De Michele Fabiani [1]*Carta de Michele Fabiani [2]Michele Fabiani en arresto domiciliario [3]http://www.alasbarricadas.org/noticias//noticias/?q=node/8213
En “Experimentamos la anarquía” se han avanzado una serie de observaciones sobre el método a usar para analizar la realidad y decidir donde agredir el sistema. Sin embargo hay que evitar, como a menudo pasa en las aburridas relaciones de teoría política, de hacer únicamente una discusión correcta pero abstracta y que luego no indica las situaciones concretas de intervención para revolucionar este mundo.
Ya dijimos que el método de análisis no ha de ser ni el axiomático-deductivo, utilizado sobretodo por los marxistas y por aquella parte del movimiento anárquico según quien existen los principios indicados por los Maestros (lucha de clase, sacralizad del rol de la clase obrera industrial etc.) y de aquellos principios que permiten deducir mecánicamente las consecuencias (si la clase obrera es sagrada las luchas ecologistas son de matriz pequeños burgués porque quieren superar el modelo industrial), ni tampoco el método intuitivo, propio del nihilismo y de una pequeña parte del individualismo anarquista. El método correcto es en realidad el hipotético-experimental, cuyo punto de partida es un problema, se formula una hipótesis que explique el problema, a través de experimento se verifica que la hipótesis sea plausible, se elabora una estrategia para resolver el problema y se experimenta esta estrategia.
COMO RESOLVER EL PROBLEMA DE LA EXPLOTACION
En el caso de la explotada el problema es:¿ por qué no llego a final de mes? A diferencia que en el método axiomático, en que las soluciones son dadas una vez y para siempre, las hipótesis que resuelven un problema podrían ser infinitas y más aun modificarse con el tiempo. De echo, a la pregunta “¿porqué no llego a final de mes?”, una de las hipótesis que resuelva la cuestión podría ser: porque soy un derrochador ; pero también: porque mis hijas son unas derrochadoras; pero también: porque mi jefe no me paga lo suficiente; o: porque mi dinero se agota en el juego; o: porque el alquiler es caro; etc. Cada una de estas hipótesis es plausible, aquella (o aquellas) que es compatible con la realidad concreta solo puede ser reconocida confrontando las hipótesis de forma experimental. De hecho, una vez aclarado que no soy un consumista y que tampoco mis hijas lo son, puedo pensar que la causa de mis desgracias dependa del juego. Pero, pensando a fondo, tampoco es mucho el dinero que gasto en las apuestas, y que además de vez en cuando gano. Las hipótesis que se acreditan prueban que el problema se da por pagar un alquiler demasiado alto y percibir un sueldo insuficiente.
Acertadas las hipótesis que resuelven el problema “¿porque no llego a final de mes?”, el problema se renueva y llega a ser el siguiente: ¿que puedo hacer para llegar a final de mes? También aquí hay una multiplicidad de soluciones: trabajar más horas, chivar al jefe los fallos de las compañeras a cambio de compensaciones, atracar un banco, subalquilar una habitación a un estudiante o a un extracomunitario, ocupar una casa y no pagar el alquiler, ocupar la empresa en donde trabajo y repartir los ingresos entre quien los produces sin dejarle nada al dueño, ganando más y quizás empleando mas gente y bajando las jornadas, o trabajar menos horas para dedicar tiempo para pasear con mi compañera y hacer el amor con ella.
Está claro que si elijo las hipótesis más infames estoy en contra de mis sentimientos, de los compañeros que trabajan conmigo y tendría menos tiempo para hacer el amor. A diferencia del método axiomático, que es perfectamente racional, el método hipotético-experimental tiene en cuenta los sentimientos y la ética, también por ser de alguna forma una síntesis del intuicionismo. Pero es también evidente que si atraco un banco u ocupo la empresa los maderos me pueden meter preso, privándome de mi compañera y dejando a mis hijas sin suporte económico. Y el problema no se resuelve, si no que empeora.
¿Qué puedo hacer? La hipótesis es vivir en una sociedad en donde no hay jefes, como si la empresa fuera ocupada, pero sin que haya cárceles en donde encerrarme si la ocupo, una sociedad en donde no tengo que pagar el alquiler de la casa en donde vivo, en donde no tengo que pagar ni la luz ni el agua caliente porque tengo placas solares en el tejado etc. Se puede, para hacer todo esto, ocupar contemporáneamente los lugares de trabajo tomando la posesión de la producción, cosa seguramente más fácil en las empresas agrarias que en las fabricas tan veneradas por las marxistas, asaltar las prisiones, quizás con la ayuda del hermano marroquí a quien le alquilamos la casa y que esta preso por posesión de drogas, asaltar el registro de la propiedad para adquirir legitimidad sobre las casas en que vivimos, así que, si el estado tomara nuevamente el control por lo menos tendríamos una casa etc..
