EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net
Nueve años tenía yo el 23 de enero de 1958. O sea que: era uno de esos párvulos que venían de la “semana de la Patria” y del “General Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional”, y no entendía un carajo del bendito “Nuevo Ideal Nacional”. Incluso cuando por encima de nuestras cabezas pasó “La Vaca Sagrada”, se me ocurrió preguntarle al viejo, “¿Por qué tumbaron a Pérez Jiménez, si él era tan bueno”. “Porque era un tirano”, me respondió.
Todas las semanas anteriores las calles eran un solo peo. Yo vivía en Los Magallanes de Catia, a pata de mingo de donde comienza el cerro, en una casa de vecindad. Mi tío Chano que había venido a arreglar los papeles en Extranjería a principios de año, por las noches comentaba de sus peripecias cuando comenzaba el jaleo por la zona del centro de la ciudad. Y, en las noches, escuchábamos unas vainas que sonaban como a triquitraquis. Era plomo. Y, yo pude ver a adolescentes cayéndose a coñazos con la policía, que era una verdadera osadía moralmente reprochable desde el punto de vista de mi maestro de la “Federico Quirós”.
Y, la noche del 22 o del 21 –no puedo recordarlo cincuenta años después- pasaron unas patrullas –yo estaba en la puerta de la casa de vecindad con otros vecinos- y empezaron los grandes carajos a dispararle a todo el mundo, a ciegas, causando el terror entre vecinos y transeúntes…
Total, que el 23 comenzó esa algarabía, la gente gozaba una bola, y yo vi a más de uno persiguiendo a algún pendejo gritando: “agárrenlo, es un esbirro…”.
En la tarde del 23, mi viejo, cosa rara en él, me dijo que fuéramos a ver un espectáculo. Consiguieron él y sus amigos, un camioncito y nos montamos todos. El camión enfiló para los lados de Los Caobos y nos bajamos todos en una esquina desde la cual se percibía cómo el pueblo asaltaba la sede de la “Seguridad Nacional”, la policía secreta y política del pérezjimenismo. Incendiada, de su seno huían despavoridos esbirros y funcionarios; y las personas que asediaban el edificio los mataban a palos si los pillaban.
Aquello me impresionó arrechamente. La “Casa del Poder” incendiada y asediada por los currantes. Mi viejo y sus amigos aplaudiendo y gozando una bola; y yo, a los nueve años, sin entender muy bien qué coño era lo que pasaba.-
Floreal Castilla, Magister Scientiarum en “Filosofía y Ciencias Humanas”, UCV.-
21-ene-08