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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Parte 2: “El ‘No Más Sangre por Petróleo’ debería ser el lema que presida el debate, la movilización y la transformación social y productiva en el futuro"

Entrevista con Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción y autor "El crepúsculo de la era trágica del petróleo"

“El ‘No Más Sangre por Petróleo’ debería ser el lema que presida el debate, la movilización y la transformación social y productiva en el futuro"

¿Qué papel juegan actualmente Asia y América Latina en el conflicto del petróleo?

Las tensiones geopolíticas (y hasta bélicas) en relación al petróleo se han ido ampliando progresivamente a otros espacios mundiales. Hasta América Latina y Asia, o en sus mares cercanos (Timor Oriental, con la irrupción de tropas australianas), donde las grandes petroleras privadas y/o estatales buscan desesperadamente el acceso a los últimos yacimientos de petróleo convencional que aún quedan por explotar. Todos ellos de carácter cada vez más marginal, con crecientes costes de exploración y afectados también por crecientes costes de transporte, pues están ubicados en muchas ocasiones en enclaves difícilmente accesibles, y en zonas lejanas a los puertos de exportación. El reciente conflicto de Colombia con Ecuador y Venezuela, provocado al atacar el ejército colombiano a un comando de las FARC en territorio ecuatoriano, augura un probable incremento de la tensión político-militar a partir de ese Estado, cabeza de puente de los intereses de EEUU en la región, con los dos principales Estados petroleros de América del Sur, y miembros de la OPEP. Tanto Venezuela como Ecuador están alejados de los intereses de Washington, y plantean utilizar una mayor soberanía sobre sus recursos fósiles para reforzar un proyecto de integración regional propio. El debate se está empezando a plantear en estos términos: ¿deben utilizarse los combustibles fósiles de la región para impulsar principalmente una integración de América del Sur, y reforzar su papel en el mundo, al tiempo que sirven para redistribuir (en parte) las rentas del petróleo? ¿O deben venderse o compartirse sus potenciales beneficios al mejor postor foráneo, sean estas transnacionales petroleras occidentales o empresas estatales de otros grandes actores mundiales?

De todas formas, no hay que olvidar que las propuestas de explotación de los combustibles fósiles con sello autóctono son en muchas ocasiones tan impactantes como las foráneas, aunque comporten ciertas ventajas y beneficios mercantiles y redistributivos para sus pueblos, y es por eso por los que muchas comunidades campesinas e indígenas también cuestionan la explotación de los combustibles fósiles, pues va contra los intereses de la Pachamama.

Es decir, que en tu opinión los gigantes corporativos privados o estatales de extracción de crudo se comportan cada vez más como verdaderos “imperios del petróleo”, como han llegado a ser descritos, por el cada día mayor poder empresarial, pero también político, policial y hasta militar que despliegan.

Son imperios realmente. Su capacidad para alterar y condicionar la política de los Petroestados es manifiesta, especialmente de aquellos Estados “débiles” cuyo único monocultivo es el crudo, especialmente en las regiones petroleras de África, provocando su deriva hacia la corrupción, autoritarismo, militarismo y concentración extrema de la riqueza. El petróleo en estos casos más que una “bendición” es una verdadera desgracia. Muchos de estos “imperios del petróleo” disponen de fuerzas policiales y militares mercenarias propias, al tiempo que son protegidos por las fuerzas de seguridad de los Estados en los que operan, y ambas reprimen sin contemplaciones las protestas y resistencias a su actuación. Finalmente, en esta huída hacia adelante tras los últimos rastros del petróleo convencional, algunos de los gigantes petroleros estatales están empezando ya a sobrepasar a las transnacionales petroleras occidentales (Petrochina, Saudiaramco, NIOC –iraní-, Rofsnet –rusa-, Petronas –malaya-, Petrobras –brasileña-, etc.; algunas de ellas con parte de capital privado, pero con férreo control estatal). Petrochina es ya la segunda petrolera mundial tras Exxon, por delante de Shell, y ha llegado a superar el valor en bolsa de Exxon. Es más, se han empezado ya a dar asaltos vía mecanismos de mercado de compras de gigantes empresariales privados occidentales, por parte de los nuevos actores corporativos estatales periféricos, que han sido bloqueados por los Estados: es el caso de Unocal en EEUU ante Petrochina. Hasta hace poco, estos últimos no tenían esa capacidad de actuación y proyección, pero el fin del petróleo barato, y los abundantes ingresos que han conseguido en los últimos años algunas de las empresas estatales de petróleo, las están convirtiendo poco a poco en los nuevos depredadores globales.

¿Qué reacción están provocando las nuevas prospecciones y extracciones petrolíferas?

Las nuevas prospecciones y extracciones de crudo en distintas partes del mundo están provocando un creciente rechazo social. Afectan a muchos territorios poco “modernizados”, y en ocasiones casi vírgenes, habitados por comunidades campesinas e indígenas. Esta es principalmente la situación en América Latina: Amazonia peruana y ecuatoriana, Valle de Arauca y Magdalena Medio en Colombia, distintas zonas en Bolivia, Plan Puebla Panamá (donde resalta la resistencia zapatista), etc. Pero también cada vez más en África, donde es especialmente intensa en el Delta del Níger. En algunos casos, las resistencias a la extracción del petróleo (y gas natural), o a las condiciones en que se produce la misma, han provocado la caída de gobiernos (caso boliviano con la llamada Guerra del Gas), y han alterado sustancialmente las relaciones con las empresas petroleras que los explotan (en Venezuela, Bolivia, Ecuador y hasta en Argentina). Es más, la nueva Constitución boliviana (pendiente todavía de referéndum popular) fija un nuevo reparto de las regalías de explotación de los hidrocarburos, y establece importantes condiciones por parte de las estructuras sociales comunitarias a su explotación. Ante estas dinámicas, se están produciendo intentos de fragmentación de los Estados (Bolivia, Venezuela), para escapar a estos controles sociopolíticos que han impuesto las resistencias, por parte de las elites sociales y políticas de los territorios subestatales ricos en recursos fósiles.

