Los tecnócratas, la tecnología –es decir, la tecnología como tal y las grandes corporaciones tecnológicas– así como la sociedad y la cultura en que actúa la tecnología, responden siempre necesariamente a una filosofía. Si la tecnología no quiere actuar desde la irresponsabilidad de caminar “ciegamente” en la historia, debe afrontar la responsabilidad de entrar en la reflexión metatecnológica y filosófica. ¿No sería mejor para la misma tecnología comprometerse organizadamente en hacer posible las filosofías para un mundo mejor? Esta semana, segundo debate sobre Tecnología, Sociedad y Cultura en la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión. Por Guillermo Armengol.