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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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BREVE HISTORIA DE LA SEGUNDA INTERNACIONAL

 

            Pepe Gutiérrez-Álvarez

 

           BREVE HISTORIA DE LA SEGUNDA INTERNACIONAL

 

           En nuestro tiempo queda una Cuarta Internacional, muy minoritaria, y se habla de una quinta Internacional, capaz de agrupar a todas las izquierdas alternativas. Una parte de este debate tendrá obligatoriamente que tener en cuenta las experiencias anteriores, lo que tuvieron de grande y de fracasos, y qué fue lo que acabó con ellas.

 

 

Al iniciarse la historia de la socialdemocracia clásica, Engels podía establecer con cierta exactitud la línea que separaba dos épocas diferenciadas del movimiento obrero. En uno de sus trabajos más famosos, analiza el fracaso de la revolución europea de 1848 y la te­rrible derrota de la "Commune de París", y comprende que en ambas ocasiones el grado de desarrollo social no estaba "maduro”, ni el mo­vimiento obrero dominaba los prerrequisitos necesarios de organización y conciencia política suficiente para aspirar a ser la fuerza motriz de la nueva revolución que se avecinaba en el horizonte.

Pensaba que las revoluciones del "pueblo"', las que surgían detrás de las barricadas callejeras, habían pasado en buena medida a la his­toria. Una historia que hasta el momento había sido como un largo prólogo de preparación para crear las bases del movimiento obrero mo­derno basado en grandes partidos y sindicatos y apoyado por amplias masas. Ahora, el desarrollo de la industria y la internacionalización del capital, estaba produciendo una nueva situación política en  la que la lucha por el socialismo se mostraba no sólo moralmente necesaria sino también objetivamente posible. A estas condiciones había que añadirle el reforzamiento de la teoría marxista en relación a las de­más corrientes socialistas de la  época (1).

Se trataba ahora de repensar la revolución sobre la base de es--tas nuevas condiciones. El primer marxismo, aunque ofrecía los elernentos más importantes para comprender las leyes internas del desarrollo capitalista -de sus orígenes, formación, consolidación, impulso y crisis-, así como los materiales para componer un programa revolucionario, no podía ir más allá del horizonte de su tiempo: necesitaba ser enriquecido constantemente, puesto al día y ampliado en numerosos nuevos problemas. Esta tarea correspondía a los representantes del segundo marxismo ya que Engels falleció en 1895.

Sus continuadores se encontraron con un nuevo período histórico, cuyas características básicas podemos resumir como sigue:

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX tiene lugar una segunda revolución industrial que se fundamenta en los avances científicos de le primera. Pone en marcha unas nuevas plantas de energía (electricidad y petróleo); promueve nuevos medios (electrotécnicos, químicos); facilita una verdadera transformación d« los me­dios de transportes y comunicación en general (ferrocarriles, carreteras, nuevas técnicas marítimas, teléfono, telégrafo, etc) , que impulsan las inversiones capitalistas en los nuevos sectores puntas de la industria y del comercio, creando con ello un nuevo proceso de acumulación que a través de nuevos medios de concentración financiera corno los trust, los carteles, los sindicatos patronales, forja el capitalismo monopolista. Por la vía del expolio de los países y regiones precapitalistas, de las inversiones «n las zonas más atrasadas, implanta el capitalismo moderno prácticamente en todo el globo. Con  todo ello, se da una importantísimo desarrollo de las fuerzas produc­tivas; crece la renta nacional, aumenta el nivel general d« vida, y se amplían las posibilidades de reformas sociales. Los países más atrasados se ven obligados a entrar en el mercado mundial (2).

           En el orden político hay también notables modificaciones. Es el periodo llamado de "paz armada" porque, aunque no ocurren conflictos dignos de mención entre los "grandes", se asiste a varias guerras lo­calizadas que auguran los graves enfrentamientos que vendrán. Estas guerras son la hispano-nortearnericana en relación a Cuba, la ruso-japonesa, y la guerra con los bóers en Sudáfrica. Los líderes más cono­cidos de la socialdemocracia de esta época están imbuidos en la creencia de que el mundo ha dejado atrás el tiempo de las grandes guerras, y que es suficiente una política de arbitraje a través de la existen­cia de organismos internacionales sobre los cuales hay que ejercer la  presión social del pueblo.

