EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
1.- Como en las grandes crisis nacionales en países con más historia que el nuestro, las poblaciones buscan en una persona el símbolo de la resistencia comunitaria.
Venezuela atraviesa por una crisis nacional.
Porque, por un lado, despilfarró su siglo XX, hundiéndose en la dependencia y el subdesarrollo, mientras la clase dominante se enriquecía descaradamente y se acoplaba más y mejor al imperio estadounidense sin olvidar las pequeñas concesiones al europeo debido a la presencia, entre nosotros, de amplios contingentes de ciudadanos de esa zona.
Esa crisis nacional se manifestaba de diversas maneras. Por un lado, nuestra élite se desnacionalizaba crecientemente. Por otro lado, la escisión social se profundizaba hasta que, en 1989, estalló el enfrentamiento entre los dos tipos de sociedades que el siglo XX nos dejó.
Pero también Venezuela está sumergida en la crisis mundial presente porque es, por un lado, un país inmensamente rico en recursos minerales e hidrocarburos, y, a la vez, porque estratégicamente es la ventana de Suramérica al Caribe. En efecto, Venezuela es el Caribe penetrando en Suramérica y es Suramérica penetrando en el Caribe.
Crisis nacional, pues, por lo que somos en la geopolítica y por lo que no somos debido al fracaso de los partidos históricos del siglo XX.
A todas estas, a finales del siglo pasado surge la figura de Hugo Chávez que vino a reunir a todo el país en torno a él con la esperanza de superar la crisis nacional de origen endógeno.
Muy pronto nos dimos cuenta que el origen endógeno de la crisis nacional era gemelo de su origen exógeno, y que para superar aquélla debíamos combatir éste.
Toda una serie de políticas llevadas a cabo por el chavismo han enfocado el esfuerzo del sector público con el objeto de superar el fatalismo exógeno que nos había convertido en una neocolonia de todos los imperios occidentales que por el mundo andan. Pero quedaba el pesado fardo de la crisis nacional de origen endógeno.
Devenido en país-minero, Venezuela depende de sus barriles de petróleo para permanecer siendo un país viable. Por consiguiente, la revolución sólo puede superar el origen endógeno de la crisis nacional si y solo si genera una nueva sociedad productiva y productora. Y, tal cosa amerita la liquidación del capitalismo monopolista y semifeudal que ha imperado en el modo de producción venezolano. Tal cosa, hay que subrayarlo, requiere una revolución en todo el sentido de la palabra porque, en nuestro caso, nuestras relaciones de producción en tanto país minero y dependiente están en una camisa de fuerza que impide “sembrar el petróleo”, es decir, usar la riqueza petrolera para instaurar una sociedad más avanzada.
El dilema se presenta, además, en qué tipo de sociedad avanzada buscamos o merecemos. Una sociedad avanzada de capitalismo primermundista o una sociedad avanzada de socialismo ecológico, “cristiano”, libertario, donde la justicia social y la libertad sean las bases graníticas para el desarrollo o, mejor, para “otro desarrollo posible”.
2.- Los venezolanos queremos permanecer siendo una sociedad democrática, incluso más democrática que en los sistemas de democracia formal donde la democracia es tan sólo el gobierno de las élites. Se requiere, por tanto, pasar a la democracia directa con sus contrapesos. Democracia directa es la democracia de los consejos comunales e históricamente está más vinculada a la democracia de la polis griega que a la democracia anglosajona.
Pero la democracia directa debe abarcar toda la cosmovisión social siendo garantía de la más amplia libertad para las ciudadanas y los ciudadanos de la república. Y, esa libertad sólo es dable en el socialismo, porque éste convierte en inviables los monopolios de toda naturaleza, incluso el monopolio del poder político.
Democracia directa y socialismo libertario deben ser los pivotes de nuestro régimen constitucional republicano de aquí en adelante.
3.- Todos los proyectos utópicos desatados por la revolución bolivariana durante una década están pegados con saliva de loro a la realidad, si los miles de activistas-por-otro-mundo-posible dejan de comprender que el proceso está inmerso en un mundo donde las fuerzas adversas son más poderosas que las fuerzas partidarias y que, por tanto, se requiere de altas dosis de realpolitik para que Venezuela pueda ser la Comuna de París del siglo XXI, que es, aproximadamente, lo que viene siendo hasta los momentos.
Es evidente que Hugo Chávez, a pesar de todos sus errores, ha venido simbolizando ese proceso bolivariano de múltiples tendencias utópicas que se ha multiplicado y sumado dentro –y fuera- del país. Por tanto, es menester multiplicar la unidad y apartar las escisiones, casi siempre por ambiciones grupales o individuales.
Si pudiéramos contar con el Presidente después del 2012 –de ganar las próximas elecciones presidenciales para ese año- contaríamos con un estupendo refuerzo para ir consolidando la democracia directa del socialismo libertario. De lo contrario, se abriría una etapa de incertidumbre donde los apetitos y las pugnas en las élites revolucionarias darían paso a la nueva –y a la clásica- derecha neocolonialista, elitesca y capitalista.
Pero si la posibilidad de la reelección de Chávez llevara consigo la consolidación del poder burocrático a expensas del poder popular; de la autocracia respecto a la democracia directa; y del capitalismo reformado neocolonialista respecto del socialismo libertario, habríamos cometido un error histórico al dejar la revolución en manos de una dictadura-con-apoyo-popular.
Ha llegado la hora de lanzar los dados al aire…