La supervivencia de una comunidad así es claramente puesta en riesgo por la represión. Y por eso hace falta una estrategia mucho mas compleja de la historieta contada arriba, pero que al igual utilice una metodología hipotético-experimental. La anarquía es una hipótesis de esta sociedad futura, una hipótesis que no está dada ahora y siempre, sino que cambia con el cambiar de la realidad concreta. El anarquismo es el movimiento que experimenta esta hipótesis, un movimiento que no tiene que utilizar las mismas estrategias de la historia, si no que las cambiaria con el cambiar de la realidad. Sin embargo hay que rechazar las estrategias axiomático-deductivas, como por ejemplo el marxismo. De hecho, afirmando como axiomas inconmutables de lucha de clase y de la superioridad del proletariado industrial respecto al campesinado o al sub-proletariado metropolitano, con el mutar de la realidad concreta los nexos mecanicistas entre axiomas inconmutables y situaciones específicas se vuelven grotescos. Por ejemplo el welfare, o sea, con la estrategia del dominio de dar mas dinero a los oprimidos para frenar sus rebeliones y para que lo gastaran permitiendo el reciclaje del sistema, es más difícil explicar las conexiones deductivas que según ellos deberían estar entre la lucha de clase y la realidad concreta de una relativa mejora de las condiciones de vida de aquellas oprimidas “garantizadas” por este tipo de economía. Otro ejemplo, la situación ambiental y la lucha ecologista, una lucha difícilmente aceptable sin caer en las contradicciones por parte de quien afirma como axioma la superioridad de la clase obrera industrializada. Mas en general, cada vez que se parte de una presunción, predicando su eternidad e irrefutabilidad, existe el riesgo, modificándose la realidad, de transformarse en una secta que predica algo que para la mayoría resulta incomprensible.
LAS TEMATICAS DEL CHOQUE
En esta fase el movimiento revolucionario, y no sólo el anarquista, carece de una estrategia, de un nuevo programa que sepa decir algo sobre las luchas actuales, y sobre todo que pueda empujarles primero hacia una más áspera conflictividad, y luego hacia un proyecto de nueva sociedad.
Para escribir un nuevo “programa anarquista”, como el programa anarquista de Malatesta, pero que sea valido para nuestros tiempos, hace falta considerar los siguientes temas, vertientes de las luchas de hoy en día:
- El medio ambiente,
- La guerra
- La explotación de las regiones subdesarrolladas del planeta
- La explotación de las regiones industrializadas del planeta
Una visión estrictamente clasista de estos cuatro puntos protestaría, afirmando que la explotación, mejor dicho la división del trabajo, es más importante que el ambiente y que la guerra, aun más, es su causa. Yo aprovecharía para exponer de esta forma las problemáticas actuales, porque pienso que no es desde las causas desde donde se puede llegar a los efectos. Más bien es al revés: empezando por los efectos empíricos que vemos y experimentamos en nuestra piel, como los cambios climáticos o las dificultades económicas diarias, la injusticia con que está organizada la sociedad del trabajo. Desde los efectos el ambiente es seguramente el más grave, porque cuestiona el futuro de la vida terrestre.
Además he preferido dividir la problemática de la explotación en dos puntos, en los Estados ricos y en aquellos pobres, porque ella es substancialmente diferente. Estuve trabajando por una temporada en un locutorio, experimentando personalmente lo que significa vivir con 650 euros al mes, pagando 350 por el alquiler, y como, trabajos así, te llevan al colapso nervioso por su alineación y por la precariedad de los contractos. A pesar de esto, aunque sea dura la cadena de montaje de una fundición o el trabajo en las minas, la situación económica de una obrera o de un desempleado europeo no se puede en ningún modo comparar a la situación de quien no tiene nada en África y que vive en las chabolas y muere lentamente a causa de la sed. Si en la síntesis podríamos afirmar que negando la explotación capitalista se resuelven ambas situaciones, en el análisis no podemos ignorar que el sufrimiento de quien vive en el África Central es más grande del sufrimiento de un barrendero europeo.
Por esto, en nuestro procedimiento empírico, que desde los fenómenos llega a las causas, es importante distinguir dos tipos de explotación. Seria luego en el procedimiento a la inversa, cuando tendremos una hipótesis correcta para nuestros tiempos, a unificar las causas detrás un único núcleo de problemas y entonces proponer aquellas hipótesis de forma unitaria a nuestrxs compañeras explotadas.