        Es la época del apogeo del parlamentarismo que se apoya en la libre concurrencia. El sufragio universal se impone por doquier, a veces pacíficamente, a veces mediante la lucha, como en Bélgica, que  se consigue después de una huelga general. Los partidos socialistas ven crecer sus expectativas electorales, aumenta día a día la acción sindical, y su presencia se extiende a través de una amplia red de asociaciones y entidades d« todo tipo. Incluso los marxistas más enérgicos confían en que este proceso les acerca a las puertas del objetivo socialista. No obstante, este proceso está lejos de ser Iineal, al lado de los acontecimientos "progresivos" apuntan otros con un significado más sombríos. Las contradicciones imperialistas se agravan por las necesidades de ampliar el mercado exterior., el gran capital se refuerza en detrimento de la pequeña industria, hay un constante deslizamiento hacia la tentativa de un Estado fuerte, capaz da superar los escollos de las luchas sociales que amenazan su estabi­lidad, la libre concurrencia comercial y parlamentaria van cediendo su espacio a los elementos oligárquicos, y el militarismo y el patrio­tismo van tomando un potencial alarmante. Los ideales liberales del siglo XIX se reconvierten bajo la influencia del neodarwinismo, del catolicismo conservador y del nacionalismo.

         Al final de la fase primordial de la socialdemocracia clásica, estas tendencias se cristalizan con el estallido de la Gran Guerra, la más inhumana y terrible de todas las guerras conocidas porque el progreso general también se aplica al potencial opresor y destructor del orden establecido. Solamente una minoría dentro de la internacional alcanzará a comprender el significado real del curso real de la historia, una historia que para esta organización se inicia en 1839 con la idea de un socialismo universal y fraterno y que concluya con una guerra mundial de efectos desastrosos y cuya radiación todavía nos llega con fuerza.

 

         En el momento de su fundación, los marxistas, encabezados desde el primer momento por la poderosa socialdemocracia alemana, se irán imponiendo progresivamente como la corriente hegemónica de la nueva Internacional, lo que vale decir d« la inmensa mayoría del movimiento obrero ya que su tendencia adversaria en la Internacional, los anarquistas, quedarán -salvo algunas excepciones en países como España, Portugal y algunos lugares de América Latina- como minoría. No obstante, esta hegemonía tendrá mucho de engañosa como se demostrara con el surgimiento podero­so de la corriente revisionista.

        Después de los fracasados intentos de reconstituir la AIT —fracasos debidos en gran parte a la posición de la socialdemocracia alemana y a la influencia de Engels—, llegamos hasta 1099» que es el año en que se reúnen en París dos congresos, entre los cuales —después de una amplia negociación entre bas­tidores auspiciada por Engels y los delegados alemanes que asisten a ambos—, se llegará al año siguiente al Congreso de fundación. Los reunidos en París —en conmemoración del primer centenario de la toma de la Bastilla—, responden, no obstante, a criterios políticos muy diferenciados. De un lado está el Congreso de la "calle de Lancry", que representa un intento por parte de los "posibilistas" (para los que se trata de "fraccio­nar el fin ideal, inmediatizar algunas de sus reivindicar pa­ra hacerlas posibles), y su inspirador es el exanarquista Paul Brousse, con el apoyo de las Trade Unions (TUC) que se ha visto obligadas por el gobierno inglés a salir de su cauce es­trictamente sindicalista y que colaboran políticamente con los liberales.

         Dentro de la "sala Petrelle" se reúnen los marxistas y los radi­cales que han respondido a la invitación de Jules Guesde, Paul Lafargue y Edouard Vaillant. El segundo está por la unidad y proclama: "Todos sois hermanos y sólo tengáis un enemigo, el capital privado, ya sea prusiano, inglés o chino"» En sus con­clusiones finales, el Congreso marxista llega a un acuerdo en memoria de los "mártires de Chicago", que será después como un imperativo para el movimiento obrero internacional. El acuerdo dice: "Se organizará una gran manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabaja­dores pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley de jornada de trabajo de 8 horas, y que se lleven a. efecto las demás resoluciones del Congreso de París» da para el 1 de mayo de 1890 por la Federación Norte Ameri­cana del Trabajo (American Federation of Labor) en su con­greso celebrado en St. Luis en diciembre de 1888 se adop­ta esta fecha para la manifestación internacional... " (3)

