EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Carlos Castaño Gil (1967 -2004) fue un cabecílla paramilitar colombiano, que tomó el mando de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) después de la muerte de su hermano Fidel Castaño quien fue su fundador. Las ACCU era una unidad paramilitar de extrema derecha que ejecutaba sus acciones en Colombia. A las ACCU adscribía, entre otros bloques, el Bloque Metro de Medellín. Castaño fue quien consolidó y conformó las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) una alianza de grupos paramilitares que tenían por objetivo derrotar a las guerrillas colombianas como las FARC y el ELN.
Desde los 16 años Carlos Castaño ingresó a grupos de autodefensas junto con su hermano Fidel con la idea de vengar la muerte de su padre Jesús Antonio Castaño González en 1979 a manos del 4 frente de las FARC que lo habían secuestrado en su finca de Antioquia. En 1990 Carlos Castaño acompañaba a su hermano Fidel que lideraba un grupo de autodefensas financiado por ganaderos de Córdoba que tenían por objetivo sacar del departamento al Ejercito Popular de Liberación, las autodefensas de Fidel Castaño se desmovilizaron en 1992 y volvieron a tomar armas en 1993 debido a la incursión de las FARC en el Urabá antioqueño después de que fracasaran los diálogos de paz con esa guerrilla en México, en ese entonces Fidel funda las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), un poderoso grupo paramilitar responsable de varia masacres. En enero de 1994, a los 29 años de edad, Castaño reemplazó a su hermano Fidel en la comandancia de las ACCU tras su fallecimiento, sin embargo Castaño mantuvo en secreto la muerte de su hermano durante 5 meses mientras lograba la confianza del ejercito que este comandaba. Castaño asumió el control de 20 frentes de las ACCU que operaban en el norte del país asolando los campos en busca de guerrilleros y sus presuntos colaboradores.[1]
Mientras comandaba las ACCU Castaño se propuso junto a su amigo Iván Roberto Duque Gaviria alias Ernesto Báez, quien era ideólogo de grupos de extrema derecha aparecidos en Cundinamarca en la década de 1980, afianzar la unificación de los grupos paramilitares del país en una asociación que se conocería como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de las cuales fue nombrado líder. Las AUC eran financiadas por ganaderos, hacendados, terratenientes, comerciantes propietarios de empresas nacionales y algunas multinacionales, sin embargo dicho financiamiento no les fue suficiente por lo que Castaño decidió cobrarle un impuesto a los narcotraficantes para financiarse, Una vez recuperadas las finanzas del grupo Castaño lanzó una ofensiva en 1997 desencadenando la Masacre de Mapiripán en el Meta donde murieron 49 campesinos, la Masacre de El Aro en Antioquia donde fueron masacrados 15 más mientras sus hombres realizaban asesinatos selectivos de campesinos, defensores de los derechos humanos y sindicalistas. Durante ese año Human Rights Watch le atribuyó a Castaño la autoría de al menos 22 masacres. Dichos hechos causaron el repudio nacional y fue entonces cuando el presidente Ernesto Samper ofreció 1.000 millones de pesos por su cabeza. Castaño salió entonces ante los medios en entrevistas desde la clandestinidad donde justificaba sus crímenes diciendo que no asesinaba campesinos sino "guerrilleros vestidos de civíl". Con el tiempo las AUC se involucraban más en el negocio del narcotráfico a lo cual Castaño se oponía por lo que se ganó la enemistad de varios comandantes de los diferentes grupos que conformaban las AUC.[2]
No se tenía claridad sobre su paradero desde abril de 2004. Se manejaban hipótesis como la de que fue ajusticiado por otras facciones de las mismas AUC, debido a las disputas internas que protagonizó meses antes de su desaparición y que podrían haber desencadenado en su asesinato, o su supuesto paradero en el extranjero (en Estados Unidos o Israel, presumiblemente por sus pasados vínculos con miembros de la CIA[cita requerida] y del Mossad).[cita requerida]
Con la ayuda del periodista Mauricio Aranguren, Castaño publicó en 2001 un libro llamado Mi confesión, donde el entonces líder de las AUC hacía varias revelaciones que iban desde la explicación de su lucha armada, su historia familiar hasta espinosos capítulos de la historia reciente de Colombia. Se mencionan hechos como la Toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, así historias relacionadas con los grupos narcotraficantes colombianos, destacándose la forma como fue encontrado el jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar en una alianza de fuerzas del Estado con ayuda de grupos al margen de la ley[3] .