El medio ambiente
El ambiente es el más grave peligro que incumbe sobre la humanidad entera, un peligro interclasista podríamos decir, un peligro de naturaleza biológica: no pone en riesgo una sola persona, como el hambre o la sed, o la enfermedad, sino que pone en riesgo la misma existencia de especie humana entera, de los individuos singularmente como de todas las especies biológicas.
En general, pero, no entendemos como ataque al ambiente sólo la polución con sus múltiples facetas (de las aguas, del aire, acústicas etc.), más generalmente, entendemos todas las formas de alineación, que la técnica impone a la naturaleza: desde la polución propiamente dicha, hasta el ataque a la psiquis humana (considerad ,por ejemplo, el uso masivo de psicofármacos), desde el video-control hasta el control mental, desde la tortura tecnológica hasta las neurotecnologias, desde las luchas locales hasta la defensa para la seguridad en el trabajo, etc.. Hay que entender esto como ataque ambiental, sobre estos temas lxs revolucionarixs deben saber experimentar un camino concreto para hacer la revolución.
Vamos a ver desde donde vienen los fenómenos de la contaminación, del estrés, del control social: estos vienen desde un sistema que produce, de forma indiscriminada, toneladas de basura y de gases contaminantes, desde un sistema que requiere un conocimiento especifico de un sólo tema y un enorme esfuerzo, desde un sistema que usa instrumentos siempre mas sofisticados para reprimir quienes se rebelan contra su voluntad. En otras palabras el problema de la contaminación es una de las causas principales del mito del trabajo.
En los últimos doscientos años el mito de la burguesía, sustituyendo a la más vaga sociedad aristocrática, hizo del trabajo el valor fundamental de esta sociedad. El mismo Marx, que se profesaba como revolucionario, afirmaba que el animal se vuelve humano por medio del trabajo. El mito del trabajo, el estajanovismo, nos imponen vivir de una forma que impide la existencia sin el trabajo, como cantaban las canciones comunistas de principios del siglo XX. No solamente quien no trabaja no vive, si no que hay que trabajar más y en condiciones siempre peores para mantener un propio estilo de vida. La resultante es un aumento de la demanda de energía eléctrica, de agua, de petróleo, etc. Todo esto, llevaría al mundo ante el precipicio.
El crecimiento es el objetivo de todo gobierno, sea de derecha o de izquierda, el presupuesto para quien manda es que, para pagar el tributo siempre más caro al capital, la tarta tiene que crecer sino habrá siempre porciones más pequeñas. Pero tampoco basta con crecer, porque hay que crecer al mismo paso que el resto del mundo, porque un Estado que crece menos que otros, pone en riesgo su supervivencia porque el mas fuerte puede llegar a tener instrumentos mas potentes en un tiempo menor y así aplastar al Estado mas débil, como mejor lo veremos será a la hora de hablar del tema de las guerras.
Nadie tiene valor suficiente como para dar lugar a dudas, que si siguen creciendo, aumentarán los residuos y los vertederos, los gases, las horas de trabajo, el estrés, y en consecuencia el uso de psicofármacos, y por ellos la experimentación con animales, etc..
El decrecimiento tiene que ser el objetivo de los revolucionarios. Pallante ha tenido el merito de decirlo mejor y antes que casi todos, pero su teoría del decrecimiento feliz, tiene grandes limites. El decrecimiento no es de hecho, un fin, una elección asistencial de cómo consumir menos, auto producirse lo necesario, y vivir con lo indispensable; el decrecimiento tiene que ser un objetivo estratégico. Dando por hecho que el crecimiento de la demanda de tecnologías, materias primas y fuerza trabajo es la causa principal de la destrucción de la Tierra, y por otro lado, que el crecimiento es la condición necesaria para la supervivencia de los Estados, de las economías nacionales y transnacionales, igual que en cada empresa, programar el decrecimiento de la producción, del consumo de mercancía y de la economía significa encender una bomba de relojería capaz de saltarse el sistema capitalista.
El objetivo sujetivo del crecimiento es muy importante: tener paneles solares para sustituir el consumo de petróleo, tener una huerta y no comprar los productos cuyo transporte del campo a la ciudad necesita carburante, reciclar el agua de la lavadora en el desagüe del baño, son cosas que concretamente contribuyen a disminuir el crecimiento de la economía y de la agresión a nuestro territorio.
