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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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CRONICA DE UNA AGRESION: LA DERECHA FASCISTA CONTRA AMERICA LATINA Y EL CARIBE (2)

A la otra vía le teme, porque le teme al ejemplo de la Revolución Cubana, le teme al poder del pueblo, le teme a Evo, un indio que llevado por los bolivianos al gobierno ha elevado como nunca antes la dignidad de nuestros pueblos originarios. Y le teme a Chávez, le teme al soldado que defiende la nación, que enarbola el sentimiento de Patria, no la Patria estrecha de los oligarcas, sino la Patria Grande que nos propusiera Bolívar.

Concluye su presentación Aznar con su mayor temor hacia las ideas que según él y a partir de su ignorancia, “…constituyen el ‘socialismo del siglo XXI’, heredero del que, en el siglo XX, generó miseria y opresión. Vemos con preocupación que esas ideas vuelven a renacer, incluso con el aval de procesos electorales”.

Esta cita es clave para entender que en ella se esboza el tercer planteamiento fascista: el temor a las ideas y el cuarto, su espíritu antidemocrático expresado en su pensamiento de que las elecciones dan aval a quien el pueblo elija.

En el primer capítulo titulado «América Latina y Occidente» se pretende hacer un diagnóstico necesario para la propuesta y se establece una aseveración aberrante que debemos conocer porque en tanto diagnóstico da las pautas de lo que somos según Aznar, “Occidente no es patrimonio de un pueblo. Ha tenido múltiples incorporaciones. Se ha expandido a lo largo de la historia. América Latina es el fruto histórico de esa expansión que comienza a finales del siglo XV, cuando los europeos llegan al nuevo continente y se inicia un proceso de fusión y mestizaje que no ha tenido parangón en la historia. A lo largo de más de tres siglos los pueblos originarios del continente se van fundiendo con los aportes humanos llegados del viejo continente. Pero lo más significativo es la incorporación de todas esas sociedades a la idea de Occidente, mediante la extensión del Cristianismo, que actúa como elemento transmisor de toda la tradición occidental del momento y como motor de incorporación de las sociedades americanas a Occidente”.

Por supuesto no se dice que esa “fusión” y que esa “incorporación a la idea de occidente” se hizo mediante la fuerza y la imposición y que la misma generó el mayor genocidio del que se recuerde en la historia, por cierto financiado, apoyado y bendecido por otros Borbón antepasados de Juan Carlos.

Más aún, la “tradición occidental del momento” que nos trajeron los españoles fue la del feudalismo más retrógrado de su época, incluso en comparación con la misma Europa.

Debe recordarse que ese año de 1492 cuando los europeos llegaron a nuestro continente, fue el mismo en que los reyes españoles expulsaron –en medio del mayor oscurantismo fundamentalista– a judíos y musulmanes de la península. Con ello expulsaron parte importante de los recursos humanos y financieros que propiciaban un revolucionario desarrollo capitalista, como ocurría en Inglaterra, Holanda y los países del norte de Europa. España quedó detenida en el feudalismo, en el atraso y la pobreza.

Eso fue lo que trajeron a nuestro continente y eso los sumió en su propia dependencia y en un rezago del que se pudieron empezar a reponer solamente casi cinco siglos después cuando fue sujeto de financiamiento alemán para colocarse en índices que le permitieran entrar a la Comunidad Europea. A la reina que propició esos cinco siglos de atraso la comenzaron a llamar «la Católica».

Continuamos el análisis del documento en su capítulo «¿Dónde estamos?»