En suma, el auge de las resistencias, y el nuevo marco sociopolítico que en muchos casos éstas han creado, han revertido la ola privatizadora de los noventa, y asistimos ahora a una marea de progresivo control estatal y hasta comunitario de los recursos del subsuelo. Dentro de esta deriva antineoliberal se producen reivindicaciones como las del Parque Natural Yasuní (Ecuador), en donde se plantea directamente dejar el petróleo existente bajo el subsuelo, para defender hábitats de gran valor ecológico y a sus poblaciones, así como una vía también para luchar contra el cambio climático en marcha. Esa opción se propone por el nuevo gobierno a cambio de la aportación de recursos económicos que permitan amortizar la deuda externa, y asimismo por los movimientos sociales como parte de la deuda ecológica que el Norte ha contraído con el Sur a lo largo de la historia.

Y tal vez todo este conjunto de resistencias, junto con las crecientes restricciones físicas al incremento de la oferta mundial del crudo, incluso la falta de capacidad de refino mundial, son la causa del fuerte auge del precio mundial del crudo y de los derivados del petróleo, que se viene manifestando en lo que va de siglo.

De acuerdo. La Era del Petróleo barato es ya historia, estamos entrando en el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. El petróleo barato se ha acabado ya para siempre. A partir de ahora el precio del crudo solo podrá ir al alza, que será una de las formas por las que se regule el mercado. La otra será la guerra y el control y el acaparamiento del oro negro por parte de los poderosos.

¿De qué hablamos exactamente cuando hablamos que nos acercamos al pico de la producción mundial del petróleo?

 El llamado pico mundial del petróleo parece que ya está aquí, o estamos a punto de entrar en él. Es el momento a partir del cual ya no será posible poner más crudo adicional en el mercado, por mucho que se hagan nuevas y costosas prospecciones y extracciones, pues habríamos consumido ya grosso modo la mitad de los reservas globales de petróleo. Eso es lo que sería el peak oil (o pico del petróleo), definido por el geólogo Hubbert en los ‘50 del pasado siglo, aplicado a escala planetaria. Distintos analistas (Campbell, Heinberg, Duncan, Brown, etc., etc.) y webs dedicadas a estudiar y alertar sobre esta grave cuestión, ya venían anunciando su inminencia en los últimos años, situando el pico o cenit muchos de ellos antes del 2010, o en torno a esa fecha, mientras que los organismos oficiales de los principales Estados lo desmentían, y en todo caso lo pronosticaban hasta hace poco bastante más allá en el tiempo (no antes del 2030). En realidad, los máximos hallazgos de reservas se habían dado en los años 60 del siglo XX, y desde entonces los descubrimientos han ido cayendo en picado, y sobre todo el tamaño de las reservas encontradas. Así, en la actualidad, de cada cinco barriles de crudo que consumimos cuatro (es decir, el 80%) corresponden a antiguos yacimientos y tan solo uno corresponde a los nuevos que se encuentran. En EEUU el lapso de tiempo que pasó entre el periodo en que se encontraron las mayores reservas (años 30) y su respectivo peak oil (1970) fue de unos 40 años, y ahora muy probablemente estemos en una situación similar, pero a escala mundial. Recientemente, hasta la propia Agencia Internacional de la Energía (IEA, 2007) ha venido a reconocer que al ritmo actual del crecimiento de la demanda de “petróleo” en el mundo, en el 2012 esa demanda ya no podría ser satisfecha, o quizás antes. En definitiva, nos encontraríamos en la situación de que habríamos consumido ya el primer billón de barriles de petróleo de las reservas (convencionales) que el planeta disponía, y nos quedaría por explotar el segundo billón remanente bajo las entrañas de la Tierra. Ese primer billón de barriles de crudo se ha tardado en consumir unos 130 años, pero la segunda mitad del petróleo que nos ha legado la Madre Naturaleza quizás podríamos devorarla en unos 30 años, si continúa el ritmo actual de crecimiento del consumo.

Pero, ¿qué países en concreto han llegado o pasado por su propio pico del petróleo?