El 23 de agosto de 2006, informantes relataron a la Fiscalía General de la Nación y a los medios de comunicación que Carlos Castaño fue ajusticiado en abril de 2004 por su guardaespaldas Jesús Ignacio Roldán Pérez, alias "Monoleche", quien al parecer recibió órdenes de su hermano, Vicente Castaño[4][5] . Sus restos fueron hallados la última semana de agosto de 2006 gracias a la confesión de Monoleche. Según pruebas morfológicas y de ADN hechas por el Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, este organismo confirmó el 4 de septiembre de 2006 que dichos restos eran los del jefe paramilitar. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia no considera que las pruebas sobre el fallecimiento de Carlos Castaño sean contundentes por lo que lo condenó en ausencia a 28 años y dos meses de cárcel por la masacre de Mapiripán.[6]
Salvatore Mancuso Gómez (nacido el 17 de agosto de 1964 en Montería, Córdoba, Colombia) es un paramilitar colombiano actualmente recluido en la Cárcel de Máxima Seguridad de la ciudad de Itagüí. Conocido también por los alias de "el Mono Mancuso","Santander Lozada" o "Triple Cero", entre otros, nació en el seno de una familia de primera generación de inmigrante italiano (su Padre), estudió en la Pontificia Universidad Javeriana y Administración agropecuaria en Esatep en la ciudad de Bogotá, tambien estudio ingles en la Universidad de pithsburg en USA y fue un importante e influyente hacendado de la zona. Posteriormente integró el grupo paramilitar denominado "Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá" junto a Carlos Castaño, siendo su segundo al mando.
Tras la articulación de un mando conjunto del paramilitarismo colombiano en torno a lo que se denominó como las "Autodefensas Unidas de Colombia" bajo la sigla AUC, fue promovido por sus propios compañeros incluidos los hermanos Vicente y Carlos Castaño como jefe del estado mayor negociador de las AUC. Tras la misteriosa desaparición de Castaño, que después fue confirmado como asesinado por un ajuste de cuentas dentro de dicho movimiento, Mancuso se mantuvo en su cargo como el principal y más importante vocero de las AUC frente al proceso de desmovilización propuesto por el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez.
Su nombre ha estado involucrado en la conducción de al menos ocho grupos paramilitares que perpetraron numerosas masacres como la de Mapiripán. También ha sido acusado de tráfico de drogas tanto por el gobierno de Colombia como por el de los Estados Unidos, quien solicitó su extradición. Mancuso estaba tan despreocupado por la orden de extradición que asistió a la ceremonia de desarme del Bloque Bananero el 24 de noviembre de 2004. La solicitud fue en principio aprobada por Bogotá, pero posteriormente suspendida condicionalmente dentro del marco de las negociaciones de desmovilización de las AUC. Mancuso se desmovilizó con el Bloque Catatumbo el 10 de diciembre del 2005.
El departamento de Córdoba hace parte de una rica región colombiana conocida por la fertilidad de sus tierras y sus valles esplendorosos y exuberantes bañados por los rios sinu y san jorge, la cual incluye también una parte de las sabanas del departamento de sucre. Como su nombre lo indica, la Sabana es una rica planicie de plantaciones y ganadería que ha estado tradicionalmente en manos de latifundistas los cuales fueron objeto de ataques por parte de las guerrillas comunistas, especialmente del Ejército Popular de Liberación. El largo conflicto colombiano del siglo XX que debilitó las instituciones del Estado, generó profundos vacíos de autoridad civil en regiones ricas como la Sabana de Córdoba y Sucre, pero además de una riqueza objeto de las ambiciones de los diversos frentes en contienda. Urabá por ejemplo, un territorio que rodea al Golfo de Urabá, es el eje bananero más importante del país y las exportaciones de este producto generan un 30% sin contar con las divisas generadas por el café[2] .
Los ataques de las guerrillas del EPL a los latifundistas de la región tuvo como consecuencia la conformación de grupos armados al margen de la ley, pero que a la vez tenían la simpatía y el respaldo de algunos sectores del Estado como miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército de Colombia.
Uno de estos latifundistas que jugaría un papel determinante en la historia de la conformación de las Autodefensas Unidas de Colombia sería precisamente Salvatore Mancuso quien, como él mismo asegura, se unió en 1995:
"Habiendo agotado los medios verbales y escritos a su alcance, incluida su petición por carta al ministro de Defensa Fernando Botero Zea en 1995, para ser atendido y lograr eficaz protección por parte de las autoridades estatales, el próspero empresario ganadero y agricultor Salvatore Mancuso ingresó en 1995 a las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) y formó parte a partir de abril de 1997 de las nacientes AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), las cuales se organizaron como agrupación político-militar ante la persistente agresión guerrillera y la ostensible debilidad del Estado nacional para asegurar la vida, honra y bienes de los ciudadanos".[3]
Estos dos argumentos, el de defenderse de las "agresiones de la guerrilla" y "ante la debilidad institucional del Estado", serán desde entonces el principal discurso que presentarán como justificación a sus acciones.