Basta el estudio de algunos puntos para que entendamos hacia donde nos lleva la propuesta fascista. Con respecto al renacer de los pueblos originarios de nuestro continente que comienzan a cobrar un protagonismo necesario, después de cinco siglos de lucha y resistencia y que han llevado a que hoy tengamos al primer Presidente indígena en nuestra América, a Evo Morales dirigiendo los destinos del pueblo boliviano, Aznar lo interpreta como que «“El indigenismo empieza a ser para América Latina lo que el nacionalismo es a Europa. Resulta tan esclarecedor como preocupante contemplar sus analogías. Ambos cuestionan los Estados nacionales modernos que superaron el Antiguo Régimen con el constitucionalismo liberal del Siglo XIX. El indigenismo sustituye el concepto de ciudadano de una república por el de miembro de una comunidad étnica, al igual que el nacionalismo europeo busca fórmulas identitarias excluyentes. Los dos subordinan principios e instituciones liberales como la división de poderes, el mérito y capacidad, la igualdad ante la ley y el respeto por los derechos individuales, al logro de sus objetivos muy cercanos al totalitarismo”».

Aquí Aznar, además de pecar de ignorante, muestra su cara más cínica, usando el desorden para confundir. En primer lugar es evidente que en su vida jamás ha leído un documento del movimiento indígena latinoamericano. Ni siquiera en su expresión más radical, el zapatismo ha negado a los estados nacionales. El EZLN ha reivindicado su condición de mexicanos, pero han dicho que no quieren seguir siendo mexicanos de segunda ni de tercera, quieren ser mexicanos con igualdad de derechos y deberes. ¿Sabrá el señor Aznar que el Estado de Chiapas, en México, con un 35 % de población indígena tiene un PIB que representa menos de la cuarta parte del PIB, por ejemplo del estado de Nuevo León en el norte del país? Derecho tendrían a cuestionar a un Estado que nunca los ha tratado como iguales.

El Estado nacional se debe cuestionar en América Latina, pero por otras razones, en primer lugar porque no nos consultaron para poner los límites, estos respondieron a intereses coloniales que se decidieron en la capital de la metrópoli y, en segundo lugar porque al finalizar la Guerra de Independencia, las oligarquías se apropiaron de los estados nacionales para hacerlos excluyentes y para utilizar las riquezas naturales en beneficio mezquino de una minoría. Para defenderlo recurrieron a guerras fratricidas en defensa de esos límites coloniales que en determinados momentos de la Historia atentaban contra la expansión de sus riquezas o las de empresas transnacionales a las cuales servían.

En su beneficio nuestros pueblos lucharon y murieron. Las oligarquías transformaron a Chile en enemigo de Bolivia y de Perú; a Ecuador de Perú; a Bolivia de Paraguay a éste de Argentina y Brasil; a Colombia de Venezuela; a El Salvador de Honduras; a República Dominicana de Haití, por mencionar algunos. La fórmula siempre fue la misma, morían los pobres y se beneficiaban las oligarquías. Sí, debemos cuestionar los estados nacionales, pero para integrarnos, para unirnos bajo el ideal bolivariano, debemos abandonar esa soberanía fatua, para construir una supra soberanía que nos haga poderosos. Tal vez a eso le teme el señor Aznar.

Pero el colmo de su desfachatez es cuando pretende comparar al movimiento indígena latinoamericano con el nacionalismo fascista europeo.

Pero, ¿no es acaso el nacionalismo una expresión xenófoba y racista de la derecha europea, de partidos políticos como su autodenominado Partido Popular que pretenden aliarse a ideas tan reaccionarias que hasta ellos mismos se han visto obligados a evitar?

¿Acaso Aznar no era aliado de Berlusconi y de Le Pen y acaso no había autodenominados partidos populares aliados de los neo nazis Jorg Haider en Austria y Vladimir Zhirinovsky en Rusia quienes pretendieron llegar al gobierno con programas de rechazo a los inmigrantes y persecuciones a las minorías religiosas y de orientación sexual?

¡Cómo puede ahora expresar su repudio y compararlos con nuestros nobles pueblos originarios algunos de los cuales en el siglo XV cuando llegaron los bárbaros europeos a nuestras tierras, tenían civilizaciones más adelantadas en ciencia, tecnología, agricultura, riego, astronomía, matemáticas y medicina que las que existían en Europa!