La inmensa mayoría de los países exportadores ya han pasado por su propio pico del petróleo, 56 de los 65 mayores exportadores, incluso la gran mayoría de los países OPEP, muchos de los cuales tienen unas cifras de reservas infladas, como resultado como ya hemos apuntado de la negociación de cuotas de extracción en base a las mismas. De hecho, la mayoría de los grandes yacimientos mundiales están ya en fase de contracción y los países OPEP son incapaces de poner crudo adicional en el mercado para bajar el precio, pues no tienen capacidad excedente de extracción como en los 80 y 90. Ni siquiera Arabia Saudi. Esta situación de progresiva escasez no se manifiesta todavía en el Norte, o en los países centrales, por su capacidad de compra respecto al resto del mundo; es más en EEUU y en gran parte de la UE el consumo se ha incrementado algo en estos últimos años. Y es de resaltar que EEUU consume aproximadamente el doble per capita que la UE. La escasez tampoco se plasma por ahora tampoco en la mayoría de los países extractores, pero sí en los países periféricos No OPEP (salvo en China), en donde está cayendo sustancialmente desde hace años el consumo de petróleo per capita. En muchos países periféricos estamos empezando a presenciar ya los conflictos que provoca la dificultad de acceso al crudo, una vez que se había hecho dependiente del mismo a sus sociedades, y estos conflictos se están empezando a manifestar hasta en países exportadores que se ven obligados a importar a alto precio los productos refinados (colas y disturbios en Irán, p.e., siendo como decimos el segundo país del mundo por reservas de petróleo).

Nos acercamos, pues, en tu opinión al inicio del fin de la era del petróleo. ¿Qué escenarios contemplas?

Nos acercamos rápidamente al inicio del fin de la Era del Petróleo, que será igualmente el inicio del fin de la era de los combustibles fósiles, pues poco después del pico del petróleo vendrá el pico del gas (en la próxima década), y algo más tarde el pico del carbón (a partir del 2030, posiblemente); así como el del uranio y del cobre después. De hecho, el siglo XXI puede llegar a ser otra vez progresivamente el siglo del carbón, como lo fue el XIX. Lo que significa todo esto es que dentro de nada se iniciará un escenario de decrecimiento continuo del flujo energético, que empezará por supuesto con el pico del petróleo. Pero: ¿cómo se está haciendo frente ya a este escenario? ¿Han empezado a cambiar ya las políticas globales en relación a la extracción del crudo? Todavía no hay un debate público abierto al respecto, pues la reducción del flujo energético mundial aún no se ha producido; aunque sí en lo que se refiere a su distribución regional planetaria, sobre todo en las regiones pobres del globo, y principalmente como decíamos en términos per capita. Y ello es así, porque hasta ahora se está solventando el estancamiento de la extracción del crudo convencional recurriendo al crudo no convencional, que está siendo rentable explotarlo, a pesar de su alto coste y dificultad tecnológica, debido a los elevados precios del crudo convencional. Pero igualmente, porque se ha empezado a sustituir el petróleo por otros combustibles líquidos de características parecidas, es decir, combustibles sintéticos derivados del carbón y gas (esto es, de otros combustibles fósiles todavía más “abundantes”, especialmente en el caso del carbón), o bien obtenidos a partir de la biomasa, los llamados agrocombustibles (etanol y biodiesel, principalmente).

¿De dónde proviene esta demanda de agrocombustibles principalmente?

La apuesta y la demanda proviene fundamentalmente de EEUU y la UE, en donde se han establecido objetivos de obligado cumplimiento de cara al futuro (10% en el caso de la UE para el 2020, y cerca del 20% en el caso de EEUU para la misma fecha), dentro del mix de carburantes para abastecer la demanda de su enorme parque automovilístico y por carretera, cuya movilidad no para de crecer. Pero también es una apuesta clara por parte de Brasil desde hace años, el mayor productor de agrocarburantes (etanol en concreto) después de EEUU, que ahora está acelerando su producción debido a la demanda internacional de los grandes actores occidentales, lo que está arrastrando a otros países del Sur en la misma dirección (Argentina, Paraguay, Colombia, Indonesia, y ahora se intenta implicar a África). El objetivo es llegar a depender menos del petróleo convencional que proviene de regiones geopolíticas muy inestables, en especial de la OPEP, y en concreto de Oriente Medio, garantizar que se cubre la demanda, y contener los precios. Es un intento vano, pues antes o después se profundizará esa dependencia, se hará imposible cubrir la demanda en ascenso, y se dispararán aún más los precios. EEUU junto con Brasil (y otros) están barajando crear una especie de OPEP de los agrocarburantes, al tiempo que la UE negocia también con los actuales y potenciales grandes productores del Sur de materia prima para los agrocarburantes.

¿Y cuáles son los costes de esta huida hacia adelante?

Altísimos, altísimos costes económicos, sociales, ambientales y políticos. “Costes económicos”, porque para seguir garantizando la extracción y procesamiento del crudo convencional restante, y especialmente del no convencional, son precisas unas tecnologías cada vez más complejas y, por consiguiente, unas inversiones cada día más elevadas, sencillamente descomunales, con un elevado riesgo en cuanto a los beneficios futuros derivados de las mismas. Lo mismo cabe decir de la tecnología y las inversiones necesarias para el desarrollo de los agrocarburantes, sobre todo de los llamados de “segunda generación”, es decir, a partir de materiales celulósicos, que está todavía por ver si son factibles de obtener y viables económicamente. “Costes sociales”, porque los altos flujos económicos mencionados, requerirán por supuesto de apoyo estatal para llevarlos a cabo (lo están haciendo ya), y derivarán en una reducción de los gastos sociales de todo tipo. Asimismo, porque la búsqueda de crudo en las áreas más remotas del planeta, está incidiendo abiertamente en comunidades indígenas y campesinas, alterando sus formas de vida y amenazando su propio futuro. Y lo mismo podemos decir respecto de la promoción de los agrocarburantes, cuyo desarrollo está poniendo igualmente en cuestión la existencia de comunidades campesinas e indígenas, al ampliar la frontera agraria y fomentar aún más los monocultivos, sobre todo en los espacios del Sur.

