EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Krítica del Anarkismo Ortodoxo (III).-
22.- De las experiencias tanto de la Revolución Rusa como de la Revolución Española el movimiento anarquista surgido con Bakunin quedó relegado a las catacumbas, aislado del mundo real, evocando el glorioso pasado pero sin nexo alguno con el proletariado que surgía durante la postguerra segunda (es decir, de 1945 en adelante).
23.- Se han manejado varias teorías justificatorias de la decadencia del movimiento bakuninista. La primera, las sucesivas derrotas imposibilitaron una nueva generación que retomara las antorchas anarquistas. La segunda, que la hegemonía de la URSS y del marxismo-leninismo eran más atractivas para las vanguardias revolucionarias en todos los países. Es cierto, había mucho de cierto, de corroborable, en tales explicaciones. Pero, ¿explicaban totalmente la decadencia del planteamiento ácrata? Me temo que no.
24.- La Revolución Cubana de 1956-1959 puso sobre el tapete, a partir de su triunfo, un problema que solamente había sido contemplado por los bolcheviques rusos y no ya tanto por los pensadores anteriores a estos. El problema de los pueblos de la periferia en el sistema capitalista mundial. También la Revolución Argelina (1954-1962) coadyuvó a ver de nuevo el mapa de la emancipación no sólo ya como la emancipación de una clase social sino también como la emancipación de pueblos y poblaciones proletarias de las periferias versus los centros imperiales. La derrota del imperio francés en Vietnam (1954) sirvió asimismo de acicate a ese planteamiento que cautivó al nuevo pensamiento revolucionario a partir de la segunda mitad del siglo XX.
25.- El antibolchevismo, entre cuyas huestes se encontraban los restos del viejo anarquismo bakuninista, percibió tales revoluciones como una repetición del modelo bolchevique ruso de 1917. Se las tildó, en la mayor parte de los casos, de “revoluciones nacionalistas” que nada tenían que ver con la prédica internacionalista del socialismo o del anarquismo. Se trataba de una falta de perspectiva respecto a las relaciones geopolíticas del poder mundial a la vez que una seria entronización del eurocentrismo en las ideologías que postulaban el cambio social. En el caso del anarquismo fue mucho más graves.
26.- Porque el anarquismo sobreviviente era europeo fundamentalmente. Y, las escasas formaciones de anarquistas en el Tercer Mundo siempre tenían la mente en Europa, como si de allá se esperara la salvación. No cabe la menor duda que se trataba de una visión colonialista de la emancipación. Como anécdota curiosa, un investigador mexicano relata que al asistir a una reunión con una fantasmagórica Federación Anarquista Mexicana (F.A.M.) sus contertulios resaltaban que ella era la específica de la “región mexicana”. A decir verdad, se trataba de parte de la simbología ácrata del siglo XIX. Como todos los pueblos y todos los proletarios eran integrantes por su condición de explotados de la Internacional las secciones de ésta se denominarían “regiones”. Un subterfugio para eludir la importancia de la “patria”, la “nación”, en el discurso emancipatorio. Así, a principios de siglo, los anarquistas potencian la Federación Obrera “Regional” Argentina (F.O.R.A.); la Federación Obrera “Regional” Uruguaya; etc. También los españoles decían que la suya era la organización de los trabajadores de la “región española”, pero a partir de 1910 adoptan el de Confederación “Nacional” del Trabajo (C.N.T.). Actualmente, tal denominación se ha abandonado.
27.- El eurocentrismo no es sólo una condición cultural inevitable sino es más todavía: es una venda en los ojos. Impide ver, por tanto, relaciones reales de dominación más allá de las meras relaciones “autoritarias” que emanan de las jerarquías. Porque el problema de la dominación no es un problema psicológico –no se trata de que “personas autoritarias” monopolizan la toma de decisiones del poder político o de cualquier otra forma en la cual se manifiesta el poder- sino un problema social, económico y cultural, a la vez. En otras palabras, el problema de la dominación es un problema geopolítico.
28.- Y es esto lo que se desprende del libro de Noam Chomsky, “El año 501”. Muchos pensadores contemporáneos, entre otros I. Wallerstein, han examinado el tema. No podemos arribar a la sociedad comunista si no resolvemos el problema geopolítico.
29.- ¿Cuál es el problema geopolítico? Surge de la misma lógica del sistema capitalista. El capitalismo no solamente es posible por la apropiación individual de la riqueza creada por toda la sociedad sino porque esa riqueza se basa, en gran medida, en materias primas baratas y en trabajo de esclavos. Los pueblos y las naciones de la periferia suministran los recursos que hacen posible materialmente que la ciencia y la tecnología del primer mundo, o de los países centrales, funcione, avance, se consolide. Ese funcionamiento del sistema capitalista en el primer mundo está optimizado por el despojo de los pueblos y naciones del tercer mundo. ¿Qué hay capital humano en el primer mundo? Desde luego, claro que sí, precisamente ahí se monopoliza la ciencia y la tecnología puntas.
30.- La lógica del sistema capitalista no es la lógica que enfrenta a la sociedad con la naturaleza sino una forma de ese enfrentamiento: la del beneficio de una clase dominante y adinerada. Para transitar de la sociedad capitalista a la sociedad comunista hay que quebrar esa lógica. Y, parte de ella, es el antagonismo entre el Norte y el Sur.
31.- Así que, resumiendo, no es el antagonismo entre la “autoridad” y la “libertad” la clave de la emancipación, porque vista así se podría admitir que la “libertad” es alcanzable dentro del mismo sistema capitalista, y eso no era lo que querían decir los fundadores del anarquismo que ni siquiera remotamente se pasearon por la idea del sistema colonial sino que lo tomaron como un dato más dentro del contexto europeo. Solamente Kropotkin, llamándole la atención a Grave, ya que éste había zarandeado a los magonistas tildándolos de “no-anarquistas” (un argumento muy común entre los dogmáticos), salió en apoyo de estos aduciendo que la “revolución mexicana” era realmente una “revolución campesina”, pero se negó a ver lo que era evidente: que también era una revolución antiimperialista.-
(Continuará)
Floreal Castilla
10 de agosto de 2007.-