Los pueblos indígenas no quieren sustituir el concepto de ciudadanos, sencillamente porque no pueden sustituir algo que nunca han sido. El colonialismo y el neocolonialismo, y más recientemente los gobiernos neoliberales les han negado su condición de ciudadanos, los han excluido, los han tratado como animales, todavía hoy un neoliberal político boliviano, seguramente militante de algún autodenominado partido popular ha tratado al Presidente Evo Morales con un epíteto que niega su carácter de ciudadano. Queremos construir una ciudadanía diferente, la que nos propuso Bolívar, en la que todos somos iguales ante la ley, no sólo en deberes, también en derechos. Es todo lo contrario de lo que proponen los autodenominados partidos populares en Europa que enarbolan el nacionalismo para defender sus putrefactas sociedades construidas sobre la base de la explotación de nuestros pueblos y la expoliación de nuestros recursos durante tres siglos de colonialismo dirigido por los antepasados de Juan Carlos.

Y continúa Aznar su análisis de «¿Dónde estamos?»: “Esa aversión común es la que aglutina a la izquierda que fracasó en mayo del 68 y a la que se le vinieron encima los cascotes del Muro de Berlín; a los intelectuales que jalearon (sic) el comunismo y hoy ven con complacencia la pulsión anti-occidental del islamismo yihadista; a los antiglobalizadores altermundialistas del más distinto pelaje y a las distintas manifestaciones de indigenismo, populismo y fanatismo religioso. Todos los que forman parte de esta alianza, difusa pero operativa, creen ver en ella una oportunidad de acrecentar su influencia y debilitar a su enemigo común: Occidente. Para ello no dudan en aliarse los más extraños compañeros de viaje, lo que explica la creciente cercanía y coordinación entre todos estos elementos y el islamismo”.

Se ve que Aznar no sabe dónde está. Sus temores son expresión de ello. ¿Por qué le teme al acercamiento de los pueblos del mundo? Cree ver una alianza contra Occidente, como si el conflicto fuera todavía este-oeste o tal vez quisiera con su retórica que esa fuera la contradicción y que la lucha de civilizaciones que enarbolara Huntington genere las condiciones óptimas para justificar las agresiones y las invasiones a los países que poseen grandes reservas en energía, petróleo, gas y agua.

El conflicto no es este-oeste, el conflicto es norte-sur y por eso hoy se fortalece el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 15 y otros mecanismos de acercamiento de los países del sur que a pesar de su diversidad van encontrando esquemas de unidad y lucha contra el enemigo común el imperio estadounidense y el fascismo europeo encarnado en Aznar y en los autodenominados partidos populares y demócrata cristianos.

Aznar y sus acólitos estudian las «Bases ideológicas y estratégicas del populismo». Así llama a la corriente de movimientos políticos, populares y sociales que han irrumpido en la realidad política de América Latina para oponerse a los dictámenes neoliberales. Comienza diciendo: “Durante los años 70 en América Latina se enfrentaron a una izquierda violenta y revolucionaria, inspirada por la Unión Soviética, y unas dictaduras con tintes caudillistas y nacionalistas. Todo ello provocó un círculo vicioso de acción-reacción, que era justamente lo que el marxismo-leninismo latinoamericano buscaba, para así justificar el terrorismo como una respuesta armada legítima a la represión, generalmente brutal, de los regímenes militares” .

¿Es que Aznar piensa que al fascismo se le enfrenta solamente por medios pacíficos? Que pregunte si eso es así a los europeos que tuvieron que entregar millones de vidas valiosas para librarse del fascismo, del nazismo y del falangismo. O es que con esto pretende olvidar la gloriosa lucha del pueblo español en defensa de la república. Tal vez intente defender la memoria de su “padre”, Francisco Franco, –padre también y único elector de Juan Carlos–, quien sí se hacía llamar El Caudillo . Es totalmente justificable el legítimo derecho a la defensa frente a la tiranía recogido en casi todas las constituciones del mundo y consagrado hasta por Santo Tomás de Aquino, los pueblos dignos –palabra que él desconoce– se vieron obligados a usar todas las formas de lucha para liberarse del yugo fascista con quien Aznar manifiesta hoy identidad. Es su quinta manifestación de defensa del fascismo.