La actitud subjetiva es condición necesaria pero aun así no es suficiente: el dominio tiene que ser atacado y destruido, por el ambiente y por cualquier otra cosa, más allá de lo que es nuestra libertad liberal. El principio de que mi libertad termina cuando empieza la de los demás, es un principio muy justo, si es aplicado dentro de una sociedad igualmente justa; de esta forma, para que mi libertad sea revolucionaria, tiene que atacar e interrumpir la libertad del dominio de construir vertederos, de excavar minas, de construir túneles. Hoy en día, romper una hormigonera, incendiar una escavadora o sabotear el motor de una central termoeléctrica, es un gesto tan noble como excavar pozos en África.
Los motines en Val Susa contra el TAV, es una referencia emblemática de lo que estoy diciendo: la libertad de los y las habitantes de la Val Susa de vivir sin un ferrovial encima de su cabeza, sin un túnel de cincuenta kilómetros que saca escorias contaminantes desde el subsuelo, es una libertad que esta necesariamente en contra de la libertad de las empresas constructoras italianas, francesas y europeas, de tener una red continental que desde España llegue hasta la Europa del Este.
El problema de cómo y cuando atacar el sistema no es un problema ético, no incluye el “si”. Quienes construyen una central termoeléctrica, saben que su maquina de dinero matará alguien de cáncer o de leucemia, si luego hay que pegarle un disparo en la cabeza o hacer una huelga de hambre es una cuestión de oportunidad. Lo importante es que aquella termoeléctrica se cierre, deje de matar y de contaminar a la Tierra.
No son suficientes los gestos personales, pero tampoco lo son las acciones directas, hace falta un proyecto. Hoy la única hipótesis que veo para salvar la tierra es renunciar a la vida de ciudad. El primer paso para la revolución debe ser abolir las metrópolis y luego las ciudades. Las propuestas de las anarquistas, la misma que los compañeros de Azione Rivoluzionaria habían propuesto ya hace treinta años, para la próxima organización social tienen que vaciarse las ciudades y revalorarse lo rural.
La gran parte de la contaminación depende de la existencia de las metrópolis. Quien vive en la ciudad, en lugar de cultivar su propio alimento tiene que acudir al supermercado; este tiene que comprar las materias primas y los productos a veces desde la otra parte del mundo, determinando una elevada tasa de contaminación tanto por el transporte como por los procesos industriales de fabricación. Una vida en el medio rural resuelve estos problemas.
El proceso de la destrucción de las ciudades debe ser necesariamente gradual, por la escasez de casas en el campo: en un primer momento la migración vendrá desde las ciudades con 50-60 mil habitantes, las casas las ocupará quien ha dejado la ciudad por el campo, otras serán rehabilitadas, otras construidas.
Esto no es política-ficción. Igual que para el proyecto de decrecimiento, así el proyecto de desurbanizacion está hecho por elección personal y movimientos masivos: hay zonas rurales donde se podría aprovechar la existencia de naves abandonadas y activar centros sociales alternativos a los urbanos y desde donde dificultar las vías de acceso a la ciudad (desde la Critical mass, posesos masivos en bici, black out provocados artificialmente) que podrían empujar el proceso de despoblación.
El problema ambiental, además que por su obvia importancia concreta, también teóricamente, tiene un enfoque revolucionario: evidencia la inutilidad que hoy en día tienen categorías políticas como “derecha” y “izquierda”. Desde la Revolución Francesa hasta hoy en día, “derecha” enmarcaba las facciones conservadoras, “izquierda” aquella mas progresistas. Pero ¿ Qué sentido tiene hoy ser conservadora o progresista con respecto al problema ambiental? Nosotros queremos conservar los montes y queremos revolucionar los medios de producción contaminantes, está claro que la posición ambientalista revolucionaria no se puede definir dentro de la dicotomía derecha-izquierda.
La guerra
El problema del crecimiento encuentra su motivación dentro de la sociedad en que podemos definir la competencia nacional, ósea, la guerra. Una nación que no crece o que crece menos que otras se transforma en una nación débil. El desarrollo de las economías en crecimiento tiende por naturaleza propia a la agresión de los mercados más débiles, que se transforman entonces en depósitos de mano de obra barata y de consumidores para los propios productos de los mercados dominantes.
El desarrollo de estas contradicciones lleva a la guerra, con sus múltiples formas y sus múltiples significados: desde la guerra externa, provocada por la competencia nacional, a la guerra interna, provocada por la competencia empresarial. La guerra entre naciones se combate a golpes de tanques, bombas radioactivas, bombardeos y embargos por parte de los mercados enemigos; la guerra entre las empresas se da a golpes de despidos, de represión contra quien se rebela, a golpe de esposas y de prisión. En ambos casos las guerras provocan sufrimiento y muerte para los oprimidos.
