca de 40.000 millones de dólares de depreciación desde el comienzo de la crisis, Merryl Lynch ha tenido que pedir ayuda a Kuwait y Corea sur por 6.500 millones de dólares de acciones preferenciales, cediéndoles el 25% de participación. Incluso tuvo que ceder 8.000 millones de activos complementarios después de las pérdidas abismales del segundo trimestre de 2008 (del orden de 4.890 millones de dólares). Ya agobiado por 9.750 millones de depreciaciones suplementarias, se vio obligado a ceder activos una vez más, entre ellos su participación en Bloomberg y en la Financial Data Services, antes de que lo rescatara el Banck of America.
Por su parte, Citigroup, que hasta la crisis fue el primer banco de Estados Unidos, tuvo que pedir ayuda de los fondos soberanos de Kuwait y Singapur para cubrir las pérdidas de alrededor de 14.500 millones de dólares resultantes de inversiones desafortunadas en productos vinculados a los créditos «subprimes». El príncipe saudí Walid bin Talal, ya accionista del grupo, y la familia gobernante de Abu Dhabi, con una participación en el capital de alrededor de 7.500 millones, participaron en la operación de reflotamiento. En total, el banco recibió un respiro de 22.000 millones de fondos procedentes de Asia y Oriente Medio en 2008. Sin embargo, este malabarismo financiero le va a costar muy caro a Citigroup que deberá pagar 1.700 millones de dólares al año para pagar a los diferentes inversores que han participado en sus dos «recapitalizaciones» de urgencia. La primera, de 7.500 millones de dólares, anunciada en noviembre de 2007, se remunerará al 11%, es decir, 825 millones de dólares al año. La segunda, de 12.500 millones de dólares, al 9%, es decir, 875 millones de dólares al año.
En el caso de la segunda operación, las obligaciones no son transferibles durante los siete primeros años. Si alguno de los inversores no las convierte en acciones durante ese período habrán costado, por lo tanto, más de 6.100 millones de dólares a Citigroup. Por su parte, Wells Fargo absorbió el 3 de octubre a su rival, Wachovia, por un total de 15.100 millones de dólares (10.860 millones de euros). Wachovia, cuarto banco de Estados Unidos, estaba asolado por 42.000 millones en deudas. Una prueba de que se agrava la crisis, que ya ha arrojado a la calle a casi 700.000 familias estadounidenses, es que ahora los bancos de EEUU se muestran reticentes a lanzarse a operaciones de salvamento a falta de garantías financieras del Estado, el cual no desea implicarse más después de financiar la quiebra de trece establecimientos desde el principio de la crisis.
La tempestad tampoco ha perdonado a Europa, donde dos bancos ingleses han sido nacionalizados, Northern Rock y Bradford y Bingley, un fondo británico especializado en inmobiliarias, así como el banco belga-neerlandés Fortis, primer banco belga, segundo banco neerlandés y primer empleador privado de Bélgica. Fortis había adquirido hace exactamente un año el banco ABN, por la suma de 24.000 millones de euros, mientras que Francia y Bélgica se están dedicando a reflotar, con 6.500 millones de euros, a Dexia, el banco de financiación de los colectivos locales, y Natexis, filial de la Caisse d’Epargne francesa, está puesta en observación.
Lo más sorprendente es que esta afluencia masiva de dinero procedente de países situados en la esfera sospechosa de connivencia con el Islam radical ha detenido el clamor suscitado con ocasión de la adquisición por Dubai Port Authority (DPA) de la compañía británica de los ferrys P&O. La sociedad de Dubai propuso, por 6.800 millones de dólares, la compra de las actividades portuarias de la británica P&O, que tiene competencias para gestionar una decena de puertos estadounidenses, especialmente las terminales portuarias de mercancías, petróleo y pasajeros de Estados Unidos (Nueva Orleans, Miami y Nueva York). Chocó con el veto estadounidense en nombre de imperativos de seguridad vinculados a la guerra contra el terrorismo, a pesar de que Dubai es un aliado fiel de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.
La misma suerte, por otra parte, estaba reservada para el intento, en junio de 2005, de una sociedad china cotizada en Bolsa, CNOOC, pero controlada al 70% por el Estado chino, de adquirir por 18.500 millones de dólares la compañía petrolera estadounidense UNOCAL, ofreciendo más de 1.500 millones de dólares más que la estadounidense Chevron Texaco. Los parlamentarios de Estados Unidos también se opusieron alegando que semejante operación comprometería la seguridad de aprovisionamiento de energía de EEUU por parte de un país competidor que, por añadidura, se declara de ideología marxista.
En un año, el clima psicológico de los negocios ha cambiado radicalmente en el plano internacional cuando se piensa en la ironía mordaz que acompañó la incursión de la India en Mittal sobre Acelor o el veto impuesto por la administración estadounidense a la adquisición por el Emirato de Dubai de instalaciones portuarias en Estados Unidos. Todo el mundo ya hace malabarismos con soltura con las siglas de los fondos soberanos, mientras que hace poco el nombre de la inversora india Lackhmi Mittal fue despellejado sistemáticamente por los comentaristas mejor informados, que le atribuían los propósitos más siniestros. Sin embargo, como señal de la persistencia de una cierta altanería imperial, las inversiones árabes o asiáticas no van acompañadas de los derechos inherentes a la categoría de los accionistas, especialmente la participación en el poder de decisión. Así, China a raíz de su inversión en los fondos estadounidenses Blackstone, se ha comprometido, por escrito, a no disponer del derecho a voto a pesar de una aportación de 3.000 millones de dólares. Un compromiso injusto, contrario a las reglas de la ortodoxia liberal e inconcebible para cualquier inversor occidental en una empresa del Tercer Mundo.
La razón de este cambio se resume en esta simple ecuación: la dependencia energética de los países desarrollados ya es más evidente que en el pasado y choca con las necesidades crecientes en esta materia de los países emergentes de Asia, una competencia que explica y aclara, otra vez, las guerras de Afganistán (2001) e Iraq (2003), así como el último conflicto del Cáucaso entre Georgia y Rusia, en agosto de 2008. Si Rusia tiende al autoabastecimiento, la dependencia energética de los países occidentales es flagrante. Produciría el 25% del petróleo y consume el 45%, mientras que las reservas de hidrocarburos están concentradas en Asia (el 65% del petróleo y el 45% del gas). Oriente Medio posee dos tercios de las reservas de petróleo y un tercio de la de gas, del que Rusia posee el otro tercio. En esta configuración, la participación de empresas extranjeras llegó al 91,5 en Guinea Ecuatorial, 80,9 en Argentina, 75,8 en Indonesia y 73% en Angola; pero cero por ciento en Arabia Saudí y Kuwait (3).
II. Los objetivos de China
China, sin embargo, se conforma pero, ¿por cuánto tiempo? Parece que no le importa asumir las cláusulas restrictivas de seguridad, sino que parece más deseosa de buscar, no una ganancia inmediata, sino un objetivo a largo plazo:
- Una diversificación de las inversiones dirigida a ampliar los beneficios y la productividad en la gestión de las reservas. La participación de China en Blackstone, primera inversión china de amplitud en una empresa estadounidense de envergadura, efectivamente va a originar un cambio radical en la gestión de las reservas de cambio. Su objetivo es diversificar sus habituales emplazamientos en bonos del Tesoro estadounidense, de los que China es el segundo acreedor después de Japón. Inversiones seguras pero de rentabilidad limitada, mientras que los fondos ofrecen rendimientos más altos, aunque sean más arriesgados, a través de adquisición de empresas. El brazo armado financiero de China, la Sociedad de Inversiones del Estado (SIE) tendrá que gestionar 200.000 millones de dólares, es decir, un sexto de 1,2 billones acumulados por China gracias a sus excedentes. Blackstone, que cuenta con activos de 30.000 millones de dólares, es su primera inversión. Pekín ha decidido inspirarse en las experiencias exitosas en el extranjero del grupo financiero de Singapur, Temasek, que sirve de modelo a la SIE, con la ambición de ampliar los beneficios y la productividad en la gestión de las reservas.
