EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Vamos publicando en “El eco de los pasos” una serie de trabajos provenientes de diversas fuentes, porque desde hace décadas sabemos que los anarquistas no tenemos la razón en todo lo que planteamos.
Hay muchos elementos de la vieja doctrina anarquista que deben ser desechados por ser simplemente antiguallas o que deben ser revisados; y, al mismo tiempo, el anarquismo debe terminar aceptando nuevos aportes para vivificarse.
La mayor parte de esos nuevos aportes provienen de Chomsky y lo que podríamos llamar la “escuela chomskiana”. Quizá, entre muchas cosas, Chomsky haya realizado un gran aporte al anarquismo al polemizar con M. Foucault. De esa polémica hay excelentes materiales en Internet.
Lo que está claro es que el tema del Poder, en abstracto, nada tiene que ver con el anarquismo sino con el Ultraliberalismo. Y más: con el Ultracapitalismo. Porque lo que más le espanta al Capitalismo es la existencia de un Poder que, al menos, lo controle, controle sus excesos, le ponga barreras. La esencia del Capitalismo es la esencia de su propio Poder sin límites.
Lo que no está claro, sin embargo, es si ese mismo Poder controlador, en primera instancia, del Capitalismo, pueda ser el origen de una sociedad distinta al Capitalismo. Las experiencias bolcheviques parecen contrarrestar esa creencia.
El anarquismo siempre se situó equidistante de ambas posibilidades; es decir, tanto del Capitalismo Ultraliberal como del Capitalismo de Estado. Pero jamás ha podido demostrar que es posible una tercera alternativa distinta no sólo a las dos mencionadas sino también al Capitalismo mismo, salvo que, en experiencias delimitadas y voluntarias, se puede asociar el trabajo y crear relaciones sociales antiautoritarias entre los hombres y las mujeres.
El anarquismo puede ser una solución, pero no parece viable implementarla siendo arrinconada entre las utopías que, en cierta forma, sirven de inspiración a sus acólitos.
A lo largo de la evolución de las sociedades occidentales, el anarquismo ha terminado por admitir realidades que, en los comienzos de la doctrina, se rechazaban por absurdas.
No obstante quedan aún, y dogmáticos es lo que sobran, personas que se aferran a verdades decimonónicas que han sido rebasadas por los tiempos.
No, compañeros anarquistas, no tenemos la Verdad. Y, la desactualización de gran parte de la doctrina, sólo ha servido para oscurecerle la visión. Así como tampoco la tienen –la Verdad- otras corrientes del socialismo primigenio, incluido la marxista.
Quizá Toni Negri haya sido otro descubridor de los nuevos problemas que la sociedad de la información y el siglo XXI plantean a las fuerzas revolucionarias. Su libro “Multitud” es de obligatoria lectura, pero hay matices.
Uno de ellos es que las sociedades planetarias no son homogéneas, y que el sistema capitalista funciona sobre la base de la explotación del Sur por el Norte, de la Periferia por el Centro y del Campo por la Ciudad. Por eso, Toni Negri no es fácilmente masticable por los revolucionarios tercermundistas que, a su manera, siguen digiriendo teorías decimonónicas.
Precisamente, Chomsky basó su propia revisión teórica tras escribir “El año 501” donde analizó detenidamente, y desde una perspectiva mucho más amplia, el tema del Imperialismo. Más allá del viejo texto de Lenin, Chomsky se encontró tanto con soluciones como con problemas que lo llevarían, más tarde, a admitir que el Estado puede servir a los pueblos de la Periferia, y también a los del Centro, para enfrentar las arremetidas del Poder Neoliberal del Capitalismo. Ahora, para enfrentarla no hay recetas, cada situación nacional debe encontrarlas.
En esta situación nos encontramos en Venezuela desde la llegada de Chávez al gobierno, en 1999, pero fundamentalmente a partir de las leyes habilitantes de Noviembre de 2001. Fue a partir de ese momento que el Poder Capitalista venezolano se despojó de sus mascarones demócratas y apostó por el fascismo, perpetrando el golpe de abril de 2002 y el sabotaje petrolero de 2002-2003, entre otras proezas.
