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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Al Qaeda y la guerra contra el terrorismo

30-01-2008
 
Al Qaeda y la guerra contra el terrorismo

Michel Chossudovsky
Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández y S. Seguí. Revisado por Caty R.


Introducción

Uno de los objetivos principales de la guerra de propaganda consiste en «fabricar un enemigo». El enemigo exterior, personificado por Osama Bin Laden está «amenazando a Estados Unidos» y por lo tanto es necesario emprender la guerra preventiva contra los «terroristas islámicos» para defender la Patria. Las realidades se falsean. Estados Unidos está bajo amenaza de ataque.

A raíz del 11 de septiembre, la creación de este «enemigo exterior» ha servido para encubrir los objetivos económicos y estratégicos reales en pos de la guerra en Oriente Próximo y en Asia central. Emprendida por razones de autodefensa, la guerra preventiva se defiende como una «guerra justa» dotada de un mandato humanitario.

Como el sentimiento antibelicista aumenta y la legitimidad de la política de la administración Bush empieza a venirse abajo, deben despejarse las dudas acerca de la existencia de este ilusorio enemigo exterior. El contraterrorismo y la guerra de propaganda van entrelazados. El aparato de propaganda alimenta la desinformación en la cadena de noticias. Las advertencias contra el terrorismo tienen que parecer auténticas. El objetivo es presentar a los grupos terroristas como enemigos de Estados Unidos. Irónicamente, Al Qaeda –el enemigo exterior de EEUU y supuesto arquitecto de los ataques del 11 de septiembre- fue creado por la CIA.

Desde el comienzo de la guerra entre soviéticos y afganos en los primeros años de la década de 1980, el aparato de inteligencia estadounidense ha estado apoyando la formación de las «brigadas islámicas». La propaganda pretende borrar la historia de Al Qaeda, tapar la verdad y eliminar las pruebas de cómo se fabricó el enemigo exterior que después se convirtió en el «enemigo público número uno». El aparato de inteligencia estadounidense engendró sus propias organizaciones terroristas y al mismo tiempo va lanzando advertencias sobre las organizaciones terroristas que él mismo ha creado. Mientras, se va poniendo en marcha un programa cohesivo de contraterrorismo para perseguir a esas organizaciones terroristas.

Retratado de forma estilizada por los medios occidentales, Osama Bin Laden, apoyado por varios secuaces, se constituye en el hombre del saco para los estadounidenses que, tras la Guerra Fría, «amenaza a la democracia occidental». La supuesta amenaza de los terroristas islámicos impregna toda la doctrina de la seguridad nacional estadounidense. Su objetivo es justificar las guerras de agresión en Oriente Próximo, mientras dentro de EEUU se establecen los contornos del Estado de Seguridad de la Patria.

Antecedentes históricos

¿Cuáles son los orígenes históricos de Al Qaeda? ¿Quién es Osama Bin Laden?

Al supuesto cerebro de los ataques terroristas del 11 de septiembre, Osama Bin Laden, de origen saudí, se le reclutó durante la guerra soviético-afgana, «irónicamente bajo los auspicios de la CIA, para combatir a los invasores soviéticos». (Hugh Davis: «‘Informers’ point the finger at Bin Ladin; Washington on alert for suicide bombers».The Daily Telegraph, Londres, 24 de agosto de 1998). En 1979, en Afganistán, se lanzó la mayor operación secreta de la historia de la CIA:

«Con el apoyo activo de la CIA y el ISI de Pakistán, que deseaban convertir la Yihad afgana en una guerra global de todos los estados musulmanes contra la Unión Soviética, unos 35.000 radicales musulmanes de 40 países islámicos se unieron para luchar en Afganistán entre 1982 y 1992. Decenas de miles más llegaron para formarse en las medersas pakistaníes. Finalmente, más de 100.000 radicales musulmanes se vieron directamente influidos por la Yihad afgana». (Ahmed Rashid: «The Taliban, Exporting Extremism», Foreign Affairs, noviembre-diciembre 1999).

Este proyecto del aparato de la inteligencia estadounidense contó con el apoyo activo del Inter Services Inteligente (ISI) de Pakistán, al que se confió la canalización de la ayuda militar secreta a las brigadas islámicas y la financiación, junto con la CIA, de las medersas y los campos de entrenamiento para los muyahaidines (1).