- Una revalorización progresiva y mecánica del yuan, sin proceder a una revalorización formal de la moneda nacional china. Más allá del aspecto espectacular de la inversión china en Blackstone, las salidas de capital permitirán así una revalorización automática progresiva del yuan sin proceder a una revalorización directa de la moneda china, ya que ciertamente una revalorización no es interesante para China porque podría dañar su competitividad de precios y por lo tanto hipotecar en parte el crecimiento basado en las exportaciones.
- Finalmente, pero no el menor de los objetivos, la adquisición de una experiencia financiera de alto nivel en contacto con los gestores occidentales. La participación de China en fondos occidentales le permitirá acceder a una gestión sofisticada en materia de mecanismos financieros. Crear sociedades con los inversores financieros extranjeros equivale a una transferencia de tecnologías en la industria que China ha promovido para su desarrollo económico.
China, gran exportadora de productos manufacturados con un yuan subvalorado, en 2007 disponía de 1,330 billones de dólares resultantes de sus excedentes comerciales, un stock con una subida del 41% en un año. Además, la firma estadounidense Blackstone, a través de China Investment Corp (CIC), ha proporcionado a Chinalco 120.000 millones de dólares para reflotar Río Tinto, segundo grupo minero mundial, mientras que el Government of Singapore Investment Corp. (GIG), uno de los dos fondos soberanos de Singapur redujo, en 2007, el 25% de sus compras de obligaciones estadounidenses para dirigirlas hacia los bancos privados de EEUU.
A estas consideraciones económicas se añade un factor político de primer orden: la competencia entre China y Europa en África ha llevado a once países africanos productores de materias primas a revisar los contratos que los vinculan con las compañías explotadoras desde los años 90.
Es el caso de Liberia (contrato de hierro con Mittal), de Tanzania (aluminio), Zambia y Sudáfrica (platino y diamantes) especialmente. Siguiendo los pasos de los productores de petróleo, los Estados africanos quieren aprovechar el alza de los precios de las materias primas para hacer ajustes de los precios más en consonancia con las reglas del mercado. En esta lucha espectacular sobre los «auténticos precios», la punta de lanza es Joseph Kabila, el presidente de la República Democrática del Congo, un país en quiebra durante el reinado de Joseph Désiré Mobutu, protegido de los estadounidenses y los franceses, y actualmente un nuevo «El Dorado». En un gesto de una audacia sin precedentes, Kabila ha revisado por lo menos 61 contratos mineros. Este nuevo acuerdo pondría a China en una mejor posición en la batalla por el control de las fuentes de energía y explicaría su discreción en el avance capitalista, constituyendo un factor importante de recomposición de la geoeconomía mundial (4).
III. Los fondos soberanos o «Sovereing Wealth Fund»Los fondos soberanos se caracterizan porque los capitales están en manos de los Estados. Su objetivo es preparar el «post petróleo» y rentabilizar los excedentes presupuestarios por medio de participaciones en las empresas de todo el mundo. Los financieros occidentales argumentan que dichas estructuras alimentan los interrogantes en cuanto a un eventual intento de ejercer una influencia política en las empresas y estructuras extranjeras. Pero no es verdad, al contrario. Estados Unidos, en el origen de las guerras preventivas del siglo XXI, raramente se preocupa de los peligros o reticencias que su participación en las empresas de los países emergentes, y en general su comportamiento unilateral, suscitan en el Tercer Mundo.
Sin embargo, estos fondos no son desconocidos por los especialistas de las finanzas y su existencia es antigua. El primero se creó, en 1956, por un administrador colonial británico desde las islas Kiribati, al sur de Hawai. Para prevenir la era «post fosfatos», en los que el país era rico, estableció una tasa sobre las exportaciones de fertilizantes con el fin de utilizarlo en el futuro, cuando el recurso se agotase. Sabia precaución: los fondos de Kiribati gestionan actualmente 500 millones de dólares, casi nueve veces el PIB local. Los diamantes de Botswana nutren los fondos Pula, de 6.800 millones de dólares y el cobre de Chile abastece en esencia el fondo ESSF con unos 10.000 millones.
