http://www.rojoynegro.info/2004/spip.php?article23415
Muchos analistas se preguntan estos días por las razones que han podido
conducir al presidente georgiano, Saakashvili, a lanzar en Osetia del Sur
una ofensiva militar que parecía inequívocamente condenada al fracaso. Si
cualquier conocedor de lo que se dirime hoy en el Cáucaso hubiera dado
inmediatamente por descontado que la ofensiva en cuestión estaba llamada a
provocar una inmediata réplica rusa, el sentido común recuerda, por
añadidura, que la acción armada georgiana ha tenido que gozar, por fuerza,
del beneplácito, y en su caso del apoyo logístico, norteamericano.
Aunque soy poco amigo de las explicaciones conspiratorias, por una vez me
dejaré llevar por una de ellas. En algo recuerda —lo confesaré— a un
argumento que se esgrimió con profusión cuando llegó el momento de
explicar la anexión iraquí de Kuwait, en el verano de 1990. Entonces se
sugirió que Estados Unidos le tendió una trampa a Saddam Hussein a través
de eventuales garantías en el sentido de que una ocupación del emirato por
Iraq no tendría mayor respuesta norteamericana. Conforme a la
interpretación dominante, del lado de la Casa Blanca el propósito oculto
habría sido, claro, disfrutar de una oportunidad de oro para deshacerse de
un régimen molesto que disputaba a EEUU, con manifiesta osadía, la
hegemonía en el Oriente Próximo.
El recordatorio de lo ocurrido en el golfo Pérsico casi cuatro lustros
atrás viene a cuento porque —parece— bien pueden invocarse circunstancias
parecidas en el escenario georgiano de estas horas. Reseñemos por lo
pronto que merece poco crédito la explicación que apunta que el presidente
Saakashvili se lanzó el viernes pasado a una dudosa operación militar en
Osetia del Sur para acallar críticas internas y desviar la atención con
respecto a los numerosos problemas que plantea su gestión política.
Nuestro hombre ha pasado en los últimos tiempos por tesituras mucho más
delicadas que la de este verano y nadie parece sostener en serio la
apreciación anterior, tanto más cuanto que, por sí sola, conduce
inequívocamente a un escenario más bien suicida.
La observación que se impone llama la atención, antes bien, sobre un
eventual engaño estadounidense a Saakashvili. Según esta percepción, la
diplomacia norteamericana habría garantizado al presidente georgiano que
Rusia, consciente de lo delicado que es cruzar la frontera de un Estado
soberano y recelosa de la perspectiva de una confrontación abierta con
EEUU, en modo alguno respondería militarmente a una ofensiva en Osetia del
Sur. Georgia recuperaría así en plenitud, y con gloria, el control sobre
esa república y la credibilidad del Kremlin quedaría en entredicho. De la
mano de este ardid, la Casa Blanca le habría puesto en bandeja a
Saakashvili un triunfo que vendría a consolidar definitivamente su
posición.
El lector razonable se preguntará inmediatamente, claro, qué es lo que
Washington ganaría de la mano de una apuesta tan delicada, que —no lo
olvidemos, y merced a una reacción rusa muy diferente de la anunciada—
podría dar al traste con el poder del aliado Saakashvili y trastabillar
muchos de los esquemas de presión norteamericanos en el Cáucaso. La única
respuesta solvente a ese interrogante señala que, de resultas de la
intervención militar rusa —el horizonte más probable—, y tanto más cuanto
que ésta no parece se haya caracterizado por mesura alguna, los halcones
de la Casa Blanca podrían insuflarle un aire nuevo a la alicaída
confrontación con Moscú y reabrir de esta forma una tensión que vendría
como anillo al dedo a sus intereses. La proximidad de las elecciones
presidenciales estadounidenses le otorgaría valor añadido, en fin, a la
jugada que nos ocupa, al amparo de argumentos interesantes para demonizar
la aparente laxitud de las propuestas de Barack Obama.
No deseo ignorar que la hipótesis que expongo, como todas las que tienen
un resuello conspiratorio, arrastra problemas no menores y obliga a
acometer un notable ejercicio de imaginación. Quien se quede con esta
legítima conclusión hará bien, eso sí, en proponer alguna explicación
alternativa para la sorprendente conducta de la que han hecho gala en los
últimos días los gobernantes georgianos.
--
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de
Madrid y colaborador de Bakeaz.
Carlos Taibo
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