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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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Los retos de la vía democrática al socialismo (y 2)

Los soviéts rusos conocieron su experiencia en tiempos de guerra, en un régimen no democrático y en una situación insurreccional; y las colectividades en la guerra civil española, por acudir a otro ejemplo histórico, aunque se crearon bajo un gobierno democrático, el legitimo de la II República, se intentaron en medio de una sangrienta guerra civil y de un enfrentamiento fraticida en el seno de la izquierda.

El gobierno bolivariano es una situación insólita nuevamente que aporta nuevos ingredientes que no pudo utilizar el gobierno de Allende. Los mecanismos electivos desarrollados bajo la democracia liberal han sido complementados con la utilización intensiva de otros ya conocidos como el referéndum decisorio – es el ejemplo del actual para modificar la Constitución – que en las democracias liberales, cuando está aceptado constitucionalmente, se suele usar bajo condiciones muy restrictivas, o cuando el resultado es adverso se esquiva con alguna argucia legal (caso reciente del rechazo en referéndum de la Constitución europea); o con mecanismos novedosos como el referéndum revocatorio (cuya aplicación el 15/0/2004 al mandato del Presidente Chávez fue una muestra clara de que no se trataba de una simple formalidad).

La propaganda preparatoria del golpe contra Allende insistió machaconamente en que el gobierno popular iba a terminar en una dictadura como la soviética, pero el gobierno de la UP fue exquisitamente legalista, lo único que se demostró una vez más es el carácter antidemocrático de la burguesía y el imperialismo cuando la democracia liberal no sirve para mantener su dominación. El gobierno de Chávez ha demostrado como el de Allende su exquisitez democrática en tanto la reacción interna e internacional en un ejercicio de increíble hipocresía sostiene una campaña continua de acusación de dictador a Chávez cuando estos sectores reaccionarios ya mostraron su verdadera cara en el golpe frustrado del 2002.

Sobreviviendo a la derrota del gobierno popular chileno y en medio de las dificultades de la actual revolución bolivariana hay una importante victoria para los movimientos transformadores que no ha sido suficientemente resaltada, ambos procesos han contribuido de manera decisiva a que la bandera de la defensa de la democracia pasase clara y definitivamente a las manos de quien siempre la defendió genuinamente, el movimiento obrero y socialista, el movimiento popular, después que las experiencias del socialismo real permitiese a la burguesía y los sectores reaccionarios enarbolar falsamente esa bandera en defensa del capitalismo. Es un legado recuperado en el Chile del gobierno popular y cultivado ahora por la revolución bolivariana que debe cuidarse, es una batalla estratégica que no puede perderse.

Pero, finalmente, y en relación con el tema de este epígrafe quedan interrogantes por resolver: ¿Es posible engarzar los dos planos de la democracia? El basado en los mecanismos desarrollados en las democracias liberales con nuevos contenidos participativos y el nacido de las experiencias de los movimientos populares, ampliando los espacios participativos y en una perspectiva socialista. ¿Es posible evitar lo que los críticos de la vía chilena al socialismo denominaban como jaula de hierro de la legalidad burguesa?. Sinceramente no creo que sea en absoluto viable, y posiblemente tampoco conveniente, pensar en estrategias de doble poder. La revolución bolivariana ha sido hasta ahora creativa en muchos aspectos, esperemos que sus protagonistas también sepan resolver esta difícil ecuación.

Se trata de interrogantes que producen desasosiego por su incertidumbre, como los que nos hacíamos sobre el comportamiento de la clase media.


El problema militar en la vía democrática al socialismo

Las diferencias entre los dos procesos en relación con el tema militar las recogía en mi trabajo sobre la revolución chilena al que ya he hecho referencia en las anteriores secciones de este trabajo y creo que sigue siendo un análisis valido:

En Chile, las Fuerzas Armadas gozaban en el momento de la victoria de Allende de la imagen de ser respetuosas con el ordenamiento constitucional, y poco proclives a las intervenciones en política. Una imagen que, como se analiza en la obra mencionada, no respondía exactamente a la realidad. Por debajo de esa imagen se ocultaban dos realidades más determinantes de su comportamiento en una situación de conflicto interior; primero, su extracción de clase, que llevaba aparejada la hegemonía de una serie de valores vinculados a las clases altas y medias; segundo, la fuerte vinculación a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos a través de un antiguo sistema de relaciones, mediante las cuales el imperialismo inculcaba sus doctrinas de defensa a los mandos de las Fuerzas Armadas chilenas.

