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Hay españoles que desconocen lo que les ocurrió en Ayacucho hace más de 180 años
CRONICA DE UNA AGRESION: LA DERECHA FASCISTA CONTRA AMERICA LATINA Y EL CARIBE
Altercom*
Sergio Rodríguez Gelfenstein*25 de noviembre de 2007
Nada fue casual. No fue un impulso del momento lo que llevó a Juan Carlos de Borbón a salirse de sus casillas ante los certeros y justos planteamientos del Presidente Chávez durante la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. Ni tampoco fue gratis la reacción del Presidente español Rodríguez Zapatero. Buscaba en el escenario internacional el oxígeno político que necesita en el contexto político de su país ante el acoso del partido franquista –llamado impúdicamente Partido Popular.
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Pareciera que Rodríguez Zapatero –a diferencia de Juan Carlos- tiene algo de vergüenza y ya el domingo 11 declaró que "las relaciones con Venezuela no se verán afectadas”. Pero, si pensó que los autodenominados populares le iban a dar descanso porque –por primera vez desde que empezó su gobierno- Aznar lo llamó por teléfono para agradecer su defensa, se equivocó, ya que sin tregua alguna el secretario de comunicación de ese partido, Gabriel Elgorriaga, aseguró que el incidente ha sido consecuencia "de la imprevisión, de la negligencia y de la falta de capacidad de actuación" del Presidente Zapatero.
En todo caso, podemos confirmar que nada fue casual cuando para analizar en su dimensión real los acontecimientos recurrimos a la historia y a los hechos que siempre dan la luz necesaria.
Ya en 2001, antes de que Vicente Fox cumpliera su primer año como Presidente de México, José María Aznar, entonces Presidente del estado español, buscó una alianza estratégica con el ex gerente general de la Coca-Cola mexicana y su partido Acción Nacional (PAN).
Así, en noviembre de ese año se celebró en Ciudad de México una reunión en la que los partidos de orientación demócrata cristiana (DC) y los autodenominados “populares” (PP), se fusionaron con otras organizaciones de derecha para crear la «Internacional Demócrata de Centro», sin abandonar su apelativo de demócrata cristiano. Esta reunión trataba de insertarse en una tendencia mundial de las posguerra fría orientada hacia un desdibujamiento de las ideologías que llevó a que la mayor parte de los partidos del sistema se comenzaron a autocalificar como de “centro”. En la búsqueda de la cohesión paralizadora y desideologizada, ya nadie asumía posiciones políticas de principios por lo cual ahora tanto la izquierda como la derecha eran de centro. Algunos años antes Fukuyama había predicho el “fin de la historia” .
En 1999 se habían producido reajustes programáticos y organizativos cuando los autodenominados partidos populares unidos con la democracia cristiana (DC) crearon la «Internacional Demócrata Cristiana y Popular» (IDC). De esta forma, se producía en los hechos y de manera pública, una definición que ubicaba a la DC en la derecha, abandonando de manera radical su slogan de origen, cual era la opción por los pobres y su orientación progresista.
Con esta decisión, estos partidos buscaban alejarse –por lo menos en la forma– de su carácter conservador y democratacristiano siguiendo las directrices que ya Aznar había dado a su autodenominado PP.
Así mismo, este desplazamiento hacia el centro los debería un arreglo táctico que les permitiera insertarse en sectores sociales donde no habían podido llegar y en los que campeaban partidos también de centro, pero a la “izquierda” vinculados a la Internacional Socialista (IS).
Debemos recordar que en América Latina se identificaban como DC, el partido de ese nombre liderado por Eduardo Frei Montalva, artífice y promotor del golpe de estado contra Salvador Allende; y en El Salvador y Guatemala aquéllos que dirigidos por José Napoleón Duarte y Vinicio Cerezo gobernaron en medio de las peores violaciones a los derechos humanos. Asimismo, en Venezuela, el Partido Social Cristiano COPEI, adhirió a esta corriente ideológica y formó parte del funesto sistema bipartidista de la Cuarta República.
