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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Barricadas rotas: la rebelión de Oaxaca en la victoria, la derrota, y más allá

 

 

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nto marxista que mera condescendencia, incluyendo las rapsodias del Marx más joven en La Ideología Alemana acerca de una sociedad comunista en la que él podía cazar, pescar y filosofar todo el día sin ser definido por ninguna actividad en particular. Sin embargo, para casi todos los marxistas, quienes basan su perspectiva en una teoría de las fases necesarias e inevitables de la historia, hay sólo un camino posible a un futuro poscapitalista, y esta puerta será abierta por la clase trabajadora industrial. Cualquier autonomía de parte de los otros elementos sociales subordinados está descontada; cuando mucho, puede servir como un agregado a las acciones de la clase trabajadora, la que tiene que hacer el papel de vanguardia (excepto, aunque eso nunca se admite por los teóricos marxistas, cuando tienen que seguir el ejemplo de la vanguardia verdadera: la inteligencia radical a la que pertenecen los teóricos mismos).

En años recientes, sin embargo, las teleologías marxistas han sido tomadas desprevenidamente más de una vez, y los marxistas disidentes reconocen esto. El marxismo autonomista ha demostrado estar mucho más abierto a una consideración de los movimientos sociales no tradicionales (en Argentina, Bolivia y México) como dotados con potencialidades radicales y anticapitalistas. Desafortunadamente, sus escritos sobre el tema se desvían a menudo en una auto parodia posmodernista, como cuando aparecen los términos “valorización” (como término positivo con relación a los protagonistas radicales y sus acciones autónomas) y “biopolítica”.

En comparación, la tradición anarquista ha sido históricamente mucho más abierta a una consideración de las iniciativas radicales de los campesinos, y ha ido mucho más lejos que el marxismo en incluir una crítica de la dominación de la naturaleza (un proyecto que yace en el corazón de los estados productivistas leninistas) como parte de su rechazo de las jerarquías sociales, del estado y del capital. Es precisamente por esta razón, junto con una insistencia sobre la importancia de la cooperación y la comunidad, que el trabajo de Peter Kropotkin, Elisée Réclus y Max Landauer ha adquirido una nueva relevancia, aun para algunos marxistas. Y en el caso de los pensadores anarquistas latinoamericanos, y en el género de temas presentes en Oaxaca, hay una conexión mucho más directa. Los anarquistas peruanos en los primeros años del siglo XX no sólo estaban intentando integrar las perspectivas indígenas en su teoría de cómo un comunismo libertario andino podía lograrse, sino que incluyeron también a los andinos entre sus filas. Hay una cierta ironía dulce en el hecho de que las historias y los movimientos que parecían tan anticuados u obsoletos a los marxistas latinoamericanos del siglo XX (con algunas excepciones, entre ellas José Carlos Mariátegui) ahora están recibiendo la atención que merecen. Los historiadores de un anarquismo latinoamericano siguen descubriendo un pasado que tiene implicaciones en el presente, y no han ni empezado a agotar el tema.

En cuanto a Oaxaca, no hay necesidad de buscar más lejos que su hijo nativo anarquista más famoso: Ricardo Flores Magón, cuya influencia en el movimiento social actual es tal que hay un sector entero cuya orientación es magonista (y esto ha sido descrito en una sección anterior). Aunque, y esto también se mencionó anteriormente, hay la posibilidad de que cualquier tendencia radical sea neutralizada o comprada por el gobierno (y parece haber habido un tipo de magonismo recuperado entre las varias corrientes políticas en Oaxaca), en el centro del pensamiento propio de Magón radica una insistencia sin compromisos en la transformación revolucionaria y la vinculación de los fines y los medios en la lucha de fundar una sociedad libre. Su anarquismo incluyó más que una mera sensibilidad a los asuntos indígenas: en un sentido muy real, estas preocupaciones eran al centro de su visión radical.