       La influencia marxista se impondrá sobre la de los posibilistas. Un año después, cumpliendo las previsiones de París, se funda, en Bruselas, entre los días 18 y 23 de agosto, la Se­gunda Internacional. Su estructuración interna, no repita las concepciones centralistas de la AIT, acentúa mucho más los már­genes de autonomía nacional. En realidad, la Segunda Internacional es una coordinadora que federa a una red de partidos socialistas con diferentes orígenes e incluso, diferentes plan­teamientos, que tratan de asuntos comunes a través de Congresos convocados y preparados por un Secretariado Internacional donde están representadas todas las secciones, amen de una Co­misión Internacional Interparlamentaria en preparación, se di­ce» del "futuro parlamento proletario", y finalmente, de un Secretariado Sindical. Más tarde se crearán secretarias para los grupos femeninos y juveniles. Los Congresos no son impera­tivos, sino una "tribuna" en la que se discuten los problemas, se establecen los principios generales, se desarrollan medios de solidaridad. Se respeta rigurosamente la autonomía nacional y no se establecen más que consejos e indicaciones, de ma­nera que la Internacional aunque posee una importante fuerza moral,   carece   de capacidad  para  intervenir seriamente en   problemas internos   como   los   que aquejaban   a  los   socialdemócratas   rusos   o   franceses.

     Durante   los       primeros   años,   la   presencia   de   los   anarquistas en su seno “llega a ser un problema.  En el Congreso de Bruselas se permite la intervención del antiguo pastor y ahora destacado anarquista holandés Nieuwhehuis, que es portavoz de unos planteamientos radicales sobre la huel­ga general y el antimilitarismo, dos ejes del sindicalismo re­volucionario, y durante un tiempo el acuerdo todavía parece posible. En el siguiente de Zurich (1893), la convivencia todavía posible, pero ya en el de Londres (1896) se vota con una gran mayoría una resolución presentada por Wilhem Liebknecht, que determina: "La comisión de reglamento del Congreso queda encargada de enviar invitaciones para el próximo Congreso solo a: 1. Los representantes de aquellas organizaciones que tra­ten de sustituir la propiedad y producción capitalista por la propiedad y producción capitalista, y que conside­ran la acción legislativa y parlamentaria como uno de los medios necesarios para alcanzar este fin…2. A las organizaciones puramente sindicales obreras, que aunque no tomen parte activa en la política, declaran que reconocen la necesidad de la acción legislativa y parla­mentaria por consiguiente, quedan excluidos los anarquis­tas".

      Una auténtica barbaridad, sobre todo considerando la amplitud de miras con que se había tratado de integrar al socialreformismo, y que en significará ante todo un debilitamiento de la izquierda marxista que, al menos sobre esta cuestión, no supo reaccionar.

 

    Otro problema importante son los sindicatos, con los cua­les todavía no se había establecido una clara relación organi­zativa.  Para los alemanes, los sindicatos son "la escuela pri­maria del socialismo" y plantean un vinculo con el partido y por ende con la internacional» Por el contrario, los franceses se pronuncian por ia "autonomie syndicale". El Congreso de Lon­dres se llama aún Congreso Internacional Socialista y de Cáma­ras Sindicales, pero "Finalmente la presión sindical establece la independencia orgánica”.  A principios de siglo se estructura la Internacional Intersindical, cuyo secretario será el ale­mán Karl Legien y su sede, Amsterdam.

     La línea programática se fundamentan en torno a una reivindicaciones sociales y democráticas mínimas, que en el Congre­so de Sttugart se establecen así: "…el sufragio universal, la libertad de expresión, de reunión y de asociación, la introducción de las dietas parlamentarias, la educación pública, libre y laica.  Ade­cuar los partidos socialdemócratas para ayudar al pueblo a mejorar sus condiciones de vida y de trabajo y patrocinar las leyes de protección obrera, de seguro social, de reformas de tarifas de aduanas y un sistema de impuesto más popular”.En estas líneas se percibe la inspiración “cartista” británica. Se trataba de mejorar las condiciones mediante la "pro­bada táctica" de las conquistas parciales, en vías de preparar el momento del cambio, de imponer el programa máximo del socia­lismo. Sobre esta base se desarrolla la polémica entre reforma-evolucionista y reforma—revolucionaria.

