| Las conmemoraciones del 1º de Mayo en Berlín tienen mil rostros y mil colores. Sobretodo este 1º de Mayo, en medio de la crisis financiera y en pleno brote de la gripe porcina. La mayor de ellas fue la del movimiento "1º de Mayo Revolucionario", convocado por una coalición de partidos y movimientos, entre ellos el nuevo partido "La Izquierda" (Die Linke). Esa manifestación terminó en una gigantesca fiesta, con la concurrencia de unas 50 mil personas. En otro acto, grupos de izquierda chocaron con la policía. El 1º de Mayo en Berlín tiene mil rostros y mil colores. Siempre. Y los tuvo sobre todo este 1º de Mayo pasado, en medio de la crisis financiera y en pleno brote de la gripe porcina, que contribuían a caldear los ánimos de las gentes. A eso se agregó un ambiente literalmente caldeado por las insólitas temperaturas registrada: abril de 2009 ha sido el mes más caliente de la historia alemana desde que comenzó el registro de mediciones regulares en 1890. La portada de uno de los diarios sensacionalistas de Berlín (Berliner Kurier) tituló: "el Miedo del 1º de Mayo, 25 grados (subrayado mío): ¿no será que el calor excita el odio?" Las manifestaciones comenzaron con una de la extrema derecha, el partido NPD, asociado a los movimientos neo-nazis (en Alemania está prohibida la existencia de un partido o movimiento nazi, y es delito acusar a alguien de nazi sin pruebas). En Köpelnicke, región apartada del centro de Berlín, los neo-nazis de reunieron. El NPD tiene un "ala sindical" significativa, cosa que, además, no era extraña en los antiguos movimientos nacional-socialistas, que eran visceralmente antiliberales. Esa manifestación, en particular, atrajo gente de muchos otros lugares. Un gran contingente de manifestantes izquierdistas fue para el mismo lugar, pero no chocaron entre ellos porque la policía consiguió organizar un gran cordón aislante. En otras ciudades eso no ocurrió, como en Nuremberg, donde los manifestantes entraron en lucha corporal y a pedradas, interviniendo la policía con chorros de agua para dispersarlos. Eso ocurrió a la mañana. También en la mañana comenzó la manifestación central sindical socialdemócrata DGB, dividida en tres partes: una marcha, un recorrido en bicicleta y una carrera, todo confluyendo en la Puerta de Brandenburgo. Y también todo muy tradicional y bien ordenado. Durante la tarde se realizaron las manifestaciones más interesantes y calientes, todas convergirían al barrio de Kreuzberg. Todavía llamado el "36", de los tiempos en que en Berlín los barrios eran conocidos por los números, Kreuzberg es habitado por muchas familias de origen turco; árabes, sirios, libaneses, kurdos, iraníes, iraquíes y muchos otros de la misma región. Kreuzberg es visto como un barrio tradicionalmente de izquierda, vinculado sentimentalmente y simbólicamente a un club de fútbol – el Sant Pauli, nombre de una iglesia local – que, además de ser el nombre de un famoso barrio de burdeles, es también el de la izquierda de Hamburgo, es la pasión de los militantes más radicales. La mayor de las marchas fue la del movimiento "1º de Mayo Revolucionario", convocado por una coalición de partidos y movimientos, entre ellos el nuevo partido La Izquierda (Die Linke). Esa manifestación terminó en una gigantesca fiesta, con una concurrencia de unas 50 mil personas, desparramadas por las calles del barrio, con de todo un poco: 11 palcos con grupos de música, las más diversas gentes vendiendo las más variadas cosas, plácidas señoras elaborando y vendiendo sus pastelitos y dulces ante la mirada de sus compradores, grupos de diferentes nacionalidades y culturas reivindicando libertades: desde los más vistosos como los kurdos, hoy distribuidos entre varios países (Irak, Turquía, Irán y Siria, por ejemplo). Reivindicaban libertad, con una pancarta a su lado donde ofrecían tragos regionales por unos pocos euros. A esa manifestación se unió otra, la llamada "May Day", que atravesó Berlín desde el Este hasta el Oeste, convocada por un grupo que se denomina "Los hedonistas internacionales", contrarios a todas las formas de represión y que sostienen el humor y el placer. De lejos, fue la más curiosa, porque los manifestantes en su recorrido realizaron numerosas