Magón famosamente declaró en 1911 que “el pueblo mexicano está apto para el comunismo” con lo cual enfáticamente se refería a un comunismo libertario, una sociedad igualitaria más allá del estado y el capital, y más allá de la tiranía de los jefes de partido de cualquier estirpe. Y esto no fue una mera afirmación de su propio credo, sino que estuvo basada en sus observaciones hechas en Oaxaca y otras partes de México, donde sabía que una tradición de propiedad y cooperación comunales había sobrevivido hasta el siglo XX:

El pueblo mexicano odia, por instinto, la autoridad y la burguesía. Todo aquel que haya vivido en México se habrá cerciorado de que no hay individuo más cordialmente odiado que el gendarme; que el soldado, en todas partes admirado y aplaudido, es visto con antipatía y desprecio; que toda persona que no se gana el sustento con el trabajo de sus manos, es odiada.

Esto es ya más que suficiente para una revolución social de carácter económico y antiautoritario; pero hay más. En México viven unos cuatro millones de indios que hasta hace veinte o veinticinco años vivían en comunidades, poseyendo en común las tierras, las aguas y los bosques. El apoyo mutuo era la regla en esas sencillas comunidades, en las que la autoridad sólo era sentida cuando el agente de recaudación de rentas hacía su aparición periódica o cuando los rurales llegaban en busca de varones para hacerlos ingresar por la fuerza al ejército. En estas comunidades no había jueces, ni alcaldes, ni carceleros, ni ninguna polilla de esa clase.
Regeneración, 12 de septiembre de 1901.

El asunto de las tierras comunales ha intrigado a muchos analistas radicales en cuanto a la situación en Oaxaca. Aunque uno quisiera creer que en Oaxaca y Chiapas sobrevive algún equivalente del mir ruso como una apertura a través de la cual la sociedad pudiera hacer un salto radical –sobre la base de la propiedad colectiva y las prácticas comunales y cooperativas– al comunismo libertario, en la ausencia de evidencia más contundente esto no es más que la especulación utópica. Como están las cosas ahora, las “comunas rurales” de Oaxaca se encuentran enzarzadas en disputas entre ellas sobre sus tierras colectivas, y la exigencia para la “autonomía” indígena parece a menudo ser más una llamada para una suerte de autarquía radical que una transformación general y revolucionaria de la sociedad.

Para el capitalismo modernizador o el marxismo productivista, las diferencias sociales han de ser emparejadas en el nombre de la homogenización, un proceso en el que no hay lugar para las prácticas tradicionales, excepto para ser instrumentalizadas como folclor o vitrinismo cultural. Pero si las sociedades tradicionales pueden ser caracterizadas precisamente por las calidades que las diferencian de la sociedad dominante, hay otro tipo de diferencia que no puede surgir en una sociedad consensual, colectiva a nivel de pueblo. Lo que no hay allí es una cierta complejidad y variación, así como una calidad aleatoria que normalmente se asocia con una vida más urbanizada. Hay poca posibilidad de una subcultura, y últimamente, de política en tales comunidades. No es ningún accidente que el sitio inicial de la rebelión de Oaxaca fuera en la ciudad de Oaxaca y no en el campo, un hecho que también explica porqué su carácter era algo diferente que el movimiento zapatista en Chiapas.

Por otra parte, hay un peligro en imbuir a la sociedad tradicional o algún campesinado radical con una misión redentora, salvacionista que replica las que anteriormente eran asignadas al proletariado industrial. Los antiautoritarios de hoy corren el riesgo de promover un tipo de tercermundismo contemporáneo en su apoyo poco crítico a los zapatistas y al movimiento oaxaqueño, y aun las interpretaciones más matizadas a veces apestan a placer vicario, al goce de la violencia radical a una distancia, tanto geográfica como social. Ha de haber una manera más significativa y creativa de abordar la rebelión de Oaxaca que la que básicamente corresponde a mirar las luchas callejeras ajenas (y lamentar el hecho de que las circunstancias no permitan que uno participe personalmente en el mismo tipo de actividad).

Por más que el concepto sea laudable, una mera emulación tampoco es una posibilidad. En primer lugar, especialmente para las sociedades capitalistas avanzadas, todo el mundo no es como este lugar llamado Oaxaca, por más que uno quiera pensar así. Claro está, existen policías y autoridades corruptas y autoritarias por todas partes, y hasta ese punto uno podría decir, si quisiera entrar en gestos vacíos, que “Todos Vivimos en Oaxaca.” Pero la mezcla específica que generó la rebelión de Oaxaca, la estructura socioeconómica e historia de la ciudad y la región particulares, no se encuentra reproducida ni en los “metropolios” del norte, ni en los del sur.