Ese apoyo del gobierno estadounidense a los muyahaidines se presentó a la opinión pública mundial como una «respuesta necesaria» a la invasión soviética de Afganistán en 1979 en auxilio del gobierno procomunista de Babrak Kamal. La operación militar y de inteligencia de la CIA en Afganistán, que consistió en crear las brigadas islámicas, se había lanzado bastante antes, no como respuesta a la entrada de las tropas soviéticas en Afganistán. De hecho, Washington provocó deliberadamente una guerra civil que duró más de 25 años. El papel de la CIA como constructor de los cimientos de Al Qaeda se confirmó en una entrevista con Zbigniew Brzezinski en 1998, que en aquella época era el Asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter:

Brzezinski: Según la versión oficial de la historia, la ayuda de la CIA a los muyahaidines comenzó en 1980, es decir, después de que el ejército soviético invadiera Afganistán el 24 de diciembre de 1979. Pero la realidad, secretamente guardada hasta ahora, es muy diferente. En efecto, fue el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva para la ayuda secreta a los opositores del régimen prosoviético en Kabul. Y ese mismo día escribí una nota al presidente en la que le explicaba que, en mi opinión, esa ayuda iba a provocar una intervención militar soviética.

Pregunta: A pesar del riesgo, usted fue un defensor de esa acción secreta. ¿Quizá deseaban la entrada soviética en la guerra y trataron de provocarla?

Brzezinski: No fue así en absoluto. No empujamos a los rusos a intervenir, pero aumentamos a sabiendas la probabilidad de que lo hicieran.

Pregunta: Cuando los soviéticos justificaron su intervención asegurando que intentaban luchar contra una implicación secreta de Estados Unidos en Afganistán, la gente no les creyó. Sin embargo había una base de verdad. ¿No ha lamentado Vd. nada hasta ahora?

Brzezinski: ¿Lamentar qué? Esa operación secreta fue una idea excelente. Consiguió meter a los rusos en la trampa afgana, ¿y Vd. quiere que lo lamente? El día que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera escribí al presidente Carter: Ahora tenemos la oportunidad de que la URSS tenga su Guerra de Vietnam. Así fue, durante casi diez años, Moscú tuvo que mantener una guerra insoportable para su gobierno, un conflicto que llevó a la desmoralización y finalmente al desmembramiento del imperio soviético.

Pregunta: ¿Y ni siquiera lamenta haber apoyado al fundamentalismo islámico, haber dado armas y asesoramiento a los futuros terroristas?

Brzezinski: ¿Qué es más importante en la historia mundial? ¿Los talibanes o el colapso del imperio soviético? ¿Qué algunos musulmanes se removieran o la liberación de Europa central y el fin de la Guerra Fría? («The CIA’s Intervention in Afganistán, Interview with Zbigniew Brzezinski, Presdient Jimmy Carter’s National Security Adviser», Le Nouvel Observateur, París, 15-21 de enero de 1998, publicada en inglés, Centre for Research on Globalisation (http://www.globalresearch.ca/articles/BRZ110A.html, 5 octubre de 2001).

En coherencia con el relato de Brzezinski, la CIA creó la «Red Militante Islámica». La «Yihad Islámica» (o guerra santa contra los soviéticos) se convirtió en parte integrante de las estrategias de inteligencia de la CIA. EEUU y Arabia Saudí la apoyaron y una gran parte de su financiación provenía del comercio de drogas del Creciente Dorado (2):

«En marzo de 1985, el presidente Reagan firmó la Directiva-Decisión de Seguridad Nacional nº 166, que daba luz verde a la ayuda militar secreta intensificada a los muyahaidines, dejando claro que la guerra secreta afgana tenía un nuevo objetivo: derrotar a las tropas soviéticas en Afganistán mediante acciones clandestinas y conseguir su retirada. La nueva ayuda secreta estadounidense empezó con un aumento significativo de los suministros de armas: un incremento constante que alcanzó las 65.000 toneladas al año en 1987, así como un ‘flujo incesante’ de especialistas de la de la CIA y el Pentágono que se desplazaron hasta los cuarteles secretos del ISI pakistaní situados en la carretera principal cercana a Rawalpindi. Allí, los expertos de la CIA se reunieron con oficiales de inteligencia pakistaníes para colaborar en la planificación de las operaciones para los rebeldes afganos». (Steve Coll, The Washington Post, 19 de julio de 1992.)

La CIA utilizó al ISI pakistaní como intermediario en un papel clave, el entrenamiento de los muyahaidines. Asimismo, ese entrenamiento de la guerrilla patrocinado por la CIA se integró con las enseñanzas del Islam. Fueron los fundamentalistas wahabíes financiados por Arabia Saudí quienes establecieron las medersas: «Fue el gobierno de EEUU el que apoyó al dictador pakistaní, el General Zia-ul Haq, para crear miles de escuelas religiosas de las que emergieron los gérmenes de los talibanes». (Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA), «Declaración de RAWA sobre los ataques terroristas en EEUU», Centro de Investigación sobre Globalización (CRG), 16 de septiembre de 2001): http://globalresearch.ca/articles/RAW109A.html.

Las cuestiones preponderantes eran que el Islam era una ideología sociopolítica completa, que las tropas soviéticas estaban violando al sagrado Islam y que el pueblo islámico de Afganistán reafirmaría su independencia arrojando al régimen izquierdista afgano apoyado por Moscú (Dilip Hiro, «Fallout from the Afgani Jihad», Inter Press Services, 21 de noviembre de 1995.)

