EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
1.- Decían que “el Estado” mantenía una burocracia “improductiva” mientras que el “sector privado” creaba empleos productivos. Eso decían –y dicen- los neoliberales. La cosa era otra: de los ingresos petroleros del “Estado”, la “Empresa Privada” usó su financiamiento para enriquecerse. Aminorar el “Estado” significaba, por tanto, dejarlo el campo libre a la “Empresa Privada”. Dicho en términos más claros: la Burguesía nacional venezolana usaba los ingresos petroleros para financiar sus riesgos. Por ejemplo, la Corporación Venezolana de Fomento (CVF) se arruinó porque prestó capitales a los empresarios privados y éstos jamás pagaron. Lo mismo pasó con muchas otras entidades gubernamentales en todas las áreas de la economía.
2.- El “Estado” –decían, y dicen, los neoliberales- no debía ocuparse por sistemas salud, escuelas, seguridad social, etc. Todo eso debía ser privatizado, porque “sólo la Empresa Privada es eficiente”. Mentira: simplemente usaban los recursos que provenían de las exportaciones de materias primas para financiar sus negocios a expensas del resto de los ciudadanos. Así, fue así hasta el 2001. Porque los primeros tres años del decenio chavista la revolución apenas se esbozaba.
3.- La burguesía nacional venezolana ha sido tan improductiva –tan parasitaria- como un bedel de ministerio. Aunque sea éste limpia el piso, quita el polvo y cumple su jornada laboral, quizá pida un préstamo en una caja de ahorros o se meta en un san. Pero la burguesía nacional se apropiaba del ingreso petrolero en conchupancia con las élites políticas que, luego de Rómulo y Caldera, devinieron en gestoras de los negocios públicos. Es decir, sin hacer nada la burguesía nacional venezolana expropiaba el ingreso petrolero.
4.- Puede ser que en otros países las burguesías nacionales hayan cumplido su rol histórico de crear empleo y fomentar el mercado y crear riqueza al margen del Estado, es decir, puede que en otros países la burguesía nacional haya sido eso: burguesía, pero en el caso venezolano no se produjo nada de esto a lo largo de siglo y medio. No ha habido nada menos sometido al riesgo –del cual hablan tanto los neoliberales- ni a la competencia –diosa del neodarwinismo social neoliberal- que la burguesía venezolana, salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano.
5.- A una burguesía sinvergüenza y a un Estado chulo no podía sino acompañarle un sindicalismo de hampones, eso fue el sindicalismo venezolano y sus consecuencias se viven aún hoy en día, siempre con sus excepciones coyunturales porque, a la larga, todo el sindicalismo realmente existente o fue absorbido por la corrupción o por el sistema, que es lo mismo. Así vimos sindicalistas que se hicieron “gente rica”. Se “realizaban”, decían ellos mismos. Los “dirigentes sindicales” –ellos mismos se llamaban “dirigentes” sin dirigir ni siquiera los coches donde se trasladaban desde sus mansiones a las sedes sindicales- gestionaban la protesta obrera y campesina, tratando siempre de impedirla, de abortarla o de contribuir a reprimirla antes de que se saliera de cauce.
6.- Pero el chavismo no ha acabado con todo esto. No se puede, de la noche a la mañana, transformar radicalmente una estructura social erigida durante décadas sin causar un caos en todos los órdenes. Ni siquiera los viejos bolcheviques pudieron hacerlo de la noche a la mañana. Ni siquiera los maoístas chinos, en 1949, erradicaron los vestigios sociales de los mandarines chinos ni de los republicanos de Sun Yat-sen. No. Los cambios sociales irreversibles llevan su tiempo y requieren de varias generaciones. Los cubanos, por ejemplo, en medio siglo, todavía no han erradicado del todo los problemas inherentes a la sociedad cubana desde su nacimiento. El chavismo apenas ha esbozado un camino por el cual transitamos desde hace seis años apenas, realmente. Quizá si se hubiera aprobado la reforma constitucional del 2D/07 podríamos estar avanzando a mayor velocidad en muchos campos, pero sería tanto como caer en las trampas del formalismo jurídico. El chavismo ha hecho mucho pero hace falta también mucho más que mucho.
