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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Apostillas a un vademécum anarquista

Apostillas a un vademécum anarquista

 

La publicación del libro de Normand Baillargeon El Orden sin el Poder. Ayer y hoy del anarquismo (Editorial Hiru, Hondarriba [Guipúzcoa], 2003) es una excelente ocasión para examinar al conjunto de opciones libertarias en el mundo actual  y en los albores del siglo XXI.

 

Por otra parte, esta edición en castellano se debe a una traducción que del francés hizo Eva Sastre, hija de la incansable luchadora vasca Eva Forest [1928-2007], recientemente fallecida. (http://www.sastre-forest.com/).

 

Su autor, a la vez, es integrante de la cultura francesa de Québec, la avanzada provincia canadiense, donde fuerzas secesionistas auspician su autonomía ya que el resto de lo canadiense es más anglosajón que galo. Educador y museólogo, Normand Baillargeon participa también del movimiento anarquista canadiense. Así que este vademécum debe ser leído ubicándolo en la tradición francesa del anarquismo –a la que pertenece su autor- y no en la de otras latitudes, ya españolas ya americanas. 
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Aparecido en 1999, este librito “tuvo un éxito inesperado en un país (Canadá) en donde el movimiento anarquista está en plena efervescencia…”, afirma el prologuista Charles Jacquier. Y, añade, “en Francia (…) el anarquismo conoce una indudable renovación”. Para lo cual se basa no sólo en una intensa actividad teórica sino en que, “desde 1995, la presencia del anarquismo ya no puede seguir ignorándose: huelgas y luchas de clase, movimientos de parados y “sin”, acciones directa contra las OGM y otras molestias y movilizaciones contra las nuevas formas de la movilización capitalista”. Por lo tanto, el anarquismo es una de las “fuerzas esenciales” del movimiento social en Francia.

 

Mas este vademécum sigue las reglas de composición de todo folleto sobre el anarquismo-para-principiantes; menos, curiosamente, el opúsculo que Federica Montseny preparó para una editorial española bajo el epígrafe “¿Qué es el anarquismo?” que, dicho sea de paso, nunca se reeditó. Mientras en este último el sujeto del anarquismo era el colectivo proletario, en la mayor parte de los vademécums el sujeto lo integran “los pesadores”, es decir, la pléyade de estudiosos que se interesó por el tema, lo cual es un error de partida, porque el anarquismo jamás se ha debido a “grandes carajos” sino a la asociación colectiva popular, federalista y comunista (ó socialista).

 

El anarquismo es un producto de la clase oprimida donde quiera que esté y donde quiera que se dé una estructura jerárquica de funcionamiento de una sociedad dada. Al anarquismo ni lo “inventó” ni lo “pensó” nadie.

 

Lo que no queda claro, por otro lado, qué es “el orden sin el poder”. El autor no define por ninguna parte en su opúsculo qué entiende por “poder”. Acudir al diccionario sería lo más sensato. Pero un “orden sin poder” ¿no es acaso una contradicción? Ese genio de las paradojas que fue el militante ácrata italiano, Errico Malatesta (1853-1932), decía que el anarquismo no es la negación de la organización porque la vida social sin organización es inviable. En efecto, es evidente que la vida misma fue vida porque fue organización: y toda organización parte de cierto orden, y cierto orden cumple con ciertos principios primarios (dominantes) y con propiedades secundarias. Si hay orden hay poder. Ahora, que ese poder no sea el Gobierno o el Estado, como se ha desarrollado históricamente hasta hoy, es posible. Y, precisamente, es lo que desean los anarquistas: el poder popular y la democracia directa.

 

El anarquismo no es un pensamiento “anti-poder” tan en boga en estos tiempos postmodernistas. Ni tampoco un pensamiento “antiautoritario” si no definimos, primero, qué entendemos por “autoridad”. El anarquismo lo que es, es un pensamiento antijerárquico, siempre que entendamos por “jerarquía” –haciendo uso del símil de la teoría de conjuntos- a un conjunto J que incluye a todos los demás conjuntos A, B, C, etc.; y que cada uno de los elementos de los conjuntos contenidos tengan una relación de dependencia con cada elemento del conjunto J. Y eso sólo se da en las Iglesias y en la Magistratura; y en este último con excepciones porque, al menos teóricamente, los jueces son independientes y libres en la toma de decisiones. Pero sí se da J plenamente es en el mundo del trabajo: en efecto, el asalariado tiene una relación de dependencia con su patrón, plena y absoluta. Así, pues, jerarquía es diferente de autoridad y diferente de poder. Cuando el Estado dejó de ser el de las Monarquías absolutas y dejó paso al “Estado de Derecho”, primero, y, más tarde, al “Estado social democrático de Derecho y de Justicia”, el anarquismo siguió tras su búsqueda de poder popular, democrático, y de autogestión generalizada de la sociedad, mediante el sindicalismo, que es una vía para terminar de desmontar el absolutismo –tarea inconclusa realizada por la socialdemocracia-…

 

El anarquismo, al contrario, propone redes horizontales equipotenciales. Y, las instancias superiores a las redes emergerán ya del acuerdo o de las situaciones. Y, la base de la actividad anarquista es el mundo del trabajo (que no es sólo el trabajo manual) porque es en él en el cual la jerarquía se replica a sí misma. Y, sin embargo, cada día las formas de producción minimizan las jerarquías y los resultados de ellas suelen ser tomadas por consensos inter y trandisciplinarios. Sólo los comunistas-anarquistas podemos comprender esto porque somos, junto con los anarcosindicalistas, la única escuela anarquista que está vinculada a la lucha de clases.

 

Como abre boca este librito no está mal, pero los hay mucho mejores. Lo que me llama la atención es que el mismo autor pasa inadvertido sobre una afirmación suya: dice, en efecto, que en el anarquismo hay tendencias contradictorias, por ejemplo, la del individualismo y la del comunismo. ¡No puede ser!

 

Y, así, si L es el conjunto de los anarquismos individualistas y –L es el conjunto de los anarquismos no-individualistas, entonces, según Baillargeon:

 

L=-L

 

Lo cual significa, dicho en dos platos, que el anarquismo es el único sistema ideológico que no cumple con el “principio de no contradicción”. Pero esto no es cierto. Ni histórica ni teóricamente. Precisamente, las crisis (internas) del anarquismo surgen cuando ese principio de no-contradicción se enfrenta con las crisis (externas) de la misma ideología. Porque no hay ninguna relación entre lo que se tiene por “anarquismo individualista” [es más apropiado denominarlo “anarcoliberalismo”] y lo que se tiene por “anarquismo comunista (o socialista)”. El primero se basa en cualquier forma del Mercado capitalista, prefiriendo el Mercado de la competencia perfecta; en tanto que el otro se basa en cualquier forma de redes solidarias estructuradas en gestiones horizontales de poder bajo control de las mujeres y de los hombres, con un Mercado controlado por esas mismas redes.

 

De todas formas, recomiendo la lectura del vademécum de marras.-

 

Harry G. Tovar.-

 

 

 

 

 

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