EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
El anarquismo no ha sido esa corriente cuasi-religiosa que nos quieren vender hoy día los mercachifles anarcoliberales –de España o de fuera-, del humano apegado a natura, y desvestido de una condición social que adquiriría, como mal menor, al establecer un contrato con sus iguales –o con sus desiguales, que también los contratos, como los de adhesión, se establecen entre desiguales.
El anarquismo no ha sido esa ideología de Robinson Crusoe que solo en una isla descubre a la civilización, asesorado, como mal menor, de un esclavo negro llamado “Viernes”. Ni la del “cow-boy” de la pradera que gracias a su valentía consigue oro en California. No, nada de eso tiene nada que ver con el anarquismo en tanto movimiento social y revolucionario.
El anarquismo nace en los tugurios de Paris donde el trabajo asociativo se opone al trabajo asalariado de los comienzos de la industrialización; es la crisis entre el mundo del artesano –para el cual el producto de su trabajo le hace sentirse libre, aunque no lo sea- y el mundo del proletario –obligado, por el Capital, a vender su fuerza de trabajo, que es lo único que tiene, que apenas esboza su fuerza redentora al organizarse la Primera Internacional Obrera, de 1864.
El anarquismo es la respuesta de las mujeres y de los hombres rebeldes ante los avances del sistema capitalista industrial. Y, es a la vez, la respuesta del campesinado a abandonar la tierra por la urbe; a dejarla ociosa y a merced de los terratenientes. Es, también, la respuesta del artesano y el campesinado sometido en la ciudad liberal donde la lucha por la vida se cumple con los rigores del tiempo.
El anarquismo nace al lado de miles, de los cientos de miles, de mujeres y hombres que, desde hace más de doscientos años, han entendido que, después de todo, las leyes se hacen para que una clase domine sobre las otras y mucho menos para que la civilización sea posible y la vida en sociedad llevable.
Nacido en sociedad y no en las cavernas donde sabios barbudos han parido verdades como la de que “la luz ilumina”, el anarquismo no ha sido otra cosa que la extrema izquierda del socialismo.
Para los anarquistas el socialismo es libertario porque garantiza la mayor libertad –la de todos- en la misma medida que garantiza la gestión de la sociedad por todos.
Y, esa libertad sólo se garantiza mediante el poder popular armado.
En el anarquismo del siglo XXI ni están todos los que son ni son todos los que están. Hubo tiempos en que casos parecidos hubo: en el período de finales del siglo XIX ideas burguesas individualistas fomentaron el terrorismo. Y, entre 1939-1975 fomentaron el liberalismo adornado con matices de Tercera Vía, que más debía a J. Dewey, y al último Kropotkin, que a las raíces clasistas que, incluso por esa época, se podían encontrar en los restos del anarquismo histórico del período anterior a 1945. Y, no eran otra cosa que restos comunistas libertarios. La “limpieza ideológica” corrió a cargo, durante este último período, a manos de Rocker y de Santillán, entre otros; en Italia, a manos de Fedelli y Borghi; y de Rüdiger y Souchy en Escandinavia y Alemania.
La respuesta a Rocker vino del pequeño movimiento español exiliado en Francia que, imposibilitado de moverse, pública y libremente, en el movimiento obrero de su país debido a la tiranía franquista, vegetaba en tierras galas pregonando las enseñanzas de la revolución popular libertaria de 1936: las del comunismo libertario. Quizá sobrevivía algún ruso de los tiempos del makhnovismo –aunque búlgaros sí que los hubo, Balkanski el más renombrado de ellos. Pero lo cierto fue que el movimiento libertario francés, al enfrentarse a la realidad de la guerra de liberación de Argelia, rescató nuevamente las banderas comunistas libertarias y de ahí provino las escisiones que la F.A. francófona vivió durante la década de los 1950.
Al mismo tiempo, en América, las huestes anarquistas lograban apertrecharse en el Montevideo libertario, luego de haber perdido el Rosario ácrata de los tiempos gloriosos y el puerto de Buenos Aires que siempre fue, por décadas, territorio más forista que ácrata. Porque “forista” es el currante que va al sindicato más por anarquista que por obrero. Pero ésta es una discusión que el movimiento había superado en 1920 y tantos. Pero he aquí que, en 2007, algunos quieren repetirla cuando todo ha cambiado, hasta el origen de clase social de las nuevas huestes, muy pocas, desgraciadamente, que ahora se reivindican del anarquismo.
Porque el anarquismo ha conservado incólume esa lozanía de la juventud y ese ímpetu de la adolescencia por cambiar el mundo es que ni ha muerto ni morirá. El que a los 20 años no sea anarquista no sabrá jamás qué es ser joven; pero el que a los 60 años haya dejado de ser anarquista jamás podrá contar la historia de su existencia con la música de todas las aventuras por cambiar la vida y el mundo, y esto significa la consagración de la libertad y de la igualdad, es decir, la consagración de la primavera.-
Francisco Ascaso, muerto en combate en las jornadas revolucionarias de Cataluña, en 1936, simboliza, quizá como pocos, la entrega de la juventud rebelde a la causa del comunismo libre y de los iguales, es decir, del comunismo anarquista.