En los últimos veinte años, desde la crisis de la Unión Soviética en adelante, hemos visto un consistente aumento de las guerras, en ambos sentidos. Han aumentado las guerras de agresión a las economías nacionales, como las guerras en Oriente Medio para el control del mercado del petróleo o en los Balcanes para el fortalecimiento de los confines de la economía europea, pero han aumentado también las guerras internas a través la difusión del trabajo precario, de las hipotecas como de otras fuentes de usura, a través de la difusión de leyes represivas, con la construcción de cárceles cada vez más tecnológicas.
Es todavía simplista considerar las causas de las guerras sólo desde un punto de vista económico. El economicismo del llamado movimiento no global, casi al igual que el antiguo economicismo marxista, tiende a banalizar la realidad. Por ejemplo en Irak, además que por el petróleo, la guerra ha sido una respuesta a los impulsos irracionales y antieconómicos de las sectas intervencionistas y ultra religiosas que son un potente soporte para Bush; además, más en general podemos decir que en EEUU el escaso crecimiento económico dependa de las importantes inversiones en políticas militares. Otro ejemplo: la guerra de los poderosos contra los oprimidos, guerra que ha llevado a la construcción de supercarceles, al desarrollo de tecnologías con una baja rentabilidad (como los experimentos CIA para el control mental), en realidad es una guerra cuya razón no es el simple crecimiento de dinero en el bolsillo de los poderosos, su fin es también lo de controlar aquellos elementos de rebelión que pueden estorbar el dominio de los opresores sobre los oprimidos.
Cuando hablamos de incremento de la economía, incremento a costa de los trabajadores y del medioambiente, aparentemente sin otro fin que si mismo, una mentalidad que mide el estado de salud de una sociedad a través de la cifras de crecimiento del PIB y de los índices de la bolsa, en realidad no entendemos sólo el crecimiento económico; con crecimiento entendemos también el incremento de la represión, de armas, control y de poder, un incremento que obliga los mismos jefes a la amenaza constante de ser aplastados por nuevos poderosos, crecidos más rápidamente. El dinero puede ser un buen indicador para reconocer quien detiene el poder y quien no, pero quien es rico lo es porque detiene poder, y no al revés. No basta el dinero si luego no hay un banco donde guardarlo, si no hay cámaras que vigilan aquel banco, si no hay policía que pueda detener a quienes intenta atracar aquel banco, si no hay una cárcel en donde encerrarles, si no hay servicios secretos del estado que investiguen quién, cómo las y los anarquistas, luchan para la destrucción de la cárcel, si no hay leyes para atacar quienes militarmente los campos de exterminio, etc.
Para detener las guerras la actitud no puede ser univoca, mas bien tiene que ser flexible, dinámica, capaz de amoldarse a la situación concreta que se quiere agredir y funcional a la hipótesis que se quiere construir. Una vez más, la actitud personal es condición necesaria, pero no suficiente: rechazar la mili, rechazar el mecanismo de crecimiento etc., son práctica que tienen que ser respaldadas por la acción directa antimilitarista y anticarcelaria. Desafortunadamente las luchas antimilitaristas y anticlericales en los últimos tiempos han divididos a los anarquistas: por un lado quien lucha contra las cárceles y los regimenes especiales y por el otro quienes lucha contra los cuarteles y las bases militares. Las dos guerras, contra las prisiones y contra los ejércitos, en realidad no son en oposición entre ellas, y un ejemplo de síntesis es la lucha contra los CIEs en donde la lucha contra los lagers para inmigrantes es una lucha contra la organización del estado armado que ha ocupado militarmente las costas del sur de Italia, especialmente de Sicilia y de la Puglia. Decenas son los radares implantados en las costas, los cuarteles que controlan el mar, los tanques del ejercito que rondan por las playas, barcos etc.; una situación de guerra permanente contra un enemigo de desesperados en búsqueda de un lugar digno donde vivir, un estado de excepcionalidad normalizada donde el ejército controla totalmente el territorio.