 

El ISI pakistaní se utilizó como intermediario

El apoyo encubierto de la CIA a la Yihad islámica se realizó indirectamente a través del ISI pakistaní, es decir, la CIA no canalizó su apoyo a los muyahaidines de forma directa. Para que esas operaciones encubiertas tuvieran éxito, Washington tuvo mucho cuidado en no revelar el objetivo último de la Yihad, que consistía no sólo en desestabilizar el gobierno laico (prosoviético) en Afganistán, sino también en destruir la Unión Soviética.

En palabras de Milton Beardman, de la CIA: «No entrenamos a los árabes». En efecto, según Abdel Monam Saidali, del Centro Al-Aram de Estudios Estratégicos en El Cairo, Bin Laden y los árabes afganos fueron formados «mediante tipos de entrenamiento muy sofisticados que les proporcionó la CIA». (National Public Radio, Weekend Sunday (NPR) con Eric Weiner y Ted Clark, 16 de agosto de 1998).

Beardman, de la CIA, confirmó a este respecto que Osama Bin Laden no era consciente del papel que estaba jugando en nombre de Washington. Según Bin Laden (como Beardman citó): «Ni yo ni mis hermanos vimos pruebas de la ayuda estadounidense». (National Public Radio, Weekend Sunday (NPR), con Eric Weiner y Ted Clark,16 de agosto de 1998).

Espoleados por el fervor religioso y nacionalista, los guerreros islámicos no se dieron cuenta de que combatían contra el ejército soviético en nombre del tío Sam. Mientras que había contactos en los niveles más altos de la jerarquía de la inteligencia, los dirigentes rebeldes islámicos en el escenario de la guerra no tuvieron contactos con Washington o la CIA.

Con el apoyo de la CIA y la canalización de sumas masivas de ayuda militar estadounidense, el ISI pakistaní desarrolló una «estructura paralela ejerciendo un poder enorme en todos los sectores del gobierno» (Dipankar Banerjee, «Posible Connections of ISI With Drug Industry», India Abroad, 2 de diciembre de 1994). El ISI tenía una plantilla compuesta de oficiales y militares de inteligencia, burócratas, agentes secretos e informadores estimada en 150.000 personas. (Ibid)

Mientras tanto, las operaciones de la CIA también sirvieron para reforzar al régimen militar pakistaní dirigido por el General Zia Ul Haq:

«Las relaciones entre la CIA y el ISI cada vez eran más cálidas y se extendieron al sucesor de la expulsada Benazir Bhutto, el General Zia, con el advenimiento del régimen militar…». Durante la mayor parte de la guerra afgana, Pakistán se mostró más agresivamente antisoviético incluso que EEUU. Poco después de que el ejército soviético invadiera Afganistán en 1980, Zia [ul Haq] envió a su jefe del ISI a desestabilizar los estados soviéticos de Asia central. La CIA sólo consintió ese plan en octubre de 1984.

La CIA era más cauta que los pakistaníes. «Tanto Pakistán como EEUU adoptaron la táctica del engaño con respecto a Afganistán mediante una posición pública que pretendía estar negociando un acuerdo, mientras acordaban en privado que la escalada militar era la mejor vía». (Diego Cordovez y Selig Harrisan, «Out of Afganistán: The Inside Store of the Soviet Withdrawal», Oxford University Press, Nueva York, 1995. Véase también la revisión de Cordovez y Harrison en International Press Services, 22 de agosto de 1995).

La CIA patrocinó el tráfico de drogas

«La historia del comercio de drogas en Asia central está íntimamente relacionada con las operaciones secretas de la CIA. Antes de la guerra afgano-soviética, la producción de opio en Afganistán y Pakistán iba dirigida a los pequeños mercados regionales. No había producción local de heroína», (Alfred McCoy, «Drug Fallout: The CIA’s Forty Year Complicity in the Narcotics Trade», The Progressive, 1 de agosto de 1997).

El estudio del investigador Alfred McCoy confirma que a los dos años de la embestida de la operación de la CIA en Afganistán, «las fronteras afgano-pakistaníes se convirtieron en el primer productor mundial de heroína y cubrían el 60% de la demanda estadounidense». (Ibid)

«Los activos de la CIA controlaron este tráfico de heroína. Mientras las guerrillas muyahaidin se hacían con el territorio dentro de Afganistán, ordenaron a los campesinos que plantaron opio como impuesto revolucionario. A través de la frontera de Pakistán, las mafias locales y los dirigentes afganos, bajo la protección de la inteligencia pakistaní, operaban en cientos de laboratorios de heroína. Durante este decenio de comercio descarado de droga, la Drug Enforcement Agency estadounidense en Islamabad fracasó a la hora de efectuar confiscaciones o arrestos de importancia…» (Ibid)

Afganistán es un centro neurálgico estratégico en Asia central, que bordea la frontera occidental de China y de la extinta Unión Soviética. Aunque constituye un istmo hacia los corredores de los gaseoductos y oleoductos que unen la cuenca del mar Caspio con el mar Arábigo, también es una zona estratégica para la producción de opio, que en la actualidad, según fuentes de las Naciones Unidas, suministra más del 90% de la heroína al mercado mundial, lo que representa ingresos multimillonarios para las mafias del comercio, instituciones financieras, agencias de inteligencia y crimen organizado. (Véase Michel Chossudovsky, «America’s War on Terrorism», Global Research, 2005, capítulo XVI).