En la reunión de Ciudad de México, con el apoyo de Fox y el PAN, Aznar cobró el protagonismo que deseaba y clavó sus pezuñas en lo que denominaba un área estratégica para irradiar su idea de recuperación y fortalecimiento del espacio hispanoamericano. A España le cabría el papel de articulador de políticas entre la Comunidad Europea y Estados Unidos hacia América Latina, en bien de defender a Occidente de “ideas totalitarias y ajenas”.
El contexto de la reunión –realizada dos meses después de los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York– hizo que estos partidos se “compraran” de manera íntegra el discurso estadounidense de lucha contra el terrorismo, transformándose en paladines del sostén la unipolaridad que Estados Unidos le impuso al mundo a partir de ese momento.
Claro, Aznar había ideado este cargo de Presidente de la IDC, con la intención de renunciar a postularse a la reelección como Presidente del Estado español en 2004, en su afán de aspirar a encabezar la Comisión Europea. No ocurrió ninguna de las dos cosas. Cuando se dio cuenta que no tenía posibilidades de obtener el cargo europeo, optó por lanzarse nuevamente a la candidatura presidencial y perdió en marzo de 2004 –mentira por medio– al tratar de engañar al pueblo español sobre el origen de los atentados terroristas de Madrid unos días antes de los comicios.
Es indesmentible la participación de Bush y de Aznar, de los gobiernos de Estados Unidos y de España en el golpe de estado de abril de 2002 en Venezuela, tal como fue reconocido y revelado por el ministro de Relaciones Exteriores del estado español primero en un programa de televisión y posteriormente en la Cámara de Diputados..
Pero, una vez que el pueblo venezolano derrotó esa intentona y posteriormente el sabotaje petrolero de fines de 2002 y comienzos de 2003, el imperialismo y el fascismo se dieron a la tarea de buscar nuevas opciones para debilitar y, en última instancia, derrocar al gobierno del Presidente Chávez. Con ello se pretendía echar atrás el proceso de transformaciones que vive América Latina y el Caribe que apunta hacia la construcción de un bloque de naciones independientes, soberanas y autónomas que unidas puedan luchar por un futuro mejor para sus pueblos, que tengan mayor voz y fuerza para lograr espacio de actuación en el agresivo escenario internacional unipolar instaurado por Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001.
Este es el contexto que lleva a José María Aznar a buscar refugio en Bush, a quien acude para cobrar su deuda por el apoyo prestado a la cruzada iniciada por Estados Unidos y Gran Bretaña en Irak y en la que España participa como socio menor. Ahora se trataba de iniciar su cruzada fascista por el mundo para salvaguardar las ideas de la extrema derecha fundamentalista y retrógrada que veía que grandes sectores políticos, sociales y populares se comenzaban a movilizar en todas las latitudes a favor de la paz y de la preservación de la vida en el planeta.
En noviembre de 2002 Aznar había creado la Fundación de Análisis y Estudios Sociales (FAES), de la cual se erige –no elige– como Presidente en la directiva que incluye a los más importantes dirigentes del autodenominado Partido Popular y para dar una imagen de “amplitud democrática y de consensos” . También es llamado a formar parte del patronato el dirigente socialista Miguel Boyer, ministro en el gobierno de Felipe González. En noviembre de 2002 ya el “socialista” Boyer exponía que estaba “impresionado de la eficacia, no sólo económica, de la política del PP como Gobierno y como partido” y agregaba que la FAES sería su nueva casa. Ésta, se proponía ser “laboratorio de ideas y fuente de iniciativas que sirvan de base a la acción del partido.”
Aznar y su Fundación se volcaron hacia América Latina. FAES le daba un espacio de acción política con el que “guardaba las formas” para su injerencia en tanto ejercía, “elegido por el pueblo español,” como Presidente del Estado.
Encontró en el Partido Acción Nacional y en el Presidente mexicano Vicente Fox su principal aliado para tratar de impedir la marea que amenazaba tsunami de autonomía de los pueblos de la región. Fueron derrotados de manera contundente en Mar del Plata y con ello fue desechada la posibilidad de establecer Acuerdo de Libre Comercio de América Latina para siempre. Ahora, la tarea de las tareas consistía en dividir los pueblos del continente, apostando a establecer Tratados de Libre Comercio bilaterales o subregionales que impidieran desarrollar los mecanismos de integración y unidad no hegemónica que se comenzaban a gestar entre nuestros países.