Bien vista la cosa, en 1989 el pueblo venezolano derrumbó el Estado, si tomamos en cuenta que el Estado, hasta ese momento, había funcionado como un consenso de las élites privadas y públicas. El Neoliberalismo, entronizado por adecos y copeyanos, fue rechazado por el pueblo trabajador en las calles. Pero también fue rechazado por un sector de la burguesía que vio en ello la posibilidad de deshacerse de los adecos.
Ese mismo sector de la burguesía criolla creyó que podría manejar a Chávez como había hecho con otros líderes populares a lo largo de nuestra historia. Hizo lo indecible durante la etapa anterior al 2001. Chávez les resultó respondón, alzado, irreverente. Entonces el frente burgués apostó por deshacerse de él.
Para los anarquistas, en ese momento, era menester saber si estábamos frente a una revolución palaciega, como ha habido tantas; o frente a una revolución social. Si ésta era posible “desde arriba” cuando siempre predicábamos que debía ser “desde abajo”.
¿Cómo saberlo? ¿Enfrentándonos a un gobierno que, en ese momento, ya era reprendido por los Gringos y concitaba los odios de los Amos del Valle? No parecía sensato, porque la experiencia histórica nos mostraba o que muchos anarquistas habían terminado en el campo de la derecha liberal –el cual no es el nuestro- o que habían rendido excelentes servicios al imperialismo anglosajón en muchos sitios, en España, entre otros.
Sabíamos –por saberlo es que somos anarquistas- que todo proceso revolucionario, a lo largo de la historia, engendra su propia burocracia, su nueva clase dominante, cuando deja de ser una revolución palaciega. La bolivariana no sería, ni ha sido, la excepción.
Pero, ¿en qué medida el tiempo transcurrido ha permitido al pueblo trabajador superar las taras que arrastra en un país neocolonial? ¿En qué medida podemos decir hoy que las organizaciones autónomas, o que, en general, la organización autónoma, es una realidad en este país?
Debemos delimitar bastante bien el concepto de autonomía desde el punto de vista ácrata. La autonomía no se refiere a que nos financie el Estado o el Poder privado o Nosotros mismos. La autonomía se refiere a la capacidad de organizarnos por nosotros mismos, al margen de toda directiva heterónoma -es, por tanto, un problema de consciencia y no de fuente de financiamiento-; con el objeto de incidir en la realidad y cambiarla si ese es el caso. La autonomía es la capacidad de cambiar las cosas cambiándonos a nosotros mismos, simultáneamente.
Es evidente que en este país, en estos momentos, hay varias experiencias sólidas, otras no tanto, de organización autónoma, que se ha valido, muchas veces, del sistema legal para hacer su labor. Esto es innegable.
Ahora, esto ya de por sí es una combinación inexplicable para el viejo anarquismo: la combinación de la organización autónoma con las leyes, es decir, con el ordenamiento jurídico. Para el viejo anarquismo las únicas leyes que se admitían eran las naturales, y no las creadas por el Estado. Pero mucha agua ha corrido bajo los puentes: los mismos anarquistas decimonónicos debieron echar mano de las leyes para protegerse de persecuciones.
Entonces, no se pueden avalar miméticamente las arengas del pasado anarquista. Ese pasado debe ser revisado; a veces, poco enseñan; otras, son tan sólo historia o la mayor parte de ellas meras arengas de la historiografía anarquista. Hay muchas interrogantes en el pasado anarquista que aún no conocemos. Por ejemplo, ¿realmente Emma Goldman se entrevistó con Lenin o esa “entrevista” fue un invento de ella en sus memorias? ¿Cómo lo sabremos? ¿Podríamos admitir que Lenin se refiriera a Malatesta, como partidario de la Revolución Bolchevique, en esa entrevista, según la versión de la Goldman? Las memorias de la Goldman se redactan en la segunda mitad de los años 1920, en Europa –no en los Estados Unidos-, y en un momento en el cual los anarquistas italianos se cuadran con los bolcheviques… ¿No sería esa extraña alusión de Lenin sobre Malatesta parte de un pase de factura de la Goldman a Malatesta? Todo es posible…
A decir verdad, la actividad de los anarquistas italianos, en gran parte del siglo XX, fue financiada con los dólares que mandaban los emigrantes italianos de los Estados Unidos. Y, quién paga, manda. Anarquistas italianos enriquecidos en los Estados Unidos fueron los que obligaron a A. Borghi a desinteresarse por reconstruir la USI italiana después de 1945, tras la guerra…
De todo hay en la viña del señor.-
EEDLP