A pesar de ello, el peso de la tradición constitucionalista fue efectivo durante un tiempo y permitió la supervivencia por tres años al gobierno de Allende. Dos nombres expresan está situación, Schneider y Prats. Pero el gobierno popular no contó con un apoyo significativo a su proyecto en el seno de las Fuerzas Armadas, y lo que es más grave aún, no sólo no lo promocionó, sino que ni siquiera hizo un esfuerzo serio por sostener a la corriente constitucionalista, depurando las Fuerzas Armadas de sus elementos más reaccionarios y golpistas, aprovechando para ello las distintas crisis militares vividas. El gobierno y todos los partidos de la UP destacaron por la poca atención prestada en este ámbito.

En Venezuela, por el contrario, el malestar producido por el corrupto sistema existente antes de 1998 prendió entre la oficialidad joven que fundó en 1982 el Movimiento Boliviariano Revolucionario 200 (en referencia al bicentenario de la muerte de Simón Bolivar) con el objetivo estratégico de tomar el poder, y el histórico de la construcción de un nuevo modelo de sociedad16 y en el que la represión del caracazo del 27 de febrero de 1989 actuó como catalizador para decidirse a actuar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Marta Harnecker recuerda la respuesta de Chávez al comparar el proceso venezolano y el chileno: "la diferencia entre ese y éste proyectó es que el primero fue una Revolución desarmada y que la Revolución Bolivariana tiene armas y hombres dispuestos a usarlas en caso de necesidad para defenderla”17

¿Tiene el ejército venezolano una composición y naturaleza diferente el resto de ejércitos de América Latina y, en especial, del chileno en 1973, que le permite jugar un papel distinto en la revolución?. Algunos aspectos parecen inclinarse por una respuesta afirmativa a éste interrogante: el líder de la revolución ha salido de sus filas y, en 1992, el ejército protagonizó dos rebeliones de orientación popular contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Pero también hay aspectos contrarios, las desafecciones de antiguos compañeros de Chávez respecto a su proyecto, el apoyo de algunos sectores castrenses a la oposición y, el definitivo, el golpe de Estado de abril 2002.

Marta Harnecker se inclina por la primera de las respuestas y alega varias características diferenciadoras de las Fuerzas Armadas venezolanas en apoyo de sus tesis18. En primer lugar estaría la impronta dejada por Simón Bolivar, en cuyo pensamiento están presentes los sectores populares. La segunda característica sería el hecho de que, desde la generación de Chávez, el ejército venezolano formó a sus mandos en una Academia Militar propia, profundamente transformada, en lugar de en la Escuela de las Américas; además, dicha generación se formó cuando el país estaba casi pacificado y apenas debió enfrentarse a la guerrilla. La tercera características diferenciadoras sería que, a diferencia de otros países, no existe en las Fuerzas Armadas venezolanas una casta militar, siendo accesibles sus puestos más altos a las familias de pocos recursos. En cuarto lugar, su uso como instrumento de represión con ocasión del caracazo produjo una gran conmoción y rechazó en su seno. También hay que tener en cuenta que la corrupción reinante con los gobiernos del Punto Fijo, y la brecha social ampliada a pesar de la renta petrolera, crearon una corriente de repudio en el interior de las Fuerzas Armadas que se expresaría en la sublevación militar de febrero de 1992 que, a pesar de su fracaso, pondría en primer plano a su líder, el teniente coronel Hugo Chávez. La victoria electoral de Chávez y su proceso legal con el cambio de Constitución también son factores de ligazón de las instituciones armadas al proceso, ya que la defensa de la Constitución es una defensa del propio proceso. Las dos últimas características alegadas por Marta Harnecker se refieren al programa económico nacionalista de Chávez como "alternativa a la globalización neoliberal extranjerizante" que busca un "desarrollo endógeno" y que, por tanto, es grato a la institución militar; y, a la figura carismática y popular de Chávez, que goza de una gran admiración entre los soldados.

Además, el papel jugado desde el inicio del proceso por el ejército ha sido muy positivo. De un lado se ha implicado en los grandes proyectos sociales del gobierno; y, de otro, especialmente "fueron los principales artífices del retorno de Chávez al gobierno cuando un grupo de altos oficiales, la mayoría de ellos sin mando de tropa, hicieron el triste papel de peones de los grandes intereses empresariales en un frustrado intento de golpe de Estado en abril 2002 "19

Algunas de las razones sostenidas por Marta Harnecker en este aspecto son también respaldadas por otros autores20.