En este año, 2007, Aznar elabora y publica una propuesta política para nuestro continente titulada “América Latina, una agenda de libertad”. Realizar un estudio de este manifiesto fascista para América Latina parece necesario, pero llevaría muchas cuartillas. Para objetos de este artículo, nos limitaremos a recrear algunos elementos válidos para el análisis.
En la presentación elaborada por el mismo José María Aznar se trazan elementos que nos permiten entender su actuación y la de sus adláteres en el continente y tal vez nos dé pautas para comprender los hechos generados por la delegación española en la Cumbre de Chile.
Aznar establece que Occidente “ha sido la cuna de los valores que han permitido los mayores avances de la humanidad” y afirma que éstos “son valores universales”. Así, se empieza a comprender el porqué de su animadversión hacia el mundo musulmán y Asia, cunas de las mayores civilizaciones del planeta muchos milenios antes de que Occidente jugara un papel relevante en la historia de la Humanidad. Se debe haber inspirado en el amplio bagaje intelectual del Presidente Bush, quien se refirió a Bagdad como un “oscuro rincón del planeta”, desconociendo el rol de la antigua Mesopotamia en el desarrollo de las ciencias y la cultura y como un centro civilizatorio de importancia trascendental en la modernidad.
Pero según Aznar, “…lamentablemente, hay quienes rechazan esos valores y están dispuestos a acabar con ellos” y agrega que “…es la vieja lucha entre la civilización y la barbarie” . Aquí se comienza a esbozar el espíritu racista del documento que nos permite ir encontrando nuestras profundas diferencias con el mismo. Es el primer argumento fascista.
La explicación con que pretende insertar a América Latina en su falsa lógica civilizatoria está sustentada en su localización geográfica en Occidente, desconociendo realidades más importantes que señalan el devenir histórico de los pueblos. Afirma que “FAES, «Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales», quiere contribuir a que las ideas de libertad, dignidad humana y democracia sean efectivas para todos. Creemos que Occidente no es un concepto geográfico sino un sistema de valores universales. Queremos que Occidente triunfe”.
Se nos quiere involucrar en un triunfo que cuesta la derrota de los africanos, asiáticos y de los pueblos del Medio Oriente que no pertenecen a Occidente. Incluso al finalizar su presentación nos asigna un papel “el anclaje definitivo de América Latina en Occidente es crucial para la pervivencia de la civilización occidental” . Su propuesta de conflicto de civilizaciones es el segundo argumento fascista.
En el texto que sigue, encontramos las pautas que en la Cumbre de Chile ejecutaron Zapatero y Juan Carlos: “España no puede limitarse a ser un espectador imparcial” y argumenta que “ante América Latina se abren dos caminos opuestos. Uno es el que siguen los países que tienen éxito: el camino de la apertura al mundo, de la democracia, del respeto por las libertades individuales y del fortalecimiento del Estado de Derecho. Un camino que atrae inversiones, genera crecimiento, incentiva a los emprendedores, crea empleo y reduce la pobreza. Un camino de éxito, democracia y libertad. .
El otro camino aleja de las sociedades abiertas, libres y prósperas. Tenemos suficiente experiencia histórica –la tiranía en Cuba no es el único caso– para saber cómo acaba esa ruta. Quienes hoy proponen seguir esta vía se nutren de ideas caducas: del populismo revolucionario, del neoestatismo, del indigenismo racista y del militarismo nacionalista”
Vale decir, una vía es el neoliberalismo que ha sumido a nuestros pueblos en la pobreza, en la falta de salud, analfabetismo, dependencia económica, sociedades desiguales, ausencia de justicia, inequidad en la distribución del ingreso, dependencia, y subordinación a los imperios. Ese es el camino que según Aznar debemos transitar o mejor dicho seguir transitando.