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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Diez de hoy mismo

1.- Todo proceso de cambio social tiene etapas, fases, idas y venidas, porque el enemigo –tanto el interno como el externo- es muy poderoso y cuenta con recursos de toda naturaleza. La revolución bolivariana no es, por tanto, una excepción. No puede seguir una línea recta, aunque sus principios y sus objetivos están aparentemente definidos claramente.

 

2.- También surgen las contradicciones internas que no son solamente el resultado de la lucha por la hegemonía dentro del proceso. En la medida que estas contradicciones se inflaman en esa misma medida favorece los intereses del enemigo. Pero también no es fácil mantener las contradicciones internas a un nivel manejable, sin que las mismas no puedan ser aprovechadas por el enemigo.

 

3.- Ya que hay una lucha subyacente –lucha que puede ser conflicto y/o cooperación- que no solamente sigue las bifurcaciones de la tradicional lucha de clases sino que también es lucha por la supervivencia de cada cual. La lucha por la vida, realmente. Porque el viejo sistema entró en entropía, ya nada podemos hacer por él. El viejo sistema incluye no solamente a lo local sino asimismo a lo planetario. La entropía podría ser incierta pero es palpable. No sabemos si la especie humana sobreviva a las condiciones nuevas que un cambio climático impondrá a la larga o a la corta. Esto no es ciencia-ficción. Los ecologistas han tenido siempre la razón desde mediados de la década de 1970 del siglo pasado; lo malo de que hayan tenido razón es que lo comprueba le entropía irreversible.

 

4.- El subsistema americano y el venezolano, en particular, no está al margen ni por asomo de la terrible crisis que asola a los elementos claves de nuestra civilización: el despilfarro de las energías de origen fósil; la desmesura de la competitividad –como medida activa de la competencia- que ha superado con creces los niveles de una cooperación sensata; el sinsentido de la vida práctica; las formas como los placeres asolan a la sobriedad; etc.

 

5.- La mayor parte de las problemáticas cotidianas se resolverían garantizando un salario obligatorio a todos los ciudadanos, salvo a los psicóticos –siempre que sean fiables los tests que atestiguan que un ser-es-psicótico es una conjetura verdadera. Al parecer, el psicótico es un tipo de ser humano que tiene un cerebro distinto y, por ende, una consciencia distinta al promedio de los seres humanos. ¿Pero cómo podríamos estar seguros de que alguien es psicótico? ¿podríamos confiar en la criminología científica? ¿No nos llevaría todo “eso” a un fascismo tecnológico? ¿No estamos a sus puertas, acaso? ¿Y por qué un psicótico es necesariamente un “criminal”?

 

6.- Ahora me dicen que todos estos problemas –y sus imaginarias y no imaginarias soluciones- son triviales ante los más agudos de la sucesión presidencial y la erradicación definitiva de la pobreza y del socialismo bolivariano y de la corrupción y de la boliburguesía y de la antiburguesaboliburguesía-burguesía, etc. Es decir, cada oveja con su pareja, cada desnivel con su nivel, cada quien con su cada cual… Me temo, sin embargo, que todos los problemas son uno. Los prestidigitadores de los socialismos al uso siempre creen que las soluciones están en el pasado. Parece que las utopías, creen ellos, estaban de una vez –y para siempre- escritas y pensadas. Ni qué decir los niñatos anarquistas que sustituyen a la autoridad-de-papá-y-mamá por la norma de no andar desnudo por la calle (especialmente porque los sexos se llenan de polvo y, después, lo del sexo oral sabe mal). Porque los polvos, es por todos sabidos, no se llenan sino que se echan…

 

7.- Las webs pornoescuálidas ya lo aseguran: según Datos, a partir de noviembre, llegará la libertad, porque la popularidad de Chávez está “de capa caída”. ¡Qué remedio! Seré, pues, minúsculo quark de esa inmensa minoría que seguimos votando por el comandante aunque sepamos, de antemano, que él no puede con todo. Porque me estoy temiendo que este pueblo se ha venido dando cuenta que sólo mediante su acción directa (y, quizá, violenta, no sé) es que se puede, en última instancia, tomarle la palabra al comandante en jefe; algo así como “haremos lo que tú indicas” aunque tú no estés presente, una vaina religiosa, no cabe duda, pero una gran vaina después de todo.

 

8.- Porque un amigo mío maneja la teoría conspirativa según la cual así como a Pedro Carmona no los puso la CIA yanqui gringa, asimismo a Hugo Chávez no los puso el servicio de espionaje y contraespionaje de la OPEP, porque con los expertos petroleros de Giusti y Calderón Berti los precios del oro negro llegaron a niveles donde era más rentable invertir en cambures titiaros que en el fulano petróleo. ¿Y por qué he de rechazar semejante pensamiento urdido en las catacumbas?  ¿No quedamos en que la CIA, de Obama o de Hilary, siempre será la misma CIA, quiere jodernos?

 

9.- La cosa es simple y hasta creíble. Alá y los sauditas se propusieron generar en la Venezuela adeco-copeyana un caos masivo de gente arrecha. A siete dólares el barril nadie en su sano juicio podía sostener no ya digo un Estado sino un tarantín de pantaletas y sostenes usados en la avenida Baralt. Así que, nada, se produjo lo que se produjo. Agentes palestinos y sauditas, debidamente disfrazados, con las últimas armas de la tecnología árabe, hurgaron en las armas de la república y se toparon con unos chamos que andaban conspirando en plan de simular a Bolívar. Todo lo demás es historia conocida.

 

10.- Puede ser que las teorías conspirativas no tengan base científica, pero ¡cómo divierten! Aunque algunas, debo decirlo, mediante publicación de documentos desclasificados, dejan a la ficción en paños menores, como esa de los laptops de Raúl Reyes. Ahora resulta que los guerrilleros no llevan diarios, como el Che, sino laptops. Nadie se lo cree; ni siquiera los fabricantes de las laptops de marras. Porque dicen que Melquíades, como dejó confesado en “Cien Años de Soledad”, sigue diciendo que de la única verdad de la que estamos seguros es de que el mundo es redondo como una naranja.-

 

F.C.-

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