EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Esto y aquello
La nacionalización de las putas
Con el rollo de las nacionalizaciones estoy algo temeroso, debo confesarlo. A ver si le da por nacionalizar a las putas, nos terminamos de joder. Ni siquiera en el comunismo soviético se pudo llegar a tanto. Las chicas hacían el trabajo sucio donde y cuando podían –de día o de noche- pero luego eran tovarichas que trabajaban en vainas que en Cuba conocen como el Copacabana, de ficheras, pues. Fidel, como buen materialista histórico, diagnosticó el rollo de las jineteras y lo dijo clarito: “a algunas les gusta”.
La mujer es la clave de la revolución, pero algunas se pasan, de clave pasan a arpa, cuatro y maracas, y quieren mandar más que el comandante. Y, si te pones a ver, en general se puede decir que el matrimonio es la forma más generosa de la prostitución, especialmente si la mujer no trabaja en la calle, porque si lo hace ya la vaina es un suplicio de celos y más celos.
Sometida a las barbaridades de la inmensa mayoría de los machos, las mujeres deberían exigir, de una puñetera vez, la socialización del amor libre y la legalización de la comunidad amorosa o sexual.
Me dicen que en las comunas se exigirá amor sincero porque esa vaina no será, me acotan, un relajo sexual. A decir verdad, yo no me imagino una comuna –ni la de París siquiera- sin relajo sexual, ni siquiera una revolución que, bien vista, es el relajo total, que no totalitario.
Antes que la nacionalización de las putas sería preferible la libertad sexual en todos los ámbitos de la vida y de sus consecuencias se encargaría el Estado socialista que para eso está, para cuidar a los muchachos, y darles salud y educación superior.
Ojalá no prospere esa idea castrocomunista de quitarles su propiedad a las putas, sería insoportable. Con mis putas no te metas, respeta su propiedad privada, su libertad, etc.
Cada día el país está peor; la viagra escasea y para echar un polvo ni Globoterror te deja con esta angustia que te crea la musiquita de esos grandes carajos.
A decir verdad, no conozco casos de gobiernos que hayan caído por escasez de polvos bien echados, pero podría suceder. Sin embargo, por sobredosis de polvos más de uno se ha vuelto loco de bola, como esos “anarcoliberales” que de tanto polvo blanco confunden a Chávez con Hitler. ¡Tremendo pelón, compañero!
Floreal Castilla