Protegido por la CIA, se desarrolló un incremento de la producción de opio en la era posterior a la Guerra Fría. Desde la invasión estadounidense de Afganistán en octubre de 2001, la producción de opio ha aumentado 33 veces. Las ganancias anuales del comercio de drogas en el Creciente Dorado se estiman entre 120.000 y 194.000 millones de dólares (2006), lo que representa más de la tercera parte de la facturación mundial anual del comercio de narcóticos. (Michel Chossudovsky, «Heroin is good for Your Healt, Occupation Forces Support Afgani Drug Trade», Global Research, abril de 2007. Véase también Doublas Keh: «Drug Money in a Changing World»,documento técnico nº 4, 1998).

De la guerra afgano-soviética a la guerra contra el terrorismo

A pesar de la desaparición de la Unión Soviética, no se desmanteló el extenso aparato de la inteligencia militar pakistaní (ISI). Después de la Guerra Fría, la CIA siguió apoyando a las brigadas islámicas fuera de Pakistán. Se pusieron en marcha nuevas iniciativas clandestinas en Oriente Próximo, Asia central, los Balcanes y el sureste asiático. Durante el período inmediatamente posterior al final de la Guerra Fría, el ISI pakistaní «sirvió de catalizador para la desintegración de la Unión Soviética y la aparición de seis nuevas repúblicas musulmanas en Asia central». (International Press Services, 22 de agosto de 1995).

Mientras tanto, misioneros islámicos de la secta wahabí de Arabia Saudí se habían establecido en las repúblicas musulmanas y dentro de la Federación Rusa, invadiendo las instituciones del Estado laico. A pesar de su ideología antiestadounidense, el fundamentalismo islámico servía en gran medida a los intereses estratégicos de Washington en la extinta Unión Soviética, los Balcanes y Oriente Próximo.

Tras la retirada de las tropas soviéticas en 1989, la guerra civil en Afganistán seguía sin remitir. Los talibanes estaban apoyados por los deobandis (3) pakistaníes y su partido político, el Jamiat-ul-Ulema-e-Islam (JUI). En 1993, el JUI entró en la coalición del gobierno pakistaní de la Primera Ministra Benazzir Bhutto y se establecieron vínculos entre el JUI, el ejército y el ISI. En 1996, con la caída del gobierno del Hezb-I-Islami Hekmatyar en Kabul, los talibanes no sólo establecieron un gobierno islámico de línea dura, sino que además «entregaron el control de los campos de entrenamiento en Afganistán a las facciones del JUI…» (Ahmed Rashid, «The Taliban: Exporting Extremism», Foreign Affaire, noviembre-diciembre, 1999, pág. 22).

El JUI, con el apoyo del movimiento wahabí saudí, jugó un papel clave a la hora de reclutar voluntarios para combatir en los Balcanes y en la Unión Soviética. (Ibid)

Jane’s Defence Weekly confirma que «la mitad de los integrantes y el equipamiento talibanes se originaron en Pakistán, a través del ISI». De hecho se ha sabido que tras la retirada soviética, ambos bandos de la guerra civil afgana continuaron recibiendo apoyo secreto de EEUU a través del ISI de Pakistán. (Tim McGirk, «Kabul Learns to Live with its Bearded Conquerors», The Independent, Londres, 6 de noviembre de 1996).

Con el apoyo de la inteligencia militar de Pakistán, que a su vez era controlada por la CIA, el Estado islámico talibán sirvió en gran parte a los intereses geopolíticos estadounidenses. Esto explica sin duda por qué Washington cerró los ojos ante el reino del terror que impusieron los talibanes en 1996, que incluía la flagrante derogación de los derechos de las mujeres, la clausura de los colegios para niñas, el despido de las mujeres funcionarias de las oficinas gubernamentales y el refuerzo de las «leyes de castigo de la Sharia». (K. Subrahmanyam, «Pakistan is Pursuing Asian Goals», India Abroad, 3 de noviembre de 1995).

El comercio de drogas del Creciente Dorado se utilizó también para financiar y equipar al ejército musulmán bosnio (desde los primeros años de la década de 1990) y al Ejército de Liberación de Kosovo (KLA). De hecho, en la época de los ataques del 11 de septiembre los mercenarios muyahaidines combatían en las filas de los terroristas del KLA-NLA en sus ataques en Macedonia.