La acción directa antimilitarista y anticarcelaria tiene que tener un proyecto, debe de hipotizar estrategias para construir una nueva sociedad. También si fuera posible hacer desaparecer de un día para otras cárceles y ejércitos, aunque sea poco probable, sin un levantamiento por parte de todos los oprimidos, esto sólo provocaría un estado de caos, en el que los pequeños burgueses no tardarían en implantar otro estado de opresión. Entonces, hay que proponer una sociedad nueva, un sistema diferente al nuestro; debemos de tener la capacidad de formular una oposición que no sea simplemente la antitesis espectral del sistema, que no se limite a abrir brechas en los muros de las prisiones o a hacer acciones pacificas de disturbio a los radares militares, ni tampoco rechazar estas practicas: hace falta un movimiento revolucionario, sinceramente antiautoritario y libertario, que sepa reconducir cada una de las acciones directas, desde la mas pacifica a la armada, que sepa traer la propuesta a todos los oprimidos un proyecto revolucionario.
Hay que estudiar profundamente y comprender los puntos de conexión dentro de nuestra sociedad, y uno por uno desarticularlos: denunciar y combatir los regímenes de represión carcelaria como el EIV y el 41 bis en Italia, o el FIES en España, combatir todas las cárceles y abrir un dialogo con los y las detenidas, proponer con acciones espectaculares (sean o no violentas), nuestras ideas a un publico más amplio que aquel de los compañeros enrollados en el movimiento, detener la maquina militar, imposibilitando la supervivencia de las fábricas de armas o la actividad de cuarteles y radares, etc..
Atacar el elemento represivo del sistema, cárceles y cuarteles, es importante pero tiene que tener respaldo en un proyecto de construcción de un mundo sin contaminación y sin explotación. Cuando se organizó la movilización, debajo de la cárcel de Aquila, el 3 de junio del 2007 se firmó como compañeros y compañeras contra la cárcel y la sociedad que la crea. Ha llegado el momento de ocuparnos de la sociedad que crea cárceles y cuarteles, y sin los cuales no podría existir.
La explotación de las regiones subdesarroladas del planeta
La sociedad contemporánea, basada en el crecimiento a toda costa, hace que paguen en sufrimiento los países pobres. En la sociedad global las riquezas están en mano de pocas empresas y naciones ricas, a costa de la mayoría del planeta: todos conocemos ya los datos, en los que, un 20% de la población de la tierra posee el 80% de las riquezas del planeta y el 80% de población que queda sobrevive malamente repartiéndose el 20% de riqueza.
Todas lo sabemos, pero nadie ha sido capaz de desarrollar una propuesta para cambiar esta situación. El fracaso del movimiento no global es evidente para todos, la mentalidad proto-hippie del rico que participa a la marcha para bailar y fumar porros convencida de cambiar el mundo se ha disuelto con los primeros disparos. La revuelta no puede partir del mundo rico en solidariedad con los desesperados de la tierra, sino que debe ser obra de quien más que cualquier otro sufre por la opresión de esta maldita sociedad.
Desde los países más desarrollados, al máximo, puede llegar el empuje teórico, cultural, político, empuje que nace del hecho que en Italia se puede estudiar Marx y Bakunin, y también historia, matemáticas y filosofía para tener un mínimo de preparación, mientras que en Nigeria tienen otras cosas en que pensar. Pero mas allá del aporte teórico, que tampoco hay que sobrevalorar, la redención de los desesperados tiene que venir por ellos mismos.
El sur del planeta ha estado dominado durante siglos, por los países europeos antes y por EEUU luego, difícilmente ha podido desarrollar una respuesta libertaria a la opresión, además considerando que las resistencias eran patrocinadas por la Unión Soviética. No es casualidad, que después del fracaso del mito soviético han empezado a desarrollarse las primeras formas de rebelión libertaria: desde la revolución Zapatista en Chiapas a la comuna de Oaxaca, desde el desarrollo del movimiento comunista anarquista en Sur África hasta las acciones armadas del Movimiento de Emancipación del Delta del Níger, desde las acciones antimilitaristas y ecologistas de los anarquistas en Rusia, al desarrollo siempre menos subterráneo del movimiento anarquista chino. Todas estas cosas con dificultad se habrían manifestado sin la caída del Muro de Berlín. La misma ascensión del socialismo bolivariano en Venezuela, que seguramente no es un fenómeno libertario, representa la victoria de una forma socialista “herética” respecto a los dogmas de la ideología marxista.
A menudo falta, por parte de los occidentales, la capacidad y la gana de analizar estas situaciones, a veces amparando detrás de un rebeldismo estético.