¿Y que opinión te merece la expansión de los agrocarburantes, que se intentan vender a la opinión pública como la panacea contra el cambio climático cuando, según algunas opiniones, pueden llegar a agravar éste, sobre todo si se tienen que importar del Sur del planeta transportándolos miles de kms hasta llegar al Norte, según ha reconocido recientemente hasta la propia Agencia de Medio Ambiente de la Unión?

Muy negativa. La agroindustria se mueve en base al petróleo y su progresión promueve la deforestación y roturación, eliminando sumideros muy importantes de carbono y destruyendo biodiversidad. Su promoción incrementará la demanda de agua en muchas regiones, con problemas ya de acceso al líquido elemento (ahondando en una nueva guerra ya en marcha por los recursos escasos), y agravará los impactos ambientales del agrobusiness (degradación de suelos y recursos hídricos, entre otros, que se verán recrudecidos también por la expansión de los cultivos transgénicos). Los agrocarburantes están siendo una de las principales causas de la agudización de la crisis alimentaria mundial, y lo será aún más en el futuro. Los precios de los alimentos se están disparando también a causa del fuerte incremento del precio del petróleo, aparte de por la especulación y la pérdida de soberanía alimentaria, y empieza a haber serios problemas de abastecimiento en algunos países. En el mercado mundial manda quien tiene poder de compra, los pobres del mundo no lo tienen, y los poseedores de coches en general sí. Es por eso por lo que la producción de grano mundial se está orientando a cubrir la demanda de agrocarburantes, desatendiendo y encareciendo la alimentación de la población mundial, que sigue en constante ascenso, pues la producción agraria mundial se ha estancado en los últimos años, a lo que no es ajeno el calentamiento global. Hasta ahora competían por el grano la población y el ganado (que sirve fundamentalmente para alimentar a las clases medias del mundo, a las que se han incorporado importantes sectores en China e India, y que engulle grosso modo el 30% del grano mundial), pero ahora empiezan a demandar su parte los coches, de Occidente principalmente.

Y todo esto que señalas tiene derivadas políticas y militares.

Las tiene. Es por todo ello principalmente por lo que asistimos desde hace años a una creciente deriva autoritaria y militarista mundial, así como al reforzamiento de las estructuras de dominio patriarcal, profundizando también la vía de la resolución violenta de los conflictos, y las dinámicas de la guerra civil molar y molecular (la guerra de todos contra todos, entre los de abajo), con el fin de intentar hacer viable y gestionable la explotación del petróleo mundial hasta su última gota. Cosa, por otro lado, imposible de acometer, pues siempre queda una gran parte del yacimiento sin poderse extraer físicamente, más de la mitad, debido a que el petróleo impregna las rocas. Como ha señalado el Jeque Yamani, representante de Arabia Saudí durante muchos años en la OPEP: “La Edad de Piedra no acabó por falta de piedras, y la Edad del Petróleo acabará bastante antes de que se agote el petróleo”.

¿Qué opinas de los escenarios energéticos que nos apuntan diversas instituciones?

Los escenarios de consumo energético mundial que nos pintan los distintos organismos internacionales para garantizar el crecimiento “sin fin” son de todo punto inviables, aparte de que alcanzarlos implicaría agudizar los conflictos, desequilibrios e impactos existentes hasta límites difíciles de imaginar, como resultado de la explotación a toda costa de los combustibles fósiles remanentes. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) y el Consejo del Petróleo estadounidense plantean un incremento del 50% del consumo energético mundial para el 2030, en el que el grueso de este aumento sería de combustibles fósiles (más del 80%). En este escenario el petróleo (o similares) seguiría siendo todavía, claramente, la primera fuente energética mundial (en torno al 35%), pues no hay alternativas a sus funciones a corto o medio plazo, incrementándose la demanda actual en casi un 40% (de 86 mbds a 117 mbds), nada menos, como si esto se pudiera solventar sin mayores problemas. Pero además sería preciso profundizar la explotación del gas natural y del carbón, así como impulsar nucleares y “renovables” (con carácter “centralizado”, incluido por supuesto los agrocarburantes).

En este escenario, claro está, el incremento de las emisiones de CO2 se dispararía.

Efectivamente, más de un 60%, lo que choca frontalmente con las mínimas recomendaciones esgrimidas por el Protocolo de Kyoto, para intentar paliar la gravedad del cambio climático en marcha, que no su despliegue; un tratado internacional inspirado en la lógica de mercado, absolutamente insuficiente para luchar contra el cambio climático, cuando no un puro ejercicio de marketing “verde”, a lo Al Gore. Las soluciones que se nos proponen son el “secuestro del carbono” (más tecnología costosa y más inversión, que no garantiza nada), ampliar el comercio mundial de emisiones (más mercado financiero, que no reduce necesariamente emisiones) y valorizar, privatizar y mercantilizar los recursos naturales (más apropiación de los bienes comunes mundiales). Además, Kyoto fosiliza unos derechos de emisión históricos, dotando de más capacidad de emisión a quien más ha contaminado: los países centrales. De acuerdo con las previsiones, una gran parte del aumento del consumo energético futuro tendría lugar en los países periféricos, sobre todo en las nuevas potencias emergentes (en especial China e India), lo que significaría una aguda competencia por unos recursos energéticos que tenderán a ser crecientemente escasos. Y no bastaría con profundizar la explotación de lo que queda de petróleo convencional, o de los “líquidos” mencionados, con los problemas y tensiones geopolíticas y militares derivados de todo ello, sino que sería necesario intensificar la explotación a todos los niveles del no convencional, y todo lo que eso supone. Un nuevo billón de barriles de “petróleo” aún por explotar, que se resistirán como gato panza arriba a que el actual metabolismo urbano-agro-industrial los pueda utilizar, por los costes, dificultades tecnológicas, impactos ambientales, resistencias y conflictos de toda índole que conllevaría su ilusoria explotación.