El gobierno del presidente Álvaro Uribe sancionó la Ley 975 de 2005, conocida como "Ley de Justicia y Paz" y aprobada por el Congreso de la República de Colombia. El propósito de la Ley 975 era el de crear un marco jurídico viable para adelantar un proceso de desmovilización paramilitar y, eventualmente guerrillero. Aunque la Ley tuvo numerosas objeciones por parte de grupos nacionales como aquellos representados por la izquierda colombiana y por observadores internacionales como las organizaciones del monitoreo de los derechos humanos, la Ley fue aprobada en el congreso sin embargo más tarde sería enmendada por la Corte Constitucional con modificaciones que exigían confesión plena a los paramilitares y una mayor compensación a las víctimas de sus acciones militares. En este contexto, el 16 de agosto de 2006 la policía adelantó los respectivos procesos de captura de 14 jefes de la cúpula militar de las AUC entre los cuales se encontraba S. Mancuso, quien se entregó a la justicia colombiana para recibir los beneficios que de la Ley derivan[7]. En la actualidad se encuentra recluido en la Cárcel de Máxima Seguridad de Itagüí junto a otros miembros de la cúpula militar de dicha organización.
El proceso se abrió a un nuevo capítulo con la revelación de las fosas comunes en diferentes puntos de le geografía nacional, encontradas por la confesión de los mismos paramilitares acogidos al proceso de paz bajo la Ley 975. Las fosas comunes son sepulturas colectivas en donde los perpetradores de masacres depositaban los cadáveres de sus víctimas - un número promedio de 100 personas por fosa, según los registros de las mismas. Por ejemplo, en Mapiripan fue encontrada una fosa con 78 cadáveres, entre ellos habían dos menores de edad, según reporte de El País[4] . Tan sólo en esa región [Mapiripán], un municipio del Departamento del Meta, se espera la localización de almenos 400 cadáveres, lo que convierte a la zona en un auténtico campo de exterminio y genocidio.
Según el banco de datos del MIPT[5] Mancuso ha sido acusado tanto por los Estados Unidos como por Colombia de actividades relacionadas con el tráfico de drogas:
"En adición a violencia terrorista, Mancuso está notoriamente asociado al tráfico de cocaina. Probablemente ha sido responsable por la exportación de más de 20 toneladas de cocaina a los Estados Unidos en los últimos años. Los EEUU han requerido a Salvatore Mancuso en extradición para enfrentar cargos por tráfico de drogas, pero el gobierno colombiano ha sostenido su posición de no extradición para continuar el proceso de paz[6] ".
El 24 de septiembre de 2002, el Fiscal General de los EEUU, John Ashcroft, declaró:
"Hoy, el Departamento de Justicia está haciendo cargos en contra de los líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia por traficar más de 17 toneladas de cocaina hacia los Estados Unidos y Europa desde 1997... En el informe de incriminación, cinco cargos de narcotráfico fueron establecidos en contra del líder de las AUC Carlos Castaño y otros dos miembros del comando paramilitar, Salvatore Mancuso y Juan Carlos Sierra Ramírez... Los acusados enfrentarían penas tales como vivir en prisión si fueran encontrados culpables de los cargos"[7] .
Las AUC, lo que implica los jefes de su cúpula máxima, fueron oficialmente elencados como grupo de narcotraficantes según la "Foreign Narcotics Kingpin Designation Act", una ley del gobierno de los Estados Unidos que declara quiénes o qué tipo de organizaciones son narcotráficantes emitida el 2 de junio de 2003[8] .
El 19 de diciembre de 2006, Mancuso confesó 87 actos criminales y 336 víctimas[9] , siendo el primero de la alta cúpula de las AUC que lo hacía. En el procesos judicial realizado en Medellín ante un juez de justicia y paz, los periodistas no fueron admitidos, pero sí víctimas o parientes de las víctimas los cuales presenciaron el acto por medio de un circuito cerrado de televisión[10] . Los crímenes reconocidos por Mancuso fueron los siguientes:
Mancuso confesó además la corrupción de autoridades civiles y militares para permitir las operaciones de los paramilitares en diferentes áreas del país. Según sus palabras, para el tiempo en que se dio la desmovilización en diciembre de 2004, estaba pagando US$250.000 a la policía y al ejército[11] .
Mancuso confesó que los paramilitares llevaron actos de interferencia electoral ordenando a la población a votar por Horacio Serpa, candidato del Partido Liberal en la primera ronda de las elecciones presidenciales de 1998 y por Álvaro Uribe en las elecciones de 2002. En respuesta a esta confesión, el político Serpa respondió así a El Tiempo:
""Ahora, que el paramilitarismo me apoyó a mí en el 98, eso es un chiste. Yo he sido el principal contendor de los 'paras' en los últimos 20 años. ¿Quién va a creer que un grupo ilegal va a apoyar a un candidato en la primera vuelta para que gane y gana y luego apoya a otro candidato para la segunda vuelta? Eso es un cuento de Mancuso para comprometer a todo el mundo y llegar a la conclusión de que nadie es culpable y para proteger al gobierno de Uribe, porque Mancuso depende de Uribe, porque lo apoyaron en el 2002 y en el 2006"[14] .
