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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Estalla una controversia en Italia sobre cómo fue la agonía de Juan Pablo II

Juan-Pablo-II-muerto.jpg17.09.2007 |

 

REPLICA PONTIFICIA A LAS ACUSACIONES DE UNA PRESTIGIOSA REVISTA DE IZQUIERDA
Estalla una controversia en Italia sobre cómo fue la agonía de Juan Pablo II

 

El médico pontificio rechazó que hubiese habido falta de asistencia terapéutica.

 

 



Julio Algañaraz

 

El Papa agonizante fue asistido hasta el final y no se aliviaron los sufrimientos de Juan Pablo II con una "muerte dulce" interrumpiéndole la alimentación. Lo afirmó el "arquiatra vaticano", el médico pontificio profesor Renato Buzzonetti, quien encabezó el nutrido grupo de médicos que siguieron al Pontífice polaco hasta su muerte, a las 21.37 hora de Roma (cinco horas menos en Argentina) del 2 de abril de 2005, cuando le faltaba un poco más de un mes para cumplir 85 años. Buzzonetti aceptó una entrevista con el diario La Repubblica para desmentir las versiones que florecieron en los últimos días

Una declaración, el viernes 14, del Vaticano, a través de la Con gregación para la Doctrina de la Fe, encargada de la defensa de la ortodoxia católica, estableció una línea dura en la cuestión de la eutanasia. "No se puede justificar la interrupción de la alimentación y de la hidratación del paciente. La muerte por hambre y por sed se configura como una eutanasia por omisión", afirma.

El documento, que fue aprobado por Benedicto XVI, señala que "un paciente en estado vegetativo permamente es una persona con su dignidad humana fundamental, a la que se deben por tanto las curas ordinarias y proporcionadas, que comprenden la suministración de agua y alimentos, también por vía artificial".

La luz roja de la polémica se prendió porque en la prestigiosa revista de izquierda Micromega apareció en el último número un artículo de la doctora Lina Pavanelli, especialista en anestesia y reanimación, que intervino en el debate sobre eutanasia (dar la muerte para evitar el sufrimiento a un enfermo terminal) y ensañamiento terapéutico (mantener en vida a un paciente agónico gracias a las modernas técnicas médicas, aun cuando no hay posibilidades de recuperación).

La doctora Pavanelli señaló en su artículo detalles de los últimas semanas de vida de Juan Pablo II, formulando la hipótesis de que las curas adoptadas apuntaron concientemente "a no permitir" que el paciente sobreviviera un largo tiempo. La especialista sostiene que las curas llevaron a no alimentar debidamente al paciente, al cual se le había realizado una traqueotomía. La sonda nutricional se le colocó demasiado tarde, el día anterior al fallecimiento de Karol Wojtyla.

En la entrevista a La Repubblica, el profesor Buzzonetti aseguró que la sonda nutricional le fue colocada el 30 de marzo, cuando ya no se podía "alimentar por vía oral". "El 31 de marzo -dijo- acusó un gravísimo shock séptico con colapso circulatorio, debido a una infección de las vías urinarias, y fue sometido a todos los apropiados procedimientos terapéuticos."

El arquiatra vaticano afirmó también que Juan Pablo II no fue llevado de vuelta al hospital Gemelli, donde había sido internado dos veces desde febrero, porque Karol Wojtyla prefirió seguir en el Vaticano. Las dudas fueron alimentadas por una frase atribuida al Pontífice agonizante el mismo día de su muerte, por la tarde. El profesor Buzzonetti indicó que a una monja que lo cuidaba le dijo con un hilo de voz: "Déjenme ir a la casa del Padre." El médico aclaró que esta frase no era un pedido para que le interrumpieran las curas sino "un acto de oración altísimo, de profundo ascetismo".

Resta el misterio de cómo logró hacerse entender Juan Pablo II cuando le había sido practicada una traqueotomía para facilitarle la respiración, que le impedía hablar. En sus declaraciones a La Repubblica el profesor Buzzonetti no se refiere al asunto.

"El Papa no fue jamás dejado solo, sin asistencia, como alguno erróneamente insinúa. Fue para todos nosotros que estábamos cerca del Santo Padre una nueva lección de vida. Una oración recitada hasta el fin, con un debilísimo hilo de voz, imperceptible, susurrada pero profunda", concluyó el médico del papa Wojtyla.



http://www.clarin.com/diario/2007/09/17/elmundo/i-02201.htm

 

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