     

 

      La construcción de los partidos socialdemócratas. Aunque la mayoría de las secciones de la Internacional contemplan a los alemanes como "el partido modelo", van desarrollando desde sus origines determinadas características propias. Un somero recuento sobre como se constituyeron los más importantes se puede sintetizar así:

      Alemania. Se forma mediante la fusión establecida en el Congreso de Gotha (1875), entre la Asociación General de los Trabajadores Alemanes formada por Ferdinand Lasalle, y el Par­tido Obrero Socialdemócrata fundado en Eisenach por Liebknecht y Bebel. El Programa firmado por este Congreso de fusión es duramente criticado por Marx. En 1890 este programa es recti­ficado por Karl Kautsky y toma el nombre de "programa de Erfurt", que aunque será criticado por Engels, servirá como guía para la redacción de otros programas socialistas. Guiado por la autoridad indiscutida de Engels, el SPD sobrepasa victorio­samente el período de persecución contra los socialistas, y desarrollarse de forma inusitada tanto orgánica como electoral-mente. Este auge facilitará la creencia en una conquista gra­dual del poder a través del sistema parlamentario.

   Francia, Su formación se ve dificultada por las contradi­cciones que oponen a radicales—marxistas y posibilistas, Los marxistas y los blanquistas influenciados por el marxismo (Edouard Vaillant) fundaron el Partido Obrero Francés con un programa revisado por Engels, mientras los posibilistas de P. brousse que apoyan el ministerialismo de millerand se verán obligados por la internacional a unificarse, lo mismo ocurre con la fracción deJean Allemane que había formado la Alianza Comunista Revolucionaria y "trabajaba en la CGT". Finalmente, el proceso de unificación añade además a un conjunto de personalidades independientes como Jean Jaurés, Benoit Malón, Rene Viviani y Aristide Briand, constituyéndose el Partido Socialista Unificado que, en 1905, da lugar a la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO) bajo la dirección colegiada de Jaurés, Guesde y Vaillant, que logra regular sus relaciones con la CGT y conoce un período de esplendor.

        Los origines de la socialdemocracia inglesa se encuentran, primero en la Federación Socialdemócrata de Hydman y William Morris, luego también en la Liga Socialista que formará este último junto con Eleanor Marx, Berlford Bax, Edouard Aveling y otros. Tanto el primero —centrista— como el segundo —revolucionario de gran originalidad—, se encuentran des­conectado del grueso de la clase obrera que está organizada en los sindicatos que se desentienden del socialismo y trabajan junto con los liberales». Otro sector será el de los fabianos (nombre tomado de Fabio general romano que vencería a Aníbal con las armas de la paciencia), formado por el matrimonio Sydney y Beatriz  Webb, y por personalidades tan importantes como George B. Shaw, Annie Besant, y más tarde por H.G. Wells. El primer paso sólido para la formación del partido obrero parla­mentario lo darán Keir Hardie y Ramsay McDonald al formar en 1893 el Independent Labour Party. En 1906, todos los grupos socialistas existentes se unificaran en el  Labour Party. El la­borismo pasará a ser la derecha de la Internacional Socialista.

        Surgidos del seno del populismo, George Plejanov, Vera Zasulith y Paul Alxerod, crean en 18B3 el grupo marxista La emancipación del trabajo, que intenta desarrollar el esquema del materialismo histórico a un país subdesarrollado.  A principios de si cío este trío histórico junto con los de Vladimir Illich Lenin, Juli Martov, y el más joven León Trotsky), animarán la revisita Iskra (La chispa), que prepara la creación definitiva en 1903 del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (PCSR). El Congreso fundacional tenido en Londres llega a unos acuerdos muy amplios sobre el programa (incluyendo la dictadura del proletariado), pero no llega a un acuerdo sobre la forma organizativa trascendental para una formación que debe subsistir en la clandestini­dad. Mientras que Lenin (y en un primer momento Plejanov) quie­re establecer claramente la frontera entre el militante y el simpatizante y marcar las distancias de las tendencias revisio­nistas, Martov, Trotsky (y después Plejanov) defienden un par­tido similar a otras formaciones del mismo carácter. La división se mantendrá a pesar de todos los intentos reunificadores.