Sin embargo, sería un error entender la rebelión de Oaxaca como un fenómeno exclusivamente local, y localizado. Oaxaca es literalmente parte del mundo, especialmente en el contexto de la economía globalizadora, queriendo o no. Los trabajadores oaxaqueños han emigrado a los Estados Unidos y Canadá, y han traído consigo su política. La circulación de personas que se mueven dentro y fuera de México está impulsada por fuerzas que afectan a la gente en otros países y otras regiones, y en esta medida, otros sí tienen un interés en la salida de las rebeliones tales como la de Oaxaca. Este interés va más allá de las abstracciones de la economía política o inclusive de los encuentros concretos con algún aspecto de Oaxaca que podría ocurrir en la vida cotidiana (si usted vive en California, por ejemplo, es muy posible que la persona lavando sus trastes en un restaurante o recogiendo la fruta y las verduras que terminan en su mesa sea un oaxaqueño).

VI

La geografía no es una cosa inmutable. Está hecha, está rehecha, todos los días; en cada instante, está modificada por las acciones del hombre.
Elisée Reclus
L’Homme et la terre (El hombre y la tierra, 1905-1908)

Para los que están fuera de México, especialmente en los Estados Unidos y Canadá, un estudio de los varios procesos que vinculan estos países a México, y específicamente a Oaxaca, es más oportuno, quizás, que una tentativa ilusoria de entender “plenamente” el asunto de los usos y costumbres. El fenómeno de las grandes cantidades de oaxaqueños que buscan trabajo en el norte es generalmente bien conocido, pero hay más aspectos involucrados en esto que el sencillo asunto de las remesas o incluso de la condición de los inmigrantes ilegales en un ambiente sociopolítico hostil (i.e. cada vez más xenofóbico y racista).

Los trabajadores oaxaqueños han llevado su cultura y su política con ellos en sus viajes al norte. Han creado sus propias organizaciones laborales, con sus propias publicaciones, y a menudo han aportado a estas actividades una perspectiva indígena que no puede, por lo tanto, sencillamente ser asimilada como “hispana” o “méxico-americana.” Parecería incumbir a los partidarios de la rebelión oaxaqueña aprender más acerca de los oaxaqueños en California, Oregón o Columbia Británica, por ejemplo, y acerca de sus propias luchas, las cuales han incluido manifestaciones en Los Ángeles en el 2006 en contra de la represión policiaca en su Oaxaca.

Hay también formas para hacer conexiones con Oaxaca, y para hacer una elección consciente de apoyar a la ala más radical del movimiento allí. Hay apoyo material para dar a las organizaciones; hay protestas que pueden (y han sido) organizadas en los consulados mexicanos en apoyo a los prisioneros políticos, y en los Estados Unidos en general en contra de la histeria antiinmigrante. Hay también, y no de manera secundaria, las palabras: palabras que van más allá de las creencias populares, aun de las “alternativas.” El mejor tributo a la rebelión es la de ser partícipe de su espíritu, tomando riesgos y aventurándose, incluso con la palabra escrita.

En una época contemporánea caracterizada en muchas partes del mundo por la guerra, la miseria y la destrucción medioambiental –hecho aun más deprimente por la indiferencia y la resignación colectivas o la distracción ante esto, especialmente en las sociedades llamadas de manera equivocada “avanzadas”– los eventos como la rebelión de Oaxaca son tan inspiradores como raros. Podemos estar bastante seguros de que, al menos en América Latina, otros movimientos radicales emergerán, y ellos también tendrán sus elementos antiautoritarios y emancipadores. Pero a menos que se consoliden y se vuelvan conscientes de sus propósitos y de sus enemigos (que incluyen, además de los generales y porros de la derecha, los burócratas y caudillos de la izquierda), serán condenados a permanecer como unas notas a pie interesantes para la historia, en vez de ser puertas que abran a un futuro más brillante.

Marzo 2008

Collective Reinventions quisiera agradecer a Claudio Albertani por sus comentarios sobre un borrador inicial de este ensayo, y también a Loren Goldner por enviar materiales recolectados en Oaxaca. Desde luego, ellos no son de ninguna manera responsables por las opiniones aquí expresadas.