La guerra en Chechenia
En Chechenia, la renegada región autónoma de la Federación Rusa, los principales líderes rebeldes, Shamil Basayev y Al Jattab, habían sido adoctrinados y entrenados en los campos patrocinados por la CIA en Pakistán y Afganistán. Según Yossef Bodansky, director del Grupo de trabajo sobre terrorismo y guerra no convencional del Congreso estadounidense, la guerra de Chechenia se planificó durante una cumbre del Hezbolá Internacional que se celebró en 1996 en Mogadiscio, Somalia. (Levon Sevunts, «Who’s Calling the Shots? Chechen conflicts finds Islamic roots in Afghanistan and Pakistan», The Gazette, Montreal, 26 de octubre de 1999.)

A la cumbre asistió nada menos que Osama Bin Laden, así como oficiales de alto rango de las inteligencias pakistaní e iraní. Es obvio que la implicación del ISI de Pakistán en Chechenia «va más allá del suministro de armas y especialistas a los chechenos: el ISI y sus compinches islámicos radicales son los que están provocando esta guerra» (Ibid).

La ruta de los oleoductos rusos más importantes pasa a través de Chechenia y Daguestán. A pesar de las condenas de Washington del terrorismo islámico, los beneficiarios indirectos de las guerras en Chechenia son los conglomerados de compañías petrolíferas anglo-estadounidenses que compiten por el control absoluto de los recursos petrolíferos y de los corredores de los oleoductos en el exterior de la cuenca del Mar Caspio.

Los dos principales ejércitos rebeldes chechenos (que en aquella época estaban dirigidos por el (difunto) comandante Shamil Basayev y Emir Jattab), estimados en 35.000 miembros, estaban apoyados por el ISI de Pakistán, que también jugó un papel fundamental en la organización y entrenamiento del ejército rebelde:

«[En 1994] los Servicios de Inteligencia pakistaníes consiguieron que Basayev y sus lugartenientes de confianza pasaran por un intenso adoctrinamiento islámico y un entrenamiento en guerra de guerrillas en la provincia de Khost, en Afganistán, en el campo de Amir Muawia, establecido en los primeros años de la década de 1980 por la CIA y el ISI y dirigido por el famoso señor de la guerra afgano Gulbuddin Hekmatyar. En julio de 1994, tras graduarse en Amir Muawia, Basayev pasó al campo de Markaz-i-Dawar, en Pakistán, para someterse a un entrenamiento en tácticas avanzadas de guerrilla. En Pakistán, Basayev se reunió con los oficiales de inteligencia y militares pakistaníes de más alto rango: el ministro de Defensa, general Aftab Shahban Miran; el ministro del Interior, general Naserullah Babar; y el jefe de la rama del ISI encargado de apoyar las causas islámicas, general Javed Ashraf (todos retirados ya). Pronto se demostró que los contactos de alto nivel fueron muy útiles para Basayev» (Ibid).

Tras su período de entrenamiento y adoctrinamiento, a Basayev se le asignó la dirección de los ataques contra las tropas federales rusas en la primera guerra chechena, en 1995. Su organización había desarrollado también amplios vínculos con los sindicatos del crimen de Moscú, así como lazos con el crimen organizado albanés y el KLA. En 1997-98, según el Servicio de Seguridad Federal de Rusia (FSB), «Los señores de la guerra chechenos empezaron a acaparar propiedades inmobiliarias en Kosovo… a través de varias firmas inmobiliarias registradas como tapaderas en Yugoslavia». (Vitaly Romanov y Víctor Yadukha, «Chechen Front Moves to Kosovo», Segodnia, Moscú, 23 de febrero de 2000)

 

Desmantelamiento de las instituciones laicas en la extinta Unión Soviética
El refuerzo de la ley islámica en las sociedades musulmanas, la mayoría laicas, de la extinta Unión Soviética, fue útil para los intereses estratégicos de EEUU en la región. Anteriormente prevalecía una fuerte tradición laica, basada en el rechazo de la ley islámica, en todas las repúblicas de Asia central y el Cáucaso, incluidas Chechenia y Daguestán (que forman parte de la Federación Rusa).

La guerra chechena de 1994-1996, emprendida por los principales movimientos rebeldes contra Moscú, sirvió para socavar las instituciones estatales laicas. En muchas localidades de Chechenia se implantó un sistema paralelo de gobierno local controlado por las milicias islámicas. En algunos pueblos y ciudades pequeñas se establecieron tribunales islámicos de la Sharia bajo un reinado de terror político.