7.- Ningún proyecto utópico nuevo tendrá viabilidad en Venezuela si no partimos de una base material y espiritual mucho más avanzada de la que hemos heredado del siglo XX. Que se den golpes de pecho los dogmáticos de todos los matices, que digan lo que quieran, pero la libertad es un proceso y no un gesto, la libertad se construye con materiales humanos a lo largo de la historia y no es el sueño de cuatro cabezas-calientes que, en un artículo periodístico, enumeran su receta para todos los males sociales. No. Porque en la medida que se incrementen las desigualdades la libertad estará más lejana; en tanto que en la medida que converjan las esferas de las igualdades estaremos al borde de una libertad plena. Y, en este ajuste y desajuste de desigualdades locales o territoriales e igualdades parciales o regionales, culturas o alienantes, en esos ajustes/desajustes los seres humanos, en cualquier sitio, van trabajando la libertad real.
8.- Porque las superposiciones de los campos sociales se complican ante la presencia de agentes que nos observan y miden los acontecimientos de acuerdo con los cartabones de sus intereses imperiales. Eso impondrá más temprano que tarde una integración latinoamericana de emergencia. Se está viendo ya. Ante el terror de que la guerra a lo Israel se asiente en tierras americanas ha habido una respuesta colectiva al unísono de sectores y países hasta ayer aparentemente separados. Será la guerra –o la inminente amenaza de ella- la que nos unirá, como fue la guerra de la Emancipación, en el siglo XIX, la que nos separó. Urge la unión americana al margen de los Estados Unidos, y esto lo hemos entendido todos.
9.- La experiencia no deja de darnos lecciones. Solamente del proletariado –está confirmado- puede surgir un mundo nuevo y distinto; otro mundo es posible siempre que sea portado por el proletariado. Hay que entender por proletariado, no está de más recordarlo, a todas las mujeres y hombres, viejos y jóvenes, de la ciudad y del campo, que sólo tienen para sobrevivir su trabajo, los que son capaces de trabajar, y que eventual o normalmente lo hacen bajo los dictados del salario, o de la beca, o de los ingresos inseguros –la mayor parte de las veces- en el mundo de la economía informal; proletarios son, por tanto, la inmensa mayoría de la gente. Pero es esa clase social la única que sueña utopías. Los que viven del trabajo de otras y de otros no son proletarios, porque sencillamente viven y/o gestionan la plusvalía, el excedente, del trabajo, que siempre es el producto de la fuerza colectiva de los productores socialmente determinados. El proletariado, a su vez, está conformado por muchas capas, que van desde el lumpenproletariado hasta sectores de la baja clase media.
10.- Frente a las realidades nacionales e intraimperiales, o interimperialistas, que nadie niega, está el problema más profundo del modo de producción del capitalismo, que debe ser transformado en el modo de producción comunista como óbice para garantizar –y reconstruir- la supervivencia de la raza humana sobre la Tierra. Esto requiere una revolución a gran escala que, quizá, será impuesta debido al fatalismo ecológico pero que, también a partir de éste, puede imponerse un fascismo ecológico, como el que practica Israel frente al pueblo palestino. Por eso la lucha por el comunismo es hoy un imperativo de y en todos los pueblos del mundo. Las posibilidades materiales y espirituales de la abundancia frente a la escasez solamente pueden humanizarse si se liquida la lógica de la acumulación característica del modo de producción capitalista. Quizá hayamos caído, nosotros también, en nuestro propio delirio utópico, pero sin comunismo sólo queda la barbarie, y es ésta la que se enseñorea –contra toda racionalidad- sobre la faz del planeta. Comunismo o Barbarie, ese es el dilema de la raza humana en los albores del siglo XXI.-
F.C.-