Pero, este escenario, aparte de pavoroso, ¿es viable?

No. Como ha empezado a reconocer por otro lado la propia AIE. La Agencia ya nos ha advertido que no se podrá garantizar el incremento de la demanda de “crudo” para el 2012, en el escenario business as usual (unos 96 mbds). Y es por eso por lo que llama a rebato y alerta de que es preciso iniciar la explotación como sea del billón de barriles de petróleo no convencional, profundizar la transformación en “líquidos” del gas natural y el carbón, y acelerar la producción de agrocarburantes. Pero se está empezando a reconocer lo que por otro lado empieza a ser ya un hecho, que el cenit (o pico) de todo tipo de “líquidos” (incluido el petróleo) se está produciendo ya (en torno a los 86 mbd), y que dentro de muy poco lo que ocurrirá es que empezará un decrecimiento inexorable y continuo del 3 al 5% anual. Además, el cenit del petróleo vendrá acompañado poco después del correspondiente del gas, iniciándose un declive energético aún más acusado. Y en pocos años más se sumará el tercer pico, el del carbón, cuyos precios además se están ya disparando, pues se han multiplicado por tres en lo que va de siglo. A todo ello se añadirá que la energía obtenida será de mucha menor calidad, esto es, de mucha menor intensidad energética, con lo cual será bastante más difícil mantener muchas de las actuales actividades y prestaciones. Heinberg nos ha alertado de que esta será la primera y la última generación que podrá disfrutar de los vuelos de bajo coste, y por otro lado los coches de no podrán moverse igual (en cuanto a potencia y velocidad) con los agrocarburantes. En definitiva, dentro de nada vamos a tener que enfrentar un escenario de menor energía, peor calidad energética, y bastante mayor precio de la misma Y todo ello, se quiera o no se quiera, pues no hay ningún Plan B disponible ni factible. No existe ninguna alternativa viable (hidrógeno, fusión, etc.) a las brutales necesidades energívoras del actual modelo urbano-agro-industrial, que además es incapaz de sobrevivir sin expandirse.

Y en cuanto a la tesis de que la depresión-deflación global está ya en marcha activada por el petróleo. ¿Te parece razonable?

El pico del oro negro afectará de lleno al crecimiento económico, iniciándose una profunda recesión sin fondo y sin fin. Un siglo de decrecimiento económico global está a punto de empezar. Es decir, el decrecimiento del flujo energético global será un verdadero torpedo en la línea de flotación del actual capitalismo globalizado, basado en la necesidad de crecimiento y acumulación constante, que no nos olvidemos se basa en un consumo energético al alza indefinido. La Naturaleza, y más en concreto su geología, pondrán finalmente límite a este loco crecimiento “sin fin”, y se iniciará la Era del Decrecimiento. Y eso ocurrirá muy pronto, quizás antes de 2010, o en torno a esa fecha. Los impactos económicos negativos del cambio climático sobre las dinámicas del capitalismo global serán palpables y crecientemente graves probablemente más tarde. Así pues, el pico del petróleo implicará que el actual capitalismo globalizado de base financiera terminará definitivamente de saltar los aires, si no lo hace antes. Ya está ocurriendo en la actualidad antes de que se inicie el decrecimiento energético, pues el capitalismo financiero globalizado, con epicentro en EEUU, que ha estado creciendo en base a la expansión irrefrenable del crédito, y a la creación de dinero ficticio, a ritmos de dos y tres veces el crecimiento de la “economía real”, está tocando a su fin. Este nuevo capitalismo se ha sustentado en la creación de deuda a todos los niveles (de individuos, familias, empresas, estados), en beneficio de una plutocracia del dinero, y de gran parte de unas clases medias que hasta ahora se había beneficiado también de la revalorización de los activos financieros a los que había destinado sus ahorros (el “capitalismo popular”). Es decir, se ha estado por así decir importando capitales del futuro hacia el presente como forma de impulsar el crecimiento del capitalismo global, y de acrecentar la acumulación de unos pocos de manera descomunal. Pero este capitalismo “virtual” ha entrado en crisis cuando esa expansión especulativa ha sido ya sencillamente inmantenible, y además cuando ha empezado a incidir sobre el crecimiento de la “economía real” (que en definitiva sostiene toda esta demencia) el fuerte (fortísimo) incremento del precio de la energía; cuando se cierra este texto el petróleo está ya, repetimos, acercándose a los 140 $ el barril (esto es, en una década el precio del crudo se ha multiplicado más de 15 veces).

Y para ti se está produciendo ya una caída a cámara lenta del castillo de naipes financiero que se había estado construyendo a lo largo de los últimos treinta años, y especialmente a partir de 2002-2003, provocando el inicio de una deflación financiera global.