Mancuso confesó la planeación, intento y ejecución de algunos magnicidios de personajes de la vida política colombiana como los siguientes:
"El quiere aprovecharse de un caso muy conocido, como el mío, para decir que está diciendo la verdad. La realidad es que los militares organizaron todo y le pidieron ayuda a los paramilitares"[15] .
"A pesar de nuestros insistentes reclamos nunca tuvieron, hasta ahora, el valor de decirnos la verdad, siempre lo negaron. Rechazamos que se justifique el asesinato de un sabio como Kimy. Sus actuaciones por la defensa del pueblo embera katío y el medio ambiente siempre fueron públicas (...) Él no era de las Farc y con ese grupo también tuvo problemas porque siempre rechazó el uso de la armas"[16]
Comunicados
S. Mancuso dirige una página Web permanentemente actualizada que es el principal medio de comunicación para entrar en contacto con la opinión pública y que es una fuente permanete no sólo de información sino de estudio para comprender la psicología de los grupos paramilitares del país suramericano. Hasta el presente ha demostrado su intención de permanecer leal a los compromisos iniciales con el gobierno y a la propuesta de lo que en Colombia se conoce como un "programa de reconciliación nacional", una experiencia ya vivida en otras etapas de la historia colombiana. Al respecto dice:
"Invitamos a todos los Partidos Políticos y a todo el pueblo Colombiano, a que juntos nos sumemos a la construcción de este Gran Acuerdo Nacional por la Paz y la Reconciliación que hoy se ha propuesto"[17]
. La "reconciliación nacional" es presentada por Mancuso como la única salida a la crisis de un país moldeado por más de cuatro décadas en una sucesión de conflictos armados:
"La coyuntura es supremamente grave. Ningún proceso de paz tendrá sentido ni futuro, si todos los actores del mismo y los propios ciudadanos no realizamos un sincero y profundo gesto de reconciliación que nace, inevitablemente, de una exhaustiva labor de autocrítica sobre nuestros comportamientos presentes y pasados."[18]
En un comunicado dirigido al presidente Uribe, Mancuso exige la definición de la situación jurídica como garantía para participar dentro de la contienda política de su país, reitera su intención de continuar en el proceso de paz y ratifica "los compromisos políticos, sociales y jurídicos" asumidos después de la desmovilización[19] .
Pero el senador Gustavo Petro, líder de un movimiento político de izquierda (Polo Democrático Alternativo) y uno de los principales críticos del proceso de paz adelantado por el presidente Uribe, asegura que el proceso de paz en Colombia debería estar en manos de una Corte Penal Internacional[20] .
Otro obstáculo evidente es la falta de credibilidad que las políticas del presidente Uribe tiene entre los intelectuales de izquierda en Colombia y la cual Mancuso señala:
"Es que alguna parte importante del País, azuzada por la oposición, considera que cuando Usted defiende el proceso de paz con las AUC está defendiendo a las autodefensas, cuando una cosa es el proceso de paz y otra cosa son las autodefensas. A nuestro modo de ver somos los desmovilizados de las autodefensas quienes debemos defender políticamente nuestras posiciones, y si ello nos hace aparecer para algunos como ‘uribistas’ esto finalmente no es tan grave para Usted y para la gobernabilidad del País, como la situación inversa planteada más arriba y que se ha convertido en un latiguillo constante y punzante, totalmente injusto, por parte de la oposición a su gobierno."[21]
Por su parte, la posición de G. Petro al respecto es que el presidente está polarizado en el conflicto a favor de los paramilitares:
"Durante el debate, mi tesis fue que la política de seguridad de Uribe en aquella época, al igual que hoy como presidente, estaba enfocada exclusivamente a luchar contra la insurgencia, concretamente contra las FARC [primera guerrilla de Colombia], y descuidó la lucha contra una forma de terrorismo peor, que es el paramilitarismo. Hasta el punto de que los grupos llamados Convivir, formados por hacendados para luchar contra los guerrilleros, fueron creados por decreto nacional y desarrollados en Antioquia por el gobernador Uribe. La relación de estos grupos con los paramilitares es clara: el 35% de sus juntas directivas estaba formado por personas que se habían dedicado al narcotráfico o al paramilitarismo en algún momento. Mi denuncia es que la política aplicada por Uribe en Antioquia es la misma que aplica hoy en el país. Y mantengo que la dotación de funciones policiales y militares a civiles para operaciones contrainsurgentes deriva necesariamente en grupos paramilitares y de narcotráfico."[22]