En ese mismo capítulo el documento de FAES expresa: “El nacionalismo populista encuentra su razón de ser en la existencia del enemigo exterior, hacia quien desvía la atención de sus fracasos. El imperialismo, los Estados Unidos, los organismos financieros internacionales y las multinacionales son los chivos expiatorios preferidos del populista latinoamericano”.

Esta idea, parece cercana al discurso de Zapatero cuando en la Cumbre de Santiago de Chile afirmó que un país nunca podrá avanzar si busca justificaciones de que alguien desde fuera impide su progreso. Coincidencias, sólo coincidencias.

Sobre Venezuela Aznar se permite opinar y debemos tomar nota de la particular apreciación que hace de la Cuarta República como ejemplo de democracia, El caso de Venezuela es quizás el máximo paradigma de esa situación. Tras varias dictaduras, Venezuela accedió a una democracia plena que podía contarse entre las avanzadas del mundo libre. Su Constitución de 1961 era un modelo de arquitectura institucional. Dos partidos políticos homologados internacionalmente, la Acción Democrática socialdemócrata y el democristiano COPEI, se alternaban en el poder, con un Parlamento bicameral verdaderamente plural.

El deterioro institucional, la ineficacia en la gestión y las altas dosis de corrupción provocaron el colapso de la credibilidad de los políticos turnantes (sic), lo que se llevó por delante al mismo sistema.”

“Democracia plena”, “arquitectura institucional”, “parlamento verdaderamente plural”, ¿qué es eso?, ¿de qué habla?

Pensará que somos estúpidos o desmemoriados. Será que los conceptos que enarbola como ejemplo de democracia significan 70% de pobreza, una empresa petrolera controlada desde el norte, niveles de salud y educación solamente comparados con los de los países más pobres del mundo en el quinto mayor exportador de petróleo y –lo dicen los FAEScistas– en su documento “Deterioro institucional, la ineficacia en la gestión y las altas dosis de corrupción”. ¿Cómo puede haber democracia plena en estas condiciones? Es una contradicción no resuelta por el capitalismo porque la democracia es intrínseca con la participación y si no hay participación no hay democracia a secas, mucho menos plena. No, volver al pasado no es la receta para Venezuela.

En el capítulo que llaman la «Alianza anti sistema» Aznar se traga –con gusto– todo el discurso antiterrorista de Estados Unidos y asume cómo válidos los argumentos para la intervención militar en el continente como lo han denunciado voceros autorizados de las Fuerzas Armadas de Brasil y de Argentina. En este sentido se plantea que “la llamada Triple Frontera, el territorio entre Argentina, Brasil y Paraguay, es un territorio de difícil control por los Estados. En los últimos años ha aumentado la inquietud por las actividades en esta zona de grupos islamistas que defienden el terrorismo. La Triple Frontera, en la que se asienta una considerable población musulmana, ha sido desde años un centro neurálgico de financiación de grupos terroristas islámicos, como lo es para el consumo ilícito de armas, el narcotráfico o el contrabando”.

No señor Aznar: no es de difícil control de los Estados, es de permanente control de los gobiernos de Argentina, de Brasil, de Paraguay y de sus Fuerzas Armadas. Tal como en Irak, donde inventaron armas atómicas que no existían, Aznar se posesiona de la falacia gringa que pretende controlar el acuífero guaraní, la mayor reserva de agua del mundo y la Amazonía, la mayor reserva de oxígeno. En internet han circulado mapas de la Amazonía, para la enseñanza de geografía a los niños estadounidenses, en los que aparece una importante porción del territorio sudamericano sin soberanía. Así como no encontraron armas atómicas en Irak, tampoco han encontrado “células terroristas” en la Triple Frontera. Esto sólo cabe en las mentes intervencionistas del Departamento de Estado y del Pentágono a quien Aznar sirve desde Europa.