El derrumbe que sin duda se profundizará con la crisis en marcha del dólar como moneda hegemónica mundial, a la que también contribuirá sin duda el creciente cuestionamiento por los países extractores de petróleo del dólar como moneda de pago, y la progresiva incapacidad de EEUU de hacer frente al descomunal endeudamiento externo en el que ha incurrido debido al abuso de su posición hegemónica. Y no hay que olvidar que la “guerra sin fin” en la que se ha embarcado Washington, para apuntalar su hegemonía en crisis, se financia en gran medida con capitales externos (principalmente de China, Japón y Arabia Saudí), que habrá que ver cuanto tiempo siguen manteniendo esta apuesta suicida por el dólar. Como se ha llegado a decir, la suerte del dólar se juega en Pekín, el principal tenedor mundial de bonos del tesoro estadounidenses. En este sentido, una parte de la subida del petróleo cabe atribuirla a la caída del dólar, y es por ello por lo que hasta el presente la UE está resistiendo mejor la subida del crudo, pues no en vano el euro se ha revalorizado fuertemente respecto del dólar.

Por otra parte, los países del Golfo Pérsico mantienen hasta ahora sus monedas “pegadas” al dólar y están sufriendo una fuerte inflación a causa de ello, así como crecientes conflictos laborales y sociales debido al alza de precios, y es por eso por lo que se están planteando crear una moneda propia e irse desvinculando poco a poco del billete verde. Lo cual incidirá igualmente en la crisis del dólar. De cualquier forma, las Petromonarquías del Golfo, que nadan en dólares debido al alto precio del crudo, han creado potentes Fondos Soberanos que están ayudando actualmente a salvar los grandes bancos de inversión del mundo, los de carácter más especulativo y los más afectados hasta ahora por la crisis financiera. La gran mayoría de ellos del mundo anglosajón. Un nuevo reciclaje pues de petrodólares, como en los años setenta del siglo XX.

¿Tú crees entonces que el colapso financiero se acelerará cuando entremos en la era del decrecimiento energético y del fin del crudo barato?

Creo que sí. A partir de entonces será irrefrenable y se producirá seguramente una verdadera hecatombe financiera mundial, una brusca e intensa depresión-deflación global. Pero la deflación será del precio de los activos financieros e inmobiliarios, y puede coexistir con una fuerte subida de precios en la “economía real” (debido principalmente al alza del crudo), al tiempo que ésta también se frena y decae bruscamente (depresión). Algo así como una “decreflación”: esto es, decrecimiento con inflación. En los años setenta hubo “estanflación”, esto es, estancamiento con inflación, pero ahora habrá muy probablemente “decreflación”. Es preciso pues prepararse para ese escenario de decrecimiento obligado, y de pinchazo definitivo y violento de la burbuja financiera mundial. Los límites del sistema materia-energía repercutirán de lleno en la expansión “sin fin” del sistema monetario financiero, del dinero ficticio, que no solo tocará a su FIN, sino que en muy gran medida se evaporará en el aire, con graves repercusiones también para la “economía real”, pues ésta a su vez es altamente dependiente de este capitalismo de casino globalizado. Una verdadera conmoción para la que es preciso prepararse, con el fin no solo de resistirla, sino de que no nos arrase.

¿Nos precipitamos, pues, hacia el desastre final y la guerra?

Quizás, si la recesión que se inicia actualmente es muy profunda, es decir si la actividad económica mundial cae bruscamente (empezando en EEUU, pero afectando después al mundo entero, incluido por supuesto China, y a la propia UE), se produzca una menor demanda energética mundial momentánea, y se logre arañar algo más de tiempo a la irrupción imparable del pico del petróleo, antes de que se inicie de forma inexorable la Era del Decrecimiento económico y energético. Pero será tan solo un espejismo, pareciendo que el cenit se ha desplazado en el horizonte. Sin embargo, ese horizonte está mucho más cercano de lo que nos han hecho creer, y de hecho seguramente estamos entrando ya en él. Decir también que en la nueva crisis energética que enfrentamos, que será la última, pues dentro de poco solo habrá declive energético, hay un componente nuevo y este es la especulación con las materias primas, y en concreto con el petróleo. Los capitales que huyen espantados de los mercados financieros ante el inicio de la deflación global, se están aposentando en los mercados de futuros de materias primas como forma de escapar de la deflación global, de no perder valor. Es una apuesta segura, pues su precio solo puede ir al alza. Pero a su vez están provocando una subida aún más intensa del precio de las materias primas, y en concreto del oro negro (¡y como no del oro amarillo –por encima ya de los 1000 $ la onza- que se vuelve a convertir en el dinero internacional por excelencia!), lo que a su vez puede precipitar la depresión global, que finalmente hará explotar cualquier burbuja especulativa. Un círculo vicioso pues de difícil salida.

Y en cuanto a la intervención norteamericana en Irán.

Como apuntan distintas reflexiones, es probable que se produzca el tan temido ataque a Irán por parte de EEUU, o a través de su agresivo socio Israelí, que cada vez condiciona más la política de la superpotencia en el Gran Oriente Medio, como consecuencia del papel determinante del Lobby Israelí estadounidense en Washington. El control de las renuentes milicias chiíes no gubernamentales de la región de Basora (el Ejército del Mahdi, de Al Sader), a las que se pretende vincular con Irán, y donde está el grueso del petróleo iraquí, puede ser la causa que intente justificar el ataque. Pero también es una creciente amenaza para el poder anglosajón, la anunciada creación de una bolsa iraní de petróleo que no cotizará en dólares, desafiando la actual hegemonía mundial de las bolsas del crudo en Nueva York y Londres, las mayores del mundo y que operan en dólares. Además, las dictaduras y teocracias árabes aliadas de Estados Unidos en la región, se hallan cada vez más entre la espada de Tel Aviv y la pared de la calle árabe. Una situación crecientemente explosiva, sobre todo a causa de la tremenda actuación del Estado sionista en Gaza y Cisjordania, de la que está saliendo reforzado Irán, como potencia regional, con proyección progresiva en Líbano y Gaza. De ahí el interés israelí en golpear contundentemente a Teherán. Y EEUU puede buscar también, de paso, en ese ataque una nueva huida hacia delante para afianzar (momentáneamente) su hegemonía, terminar de controlar (temporalmente también) el Grifo Mundial del Petróleo, y tratar de apuntalar (vanamente) al dólar manu militari.