La llave de lectura común, es una vez mas, en el mito del crecimiento a toda costa y en las consecuencias que sufre quien crece menos. La redención de estas áreas del planeta no puede absolutamente pasar por una fase liberal, sería la destrucción de la tierra. Si hay que esperar que un campesino chino tenga el mismo nivel de consumo que un obrero europeo, en la convicción de la superioridad de la clase obrera sobre el campesinado, eso significa esperar el fin de la vida sobre la tierra. Nuestro planeta no puede soportar miles de millones de personas que consumen agua, gas y petróleo igual que un madrileño.
La hipótesis revolucionaria, también y sobretodo en las regiones subdesarrolladas del planeta tiene que empezar por la destrucción de las ciudades. Los llamados países en vía de desarrollo han tenido una expansión desmesurada de sus capitales. Pensad en Ciudad de México, Pequín, Lima, Calcuta. En estas enormes metrópolis han confluido centenares de millares de trabajadores sobre-explotados, y otros tantos desheredados. Millones son las personas que en el mundo viven en las chabolas de las afueras de las grandes ciudades en los países subdesarrollados, millones de niñas y niños que duermen entre la basura y que son obligados a ejercer la prostituición.
Los campesinos del sur del mundo han sido expoliados de sus tierras por parte de las transnacionales europeas y estadounidenses, las selvas, habitadas por indígenas han sido destruidas. La ignorancia agraria de estos grupos industriales ha renegado el descubrimiento de la rotación trienal de las tierras, y en nombre de la ganancia inmediata están volviendo al monocultivo.
Diferentemente de los monocultivos medioevales, los modernos son cultivos intensivos , soportados por medios industriales y altas tecnologías. Resultado: la tierra que durante milenios ha sido cultivada por millones y millones de campesinos se empobrece cada vez más. Las multinacionales, vampirizando sus cosechas, los abandonan en búsqueda de otros territorios para devastar. Las tierras se quedan casi infértiles y dan menos frutos, el campesino no puede mantener el nivel de productividad que le impone el mercado y la competencia global. Millones de personas entonces se vuelcan en la ciudad buscando trabajo, comida y agua, alimentando el infierno de la desesperación.
La destrucción de la metrópoli, la reapropiación de los campos, de los bosques, de las montañas es la alternativa a realizar. Para el sur del mundo y el planeta entero. Excepción hecha por las revueltas metropolitanas argentinas, la mayoría de los fenómenos de insurrección del mundo pobre provienen de las zonas rurales y casi siempre, aquellas que se desarrollan fuera de la ciudad sobreviven. La revuelta argentina de hecho casi ha desaparecido, sin dejar detrás resultados significativos.
Esto depende de que en la ciudad no existen los medios para sobrevivir de forma autogestionada e independiente al sistema: las materias primas que sirven a las fabricas provienen de las minas, los productos de los supermercados vienen de los campos, el petróleo transformado en electricidad que ilumina y calienta las habitaciones viene de los pozos de las zonas extra-urbanas, los mismos elementos químicos de los medicamentos no crecen debajo del asfalto.
Diferente es el caso de la revuelta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que sobrevive, una vez tomado el control de los pozos de agua y de los campos de cultivo, desde hace mas de diez años dentro de México; es diferente el caso de la guerrilla colombiana, que ocupa una extensión de selva amazónica igual que algún estado europeo; diferente el caso de las resistencias islamistas, que surgen y se esconden en las montañas afganas o en el desierto iraquí. En cada uno de estos eventos, mas allá de la ideología, a veces revolucionaria, a veces reformista, a veces reaccionaria que les acompaña, el éxito común depende desde un punto de vista estrictamente pragmático y militar del rechazo de una lucha exclusivamente metropolitana.
La explotación de las regiones industrializadas del planeta
En el análisis de las naciones más ricas dos son los factores evidentes, uno humano y otro el económico: la vida cada vez más virtual de los individuos y la intervención masiva del Estado en la economía.
En lo que concierne a la invasión virtud, ella presenta serios peligros, puesto que pone en riesgo la capacidad de análisis de los sujetos involucrados. Lo virtual está sustituyendo a lo real, en un proceso que viaja en las ondas de la consciencia de cada uno. En otros términos, el mundo cibernético que nos rodea esta produciendo una sociedad donde los individuos que la componen tienen cognición sólo de lo específico de las relaciones y no de su complejidad. La idea socialista y anarquista de la abolición de la división del trabajo en el mundo virtual, parece a menudo, imposible. Yo tengo unas ideas y las escribo en el ordenador, pero no tengo idea del porqué, tecleando la A, esta aparece en pantalla; de igual manera, tampoco el obrero especializado que junta las piezas de mi ordenador conoce a este proceso; además que la difusión de mis textos pasa por Internet con la ayuda de un compañero que sabe programar sitios,¿ porqué yo no se hacerlo?.