La ayuda financiera de Arabia Saudí y los estados del Golfo a los ejércitos rebeldes estuvo condicionada a la implantación de los tribunales de la Sharia, a pesar de la fuerte oposición de la población civil. El Juez Principal y Amir de los tribunales de la Sharia en Chechenia era el Sheij Abu Umar, que «llegó a Chechenia en 1995 y se unió a las filas de los muyahaidines que había allí bajo el liderazgo de Ibn-ul-Jattab… Estableció que se enseñara el Islam a los muyahaidines chechenos según las creencias correctas, porque muchos de ellos seguían unas creencias equivocadas y tergiversadas sobre el Islam». (Global Muslim News, http://www.islam.org.au/articles/21/news.htm, diciembre de 1997)

Mientras tanto, las instituciones estatales de la Federación Rusa se derrumbaban bajo las terribles medidas de austeridad impuestas por el FMI durante la presidencia de Boris Yeltsin. En contraste, los tribunales de la Sharia, financiados y equipados por Arabia Saudí, iban desplazando gradualmente a las instituciones estatales de la Federación Rusa y de la región autónoma de Chechenia.

El movimiento wahabí de Arabia Saudí no sólo trataba de invadir las instituciones civiles del Estado en Daguestán y Chechenia, sino que además intentaba desplazar a los tradicionales dirigentes musulmanes sufíes. De hecho, la resistencia a los rebeldes islámicos en Daguestán se basó en la alianza de los gobiernos (laicos) locales con los sheijs sufíes:

«Estos grupos [wahabíes] consisten en células diminutas, pero bien financiadas y bien armadas. Con estos ataques se proponen crear el terror en el corazón de las masas… Al crear anarquía y caos, estos grupos pueden reforzar a su propia rama, dura e intolerante, del Islam… Tales grupos no representan el punto de vista general del Islam que mantienen la inmensa mayoría de los musulmanes y eruditos islámicos, para quienes el Islam ejemplifica el parangón de la civilización y moralidad perfectas. Lo que representan no es más que un movimiento hacia la anarquía bajo una etiqueta islámica… su intención no es en absoluto la de crear un Estado islámico, sino crear un estado de confusión en el cual puedan prosperar». (Mateen Siddiqui, «Differentiatin Islam from Militant ‘Islamists’», San Francisco Chronicle, 21 de septiembre de 1999).

Fomento de los movimientos secesionistas en la India

En paralelo con sus operaciones secretas en los Balcanes y en la extinta Unión Soviética, el ISI de Pakistán, desde la década de 1990, proporcionó apoyo a varias insurgencias islámicas secesionistas en la Cachemira india.

Aunque Washington las condenó oficialmente, esas operaciones secretas del ISI se llevaban a cabo con la aprobación tácita del gobierno estadounidense. Coincidiendo con el Acuerdo de Paz de Ginebra de 1989 y la retirada soviética de Afganistán, el ISI fue el instrumento para la creación de los militantes Jammu y Muyahaidines Hizbul de Cachemira (JKHM). (Véase K. Subrahmanyam, «Pakistan is Pursuing Asian Goals», India Abroad, 3 de noviembre de 1995).

Inmediatamente después del 11 de septiembre, los ataques terroristas de diciembre de 2001 contra el Parlamento indio –que contribuyeron a poner a la India y Pakistán al borde de la guerra- estuvieron dirigidos por dos grupos rebeldes con base en Pakistán, Lashkar-e-Taiba (Ejército de los Puros) y Jaish-e-Muhammad (Ejército de Muhammad), ambos apoyados secretamente por el ISI de Pakistán. (Council on Foreign Relations (CFR), «Terrorism: Questions and Anwers, Harakat ul-Mujahideen, Lashkar-e-Taiba, Jaish-e-Muhammad», http://www.terrorismanswers.com/groups/harakat2.html, Washington 2002. Nota: Este informe ya no está en la página de Internet del CFR).

El oportuno ataque al Parlamento indio, seguido de disturbios étnicos en Gujarat a principios de 2002, fue la culminación de un proceso iniciado en la década de 1980, financiado por el dinero de la droga y amparado por la inteligencia militar de Pakistán.

Ni que decir tiene que esos ataques terroristas apoyados por el ISI servían a los intereses geopolíticos de EEUU. El poderoso Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), que juega un papel en la trastienda de la formulación de la política exterior estadounidense, confirma que los grupos rebeldes de Lashkar y Jaish están apoyados por el ISI:

«A través de su Agencia de Servicios de Inteligencia (ISI), Pakistán ha proporcionado financiación, armas, entrenamiento, instalaciones y ayuda para cruzar las fronteras a Lashkar y Jaish. Este apoyo –un intento de repetir en Cachemira la ‘guerra santa’ de las brigadas islamistas internacionales contra la Unión Soviética en Afganistán- ayudó a introducir el Islam radical en el conflicto de larga duración sobre el destino de Cachemira…

¿Han recibido estos grupos financiación de otras fuentes además del gobierno pakistaní?

Sí. Miembros de las comunidades de Pakistán y Cachemira en Inglaterra enviaron millones de dólares al año y los simpatizantes wahabíes del Golfo Pérsico también proporcionaron apoyo.