Y en lo que respecta a los discursos y posiciones de los principales líderes europeos

En esta deriva, los discursos de los principales líderes europeos (Sarkozy, Merkel y Brown) son cada vez más seguidistas de esta posible intervención militar en gran medida suicida. Es por eso también por lo que Irán busca apoyos fuera de Occidente, en concreto en Rusia y en China, cuyas petroleras operan ya en Irán. Los expertos auguran que en caso de ataque a Irán el petróleo se pondría en 200 $, ante el temor a que esa acción termine de trastocar la extracción y el flujo energético mundial, pues una gran parte del mismo como hemos dicho pasa por el Estrecho de Ormuz. Lo cual nos acercaría el horizonte de escasez y carestía de la energía, pues Irán es uno de los principales extractores mundiales de crudo y el segundo país del mundo, repetimos, en reservas de petróleo. Y todo ello aceleraría a su vez, sin lugar a dudas, el derrumbe financiero global. Es un escenario de locura, pero a lo largo de la Historia hemos podido observar cómo las huidas hacia adelante han contribuido al colapso de muchos imperios. Lo mismo podríamos apuntar en el escenario para nada descartable de un colapso del régimen Saudí como resultado de la creciente actividad de la Yihad (y en concreto Al Qaeda) en la región, no en vano Riad tiene que dedicar cada vez más recursos securitarios y militares a proteger sus pozos, oleoductos y puertos. O de un incendio político-social de toda la región de Oriente Medio, en donde hoy en día ya se dan tres guerras civiles larvadas (Irak, Líbano y Palestina), con crecientes enfrentamientos entre las comunidades suníes y chíes, azuzados principalmente desde Occidente y su socio el Estado de Israel. Si se produjesen estas fatales circunstancias los mercados de todo el mundo temblarían, y los horizontes de encarecimiento y escasez nos desbordarían. Pero azuzar el “Choque de Civilizaciones” por parte de Occidente es lo que tiene, en el que nada como pez en el agua Al Qaeda, sobre todo cuando dentro de no mucho tiempo todo el petróleo que quede en el mundo estará bajo “suelo islámico”.

Por consiguiente, en tu opinión, estamos en una situación sin salida, abocados al colapso y/o a la guerra, si no sabemos enfrentarnos y gestionar consensuadamente el decrecimiento que se avecina, e iniciar una activa, intensa y descentralizada transición energética hacia Otros Mundos Posibles. Y sobre todo si no sabemos desactivar el “Choque de Civilizaciones” al que nos quieren conducir unos y otros, con la excusa del petróleo.

Eso creo. Los principales actores estatales mundiales se preparan para la guerra, pues además los altos precios del petróleo permiten también a los países exportadores incrementar fuertemente sus gastos militares, siendo las grandes potencias las que les proporcionan las armas. Especialmente Occidente, pero no solo (también Rusia, China, etc.). Sin embargo, la guerra generalizada es un escenario del que huye como gato escaldado el gran capital productivo y financiero internacional, pues sabe que en ese caso un fortísimo colapso de todo el sistema mundial es seguro, debido a la enorme interdependencia internacional actual, que es muchísimo mayor que la de los años 30. Es por eso, quizás, por lo que desde distintos círculos internacionales se aboga por la “lucha contra el cambio climático”, como una vía para la posible transición “pacífica” hacia una ilusoria transición energética que no toque las bases de crecimiento y acumulación constante del actual sistema, así como la financiarización desbocada del mismo. Aunque también desde posiciones alternativas se promueve un llamado Protocolo del Petróleo, que permitiría consensuar internacionalmente el previsible agotamiento del crudo, y hacer factible y pacífica una complejísima e ineludible transición energética. Esta es la postura de sectores de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo (ASPO, en sus siglas en inglés; http://www.peakoil.org).

¿Crees que el giro neoliberal del nuevo capitalismo global, con su énfasis en la privatización, desregulación y globalización, dificulta aún más cualquier tipo de transición energética, y nos aboca cada vez más a la guerra?

Esa es mi posición. El Estado se ha puesto a trabajar descaradamente a favor del capital, aparte de que el capital privado está creciendo en gran parte a costa de la privatización del componente social del Estado del Bienestar (sanidad, educación, pensiones, agua, etc.). Es más, últimamente el Estado se está poniendo también a rescatar de la crisis a los grandes del sistema financiero, que nos han conducido a la actual situación. Es decir, ingentes recursos económicos públicos se están dedicando a salvar del naufragio a sus principales responsables privados, mientras que no sólo se abandona la atención de las necesidades de sectores muy amplios de la sociedad (dinamitando el “Estado Social”), sino que el gasto estatal se está orientando a mantener como sea el crecimiento económico (inversión en grandes infraestructuras de transporte, p.e.), de acuerdo con las dinámicas y exigencias del capitalismo global. Lo cual, como señalamos, hace aún mucho más difícil cualquier transición energética mínimamente justa y sostenible. Es más, la hace imposible. Y al mismo tiempo no hacen sino incrementarse los presupuestos militares y policiales.