Las personas más cercanas a casa que han ayudado de manera inmensa a este proyecto saben quiénes son, y cuánto se aprecia su ayuda.

Esperamos publicar una versión impresa más completa de este panfleto en un futuro cercano. Varios textos de y acerca de la rebelión de Oaxaca han sido traducidos y pueden encontrarse en el sitio:

www.collectivereinventions.org

* Nota del traductor: Quisiera agradecer a Tania Román por sus cuidadosas correcciones al texto final.
* Nota del traductor: la traducción de la palabra original aquí en inglés, “citizen,” es problemática debido a los varios regímenes de posesión de tierras existentes en México en general, y en Oaxaca en particular. Si el pueblo en cuestión es gobernado por el régimen de tierras comunales, que es el caso en la mayoría de los pueblos indígenas, la persona que no cumple con sus obligaciones podría perder su condición de comunero. Si el pueblo está dentro del régimen ejidal, sin embargo, perdería su condición de ejidatario.

 

 


 

Notas Finales

1.- Con todo y la negativa zapatista de ser una vanguardia en la tradición del marxismo-leninismo latinoamericano –una negativa que condujo a que el EZLN se convirtiera en el ejército favorito de los movimientos anarquista y altermundista mundiales– no queda claro todavía cuánto se haya alejado Marcos de los antecedentes maoístas de su juventud. A pesar de todas las ediciones (en un sinnúmero de traducciones) de cada última declaración del Subcomandante, nadie de entre las legiones zapatistas parece haberse planteado algunas preguntas obvias: ¿Por qué es casi siempre Marcos –el intelectual que es a la vez ideólogo y estratega del EZLN– quien habla en nombre de los Indios de la selva lacandona? ¿Cómo difiere el aura de celebridad alrededor de Marcos de otros cultos de la personalidad? Y ¿dónde, exactamente, empieza el internacionalismo, y termina el nacionalismo, en el programa zapatista? Después de todo, no es por nada que el EZLN se llama el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
2.- La experiencia oaxaqueña ha atraído a varios testigos-participantes que han producido unas crónicas interesantes y detalladas de los eventos. Ha sido también un imán para un tipo de “turista revolucionario” denunciado hace mucho por Hans Magnus Enzensberger (“Tourists of the Revolution,” Dreamers of the Absolute, London: 1988 [“Turistas de la Revolución,” Soñadores del absoluto, Londres: 1988]), y sus despachos entrecortados desde las primeras líneas no han sido necesariamente ni acertados ni informativos. En la categoría anterior, debemos mencionar a George Lapierre, cuyas crónicas de los primeros seis meses de la rebelión son ricas en detalles y perspicacia, y francamente, infinitamente mejores a los artículos serios pero muy simplistas que conforman el libro de Nancy Davies The People Decide: Oaxaca’s Popular Assembly, New York: 2007 [El pueblo decide: la Asamblea Popular de Oaxaca, Nueva York: 2007]. Desafortunadamente, las crónicas de Lapierre –escritas originalmente en francés– no han sido traducidas todavía. Muchas de sus crónicas pueden encontrarse compiladas en el número especial de la revista francesa CQFD, “La Libre Commune d’Oaxaca” [La libre comuna de Oaxaca], Enero-Febrero del 2007 (www.cequilfautdetruire.org [3]).
3.- Para el veredicto de la CCI (Corriente Comunista Internacional) sobre Oaxaca, véase a: http://www.internationalism.org/ [4]. Para la crítica insurreccional anarquista de la APPO, cuyo desglose de las varias maniobras políticas dentro de la APPO era tanto profético como preciso, véase el texto de la Coordinadora Insurreccional Anarquista (http://espora.org/okupache//b21hart_imp.php?p=1249&more=1 [5]). Un análisis inicial notable de la rebelión oaxaqueña, que evitó los escollos de la denunciación abstracta o el apoyo sin sentido crítico, fue “This Is What Recuperation Looks Like” [Así es como se ve la recuperación] de Kellen Kass, publicado en A Murder of Crows [Un asesinato de cuervos] no. 2, marzo del 2007 (puede encontrarse en línea en la sección de biblioteca (library) en www.libcom.org [6]).