¿Los islamistas de Cachemira están vinculados a Al Qaeda?

Sí. En 1998, el líder de Harakat, Faruq Kahsmiri Jalil, firmó la declaración de Osama Bin Laden en la que llamaba a lanzar ataques contra los estadounidenses, incluidos los civiles, y sus aliados; Bin Laden también es sospechoso de financiar al Jaish, según oficiales indios y estadounidenses. Y Maulana Massoud Azhar, fundador del Jaish, viajó varias veces a Afganistán para reunirse con Bin Laden.

¿Dónde se entrenaban estos militantes islamistas?

A muchos de ellos se les proporcionaba entrenamiento ideológico en las mismas medersas o en seminarios musulmanes que instruían a los talibanes y a los combatientes extranjeros en Afganistán. Recibían entrenamiento militar en campos de Afganistán o en pueblos de Cachemira controlados por Pakistán. Grupos extremistas han abierto recientemente varias medersas nuevas en Azad Cachemira».

(Council on Foreign Relations, «Terrorism: Questions and Answers, Harakat ul-Mujahideen, Lashkar-e-Taiba, Jaish-e-Muhammad»,

http://www.terrorismanswers.com/groups/harakat2.html, Washington, 2002. Este texto fue eliminado de la página de Internet del CFR en 2006)

Lo que no reconoce el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) son los vínculos entre el ISI y la CIA y el hecho de que las «Brigadas islámicas internacionales» fueron una creación de la CIA.

Movimientos insurgentes en China patrocinados por Estados Unidos

También es importante para entender la guerra estadounidense contra el terrorismo, observar la existencia de insurgencias islámicas apoyadas por el ISI en la frontera occidental de China con Afganistán y Pakistán. En realidad, varios de los movimientos islámicos de las repúblicas musulmanas de la extinta Unión Soviética están integrados por movimientos turkestanos y uigures de la región autónoma Uigur de Xinjiang, en China.

Esos grupos separatistas –que incluyen a la Fuerza Terrorista del Este del Turkestán, al Partido Reformista Islámico, la Alianza Unida Nacional del Este del Turkestán, la Organización de Liberación Uigur y el Partido de la Yihad Uigur de Asia central- han recibido todos ellos apoyo y entrenamiento del Al Qaeda de Osama Bin Laden (Según fuentes oficiales chinas citadas en UPI, en noviembre de 2001). El objetivo declarado de esas resistencias islámicas en China es el «establecimiento de un califato islámico en la región». (Defence and Security, 30 de mayo de 2001).

El califato estaría integrado por Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán (Turkestán occidental) y la región autónoma Uigur de China (este de Turkestán) en una entidad política única.

El «proyecto del califato» invade la soberanía territorial china. Apoyado por varias fundaciones wahabíes de los Estados del Golfo, el secesionismo en la frontera occidental china es, de nuevo, coherente con los intereses estratégicos de EEUU en Asia central. Mientras tanto, un poderoso lobby con sede en EEUU estaba canalizando el apoyo a las fuerzas separatistas del Tibet.

Fomentando tácitamente la secesión de la región Uigur de Xinjiang (utilizando al ISI pakistaní como intermediario), Washington está intentando desencadenar un proceso más amplio de desestabilización política y de fractura en la República Popular de China. Además de esas diversas operaciones secretas, EEUU ha establecido bases militares en Afganistán y en varias de las antiguas repúblicas soviéticas, directamente sobre la frontera occidental china.

La militarización del Mar del Sur de China y el Estrecho de Taiwán también es parte integrante de esta estrategia.

Yugoslavia

 

A lo largo de la década de 1990, el ISI pakistaní fue utilizado por la CIA como intermediario para canalizar armas y mercenarios muyahaidines al Ejército Musulmán Bosnio en la guerra civil de Yugoslavia. Según un informe de International Media Corporation, que tiene la sede en Londres:

«Fuentes fidedignas informan de que actualmente [1994] EEUU está participando activamente en el entrenamiento y armamento de las fuerzas musulmanas de Bosnia-Herzegovina, contraviniendo directamente los acuerdos de las Naciones Unidas. Agencias estadounidenses han estado proporcionando armas made in… China (PRC), Corea del Norte (DPRK) e Irán. Las fuentes indicaban que… Irán, con el conocimiento y acuerdo del gobierno estadounidense, suministró un gran número de lanzadores múltiples de cohetes y una gran cantidad de munición a las fuerzas bosnias. Esta munición incluía cohetes de 107 mm y 122 mm de la PRC y lanzadores múltiples de cohetes VBR-230… fabricados en Irán. …se informó [también] de que 400 miembros de la Guardia Revolucionaria Iraní (pasdaranes) llegaron a Bosnia con un gran suministro de armas y munición. Se sostuvo que la CIA tenía total conocimiento de la operación y que creía que algunos de los 400 se habían destacado para futuras operaciones terroristas en Europa Occidental.