La división del trabajo impide en el fondo la autogestión completa de mi mismo, de mis ideas y del movimiento al que pertenezco. Esa autogestión es limitada al hecho de que en el mundo virtual, cada uno de nosotros conoce única y exclusivamente aquella seudo realidad que lo rodea. En esto, se echa de menos la sustancia.
El segundo punto, la intervención del Estado en las cuestiones económicas, es interesantísimo, porque rompe las convicciones leninistas por las que el estado se limita a estar de “guardaespaldas del capital” y las convicciones “no-global” de un Estado a punto de desaparecer. Los resultados económicos de las socialdemocracias europeas y de los estados democráticos estadounidenses invitan a reflexionar sobre el hecho de que a día de hoy, los empresarios no buscan la libertad de hacer lo que quieren, sino mas bien buscan la forma más seguras para incrementar sus ganancias: si el Estado garantiza control y policía, si también subvenciona a las empresas emergentes, además de tasar a las consumidoras, el Estado es el bien venido.
Frente a la alianza entre un Estado, siempre menos burocrático y eficaz, y un capitalismo más “humano” con respecto a los trabajadores ya transformados en consumidores de clase media, llega a ser mas difícil la propuesta revolucionaria de autogestión, del propio trabajo y de la vida.
Esto se supera a través de la hipótesis campesina y rural, porque necesita una organización mínima suficiente para producir los bienes necesarios para sobrevivir. Para mantener una fabrica con 20 mil operarios hace falta una coordinación a veces difícil de obtener sin que haya algún jefe; al revés, un campesino, puede controlar su tierra sin que haya una específica organización social, que sólo aparecería en una realidad revolucionaria, en la condivisión de unos medios de producción como tractores, arados, fuentes de agua que pueden ser de propiedad colectiva.
Además el contexto rural llevaría al contacto con la realidad, las que ahora sólo son ilusiones virtuales: quien programa páginas en Internet, quién escribe artículos en el ordenador, quien trabaja en una oficina, quien trabaja en una fabrica, igual que todos aquellos que para vivir tienen que COMER y BEBER, y una vez más aquellos productos que permiten satisfacer esas necesidades no provienen ni desde el ordenador, ni desde la fabrica, sino que directamente de la Tierra.
La vida rural además permitiría trabajar menos horas: si en una sociedad hay 5 campesinos y 5 obreras, los 5 campesinos tendrían que trabajar el doble para dar de comer también a las 5 obreras; si hubiese 5 campesinas, 5 obreros y 5 empleadas, entonces las campesinas tendrían que trabajar el triple etc.. Teniendo en cuenta que en Occidente los campesinos sólo son una minoría, si todas nosotras trabajásemos lo estrictamente indispensable para comer, los turnos de trabajo diarios se reducirían de 8 a 2 horas al máximo!
El éxito del enfrentamiento depende sobretodo de la naturaleza del mismo. La natura del enfrentamiento es el conjunto de las relaciones de fuerza que determinan la victoria de una de las partes en conflicto, aquella no es nada obvia y no depende únicamente del caso, ni de la realidad objetiva, ni de la voluntad sujetiva; depende de todos estos factores a la vez juntos con otros.
Una rebelde que huye al pie de una calle de cuatro carriles perseguida por un coche de policía con dificultad encontraría amparo, mientras que una rebelde que huye corriendo dentro de un bosque tendría la posibilidad de salvarse; entonces la realidad objetiva del enfrentamiento es muy importante. Pero igualmente importante, que la realidad externa es la realidad interna, las capacidades y la determinación del individuo: si el rebelde que huye se ha buscado la vida trabajando en un bar en el centro de la ciudad, en un locutorio o con la lucha de un centro social, con dificultad podría sobrevivir en el bosque.
Entender la natura del enfrentamiento, entender en donde luchar, con que medios, que mundo construir es indispensable, no basta conocer a los enemigos sin un proyecto de sociedad alternativa. Las revueltas extraordinarias de Los Ángeles, Génova, Paris, aunque si fascinantes y devastadoras, se han agotado y al cabo de los días se ha terminado la sublevación. Nosotras, aunque respetando estos acontecimientos, pretendemos más! Pretendemos construirnos un mundo en donde vivir en libertad, para defender aquel mundo, seguir aquel camino durante años. No bastan los románticos poemas acerca de las llamas de la revuelta, hace falta un proyecto estratégico alternativo. La propuesta: destruir la ciudad!
Traducción de ErosyThanatos
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