        En Italia se funda en 1882 el Partido Obrero Italiano bajo la guía del exanarquista Andrea Costa, y diez años más tarde, se forma el Partido Socialista de los Trabajadores que, inspi­rado en un programa marxista excluye a los anarquistas. Sus fi­guras más importantes son Filippo Turatti, Andrea Costa y el filósofo Antonio Labriola» En 1906 se constituye la Confederazione Nacionale dil Lavoro (CGL), que lleva a cabo una huelga general en 1909o

           El Partido Socialdemócrata  austriaco iniciará su andadura en 1867 bajo la batuta de Viktor Adler, y en 1897 adopta un pro— grama marxista escrito por Kautsky. EL PSDA llegará a ser el partido más implantado de la Internacional, y se orienta bajo la fórmula del austro—marxismo hacia unas posiciones de izquierdas sin llegar nunca a conclusiones revolucionarias. Ya en 1871, Paul Lafargue había creado el núcleo marxista inicial que en 1875 se constituye como el Partido So­cialista Obrero Español, al frente del cual se encuentran Pablo Iglesias, José Mesa, Francisco Mora, Antonio García Queji­do, Jaime Vera, etc. Este equipo se mostrará muy influida por e forman, de un lado el Partido Obrero Socialista, basado en el trabajo dentro de .la Federación Americana del Tra­bajo, de tendencia "mejoralista" y está dirigido por Morris Hilquit (que representará a la derecha) y por Eugene V. Debs (que lo hará de la izquierda), y por otro, la Alianza Socialista del Comercio y el Trabajo, en cuya cabeza sobresale la notoria personalidad de Daniel de León.

        La socialdemocracia será una fuerza tradicional y fundamental en los países nórdicos, en Suiza, y en menor grado en los países del Este, a excepción de Polonia, donde nacionalis­tas  e internacionalistas se disputan su hegemonía. También se­rá un peso social y político notable en Bélgica, Suiza. En Por­tugal nunca alcanzará la capacidad organizativa del anarcosindicalismo. En países como Turquía y Grecia no pasará de ser un grupúsculo. Conoce un cierto esplendor inicial en América La­tina, en particular en Argentina, Chile y Uruguay. También pe­netrará en el Oriente, especialmente en Indonesia (a través del holandés Henri Sneevliet), y Japón, con Sem Katayama que se abrazará con Plejanov en medio de la guerra que enfrenta rusos y japoneses.

      En líneas generales, la socialdemocracia logra estabilizarse como el partido obrero parlamentario en los países industrializado, en los que la burguesía tiene unos amplios márgenes de integración aunque no tiene (como en los Estados Unidos], la capacidad de impedir su desarrollo y someterla como una ten­dencia de un partido burgués (como el demócrata norteamericano). En los países capitalistas subdesarrollados, la socialdemocracia tendrá siempre a su lado a unos competidores de izquierda, sean los anarcosindicalistas sean (más tarde) los comunistas.

 

 

        El desarrollo teórico y es­tratégico de la Internacional se forja, al mismo tiempo, con debates hacia fuera (con las demás corrientes del movimiento obrero y, sobre todo, con la clase dominante), y hacia dentro, entre las distintas interpretaciones del marxismo. Entre sus debates ha­cia fuera, los másimportantes sen, naturalmente, los llevados contra los ideólogos del orden establecido que son sometidos a una crítica rigurosa en todas las cuestiones fundamentales de la vida política, social y cultural. Contra ellos, la socialdemocracia clásica forja todo un arsenal teórico que más tarde ofrecerá un inapreciable legado para sus desprendimientos de iz­quierdas en particular para los comunistas. También resultan importantes sus polémicas con los anarquistas (a los que consideran como una corriente pre-marxista y equivocada por su revolucionarismo precipitado), y nacionalmente, con otras corrientes como lo serán los lasalleanos alemanes, los posibilistas franceses, los populistas rusos, los nacionalistas polacos, etc   (4).

     Pero todos los debates con las otras corrientes socialis­tas pasará a un segundo plano con la aparición del revisionismo, que recoge diferentes opciones gradualistas y estatales —fabianismo, lasalleanismo, etc- y las insertas en una recon

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