¿Es el decrecimiento en tu opinión una oportunidad para la transición postfosilista y la lucha contra el cambio climático?

Nos encontramos crecientemente embarcados en una “Guerra Mundial por el Petróleo”, en defensa de la hegemonía de EEUU y del dólar, pero también de las actuales estructuras de poder mundial, así como de la civilización urbano-agro-industrial planetaria. Esta guerra, si no hacemos nada, se intensificará cuando atravesemos el pico del petróleo. Lo está haciendo ya. Todo indica que hemos entrado de lleno en la tercera crisis del petróleo, que sin lugar a dudas será la definitiva. Dicha crisis marcará la inviabilidad futura del presente modelo urbano-agro-industrial a escala mundial, y se reflejará con especial intensidad en las metrópolis. La imposibilidad del crecimiento económico continuo a partir de entonces, debido a que el suministro energético será declinante desde ese momento, la primera vez en más de doscientos años, será el mayor ataque que se puede prever a la lógica capitalista de expansión y acumulación constante, y por supuesto a la explosión financiera reciente. Se iniciará pues a partir de entonces el decrecimiento “sin fin”, la Era del Decrecimiento, que cambiará todo y que implicará el colapso progresivo del actual modelo civilizatorio. A partir de entonces quedará claro que el crecimiento exponencial habrá sido un fenómeno transitorio en la historia de la Humanidad (Naredo, 2008). Pero dicho colapso puede ser catastrófico u ordenado, en la transición obligada a un suministro energético decadente. En cualquier caso, es inevitable el paso a estructuras sociales y productivas de un nivel de complejidad e interrelación inferior al actual a escala global. Además, las actuales estructuras de poder, estatales y empresariales (en especial, las grandes empresas transnacionales), serán incapaces de mantenerse en pie, pues se han desarrollado y se basan en un imponente consumo energético.

¿Y la adaptación a ese decrecimiento, a ese nuevo escenario energético declinante, podría ser una oportunidad de oro para caminar hacia Otros Mundos Posibles?

Sí, si la hacemos de forma equitativa y consensuada, intentando solventar de forma pacífica los conflictos que sin lugar a dudas se producirán (que ya están aquí). Pero también existe el peligro de entrar en un periodo prolongado de caos sistémico, militarismo, guerra y autoritarismo generalizados, de carácter quizás neofeudal y con escenarios tipo Mad Max, si no somos capaces de frenar el camino hacia la barbarie neofascista postmoderna que nos invade. Sin embargo, el pico del petróleo y el inicio del fin de la era de los combustibles fósiles, pueden significar también la sacudida obligada de las conciencias, que es precisa para iniciar transformaciones en profundidad desde abajo, pues mientras no cambien los “dioses”, no será posible cambiar nada. El “fin de esta vida normal” puede ser un verdadero shock que haga que las sociedades se despierten de su adicción al petróleo. Por eso, el “No Más Sangre por Petróleo” debería ser el lema que presida el debate, la movilización y la transformación social y productiva en el futuro, pues de él se desprende también la necesidad de caminar hacia una profunda transformación del modelo de sociedad, y de las actuales estructuras de poder estatal y empresarial, pareja a una fuerte reducción del consumo energético. Se han perdido treinta años preciosos para esa transformación desde las últimas crisis del petróleo, y hoy nos encontramos en una situación mucho más difícil aún, es decir, mucho más dependientes de los combustibles fósiles, para iniciar el camino hacia un mundo post-fosilista. El consumo energético mundial se ha incrementado un abultadísimo 70% en este periodo, en su inmensa mayoría de procedencia fósil (Naredo, 2008). Es decir, en algo más de treinta años se han consumido “casi tanta” energía proveniente de combustibles fósiles como desde el inicio de la Revolución Industrial hasta los años 70 del siglo XX. Además, hace treinta años todavía había un enorme potencial de transformación político-social en el mundo (al calor del 68), y hoy en día para nada es esa la situación, al menos en los espacios centrales. A pesar de ello, si fuera posible, sería conveniente adelantar esa transición, a buen seguro enormemente compleja, para desactivar la loca huida hacia el abismo a la que nos conduce la profundización de la deriva actual.

Dedicas el libro a Ken Saro Wiva y los ochos ogonis más que fueron asesinados en 1995, bajo presión de la multinacional Shell, por defender el hábitat del Delta del Níger de la extracción del petróleo. ¿Te parece que también dediquemos a ellos nuestra conversación?

Con gusto. El asesinato de Ken Saro Wiva y ochos ogonis del Delta de Níger por parte del Estado nigeriano, bajo presión de la Shell, y el escándalo que provocó el hundimiento de una plataforma del Mar del Norte de la misma compañía, alertaron a todo el sector ante la capacidad de movilización y boicot de los movimientos sociales contra las petroleras, especialmente en Europa occidental. Es por eso por lo que en los noventa inician poco a poco una reconversión “verde” en cuanto a su imagen corporativa, que coincide también con la progresiva incursión de algunas de ellas en el campo de las energías renovables. Simple marketing.-

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