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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Los deseos y la realidad

por Javier Ortiz
05
Ene 2008
05:30 

Son las 6:00 de la mañana. Me dispongo a afeitarme.

Enciendo la radio. Hago un barrido del dial. Casi todas las emisoras emiten programas rituales, propios de estas fechas blandengues. A falta de noticias, recalo en un coloquio religioso que por lo menos es en directo.

Uno de los participantes, que se confiesa periodista, afirma que está muy enfadado con los medios de comunicación porque –dice– sólo se ocupan de los aspectos lúdicos de la Navidad: de las fiestas, los regalos, las diversiones, las comilonas, los viajes, etcétera, olvidándose de lo que la Navidad es “en realidad”. “Porque la Navidad, en realidad, es una conmemoración hondamente religiosa”, proclama.

Despierta mi fervor de polemista infatigable. “No”, le respondo mentalmente, mientras me embadurno el cuello con espuma de afeitar. “En realidad, la Navidad actualmente es eso: los regalos, el consumismo y todo lo demás. Otra cosa es que a ti te parezca mal. Pero tus deseos no son más realidad que la realidad”.

Es una querencia típica también en el terreno de la política. “¿Socialista el PSOE? ¡El socialismo es otra cosa!”, suelta el uno. “¡La Unión Soviética nunca fue realmente comunista!”, clama el otro. “¡Los liberales de hoy en día no tienen nada que ver con el liberalismo de verdad!”, sentencia el de más allá. El ejercicio es el mismo: se decide que lo verdadero, lo realmente real, es lo proclamado en el plano de las ideas, de los ideales, y que, en la medida en que lo que sucede en la práctica no coincide con esos ideales, lo existente es falso, irreal, meramente aparente. Se invierten los términos: las ideas toman el lugar de lo real, y los hechos, el espacio de lo imaginario.

Pero la Historia no funciona así. Hay ideas que ayudan a poner en marcha determinados movimientos sociales, pero luego éstos siguen su propio rumbo, sin contar con el guión inicial.

La Historia carece de moral. Se limita a ser.

No tengo nada en contra de quienes se esfuerzan porque la realidad tome el rumbo de sus deseos. Yo también lo pretendo. Pero hemos de aceptar el limitado papel que juegan nuestros deseos. Incluso los más nobles.

O no: sobre todo los más nobles.-

Nota biográfica de Javier Ortiz

 

La carrera periodística de Javier Ortiz se inició en su ciudad natal, San Sebastián, cuando tenía 18 años. Asumió entonces la responsabilidad de diversas publicaciones clandestinas antifranquistas, lo que le dio experiencia, sobre todo, en detenciones y en cárceles. Exiliado en Francia, regresó a España –descontado otro paso por la cárcel, entre 1974 y 1975– a la muerte de Franco. En 1977, fundó la revista Saida, cuyos principales méritos fueron dos: ser secuestrada varias veces por orden ministerial y ver encarcelados a cinco de sus colaboradores, que asumieron generosamente la autoría de un artículo editorial suyo titulado «¡Viva la República!». Posteriormente se unió al grupo fundador del diario Liberación, en el que ejerció de redactor-jefe de la sección de Sociedad y de jefe de cierre. Aquel diario alternativo de izquierda duró muy poco. Un tanto harto de emociones fuertes, en 1985 entró a trabajar como redactor-jefe en la revista Mar, del Instituto Social de la Marina. En 1986 recibió el Premio Internacional de la FAO al mejor trabajo periodístico sobre comunidades marítimo-pesqueras por una serie de artículos sobre la comunidad de pescadores de El Palmar, en la Albufera de Valencia. En 1987 dimitió de su puesto en Mar para desarrollar el proyecto de una publicación turística crítica bilingüe (sic), llamada Mediterranean Magazine.

En ésas y en colaboraciones diversas con varias revistas estaba cuando Pedro J. Ramírez le invitó a sumarse al proyecto del diario El Mundo. Animado por el trabajo de denuncia de los GAL que Ramírez había hecho desde Diario16, se sumó gustosamente a la idea. Fue nombrado redactor-jefe. Al poco, empezó a publicar un billete diario, que firmaba con el seudónimo de Landrú. Un año después fue enviado a Bilbao para poner en marcha el primer proyecto de expansión de El Mundo. Allí estuvo hasta 1992, en que regresó a Madrid como subdirector y jefe de la Sección de Opinión. Desde entonces, simultaneó el desempeño de ese cargo con su labor como columnista, articulista, crítico y reportero ocasional, hasta el 1 de septiembre de 2000, fecha en que pidió y obtuvo una excedencia. En junio de 2004 alcanzó un acuerdo con El Mundo para rescindir definitivamente su relación laboral con el periódico, donde se mantiene como articulista y publica dos columnas por semana.

Es desde hace años comentarista en Radio Euskadi y desde mayo de 2004 también en ETB, la televisión pública vasca. Desde marzo de 2002 es asimismo director de la colección Foca, dentro del grupo editorial Akal.

Javier Ortiz tiene 57 años, tres hermanos vivos (Josemari, Antonio y Manuel), otros tres muertos (Curra, Bobi y Chiruca) y dos hijas.

Ha publicado siete libros: Matrimonio, maldito matrimonio (Ediciones B, 1991), Jamaica o muerte (Akal, 1994), El felipismo, de la A a la Z (Espasa, 1996), Diario de un resentido social (Talasa, 2001), Ibarretxe (La Esfera de los Libros, 2002), Repensar la Prensa (Editorial Debate, 2002, en colaboración con Enrique Gil Calvo y Manuel Revuelta) y Miradas sobre Euskadi (Alga, 2004, en colaboración con otros nueve ensayistas).

Ha sido también editor y coautor de diversas obras, entre las que destacan ¡Palestina existe! (Foca, 2002) y Washington contra el mundo (Foca, 2003).

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