La responsable de la cartera de Exteriores de la Comisión Europea, Benita Ferrero-Waldner, aprovechará su intervención hoy en Madrid en el Foro Nueva Economía para expresar su confianza en que Irlanda se sume al final al Tratado de Lisboa, según adelantó ayer en una entrevista con ABC. Austriaca casada con un español, esta veterana de la diplomacia internacional repasa esperanzada los últimos acontecimientos en Oriente Próximo.
-Mañana, un alto cargo de EE.UU. acompañará a Javier Solana a una reunión con el negociador nuclear iraní. ¿Es una victoria para la diplomacia europea?
-Es un paso muy importante, porque para los europeos la solución de la cuestión nuclear iraní pasa por la diplomacia. Hemos ofrecido a Irán un paquete de incentivos a cambio de más transparencia en su programa atómico, y ahora debemos apoyar a Javier Solana en las negociaciones. Espero que Irán entienda que ha recibido una oferta generosa y aproveche la oportunidad que se le brinda.
-En Oriente Próximo, la UE ha ofrecido ayuda a la Autoridad Nacional Palestina durante años. ¿Qué hemos obtenido a cambio?
-Bueno, sabemos que estos próximos seis meses son un reto para todos, porque es el plazo que establece el acuerdo de Anápolis para lograr un acuerdo político entre israelíes y palestinos. Y he de decir que hasta ahora no hemos observado grandes progresos en las negociaciones, aunque es verdad que éstas son confidenciales. Pero lo que más me preocupa es la situación sobre el terreno, que no ha cambiado. Vemos que los ciudadanos siguen sufriendo por el conflicto. Como sabe, la UE es el principal donante en la zona, y en la reciente conferencia de donantes de París hemos prometido 440 millones de euros para este año. Pero para ser honesta, no me vanaglorio de esta ayuda. Estaría muchísimo más satisfecha si pudiera utilizar este dinero para la construcción de nuevas infraestructuras y la capacitación profesional. Sin embargo, tenemos que destinarla todavía para que los palestinos puedan sobrevivir de una forma más o menos decente...
-Y para que no voten a Hamas...
-Lo hacemos por motivos humanitarios.
-¿Está contenta la Comisión con la Unión por el Mediterráneo? ¿Para qué todo esto si ya teníamos el Proceso de Barcelona?
-La cumbre de París ha sido un éxito indiscutible en cuanto a la participación y los resultados, un éxito para toda la UE. Las propuestas que presenté en su día en nombre de la Comisión y las conclusiones adoptadas en París recogen todas las aspiraciones de todos los gobiernos participantes. Y esto no ha sido fácil. Todos hemos estado de acuerdo en que el Mediterráneo merece todavía más atención. Barcelona ha puesto las bases durante trece años, pero esta cumbre ha dado un impulso político muy importante al proceso.
-La Unión se ha propuesto construir una autopista del Magreb, pero la frontera entre Marruecos y Argelia lleva años cerrada.
-Somos muy conscientes de que todavía hay cuestiones políticas difíciles. Las conocemos porque también eran obstáculos para ir más lejos en el Proceso de Barcelona. Pero la idea es que a través de estos grandes proyectos que benefician a todos, marroquíes, tunecinos y argelinos, la política pueda también avanzar.
-¿Dónde quiere la Comisión que esté el secretariado de la Unión por el Mediterráneo?
-No es nuestra decisión. Hay varias candidaturas. Sabemos que hay una que es Barcelona, que es buena, pero hay otras.
-¿Cuáles son las amenazas a las que se enfrenta Europa?
-Las amenazas son todas globales. Permanece en primer lugar la amenaza del terrorismo. Además, surgen nuevas amenazas como el cambio climático y la seguridad del abastecimiento energético, una cuestión que es central ahora para la cartera de Asuntos Exteriores. También debemos citar el alza en los precios de los alimentos, del petróleo y del gas.
-Rusia es un país clave para el abastecimiento energético europeo. ¿Qué puede hacer Europa con un país en el que se asesina a periodistas y disidentes?
-Acabamos de mantener una cumbre muy importante en Khanty-Mansiisk, Siberia, con el nuevo presidente ruso, Dmitri Medvedev. Queremos que Rusia sea un socio estratégico, que ya lo es, pero también un vecino constructivo. Rusia es un suministrador importante para Europa, pero no podemos olvidar que nosotros somos el primer mercado para ellos.-