El tema militar posiblemente sea el de más difícil análisis para un observador exterior, pues la situación general en este campo suele permanecer en un plano más reservado, solo conocido a fondo por los protagonistas situados en puestos claves del proceso que mantienen al respecto una actitud más discreta hasta que algún suceso especial saca a relucir lo que estaba velado a la mirada de la mayoría. Solo hay que comprobar como este tema es tratado de manera muy minoritaria en los distintos análisis que se hacen en relación con los temas económicos, sociales, políticos, culturales, o de relaciones internacionales, con datos mucho más visibles con los que poder trabajar.

Sin embargo es un factor fundamental cuando las tensiones sociales generadas por un agudo conflicto social alcanzan cierto nivel, como América Latina puede atestiguar con su propia experiencia.

En Chile la experiencia del gobierno de la UP se realizó en un mundo bipolar donde la propaganda anticomunista había sido intensamente empleada por el imperialismo y las clases dominantes de los países capitalistas. Quizás por esa razón el gobierno de Salvador Allende se inició y finalizó con sendos golpes militares, el primero fracaso, el último no. Pero durante sus mil días de gobierno el factor militar estuvo presente continuamente de diversas maneras desde su participación en el gobierno en dos ocasiones hasta el tancazo de junio de 1973. Igualmente el golpe de Pinochet se enmarca en el conjunto de toda una serie de intervenciones militares de la época en la región.

Ese entorno ha cambiado actualmente. Hemos asistido en los últimos años a intensas movilizaciones sociales que incluso han hecho caer gobiernos neoliberales en medio de una tensión social enorme (Argentina, Bolivia, Ecuador, etc.) sin que se hayan producido golpes militares como en los 70. Toda esta serie de factores parecen indicar, dicho con toda cautela y en ausencia de un conocimiento más profundo de la situación concreta y precisa del componente militar en Venezuela, que éste no es el problema más acuciante de la revolución bolivariana en este momento.



¿Las lecciones de la revolución chilena son validas para la actual revolución bolivariana?

Antes de adentrarnos en el último apartado de este documento es necesario intentar aclarar un aspecto importante que se refiere a la propia naturaleza del proceso21 que está teniendo lugar en Venezuela. Hemos utilizado por comodidad, y por que es un término ampliamente difundido, el de revolución bolivariana sin que dicha expresión aclare mucho lo que pueda significar. En los últimos tiempos se ha empezado a asociarla desde ciertas posiciones con el “socialismo del siglo XXI”, y el propio líder del proceso, Hugo Chávez, utiliza más profusamente el término socialismo en sus intervenciones. Se trata de una evolución es este proceso que dura ya 9 años. En 2001, a tres años de la primera victoria presidencial de Chávez con la que se abre la actual evolución en Venezuela tiene lugar la primera decantación en el conglomerado heterogéneo de fuerzas que apoyan a Chávez, el motivo fue la promulgación de las 49 leyes habilitantes. El carácter de la revolución bolivariana en ese momento es definido por Bonilla_Molina y El Trudi : “No queremos decir que la revolución bolivariana tomó partido por los senderos de la revolución socialista, proletaria o comunista. Lo que estaba claro, desde ese momento, era que Chávez lideraba un gobierno abiertamente nacionalista e imbricado a los intereses de los pobres. El riesgo lo constituía la tendencia de un sector del chavismo a convertirse en la nueva burguesía nacional, intentando limitar la revolución bolivariana a una revolución democrática burguesa "22.

En 2004 la ofensiva desatada por la contrarrevolución desde 2001 se había saldado con cuatro derrotas sin paliativos que, en opinión de Marta Harnecker, permitían a la revolución afrontar una serie de desafíos, pero puntualizando que estos desafíos, "no llaman de inmediato a terminar con el capitalismo. En cambio, cada uno de ellos tiene que ver con la capacitación del pueblo para una participación más consciente y protagónica de la vida de su país(...) Sólo ello hará avanzar el proceso revolucionario bolivariano a paso seguro y lo transformará en irreversible ".23

Otro de los autores que más se ha ocupado de la revolución bolivariana y de definir el concepto de “socialismo del siglo XXI”, Heinz Dieterich24 plantea a la altura de 2005 que en la venezolana coexisten tres revoluciones; una de tipo anticolonial que es evidente, otra de tipo democrático burguesa, y los “gérmenes de una revolución socialista”; y, considera, que si las políticas chavistas son claramente identificables con las dos primeras se debe a que en tanto no se avance en esas dos dimensiones, no puede pasarse a construir el socialismo.

