EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Las últimas declaraciones de Chávez, al presentar su informe anual ante la Asamblea Nacional, nos ubican ante dos guerras quizá imprevistas por la dirigencia del movimiento revolucionario.
La primera guerra es con la Oligarquía Colombiana. Chávez ha señalado que considerará dialogar nuevamente con el gobierno de Bogotá si éste admite la beligerancia del ELN y de las FARC. Ya el expresidente colombiano, Andrés Pastrana, ha puesto el grito en el cielo.
Esta guerra con la Colombia Oligárquica puede conducirnos a una guerra con Estados Unidos los cuales agredirían a la Revolución a través de la frontera y usando a las Fuerzas Militares colombianas.
Este es el escenario de la primera guerra.
La otra guerra es con el Vaticano, con la Iglesia Católica y, especialmente, con la Conferencia Episcopal y con la Compañía de Jesús, la cual, dicho sea de paso, es la que sibilinamente viene manejando los hilos de la trama conspirativa desde el 2007, con los auxilios de los servicios de inteligencia gringos y sionistas.
El escenario de la segunda guerra es el espíritu popular, es la consciencia de los venezolanos, es el sistema de creencias de la sociedad venezolana.
A decir verdad, el escenario de la segunda guerra es toda América, porque toda América fue sometida a la religión católica.
Guerras muy calientes ambas en las cuales todos los medios serán útiles, y todos los militantes deberán estar en condiciones de enfrentar sus exigencias.
Bien visto, el destino de la Revolución Bolivariana está sujeto a derrotar al gobierno de los oligarcas bogotanos y a abrir el abanico de creencias que la Teología de la Liberación puede aportar. Creencias entre las cuales es tan válida como las demás, la creencia de la no-creencia, es decir, la atea.
Nunca como antes ninguna Revolución se ha visto frente a frente con sus orígenes: la Oligarquía colombiana encarna, históricamente hablando, a la clase social que, aparentando patriotismo, liquidó el proyecto bolivariano de 1820; y, al mismo tiempo, el retorno del politeísmo de todos los pueblos sin nombre que habitaban América, y que fueron aplastados por el monoteísmo clerical y papal, ibérico y vaticano, foco de todo el oscurantismo que embargó al mundo desde la caída del Imperio Romano.
Dos guerras que son, realmente, la misma guerra: la guerra social entre dominantes y dominados…