EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Pretender que sólo hay una dirección y un sentido en la construcción de una sociedad no-capitalista es tanto como privilegiar el lugar de un observador y de un activista frente a las distintas ubicaciones que el entramado de la realidad produce.
No es verdad que el socialismo sólo se construye desde abajo: toda la historia del socialismo lo niega. No es verdad, asimismo, que el socialismo sólo se pueda construir desde arriba: toda la historia del capitalismo lo niega. Lo único que sabemos, hasta los momentos, es que una sociedad no-capitalista sólo es dable en la medida que el desarrollo de las fuerzas productivas –a nivel global- entren en contradicción con las relaciones de producción –a nivel local. Solamente sabemos eso.
Por eso es que las revoluciones sociales han producido sistemas no socialistas: porque no se ha agotado el desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo.
Pensar que tan sólo con “pensar el socialismo” se trataría tan sólo de instaurarlo es tanto como creerse que las Ideas rigen al mundo y a la realidad. Es el viejo esquema platónico: “la Idea del socialismo no es la realidad del socialismo porque ésta es una expresión corrompida de aquél”. Estamos, pues, frente a la versión posmoderna del idealismo, la vieja filosofía platónica.
Pero los fundadores del socialismo en la etapa de la Primera Internacional eran materialistas. Es decir, seguían más a Tales de Mileto, a Demócrito de Abdeba, y a toda la pléyade de filósofos materialistas del pensamiento humano.
Luego: el socialismo es una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo. De este último es de lo que se trata.
Reivindicar, pues, unilateralmente, un “socialismo desde abajo” es olvidar que el capitalismo, al menos en sus inicios, fue un “capitalismo desde abajo”. Es decir, las relaciones de producción burguesas fueron el resultado de los niveles de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad en un momento determinado.
Pasa por “socialismo desde abajo”, a decir verdad, el redescubrimiento del “capitalismo desde abajo”, que es, en la práctica, lo que hacen muchas corrientes altermundistas: están descubriendo el agua tibia.
Y, después de todo, lo que está en juego, entre otras cosas, es que desde abajo o desde arriba, hay una lógica Norte-Sur que discurre por la historia y por la geografía desde, al menos, el siglo XV de nuestra era. Esta lógica no se ha superado ni por asomo.
Todas las revoluciones sociales se han enfrentado, en menor o en mayor medida, a esa lógica de la dominación. Que, a su vez, tiene una vasta expresión en todos los facetas del acontecer social y humano.
Subsumidos en una cultura dada es bastante cuesta arriba pensar al margen de esa cultura y desde el punto de vista del observador imparcial. En nuestro caso, somos parte de la cultura ibérica que, desde el siglo XIX, es subsidiaria de la cultura anglosajona, y a ésta le ha convenido dominar el centro del mundo que es la Europa central: por eso buscó poner a pelear a rusos y a alemanes, a eslavos y a germanos. Esta es una constante de la historia europea del siglo XX.
Subsumidos, pues, en esa cultura, hacemos caso omiso, o, mejor dicho, suscribimos a pie juntillas, las calificaciones que esa cultura –la nuestra- hace de otras: la árabe, la musulmana, la india, la china, la japonesa, etc. El socialismo es tan sólo una expresión dentro de la cultura anglosajona-ibérica. Pero, ¿qué sabemos de China o de Japón? ¿O de la India? ¿O de los árabes? ¿Cómo esas civilizaciones han “entendido” el socialismo occidental? Y, a todas estas, ¿por qué no hay anarquistas en la India?
F.C.-