EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Circulan por algunos sitios de Internet algunos eructos de la pandilla libertariana de Caracas enfocándose en dos asuntos: 1) la militarización del país y 2) el “fracaso” del poder popular.
Para fundamentar el primero de ellos elaboran una lista de funcionarios públicos que provienen de las fuerzas armadas. Para estos genios anarcoliberales “militarización” significa que un ministro haya sido oficial de las fuerzas armadas.
¡Qué genialidad!
Casi todos los ministros del general Franco provenían del sector civil y, más concretamente, universitario. Sin embargo, España fue, a lo largo de casi 40 años, un país realmente militarizado. Así que, el hecho fortuito de que los ministros, o gran parte de ellos, provengan del sector militar no implica necesariamente que el país esté militarizado.
Esta pobre gentuza anarcoliberal no tiene ni puta idea qué significa “militarización”. Militarización hubo en este país durante el gobierno de Betancourt, 1959-1964, y, en menor medida, durante todos los gobiernos de la Cuarta República.
Un país está militarizado cuando. en primer lugar, la jurisdicción es militarizada y, en segundo lugar, todo el país está intervenido por los distintos componentes de las fuerzas armadas. No es el caso de Venezuela. No mandan los militares en Venezuela.
Un país militarizado significa que la totalidad de las funciones públicas quedan bajo la jurisdicción militar. Eso tampoco sucede en Venezuela.
En lo que respecta al segundo asunto, es decir, al supuesto negado del “fracaso” de las distintas manifestaciones del “poder popular” evidencia por sí solo el carácter de clase de estos anarcoliberales. Mucho hablar pajar de “movimientos sociales” y en cuanto los reales actores sociales toman el poder salen bufando en su contra.
Estos anarcoliberales son unos animalitos. La mayor parte de ellos son extranjeros o tienen mentalidad de cipayos. Porque no cabe la menor duda de que los esfuerzos de los bolivarianos por generar nuevas formas de propiedad pueden no haber dado resultados perfectos pero solamente el hecho de haberlo intentado es ya de por sí un deseo de construir otro tipo de sociedad.
Pero los anarcoliberales siguen un guión. Su dogma. Lo de ellos es el capitalismo, es decir, son anarcocapitalistas. No es casualidad que su diatriba contra los órganos del poder popular venezolano coincide con los ataques que hoy, guardando las distancias, “El Universal” –el diario de la ultraderecha comercial- desarrolla contra el movimiento cooperativo.
Si estos animalitos libertarianos conocieran lo que la derecha interna o externa, de 1936, dijo sobre las colectividades anarquistas, campesinas y urbanas, que el pueblo en armas instauró al calor de los inicios de la guerra civil española, en el lado republicado, seguramente se sorprenderían de que sus “argumentos” son semejantes a los de aquella derecha, ya fascista ya republicana. También, que todo hay que decirlo, desde la cúspide de la burocracia anarquista de la CNT y de la FAI se conspiró en contra de las colectividades y de todos los órganos del poder popular creados por la espontaneidad y la consciencia de las masas. Más inteligente fue Lenin que, en Rusia, aceptó la realidad de los soviets –consejos de obreros, soldados y campesinos- y postuló una República soviética en la medida que los órganos del poder popular fueran controlados por el Partido bolchevique.
El mundo de las colectividades libertarias españolas de 1936 a 1939 –en muchas de las cuales, curiosamente, se admitía al pequeño propietario rural o urbano en armonía con la propiedad colectiva- fue la gran obra del anarquismo ibérico. No fueron experimentos perfectos porque sencillamente no podían serlo, pero llevaban implícita la idea de la igualdad social y de la “superación” de las clases sociales –elementos consustanciales al anarquismo de la época.
Asimismo, el hecho de que los bolivarianos auspicien una serie de experimentos sociales de formas de propiedad y de gestión de las empresas y de las fincas, no puede menospreciarse por el hecho de que la consciencia de clase de nuestro pueblo todavía tenga ribetes burgueses, ha sido parte de nuestra desgracia nacional profundizada por los adecos. Al contrario, hay que aplaudir tales experimentos y meterle el hombro a los mismos.
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