EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
URIBE, VIRREY MEDIÁTICO
La Unión Europea da un espaldarazo a Uribe. Ya antes, en Bogotá, Felipe González –expresidente del gobierno español y líder del PSOE- hacía piruetas para justificar que la “avanzada” España apoye descaradamente a un régimen que asesina sindicalistas, practica el Paramilitarismo, persigue luchadores populares, pero es, a los ojos del cartabón imperial, “democrático” y combate el “terrorismo”.
Un régimen que mantiene una guerra permanente contra su propio pueblo, garantiza las inversiones extranjeras y ampara a las tropas extranjeras en suelo colombiano, mediante el “Plan Colombia” y el “Plan Patriota”. Un régimen que intenta suscribir un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y que sabotea la integración de la América del Sur. Un régimen, en fin, que garantiza los intereses imperiales en el norte de Suramérica.
Lo ha dicho Solana: “Uribe es nuestro hombre en Suramérica”.
¿Qué diferencia hay entre este Uribe y Alan García? Dos: detrás de Alan García está el APRA, un partido socialdemócrata de profunda raigambre en la historia peruana; y, luego del fujimorismo, las fuerzas populares peruanas quedaron bastante diezmadas, aunque ahora comienzan a reorganizarse atrevidamente. Por eso, Alan García remueve el contencioso fronterizo con Chile, porque es un ariete de corte nacionalista que puede ayudarle a contener la reorganización del movimiento popular incaico cara al TLC y a las descaradas triquiñuelas de las multinacionales españolas. Por eso, Alan García, en su reciente visita a Europa, no ha dejado de referirse a Chávez en plan provocador, mas siempre desde la perspectiva de la socialdemocracia de derechas. No ha recibido, sin embargo, el mismo nivel de elogios de los cuales ha sido merecedor un cipayo tan útil como Uribe, porque García todavía no es el jefe civil de una guerra de conquista del Perú.
Uribe no dice, dicho sea de paso, que la respuesta popular a través de la guerrilla no es otra cosa que la respuesta al Terrorismo de Estado que practican las clases oligárquicas neogranadinas desde hace más de medio siglo, y que se concreta en las actividades del Paramilitarismo incluso después de la pantomima de la “desmovilización” y de las actividades “civiles” de las Fuerzas Militares siguiendo instrucciones de los “asesores” de los Estados Unidos de América.
Toda la política de “Seguridad Democrática” enarbolada por el Virrey Uribe no es otra cosa que el conjunto de los dispositivos de contención de las rebeldías populares en las zonas urbanas –Bogotá, Cali, etc.- pero que, más allá de los grandes centros urbanos, la guerra civil es un hecho. Dispositivos que protegen a las familias oligárquicas que, algo más de cuarenta o cuatrocientas, han expoliado al pueblo colombiano habiendo heredado ellas los títulos nobiliarios de la Colonia. Para el pueblo trabajador, para los campesinos, y, en gran medida, para los intelectuales clasistas, ni la Colonia ni la República han servido para mayor cosa.
No se dio en Colombia –Virreinato de la Nueva Granada- en los tiempos de la Emancipación Americana el fenómeno que los positivistas descubren en la Capitanía General de Venezuela. El número de pobladores de raza blanca era allí superior al de los pardos. Mientras que, en Venezuela, la minoría blanca –primero, mantuana y, luego, patriota- disputaba el monopolio del poder y de la propiedad, es decir, la hegemonía, a las otras razas. Por eso los positivistas, y muchos marxistas, admiten que la guerra venezolana que prosigue a la Emancipación de 1810-1811 será una guerra de clases y colores, y hasta Bolívar advirtió, en 1819, en torno a estas realidades que mezclaban las desigualdades sociales con las desigualdades raciales.
La guerra colombiana, a su vez, comienza y prosigue en los campos. Es el producto de la elemental defensa de los campesinos contra la voracidad del terrateniente. De allí surgen esos fenómenos organizativos que hoy asombran a los analistas. Y, el negocio de la droga es mucho más reciente: comienza la oligarquía dejando que la coca se siembre como materia prima para la cocaína, con lo cual alejaba del campo colombiano las sombras de la revolución social campesina, pero fue un boomerang. Los capos de la droga devinieron en una casta adinerada que disputaría la hegemonía a las cuarenta familias ricas y descalabraría el negocio del capital financiero mundial, al generar una masa de capitales que no estaba bajo el control de los centros decisorios del poder imperial. Por esto se comienza la guerra contra la droga: porque circula una masa de capitales que altera las reglas del juego del casino financiero y de los prestamistas del mundo. De aquí que la primera actividad contra la droga consista en adueñarse de esos capitales para “legalizarlos”.
Con la guerra contra la droga, Estados Unidos tiene a su mano la justificación para entrometerse en las políticas locales de México, Colombia y Perú, primordialmente. Mas no se trata realmente de una guerra contra la droga sino de una guerra por adueñarse de los circuitos financieros y de las masas de dinero que el consumo de estupefacientes –prioritario en los países “civilizados”- genera a través de todo el mundo y que algunos analistas han apostado a que es superior al movimiento de dinero resultante del negocio petrolero.
Pero el Virrey Uribe no dice –ni lo dirá- que Europa y Estados Unidos deben disminuir sus niveles de consumo; que deben erradicar el consumo. No. Eso no se discute.
Por otro lado, Uribe es un Virrey mediático, es decir, ensalzado por los medios de intoxicación masiva de Europa, de Estados Unidos y de sus sucursales de América Latina. No tiene nada en las bolas. Ni siquiera se puede comparar Uribe a los patricios liberales o conservadores que, en su momento, fueron próceres civiles de la Colombia oligárquica.
Uribe es el regente de un negocio que consiste en matar a los colombianos y en enriquecer a los ricos de fuera y de adentro de la propia Colombia. Recibe de parte de los Estados Unidos, a cuenta del Plan Colombia, una cantidad de recursos que, al lado de la caterva oligárquica, administra como el rey Midas.
¿Hasta qué punto este peón imperial podrá derrotar a una guerrilla que ya cuenta con 20.000 hombres casi sobre las armas? La única forma que tiene de hacerlo es que sus aliados ataquen a Venezuela. En eso estamos.-