4.- Una suerte de marxismo vulgar es la moneda común en mucho de lo que pasa por el análisis radical hoy en día. Y en una época de guerras, turbulencia económica y un capitalismo globalizado que hasta ha derrumbado todas las murallas de China (como para cumplir la predicción de Marx de 1848), esto no debería ser sorprendente. La campaña para “vindicar” a Marx no se detiene allí, sin embargo, y cuando un escritor usa el término “marxismo vulgar” de manera despectiva, lo único que esto normalmente implica es que está por hacer uso de un argumento ligeramente más sofisticado, pero todavía basado en las categorías marxistas. Es este marxismo más profundo el que reina en la izquierda tanto académica como militante, incluyendo las secciones que se consideran antiautoritarias, cuya dependencia de una muleta marxista sólo demuestra su falta de habilidades críticas autónomas. Aunque una crítica del marxismo pasado y presente está fuera del ámbito del presente ensayo, se encuentra implícita en la orientación de nuestra tendencia hacia la renovación y la reexaminación en el concebir un proyecto social emancipador.
5.- Para entender del todo las dimensiones de las crisis que han zarandeado la economía mexicana en las recientes décadas, hay que regresar al menos hasta la crisis de la deuda del 1982, cuando el gobierno mexicano –en la posición paradójica de ser tanto un productor de ingresos petroleros como una nación deudora recibiendo petrodólares reciclados en forma de préstamos de los bancos internacionales– incumplió en los pagos de su deuda. Por medio de una política de austeridad y privatizaciones, en 1987 México reunió los requisitos para un “rescate” por parte de las instituciones financiaras internacionales, el que fue negociado por nada menos que el consigliere de la familia Bush, James F. Baker. Ulteriores concesiones habrían de ser exigidas de México por parte del gobierno de Clinton como parte de otro programa de “rescate,” todo eso formando un preludio a la implementación de los términos del TLC y, simultáneamente y como respuesta al TLC, al principio de la rebelión zapatista en Chiapas.
6.- Véanse los planteamientos hechos acerca de la izquierda nacionalista en México por parte del Grupo Socialista Libertario en su crítica de la Otra Campaña del EZLN (se encuentra traducido al inglés en www.collectivereinventions.org [2]).
7.- Véase el articulo de David Recondo, “Oaxaca el ocaso de un régimen,” Letras Libres (México), Febrero del 2007. Se trata el anarquismo de Magón más adelante en el presente ensayo, así como la política revolucionaria de las organizaciones como la Alianza Magonista Zapatista.
8.- Citado en Judith Francis Zeitlin, Cultural Politics in Colonial Tehuantepec [La política cultural en el Tehuantepec colonial], Stanford: 2005, p. 168.
9.- Alejandro Anaya Muñoz. Autonomía indígena, gobernabilidad y legitimidad en México: la legalización de usos y costumbres en Oaxaca, México D.F.: 2006.
10.- Para un ejemplo de esto, véase Brenda Aguilar, “Autonomías Latinoamericanas: Algunas reflexiones sobre Utopías Posibles,” 2008 (http://anarkismo.net/newswire.php?story_id?7625 [7])
11.- Para una crítica marxista del radicalismo basado en la “otredad” campesina, véase Tom Brass, “Neoliberalism and the Rise of (Peasant) Nations Within the Nation: Chiapas in Comparative and Theoretical Perspective [El neoliberalismo y el surgimiento de naciones (campesinas) dentro de la nación: Chiapas en una perspectiva comparativa y teórica], The Journal of Peasant Studies [Revista de Estudios Campesinos], Vol. 32, Nos. 3&4, Julio/Octubre 2005.
12.- Véase, por ejemplo, Wilfredo Kaspoli, Ayllus del sol: anarquismo y utopía andina, Lima (1984), así como los libros de Osvaldo Bayer (sobre la huelga general en la Patagonia de 1921) y Sergio Grez Toso (sobre la historia del anarquismo chileno).
13.- Para información de fondo sobre los trabajadores oaxaqueños en los Estados Unidos y Canadá, véase Lynn Stephen, Transborder Lives: Indigenous Oaxacans in Mexico, California, and Oregon [Vidas transfronterizas: oaxaqueños indígenas en México, California y Oregón], Duke University Press [Editorial de la Universidad de Duke] (2007).

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