A partir de aquí se adentra en el tema internacional y de manera particular en el de las relaciones internacionales y no escatima palabras para expresar sus temores imperiales: “El lanzamiento de la extravagante Área Bolivariana de las Américas (sic), con Cuba y Bolivia, como alternativa al ALCA, es otra maniobra que daña posibles avances integradores en el ámbito comercial” .

Por supuesto para ellos la integración debe ser casi exclusivamente comercial, sobre todo con políticas de apertura para nosotros y proteccionistas para ellos. Como si la equidad no fuera absolutamente contradictoria al mercado. Aquí expresa una vez más sus temores, le teme a Bolívar, y al modelo de integración que nos legó, precisamente después de derrotar a los españoles cuyo jefe máximo era un antepasado de Juan Carlos. Aquí nuevamente muestra su desconocimiento de la historia cuando afirma “La integración regional de América Latina es una aspiración que arranca del mismo momento de las independencias. Las monarquías ibéricas dieron a América una unidad de la que carecía antes, aportando vínculos institucionales y culturales que han mantenido las distintas naciones latinoamericanas hasta hoy. Los procesos de construcción nacional de los diferentes Estados, que fueron acompañados de una fuerte afirmación patriótica, no llegaron a enterrar por completo la herencia común ni el anhelo de la unidad americana”

Se equivoca Aznar al hablar en plural, de las monarquías ibéricas, la colonización portuguesa si dio una unidad – a su manera, pero unidad al fin– de la que América, nuestro continente carecía, pero no la española. Por eso hay un solo y gran país de habla portuguesa mientras que los colonizados por España somos más de veinte. Deben recordar los faescistas que el origen de las luchas de independencia en su primera fase se hizo para lograr la libertad de comercio que la corona (los antepasados de Juan Carlos) impedía, ese es el resultado de que tengamos un continente fraccionado.

Y si estos estados mantuvieron una “fuerte afirmación patriótica” y , “no llegaron a enterrar por completo la herencia común ni el anhelo de la unidad americana” no fue por el legado colonial europeo, fue porque a pesar de la intención de las oligarquías de borrar todo vestigio de ideal bolivariano, el sentimiento de unidad se mantuvo a través de casi dos siglos y es precisamente el que renace hoy en varias latitudes del continente hecho gobierno y hecho pueblo en el poder.

Aznar se atreve a plantear su idea de integración para América Latina, aconseja “la creación de una institución nueva, que a imagen de la OCDE, heredera de la OECE que surgió de la cooperación entre Estados Unidos y Europa en la inmediata posguerra, debería ser capaz de canalizar la ayuda y orientar las políticas..

Esta Organización Latinoamericana de Cooperación Económica, sin contener elementos de supranacionalidad políticamente inasumibles ni caer en burocracias clientelares y parasitarias, sería un instrumento para reforzar la institucionalidad y la seguridad jurídica en la región”

El ex Presidente del estado español nos propone que copiemos a Europa, pero parcialmente. Nos dice que hagamos una instancia estrictamente económica y que a diferencia del viejo continente, no generemos elementos de supranacionalidad, o sea libre circulación de mercancías –léase apertura de mercados– pero que no se nos ocurra avanzar hacia la unidad, hacia la creación de la nacionalidad latinoamericana y caribeña que nos haría fuertes en el escenario internacional. En otras palabras, intégrense para que hagamos un gran mercado en el que Estados Unidos y Europa puedan entrar fácilmente, pero nada más. Sólo le faltó proponer que Juan Carlos podría ser nuevamente nuestro rey. Pareciera que los redactores de este libelo, entre los que se incluyen Leopoldo López y Julio Borges nunca hubieran leído los escritos del Libertador.

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