POR VÍCTOR CHARNECO
SERVICIO ESPECIAL
NUEVA YORK. La política exterior de los dos candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos está llamada a ser uno de los elementos esenciales de la campaña; sin ir más lejos, ya es el arma principal en los ataques de McCain a Obama, a quien acusa de desconocimiento, indefinición y tibieza. Se trata, además, de un elemento esencial en el juicio a los presidenciables por parte del resto de las naciones, afectadas desde el primer minuto por el giro que uno u otro inquilino de la Casa Blanca quieran imprimir a su relación con el mundo. Y las diferencias son muchas.
La más llamativa de todas es la posición frente a Irak. Obama plantea una retirada paulatina de sus tropas, a completar en un plazo de dieciséis meses y en proporción de una o dos brigadas por mes. Mientras se produce el repliegue, el demócrata pretende ayudar a los líderes locales a consolidar el régimen democrático y ceder el protagonismo a las Naciones Unidas; sólo les tutelaría para evitar intentos de federalismo y maniobras inflacionistas con el precio del crudo. Tampoco entra en sus planes construir bases permanentes en la zona, se conformaría con mantener efectivos suficientes para proteger las embajadas y reforzar sus relaciones diplomáticas con los países del área, incluidos Siria e Irán.
McCain, sin embargo, considera una cuestión de honor no abandonar el conflicto ahora y permitir que las muertes de los caídos en combate hayan sido estériles. De hecho, se muestra partidario de mantener las maniobras de contrarresistencia, incrementando los efectivos movilizados hasta terminar el conflicto, asegurar unas elecciones supervisadas por la ONU y ayudar al Gobierno resultante a estabilizar su economía. Por supuesto, el republicano se muestra alejado de la solución dialogada y señala las estrategias de presión internacional sobre sirios e iraníes como un elemento esencial para variar su política nuclear y la defensa de las causas terroristas.
Estrategias divergentes
El terrorismo es otro punto determinantes para el electorado americano desde los ataques del 11-S y un dato importante para países como España, también afectados por él. Obama asegura en su programa que sólo si se detecta una maniobra de construcción de bases por parte de Al Qaida mandará allí contingentes armados; McCain lo tiene más claro y mantendrá sus posiciones en la zona hasta conseguir la derrota de Bin Laden y los suyos.
Ante esta perspectiva, McCain propone la creación de un escudo antimisiles, que permita al gobierno de los Estados Unidos defender a sus ciudadanos e intereses en el caso de un ataque terrorista. Además, el candidato republicano promete reforzar la dotación económica de los programas de detección y lucha contra los integristas islámicos, y mejorar su servicio de inteligencia.
Estrategias militares divergentes, aunque con un punto de coincidencia, ambos quieren aumentar el gasto militar y mejorar la armada estadounidense, pero en diferente medida: 92.000 hombres del demócrata por los 240.000 del republicano.
El resto de la política exterior no ocupa demasiado tiempo a McCain, que es consciente de qué preocupa a sus ciudadanos. Si renueva la mayoría republicana no se saldrá de un guión que incluso puede radicalizarse, dividiendo a los países en enemigos o aliados y actuando en consecuencia. Si el triunfo es de los demócratas, Obama pretende dar un giro a lo hecho hasta ahora y sentarse a dialogar con todos los gobiernos, independientemente de la relación precedente.
En lo referente a la política de inmigración, el candidato republicano quiere reforzar las fronteras para recuperar la confianza de los estadounidenses. Para ello, endurecerá los controles de entrada de personas y mercancías y tratará de establecer alianzas económicas con México y Latinoamerica.
Además, hace hincapié en la asimilación de los inmigrantes, lo que incluye, además de la lengua inglesa, la obligación de estudiar la historia de la nación americana y sus derechos civiles. Para el demócrata también es importante el incremento del personal aduanero, pero contemplando, siempre que sea posible, la reagrupación familiar y el acceso a los puestos de trabajo vacantes por parte de los inmigrantes. Finalmente, Obama aboga por facilitar a los ilegales que estén en buena situación económica un recurso inusual: si pagan una sanción monetaria, podrán obtener la ciudadanía.-