EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
La autonomía –tal y como la vemos los anarquistas- es la capacidad de los oprimidos y/o explotados de controlar las variables del sistema social y modificarlas o reemplazarlas. La autonomía es la “capacidad de”. Por lo tanto, se refiere a componentes materiales y no a noúmenos ideales. La autonomía materialista hace referencia a la realidad y no como la autonomía de los anarcoliberales que hace referencia a un fantasma divino –la voluntad- que reside, suponen, en la caja negra del cuerpo humano.
Por otro lado, la autonomía de los anarcoliberales es fenomenista, es decir, no va más allá de las apariencias. Este fenomenismo conlleva a observar la sociedad como una suma aritmética de sujetos autónomos, cuando esto no es en absoluto cierto. Si dejas de ver la sociedad humana como un sistema te pierdes en las nebulosas. Un sistema no responde al mero holismo vulgar. El sistema es un conjunto de elementos, agrupados mediante mecanismos y donde se producen eventos sometidos a la causalidad y/o al azar, y que puede ser analizado científicamente y no echando mano a especulaciones metafísicas.
Por eso los anarcoliberales ni entienden ni podrán entender que Venezuela es parte de un sistema imperial –del cual intenta desprenderse de manera paulatina, en algunos casos; o de manera drástica, en otros-. Que lo que en otras latitudes es jurídica y políticamente el Estado no es aplicable a Venezuela. Que aquí lo que ha pasado por tal, a lo largo de dos siglos, más o menos, no ha sido otra cosa que una sucursal de los Estados imperiales. Que apenas, a partir de hace pocos años, es que se están echando las bases para instaurar un Estado nacional.
Al ser incapaz de entender que la sociedad es la “emergencia de” y no la suma aritmética de los sujetos y de las cosas que esos sujetos llevan consigo es incapaz de entender la Revolución Bolivariana y eso los lleva a que esgrimiendo un lenguaje postmodernista terminan políticamente al lado de la derecha porque ontológicamente el anarcoliberalismo es de derecha aunque haga uso de la tradición anarquista –que siempre fue de izquierda- para promoverse. Un poco de materialismo emergentista no les iría mal a los anarcoliberales. Pero son torpes por ser incapaces y mimetizar, en todo, a sus socios de otras latitudes; ni en eso son originales.
La autonomía materialista es la “capacidad de” y, de tal manera, implica especialmente la capacidad de modificar el mecanismo de la jerarquía que es un mecanismo material dentro del sistema social que es la sociedad. La autonomía idealista, por su parte, parte de la ficción jurídica del Derecho para la cual “todos somos iguales ante la ley”. La existencia de las clases sociales y su dinámica dentro del sistema contradice todas las ficciones jurídicas y capitalistas.
El mecanismo de la jerarquía sólo puede abordarse desde los planos del realismo materialista. No pueden abordarlo los ideólogos del anarcoliberalismo porque ellos mismos reproducen la jerarquía al escindir a los suyos en sabios y aprendices, en dirigentes (o ideólogos, pensadores, grandes carajos, sempiternos redactores de su pasquín) y dirigidos (ejecutantes, aprendices eternos, seguidores, miembros del grupo que dirige el ideólogo aceptado, lectores pasivos de su pasquín). Y, cualquiera podría preguntarse: “¿es que estos anarcoliberales se creen más que Chávez?”
Es así como para los anarcoliberales “esto no es una Revolución” sino que la Revolución –“esa hermosa palabra”, dicen- es la de los idealistas, como para Platón una mesa no es una mesa sino una corrupción de la Idea Mesa. La Bolivariana, por eso, no es una Revolución sino una corrupción de la Idea (platónica=anarcoliberal) Revolución. Para los anarcoliberales, además, toda trayectoria es siempre una línea recta, mas no cualquiera sino la Idea Línea Recta. Esa “hermosa palabra”, además, es eso para ellos: palabra. Es decir, texto. Hermeneutas y, por tanto, dogmáticos, lo importante no son los hechos sino las palabras –hermosas, feas, adecuadas o inadecuadas-. Es lo que sostienen los postmodernistas: el universo es el conjunto del espacio lingüístico, no hay hechos. El universo, por tanto, es el conjunto de las verdades coherentes con el discurso idealista del anarcoliberalismo, es decir, un universo de fantasmas y de apariencias, es decir, el universo de los fenómenos, las sombras de la caverna de Platón. Así, la lengua anarcoliberal termina mordiéndole la cola al cuerpo anarcoliberal.
Pero la realidad no reside en la mente de los anarcoliberales. La realidad está “ahí afuera”. Y, es material, incluso los estados mentales pueden expresarse mediante mecanismos materialmente identificables en el cerebro –dudo que los anarcoliberales tengan cerebro pero debemos presumirlo-. Esa realidad está compuesta por hechos y por estados mentales. Sólo se puede conocerla y manipularla mediante el materialismo científico. Es la filosofía de Bakunin: el hilorrealismo científico. Pero ya esto es demasiado camisón para las Petras -casi escribo "putras"- anarcoliberales.-
Floreal Castilla