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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Marc Ros: "Conviví con una familia de monos"

LA ENTREVISTA CON MARC ROS, VIAJERO
Marc Ros: "Conviví con una familia de monos"
Tuvo la suerte del estudiante que atrapa unos meses para lanzarse a la aventura. Destino: Brasil, de la bulliciosa Río de Janeiro a las regiones más pobres del país de Lula da Silva.
 Foto: JOAN MORET
Foto: JOAN MORET
XAVIER MORET

--¿Por qué fue a Brasil?
--Iba a hacer una ampliación de estudios en Porto Alegre, pero una vez allí no era lo que me esperaba y decidí emprender un viaje por mi cuenta por todo el país. Duró unos siete meses.

--¿Valió la pena?
--¡Y tanto! Brasil no es un país, son muchos países en uno. Tendríamos que hablar de Brasiles más que de Brasil.

--¿En qué mes arrancamos?
--En febrero. Fue entonces cuando empezó el viaje de verdad. Llegué hasta Paraty, un lugar maravilloso junto al mar, al sur de Río de Janeiro. Allí me quedé 20 días. Hacía vida de playa y conocí a un tipo que me enseñó a fabricar cachaza, el aguardiente de Brasil.

--¿Y después?
--Río de Janeiro, una ciudad espectacular, con muchas contradicciones. Conviven la clase alta y las barracas a muy poca distancia. Por cierto, allí me atracaron, un ritual que, al parecer, forma parte de la aventura de visitar Río de Janeiro.

--¿Viajaba con bajo presupuesto?
--Hacía couchsurfing. Consultaba en internet la página www.couchsurfing.com y elegía la casa de alguien que te ofrece una cama que le sobra. No pagas nada ni haces intercambio. En Río de Janeiro viví en casa de un militar. Era buen tipo, más bien de izquierdas.

--¿Le gustó Río de Janeiro?
--Mucho. La conocí de la mano del militar, que era muy generoso. En según qué lugares, el couchsurfer te deja las llaves de casa y se desentiende de ti. El de Río de Janeiro, en cambio, me llevó a los barrios más pobres, y también a Leblón, el barrio donde están todas las discotecas de moda y por donde suele pasearse Ronaldo en Ferrari.

--¿Cómo decidía el siguiente destino a tomar?
--Por intuición o por la gente que conocía. Después de Río de Janeiro, estaba cansado de ciudad y me fui a la isla de Boipeba, en el estado de Ba- hía. El entorno es muy turístico, pero en Boipeba aún se mantiene la esencia de los pescadores. Puedes comprar cangrejos o pescado en la misma barca.

--En un viaje tan largo siempre hay etapas.
--Aquí empezó la etapa más mística. Me empecé a encontrar gente inmersa en algún tipo de búsqueda espiritual.

--¿Rollo new age?
--Por ahí. Salvador de Bahía no me acabó de gustar. La ciudad es interesante y la gente es abierta y amable, pero hay cierta hostilidad en el ambiente. Cerca de Salvador está Itaparica, una isla donde pude vivir a fondo las ceremonias del candomblé, el culto brasileño de los orixás.

--¿Es una inmersión casi africana?
--Se nota lo africano en la gente: cómo viste, cómo habla, cómo vive la calle. Era como si hubiera un cartel que dijera: "Bienvenido a Bahía. Móntatelo como puedas, pero sobrevive".

--Y buena música.
--Puedes bailar el forró, una mezcla entre lambada y samba, muy sensual. No sabes nunca cómo acabarás.

--¿Y cómo andan de espiritualidad?
--En Brasil hay santos por todas partes y, aparte de católicos y evangelistas, están los alternativos. Los del calendario maya, que dicen que el mundo acabará en el 2012, los chakras, las energías positivas...

--¿Consiguió recargar las pilas?
--Estuve en la Chapada Diamantina, una sierra de naturaleza espectacular en el estado de Bahía. Allí hay muchos cristales de cuarzo, que dicen que transmiten energía positiva. Se concentran freakies de todo el mundo.

--Y allí, ¿dónde vivía?
--Durante un mes y medio alquilé una cabaña en el bosque. Convivía con una familia de monos que ve-
nían cada día a despertarme. Llegué a estar en comunión con la naturaleza: hasta a abrazarme a los árboles.

--Pero se marchó.
--Llegó mi novia y decidimos tirar una moneda al aire. Salió norte. Fuimos a Fortaleza y a Jericoacoara. ¡29 horas de autobús! Es uno de los estados más pobres de Brasil. Fue un cambio de rollo. Duramos poco.

--¿Siguiente parada?
--Sao Luis, la capital del reggae brasileño, la Pequeña Jamaica. Después fuimos a Belén, a la isla de Marajó y al centro de Brasil, a Sao Jorge, en la Chapada dos Veadeiros (a unos 250 kilómetros de Brasilia). Allí había un encuentro de culturas indígenas y estuvimos trabajando unos días de voluntarios, escuchando historias de los indios sobre su lucha para poder mantener sus tierras.

--¿Fue el final del largo viaje?
--A los siete meses regresé al lugar de inicio, pero volveré. Me interesa mucho Brasil y me interesan mucho los derechos de los indígenas.-


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