representaciones, con diferentes motivos para su crítica. Todo fue muy teatral, cómico, orientado hacia un espíritu lúdico que, entretanto, es muy agudo y no tiene nada de espontáneo. Finalmente, hacia el fin de la tarde, comenzó la manifestación más esperada de todas, la "Kapitalismus ist Krieg und Krise" (Capitalismo es guerra y crisis). Participaron unas 5 mil personas (según estimaciones de varias fuentes) y se concentró también en Kreuzberg, alrededor de la estación de metro de la Kottbusser Tor. Era la manifestación de los grupos de izquierda más radicales. Incluso un miembro de la Linke la convocó personalmente, el diputado berlinés Kirill Jermak, de 20 años. Ya se sabía que esta convocatoria atraería a los grupos que se autodenominan "los autónomos". Estos grupos, que no constituyen un partido Kreuzberg, se comunican por la Internet y tienen como objetivo, para decirlo en lenguaje llano y directo, agarrarse a palos con la policía. Son jóvenes, de alrededor de los 20 años, en su mayoría hombres, aunque también hay mujeres, que se visten de negro, usan anteojos oscuros, capucha o máscara, y que sistemáticamente comienzan la revuelta arrancando las baldosas de las veredas (cuyas piedras sueltas y acopiadas son curiosamente llamadas "los argumentos"). No fue de otro modo. Con cinco minutos de marcha (en verdad a las siete y media: en Berlín a veces mas marchas también se atrasan) tuvo lugar la primera confrontación con los policías que, vestidos o revestidos, no se sabe muy bien, recuerdan a los robots de las películas de ciencia ficción. La policía está usando nuevos trucos: por ejemplo, la mayoría de los policías se visten ahora con uniforme negro, para confundir a los adversarios. Son también muy jóvenes y hay muchas mujeres en la corporación, y todas y todos son bien fornidos, aunque no tengan un aspecto de Brucutu (1). Deasatada la pelea, recién se detuvo a las cinco de la mañana. Muchos vehículos quemados, señales de tránsito rotas, veredas deshechas para proveerse de "argumentos", una gasolinera destruida: ese fue el saldo de la manifestación descripta en la prensa del día siguiente como "la más violenta de los últimos años" (claro que nada como aquellas de los buenos tiempos de antaño). Evidentemente la derecha se fue encima de la Linke, con acusaciones furiosas, a causa de su diputado Jemak, que se unió a quienes convocaron la manifestación. Por otro lado, un senador (Berlín es una ciudad-estado que tiene senadores) de la CDU (Unión Demócrata Cristiana) emitió una declaración diciendo que los manifestantes enfrentados a la policía parecían "nenitas mal criadas": terminó teniéndose que retractar, llamado al orden por sus propios correligionarios. Terminada la refriega, a las cinco de la mañana del sábado, entraron en acción las brigadas de limpieza, con eficiencia y despliegue militar. Al mediodía del 2 de mayo, quien pasaba por Kreuzberg podría pensar que recorría un barrio en plena ejecución de obras antes que un espacio donde tuvo lugar una acalorada refriega entre manifestantes y policías. Tal prisa recuerda la divulgada obsesión en Alemania por "apagar los vestigios" de todo – o en tal caso embellecer la historia –lo que ya es asunto para otra crónica. Queda, entretanto, para este cronista una renovada convicción, que es la de que, preservando el derecho a la disensión y a la diferencia, los autoproclamados "autónomos", en realidad no tienen nada de izquierda. Son jóvenes que se encaminan por el mismo pensamiento conservador neoliberal de desacreditar la política, solo que del otro lado de una misma moneda. Contribuyen, en verdad, a despolitizar la manifestación, transformándola en pasto para los comentarios encolerizados de la derecha. No me sorprendería que muchos de ellos, de aquí a diez años, al mismo tiempo que se jacten de sus proezas juveniles, se enorgullezcan de sus funciones bien aceitadas en la máquina capitalista que hoy dicen rechazar. NOTA T. : (1) Vehículo o carro que usaban las fuerzas represivas en Brasil. Flavio Aguiar es un reconocido analista político brasileño, radicado en la República Federal de Alemania. Escribe regularmente para nuestra revista hermana en Brasil, Carta Maior. Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez |