EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Muchas veces se me pregunta cómo puedo ser anarquista y al mismo tiempo defender el capitalismo y el liberalismo. La respuesta es sencilla: el marco liberal es el único consistente con el anarquismo, y el capitalismo es el producto de las acciones de los individuos en un marco liberal.
Existe una confusión fundamental por parte de los anarquistas tradicionales, acerca del significado del concepto de anarquismo. Aún si damos por sentado que los primeros anarquistas, cuando acuñaron el término, pensaron en un orden mutualista o comunista, es necesario aclarar que ambos sistemas fueron una conclusión de las premisas desde las cuales partieron, y no parte de la definición del anarquismo.
Es reconocido por los propios anarcocomunistas y mutualistas que quien introdujo el término anarquismo fue el propio Proudhon. Por lo tanto, introduzcamos su idea:
«Mediante la palabra [anarquía] quiero indicar el límite extremo del progreso político. Anarquía es... una forma de gobierno o constitución en el cual la conciencia pública y privada, formada a través del desarrollo de la ciencia y la ley, es por sí misma suficiente para mantener el orden y garantizar todas las libertades... Las instituciones policiales, los métodos preventivos y represivos, la oficialidad, los impuestos, etc, son reducidos a un mínimo... la monarquía y la centralización intensiva desaparecen, remplazados por instituciones federales y un patrón de vida basada en la comuna.»1
Proudhon no pensaba tanto en el anarquismo como un fin, una utopía, sino como un proceso hacia algo. Pero notemos cómo la propia visión proudhoniana es totalmente consistente con un orden liberal.
Por supuesto, luego Proudhon y sus seguidores, influídos por las enseñanzas del marxismo acerca del capitalismo, llegan a la conclusión de que el mutualismo es el único orden consistente con el anarquismo. Y aquí aparece el error fundacional del anarquismo tradicional.
En este artículo, mi demostración de la contradicción inherente con el principio del anarquismo que presenta el "anarquismo" tradicional, se fundamentará en cinco puntos, desarrollados a partir de debates que he tenido con defensores del mutualismo en diferentes ámbitos, y de mis lecturas de los autores considerados autoridades en el tema por los propios mutualistas.
A partir de estos cinco puntos es fácil deshilachar el resto del discurso mutualista y derrumbar todo su edificio conceptual.
1. La libertad no es compatible con el trabajo asalariado.
Esta afirmación se fundamenta en la idea de que quien trabaja para otro individuo a cambio de un salario, lo hace porque no tiene más remedio que hacerlo para sobrevivir. Según los mutualistas, no existe una verdadera libertad de contrato entre el empleado y el empleador porque el empleado lo hace forzado por su necesidad.
Bien, si esto fuera así, entonces trabajar en una cooperativa, o en forma independiente (autoempleo), como sugieren los mutualistas, tampoco sería válido desde el punto de vista anarquista, porque en ambos casos también se da el hecho de que quien recurre a una cooperativa o al autoempleo, también lo hace para sobrevivir. Incluso en el caso de una cooperativa, también hay un contrato. Pero de acuerdo al criterio mutualista, no sería libre, porque el individuo que se asocia en una cooperativa lo hace para sobrevivir.
La contradicción aparece aquí porque el principio moral implícito en estas afirmaciones es que esforzarse por sobrevivir es indigno y debe ser evitado, y en sí mismo es una limitante de la libertad. Es posible que esto último pueda considerarse de tal modo, pero esta limitación de la libertad no proviene de la utilización de la fuerza contra nadie, sino de las propias condiciones naturales de cualquier ser viviente. Ningún ser viviente tiene la supervivencia asegurada, y esta es una ley infranqueable sea cual sea el sistema económico elegido. Pero los anticapitalistas o bien olvidan este principio, o bien creen que es una condición propia del capitalismo y no de otro sistema económico.
2. Quien trabaja en una cooperativa o es un trabajador independiente, no está sometido a los caprichos del capitalista y tiene garantizado su empleo.
Esta afirmación es totalmente irreal, y desconoce completamente la dinámica del mercado (el propio mutualismo defiende la libertad de mercado, aunque desconociendo sus principios, asegura que esa dinámica tiende al cooperativismo y al autoempleo).
Ser autoempleado o cooperativista no garantiza en absoluto el empleo. La naturaleza de la relación entre el empleador y el empleado, se repite en la relación que hay entre los cooperativistas o los trabajadores independientes, y sus clientes. En sí la relación entre empleador y empleado es una forma jurídica que no es otra cosa que una relación proveedor-cliente. Nada en el mundo garantiza que los clientes sigan prefiriendo y requiriendo los servicios del proveedor. Y esto es válido no sólo para la relación empleado-empleador, sino también para cualquier cooperativa o trabajador independiente. El empleado depende del empleador, trabaja para él, y está en cierta manera sometido a sus necesidades: si el empleador no lo necesita más, el empleado pierde su trabajo. Cierto. Pero exactamente lo mismo sucede con el cooperativista y el autoempleado. Ellos también dependen de sus clientes, trabajan para ellos, y están sometidos a sus necesidades: si el cliente no requiere más de sus servicios, o prefiere adquirir los servicios o productos de otro proveedor, se pierde al cliente.
Aquí los anticapitalistas una vez más olvidan que la supervivencia no está garantizada para nadie, que no es algo dado en ningún sistema económico, y que cada uno debe actuar para conseguirla.
La única alternativa para evitar la dependencia de la demanda, es que no exista el mercado, que no exista el intercambio, que se prohíba el intercambio, que se obligue a todos a ser autosuficientes. Es obvio que esto requiere de una dictadura de las más atroces que pueda existir, nada tiene que ver con el anarquismo, y lejos de garantizar la supervivencia, elimina todas las herramientas que los seres humanos han conseguido a lo largo de la historia para lograr mayores y mejores condiciones para alcanzarla y sostenerla.
3. Qué forma de propiedad adoptar.
La propuesta mutualista está llena de contradicciones y vaguedades acerca de cuál es la forma de propiedad que hay que adoptar en una sociedad anarquista. Inicialmente todos los mutualistas sugieren que debe adoptarse una propiedad mutual que sería una especie de propiedad privada pero en la está prohibido su uso capitalista, es decir, contratar a alguien para que haga uso de los medios de producción propios, y así lucrar por medio de lo que denominan "plusvalía".
El primer problema surge cuando aparece el término "prohibición". En una sociedad anarquista, ¿por qué alguien libremente se sometería a una ley que le prohibiera utilizar su propiedad de modo capitalista? Es evidente que tal prohibición se debe basar en alguna forma de autoridad. Un sometimiento por la fuerza a leyes dictadas por otros, leyes con las cuales uno no está de acuerdo. Esto se comprenderá mejor en la próxima sección sobre el problema de la forma de gobierno sugerida por los "anarquistas" tradicionales.
Pero debemos observar lo siguiente: si fuera cierto que en un mercado libre el capitalismo desaparecería y se sustituiría por el cooperativismo y el autoempleo, ¿por qué es necesario prohibir el uso capitalista de la propiedad?
Además el problema de la propiedad mutual presenta otras contradicciones que ya expuse en un artículo anterior, Propiedad Privada, Propiedad Común y Anarquismo, donde demuestro que sólo la propiedad privada, entendida como lo entiende la tradición liberal, es consistente con los principios del anarquismo.
Los mutualistas también suelen defender el derecho de los desposeídos de tomar la propiedad que necesiten, tan sólo fundándose en su necesidad. ¿Piensan acaso que los propietarios se van a someter pacíficamente a esas prácticas de expropiación? ¿Por qué la aceptarían legítima? ¿En base a principios morales aceptados por quiénes, legitimados en qué? ¿En base a leyes impuestas o aceptadas por quiénes? ¿Qué les hace pensar que ese pretendido derecho va a ser aceptado por todos? Y si la solución no es pacífica, ¿no será esto una manera de acabar con el anarquismo e imponer la ley del más fuerte?
Detrás de la declaración de la legitimidad del derecho de los desposeídos a tomar lo que necesitan de la propiedad de otros, fundamentada en la necesidad, o en que esa es la ley natural (?), no hay otra cosa que el autoritarismo más primitivo e, irónicamente, más antianarquista que pueda haber. Autoritarismo, y centrismo moral corto de vista al considerar como absolutos valores que sólo ellos defienden.
4. El principio de la democracia.
La primer reacción de los mutualistas en relación al problema de la propiedad es argumentar que las leyes son dictadas por asambleas populares, y bajo el principio democrático del poder de las mayorías. Por lo cual, si una mayoría dicta que el uso capitalista de la propiedad debe ser prohibido, entonces, los que no están de acuerdo deben aceptar su ley.
Olvidan los "anarquistas" tradicionales, y esta es una de sus mayores y más evidentes contradicciones, que si se rigen por el principio de la democracia, se instaura un orden autoritario en el que las mayorías someten a las minorías. Pero ¿por qué una minoría debe someterse a las leyes que le impone una mayoría? Con ese criterio legitiman cualquier atropello de unos sobre otros: la mayoría decidió, y hay que someterse a esa decisión. Y es claro que lo que defienden estos "anarquistas" no es más que una forma de dictadura del proletariado.
Sólo los principios liberales del rule of law y del common law son compatibles con el ideario anarquista. Cualquier otra forma de gobierno implica alguna clase de autoridad que dicta las leyes y las impone por medio de la fuerza. El mayor problema que veo en los "anarquistas" tradicionales y socialistas, es su escasa o nula formación en la teorías liberales. Incluso no dudan en cuestionarlas a pesar de ese desconocimiento.
5. En un mercado libre, el capitalismo desaparecería y sería sustituído por el autoempleo y el cooperativismo.
Esta afirmación, muy relacionada con los puntos 2 y 3, también parte de un desconocimiento total de cómo funciona el mercado. En parte se basa en la falsa idea de que si realmente la acción fuera libre, los individuos preferirían autoemplearse o formar cooperativas, porque esto garantiza el trabajo y les permitiría ser libres de decisiones ajenas (refutado en el punto 2).
También se basa en la falsa idea de que nadie preferiría trabajar para otro cuando uno puede ser dueño de todo el producto de su trabajo. Más allá de los graves problemas conceptuales detrás de esta afirmación, no hay ninguna razón para pensar que alguien preferiría trabajar para sí mismo o para una cooperativa, si trabajar para un capitalista le reporta beneficios superiores.
Lo que no ven los críticos del capitalismo es que en la relación capitalista-empleado existe un intercambio tan intercambio como cualquier otro: el capitalista recibe beneficios por el trabajo del trabajador, pero el trabajador recibe beneficios del capitalista que no obtiene trabajando en forma independiente o si lo hace en una cooperativa (por algo elije trabajar a cambio de un salario).
No es necesario pues justificar el capitalismo, ni imponerlo. El capitalismo surge de las prácticas libres de los individuos buscando vivir de la mejor manera posible. El capitalismo sólo puede desaparecer mediante la acción de un gobierno autoritario.
Los puntos expuestos en este artículo son fundamentalmente de carácter filosófico y moral. Atacan las bases éticas del mutualismo, aunque recurriendo a algunos argumentos sencillos de carácter económico.
Frente a estos argumentos, al anarquista tradicional no le queda mas que dos alternativas:
- Dejar de ser anarquista y volcarse al socialismo y comunismo puros, pues queda demostrado que para condenar moralmente al capitalismo se necesita partir de premisas morales que condenan al anarquismo. De todas formas observemos que los argumentos a los que recurren los mutualistas para rechazar al capitalismo, y que son aquí refutados, también son defendidos por los socialistas, con lo cual éstos tendrán que abandonar los argumentos demagógicos en contra del capitalismo, sacarse la máscara y manifestar claramente cuáles son sus verdaderos principios morales.
- O aceptar que el orden liberal es el único consistente con el pensamiento anarquista.
Y una vez aceptado el orden liberal, sólo puede agarrarse de la única posibilidad que le queda: que en un orden tal, el cooperativismo y el autoempleo van a sustituir al capitalismo tan sólo mediante la libre competencia: las empresas capitalistas no podrían competir con el cooperativismo o el autoempleo.
Para afirmar esto aún contra la realidad más evidente y la experiencia de todos los días, se necesita una teoría consistente que explique por qué los hechos parecen demostrar lo contrario, teoría la cual el mutualismo carece. Pero igualmente merece un análisis económico más completo que será encarado en otra ocasión. Aún así se puede obtener una primera impresión intuitiva, informal, de por qué la realidad no puede ser como la imaginan los mutualistas, por ejemplo leyendo mi artículo Los Condenados de la División Social del Trabajo.
Otra observación adicional que ayuda a ver esto es que mientras las empresas capitalistas buscan sobrevivir atendiendo lo mejor posible a la demanda, el interés principal de una cooperativa no es la demanda, sino los trabajadores de la cooperativa. Por eso es que el cooperativismo está condenado a fracasar, traicionando sus propios principios. Incluso en la actualidad, las pocas cooperativas que logran sobrevivir gozan de exenciones de impuestos, subsidios y otras protecciones, y sin embargo aún así no son capaces de competir con empresas capitalistas que no gozan de esos privilegios. Lejos de lo que los cooperativistas afirman, la existencia del estado no ha sido una condicionante contra el desarrollo del cooperativismo, sino al contrario, es lo que ha permitido que sigan existiendo como carga para la sociedad.
Los cooperativistas también nos dicen que las cooperativas han fracasado porque los propios cooperativistas traicionan sus principios. Es cierto, pero hay que agregar que los principios en los que se sustenta el cooperativismo son traicionados porque son principios morales inútiles, que al final pretenden la autoinmolación, el autosacrificio. Son principios que terminan perdiendo su objetivo original, y dejan de ser un medio, para convertirse en un fin en sí mismos, a los cuales el trabajador termina sometiéndose por encima de todo, incluso por encima de su bienestar y sus intereses (sino, ¿por qué traicionar dichos principios?)
Pues los principios del cooperativismo no se sustentan en la razón, sino que son un imposible lógico: sólo aquellos que traicionan los principios del cooperativismo se ven beneficiados por ellos, es decir, se benefician de quienes aún respetan dichos principios, los cuales pasan a ser las víctimas de tan absurdo sistema.
Notas:
[1] Selected Writings of Pierre Joseph Proudhon, pág 92.