La Administración estadounidense no limitó su implicación a contravenir de forma clandestina el embargo de armas a la región decretado por las Naciones Unidas… Envió [también] tres delegaciones de alto rango durante los dos años pasados [antes de 1994] y ha efectuado intentos fallidos de alinear al gobierno yugoslavo a la política estadounidense. Yugoslavia es el único estado de la región que no ha aceptado las presiones de EEUU». (International Media Corporation, Defence and Strategy Policy, U.S. Commits Forces, Weapons to Bosnia, Londres, 31 de octubre de 1994)

De buena tinta
Irónicamente, las operaciones clandestinas de la inteligencia militar de la administración Bush en Bosnia, que se dedicaron a impulsar la formación de brigadas islámicas, fueron completamente documentadas por el Partido Republicano. Un extenso informe del Comité del Partido Republicano en el Senado (RPC) al Congreso se publicó en 1997, confirmando en gran medida el informe citado anteriormente de la International Media Corporation. El informe del RPC al Congreso acusa a la Administración Clinton de haber «ayudado a transformar Bosnia en una base islámica militante», que llevó al reclutamiento, a través de la denominada «Red islámica militante», de miles de muyahaidines del mundo musulmán:

«Quizá, lo más amenazador para la misión de la SFOR (4) –y, más importante, para la seguridad del personal estadounidense que sirve en Bosnia- es la falta de voluntad de la administración Clinton para dejar clara ante el Congreso y ante el pueblo estadounidense su complicidad en la entrega de armas, desde Irán, al gobierno musulmán en Sarajevo». Esa política, aprobada personalmente por Bill Clinton en abril de 1994 ante el requerimiento del Director designado de la CIA -y entonces jefe del NSC (5)-, Anthony Lake, y el Embajador de EEUU en Croacia, Peter Galbraith, ha jugado, según Los Angeles Times (que cita fuentes clasificadas de la comunidad de la inteligencia), «un papel central en el grave aumento de influencia iraní en Bosnia.

(…)

Junto con las armas, entraron en Bosnia Guardias Revolucionarios Iraníes y operativos de inteligencia VEVAK en grandes cantidades, además de miles de muyahaidines (guerreros santos) de todo el mundo musulmán. En ese mismo contingente estaban implicados también otros países musulmanes (incluidos Brunei, Malasia, Pakistán, Arabia Saudí, Sudán y Turquía) y un número de organizaciones radicales musulmanas. Por ejemplo, está muy bien documentado el papel de una organización humanitaria, con sede en Sudán, llamada Third World Relief Agency (TWRA). La implicación práctica de la administración Clinton con la red islámica de armamento incluyó inspecciones de misiles en Irán por oficiales del gobierno estadounidense… La TWRA, con sede en Sudán, una farsa de organización humanitaria…. Ha sido el vínculo más importante en el corredor de armas hacia bosnia…. Se cree que la TWRA está conectada con elementos de la red del terrorismo islámico tales como el Sheij Omar Abdel Rahman (el cerebro condenado tras el bombardeo al World Trade Center de 1993) y Osama Bin Laden, un acaudalado emigrado saudí del que se cree que financia a numerosos grupos militantes (Washington Post, 22 de septiembre de 1996).

(Congressional Press Release, Republican Party Comité (RPC), US Congreso, «Clinton Approvedd Iranian Arms Transfer Help Turn Bosnia into Miiltant Islamic Base», Washington DC, 16 de enero de 1997, disponible en la página de Internet del Centre of Research of Globalisation (CRG) en: http://globalresearch.ca/articles/DCH109A.html . El documento original está en la página de Internet del Comité del Partido Republicano en el Senado estadounidense (Senador Larry Craig), en:

http://www.senate.gob/rpc/releases/1997/iran.htm; (véase también el Washington Post, 22 de septiembre de 1999)

Complicidad de la administración Clinton

En otras palabras, el informe del Comité del Partido Republicano confirma sin lugar a dudas la complicidad de la administración Clinton con varias organizaciones fundamentalistas, incluida Al Qaeda.

En aquella época los republicanos querían socavar la administración Clinton. Sin embargo, en un momento en que todo el país ponía sus ojos fascinados en el escándalo «Monica Lewinsky», los republicanos no optaron por elegir el desencadenamiento de un inoportuno asunto «Irán-Bosniagate» que podría haber desviado, sin duda, la atención pública del escándalo Lewinsky. Los republicanos querían imputar a Bill Clinton por «mentir al pueblo estadounidense» sobre su affaire con la becaria de la Casa Blanca. Con respecto a las mucho más importantes «mentiras en política exterior» sobre la carrera de las drogas y las operaciones clandestinas en los Balcanes, demócratas y republicanos se mostraban, al unísono, de acuerdo, sin duda presionados por el Pentágono y la CIA, para no revelar los secretos.

 

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