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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Llover sobre mojado

Llover sobre mojado

 

Buscarle parecidos a la revolución bolivariana es asunto de fotógrafos pero no de realistas. A decir verdad, esta revolución no se parece a ninguna otra, y los paralelismos con las del pasado son simplemente tangenciales. Ni con el allendismo ni con el castrismo. Con ninguna.

 

Por eso se obnubilan quienes solo viven de deseos y de remembranzas, pero lo que acontece en Venezuela desde hace una década es tan venezolano como el casabe o los buñuelos de yuca. Esto es lo que se olvida con facilidad en cuanto entramos en el mundo de los dogmáticos de oficio, de toda esa gente, despierta o bruta, que tiene su receta para el mejor platillo socialista.

 

Y, ese tipo de personas abunda en los procesos revolucionarios.

 

Ni el anarquismo ni el marxismo –ya lo hemos dicho en otras oportunidades- alcanzan a explicar un fenómeno como el de la revolución bolivariana. El anarquismo porque no pudo solucionar el problema de la propiedad en la teoría socialista y el marxismo porque tampoco solucionó el problema del poder. Aparte del hecho, poco apreciado por los dogmáticos, de que se trata de pensamientos del siglo XIX.

 

Y, estamos en el XXI.

 

Por lo que respecta al sindicalismo, el lugar en el cual tanto el marxismo como el anarquismo se darían la mano, es, por decir lo menos, un gran desconocido de la mayor parte de los pueblos americanos. Salvo Chile, Argentina o México, el sindicalismo no ha podido desarrollarse cabalmente en ninguna otra parte.

 

Y, bien visto, el sindicalismo es el único contrapeso que podemos construir ante la sociedad que en este siglo se adhiera a la globalización rampante o a cualquier versión del capitalismo de Estado; mas sin caer ni en el infantilismo del sindicalismo autosuficiente ni en la dictadura del proletariado.

 

Y esto se entiende como un proyecto que busca para los asalariados un mejor nivel de vida, una óptima calidad de vida, en la medida que toda la sociedad prospera. Este es un camino.

 

Pero hay otro. El del convencimiento de que el capitalismo y la civilización por él engendrada no tiene salida ni ecológica ni económica. Pero ¿quién se atreve a asegurarlo?

 

Sólo nos queda, por tanto, o el sindicalismo honesto, es decir, no burocrático, y el del ecologismo radical. Curiosamente ambos extremos son mellizos.

 

O inventamos o erramos.-

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