EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
De nuevo, apoyo crítico y revolución desde y por abajo
Apoyo crítico y frente libertario
Los diez años casi de chavismo y los seis casi de revolución por arriba han permitido al tejido popular acumular fuerzas y desarrollar consciencia. A su vez, la permanencia del sector de la vieja clase dominante –oposición escuálida- con sus diversos recursos –incluso el recurso de la conspiración- ha permitido a la vieja democracia burguesa conservar sus cualidades liberales de aceptación universal. No obstante, la profundización de la democracia, su conversión en democracia directa, ha sufrido detenciones y retrocesos; por el emparejamiento de la profundización de la democracia con la consolidación de una nueva consciencia, esta área es quizá la más crítica dentro de la revolución; con la derrota del 2D/07 los mecanismos expeditos de la democracia directa quedaron obstruidos. En otras palabras, el poder constituyente solamente puede manifestarse pacíficamente por la vía del sufragio. O por la vía de la protesta. Porque la acción directa protestataria sigue siendo monopolio del poder constituyente; no puede ser de otra forma.
La vieja clase dominante aunque disminuida permanece, y su cultura todavía impregna a los diversos poderes del Estado. El Poder Judicial, por ejemplo, aún no ha sufrido ninguna revolución, en primer lugar, porque nadie la ha planteado en ese terreno, y, en segundo lugar, porque sigue bajo el prisma del individualismo, y todavía ni los derechos colectivos –con sus deberes- ni los derechos difusos han podido codificarse debidamente. Lo mismo pasa con los otros poderes del Estado, salvo el Ejecutivo, unos más otros menos, no se han puesto a tono con una sociedad que apenas esboza tendencias para nuevas formas de implementación.
Así, pues, la revolución bolivariana es, curiosamente, una revolución que se hace y una revolución en trance de realizarse. Es una revolución reformista y una revolución utópica. Hace lo que puede hacerse y no hace lo que no puede hacerse. Es una revolución que está tratando de desarmar el viejo orden e instaurar uno nuevo pacíficamente, pero no ha terminado de instaurarlo y fuerzas nacionales y foráneas aspiran a restaurar –por cualquier vía- el viejo orden.
Un desenlace previsible a una situación como la descrita es la dictadura. De cualquier signo. No hay antecedentes históricos de que la vieja clase dominante haya renunciado a sus privilegios sin sangre. No hay antecedentes históricos de que una revolución tras ser tentada por la dictadura dé paso a una sociedad libertaria. Salvo que se estimen “sociedades libertarias” a las sociedades poscomunistas.
Otro desenlace es que los mecanismos de la democracia instauren un régimen restaurador, es decir, que la vieja clase dominante recupere su control sobre los aparatos materiales e ideológicos del Estado; esto podría lograrse por dos vías: 1ª) por una victoria electoral propia; 2ª) por una alianza con los sectores conservadores del proceso bolivariano.
Un tercer escenario es aquel en el cual los sectores conservadores del proceso devenidos en clase burocrática monopolicen la revolución y derrote a los sectores libertarios que, desde abajo, y con distintos niveles de consciencia, pujan por la instauración de la democracia directa, es decir, del poder popular y de la autogestión de toda la sociedad.
Las desventajas de los sectores libertarios son diversas. En primer lugar, aunque son homogéneos en las cosmovisiones son heterogéneos en las formas organizativas y, en gran medida, sin coordinación entre ellos. A su favor, empero, que hoy día son más que antes y que la labor confusionista del furúnculo anarcocapitalista de la UCV no ha hecho mella en ellos. Esto es, desde luego, una ventaja. Mas al no haber homogeneidad organizativa, los sectores libertarios pueden ser usados por el enemigo para infiltrar a la revolución por abajo.
Por eso es que urge la conformación de un frente libertario de los revolucionarios antiburgueses y antiburocráticos, pero no puede ser un conglomerado de pequeñoburgueses deseosos de cargos y de figuración, sino de “trabajos de base”, es decir, de bases materialmente identificables: obreros, estudiantes, mujeres, campesinos, intelectuales, magisterio, etc. Urge la oposición revolucionaria en el seno de la revolución bolivariana. La oposición del “apoyo crítico”.
Consideraciones objetivas sobre las posibilidades de una revolución más allá de la revolución que tenemos
¿Tenemos o no tenemos una revolución? Creo que sí, aunque no se trate de la revolución que ortodoxamente proclamamos los comunistas anarquistas; es decir, la revolución que, tras el hecho revolucionario, disuelve el Estado del viejo régimen y lo transforma en la confederación de asociaciones libres del pueblo trabajador; que expropia a los capitalistas y organiza la sociedad sin necesidad del capital. No tenemos utopía pero tenemos revolución, y ésta no pareciera ser finita, prosigue. A decir verdad, los algoritmos ideológicos, de todos los signos, no sirven absolutamente para nada cuando estamos dentro de un proceso de transformaciones sociales e individuales.
Porque lo otro, ¿podemos, realmente, ir más allá; o, simplemente, es imposible ir más allá? Podemos, seguro; pero no olvidemos que todos los poderes que del mundo son están empeñados en impedírnoslo. Pero, ¿existen límites físicos a la construcción de esa revolución utópica? Creo que sí. No quisiera que los hubiera, pero los hay. En primer lugar, debemos hacer correcciones endógenas y ataques exógenos. Entre estos últimos estimo que es casi una obligación alcanzar la Integración Americana sin la cual, ya lo he dicho, el proyecto de la Emancipación estaría inconcluso. Entre las correcciones endógenas que se me ocurren está el de nuestro proyecto social de producción y consumo. Y, de transporte. Es decir, ¿qué economía queremos? Es fácil decir ¡una “economía socialista”! Pero ¿quién sabe qué es una “economía socialista”? Creo que nadie. Tenemos considerables retrasos a nivel de tecnología y ciencia básica, fuerzas productivas sin las cuales, dentro de una década, la explosión demográfica nos agobiará a todos. ¿Debemos planificar centralmente o debemos dejarlo todo a las fuerzas del mercado, o las dos cosas simultáneamente? ¿Debemos seguir la lógica no-ecológica del desarrollo y el crecimiento económicos o podemos auspiciar un “capitalismo ecológico” al cual decidimos llamar “socialismo”? ¿Y en qué medida la remuneración de las fuerzas del trabajo puede ser siempre superior a la remuneración de las fuerzas del capital? Quizá esto último defina al socialismo.
De acuerdo, estamos en una revolución. Sabemos muy bien de dónde venimos. No sabemos, nadie lo sabe, para dónde vamos. Ahí está el detalle. Y, quizá, lo importante es que el control de la revolución y de lo revolucionario permanezca en manos de la gente común y corriente, de manera democrática, procesando la cotidianidad, su cotidianidad, y las emergencias, las urgencias, el azar.
¿Seremos capaces? Creo que sí. Por eso los comunistas anarquistas, comunistas o socialistas libertarios, seguimos apoyando críticamente este proceso. Porque ni tenemos soluciones ni tenemos recetas; nuestros algoritmos no sustituyen a la mente de las fuerzas populares, tan sólo tratan de ayudarlas en elucidar la revolución dentro de la revolución.
Ni Dios ni Amo.-
10 de marzo de 2008