El primer shock petrolero de 1973 impulsó la creación de los primeros fondos soberanos en las petromonarquías del Golfo dirigidos a reciclar los «petrodólares». La zona asiática (China, China, India, Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Brunei) se puso en marcha, a su vez, en los años 2000 con el surgimiento de las «economías emergentes». Una cuarentena de fondos operan actualmente en el mundo, especialmente los fondos kuwaitíes, un pionero en el mundo árabe (1953), el Temasek Holdings, (Singapur) y la Abu Dhabi Investment Authority (1990), el Irán Oil Stabilisation Found y el Qatar Investment Authority (5).
IV. Las adquisiciones prestigiosas
Los fondos soberanos vienen en ayuda de una industria bancaria desestabilizada por la crisis de las subprimes, créditos hipotecarios de riesgo estadounidenses, que ya han costado 80.000 millones de dólares a los bancos (54.300 millones de euros). Dichos fondos gestionaron en 2007 un bote estimado en 3,355 billones de dólares, con una proyección del orden de 12-15 billones de dólares, su capacidad financiera prevista en 2015. Aunque van muy por delante de los Hedge Funds (fondos de cobertura, de 2 billones), están muy por detrás de las aseguradoras (15,2 billones), los fondos de inversión (21,7 billones) y los fondos de pensiones (22,6 billones).
Ya sea en Dubai, Qatar, China o Singapur, los fondos soberanos han aprovechado la crisis financiera para realizar espectaculares tomas de participación en diversas estructuras, como la célebre firma automovilística italiana Ferrari, en la que los fondos de Abu Dhabi poseen el 5 por ciento del capital, la distribuidora británica Sainsbury, o la cadena francesa de perfumerías Marionnaud, con 1.300 tiendas de perfumes y cosméticos, que ha sido adquirida por As Watson, propiedad del millonario chino Li Ka-Shing, por 900 millones de euros. Incluso una institución venerable como la Bolsa de Londres tampoco ha escapado a su apetito: así, la Bolsa de Dubai y la Qatar Investmen Autority (QIA) han adquirido conjuntamente la mitad de la Bolsa de Londres. La QIA, que controla la Bolsa de Dubai, fundada en el año 2000, gestiona 40.000 millones de dólares de activos.
La ambición de QIA es organizar una bolsa de dimensión internacional y de fuerte crecimiento fuera de Dubai, centro neurálgico del comercio regional que sin embargo no dispone de recursos petroleros. Como réplica, la Bolsa de Nueva York (NYSE/Euronext) adquirió, en junio de 2008, el 25% de la Bolsa de Doha por un valor de 160 millones de euros para la gestión, durante cinco años, de una cartera de valores cuya cotización representa 1.400 millones de euros. Qatar conservará el 75% del capital, así como 8 de los 11 escaños del consejo de administración de la Bolsa de Doha.
A. En Estados Unidos: dos joyas del parque inmobiliario de Nueva York ya están, desde ahora, dentro del saco de estos fondos:
- El General Motors Building, construido en 1968, que alberga el Apple Store de la Quinta Avenida, se ha vendido en junio de 2008 por 2.800 millones de dólares a un fondo estadounidense, Boston Properties, asociado con los inversores de Dubai, Kuwait y Qatar. El vendedor, el magnate neoyorquino de la inmobiliaria, Harry Macklowe, se encontró muy endeudado después de adquirir, en 2007, siete edificios por 7.000 millones de dólares, casi la totalidad de la suma en préstamos, en un momento en que el mercado todavía era floreciente. La crisis inmobiliaria ha aumentado todavía más su deuda.
- El Chrysler Building, buque insignia de la arquitectura Art Decó, construido entre 1928 y 1930, que fue brevemente la torre más alta del mundo antes de que lo destronase el Empire State Building, ha sido adquirido en un 75% por un fondo soberano de Abu Dhabi por 800 millones de dólares (514 millones de euros), según la prensa estadounidense.