Este autor alerta contra el espejismo de pensar que algunas de las medidas innovadoras son sinónimo de avance al socialismo: “El establecimiento de cooperativas, la cogestión, la regulación del mercado, el trueque y las empresas no mercantiles, no significan de por sí, que se esté construyendo una economía socialista”

En un libro posterior, prologado por Raúl Isaías Baduel, Dieterich deja más claro aún que no existe ninguna condición para poder implementar el socialismo en Venezuela, ni en ninguna otra parte de América Latina: “plantear la implantación del socialismo regional hoy como alternativa a la balcanización o la anexión neoliberal a Estados Unidos, no sería más que un deseo. Porque es evidente, que un proyecto político sin programa y sin sujetos sociales, es una quimera.”25

Una posición más clásica, desde los parámetros del marxismo, respecto a la revolución bolivariana es la sostenida por Alan Woods26. Este autor y la tendencia marxista que representa han venido defendiendo a la revolución venezolana y han entrado en polémica con otros sectores marxistas que la critican. En su análisis considera que la revolución bolivariana es de carácter democrático-burguesa y que el punto de vista de Chávez es el de la democracia pequeña burguesa revolucionaria. Sin embargo, considera que el marxismo revolucionario debe apoyarla, primero, por qué hay un campo común donde coinciden sus luchas como es la lucha contra el imperialismo, por la autodeterminación nacional y por el control del pueblo venezolano de sus propios recursos; y, segundo, porque la derrota de Chávez por la reacción “sería un golpe devastador contra las fuerzas revolucionarias en Venezuela y en toda América Latina ".

El apoyo que esta corriente marxista ofrece a Chávez es un apoyo crítico y considera que el punto fundamental que les separa del proyecto de Chávez es que éste "piensa que es posible desarrollar el país y liberarse del dominio imperialista manteniéndose dentro de los límites de capitalismo. Esto no es posible. Esa es la debilidad fatal de su programa, política y perspectivas, esa es la línea que nos divide".

Alan Woods se mantiene fiel a las enseñanzas del trotskismo y por eso mismo concluye que "Lo que estamos presenciando en Venezuela es una variante peculiar de la teoría de la Revolución Permanente. Es imposible considerar las conquistas de la revolución dentro de los límites de sistema capitalista "27

Salvadas las diferencias del momento histórico en que se desarrollan ambos procesos, constatamos que en su seno se disputan la dirección distintos proyectos. En la revolución chilena todos tenían una orientación socialista claramente expresada desde el principio y eran sostenidos por partidos políticos claramente identificados, algunos de larga trayectoria histórica y otros de más reciente creación. Estos proyectos no solo se diferenciaban entre los del polo rupturista y el polo gradualista, sino que incluso entre los componentes de este último no eran iguales el proyecto del PC y el del sector allendista del PS. Ninguno de los proyectos tenía resuelta la estrategia a seguir, ni el gradualismo y etapismo de allendistas y comunistas tenía claro como desembocarían en el socialismo; ni los rupturistas tenían previsto como realizar la ruptura que resolviese el problema del poder más allá del optimismo histórico en la victoria de clase trabajadora, por que tal como apuntó Susana Bruna28 la denominada táctica "revolucionaria-armada" tampoco fue capaz de imponerse como alternativa "porque no existía una instancia real de concentración de poder". Con ello la autora se refería al problema de la ausencia de un partido que dirigirse dicha táctica.

En Venezuela los proyectos que han estado apoyando la revolución bolivariana han sido en primer lugar mucho más variados que los de Chile, en segundo lugar, los proyectos de cada cual parecen aún menos definidos en estrategias y fines perseguidos y, en tercer lugar, las organizaciones que podían ser portadoras de cada proyecto no tienen ni de lejos la trayectoria histórica, la presencia social y la capacidad organizacional de la que gozaban las organizaciones de la izquierda chilena en 1970.

Dos opiniones al respecto que confirman estas tesis. De un lado Marta Harnecker reconociendo que "El talón de Aquiles del proceso venezolano es que no cuentan con instrumentos políticos adecuados a las trascendentales tareas que se propone realizar"29. De otro Stuart Piper con una visión cruda de los apoyos partidistas de Chávez: “Los principales partidos políticos que sostienen la revolución bolivariana constituyen su mayor debilidad. (...)en tanto que organizadores colectivos de acciones políticas y en tanto que suministradores de ideas políticas, son completamente ineficaces. El mayor partido chavista, el MVR (Movimiento de la Quinta República) no es verdaderamente un partido político. Nunca ha tenido un congreso, no tiene vida interna en la que se pueda decir alguna cosa y no hay perfil político o ideológico definido. Es más una amalgama de grupos, de clanes y e intereses, algunos de ellos auténticos pero otros simplemente electorales u oportunistas.”30 La situación no ha mejorado desde que se hicieron estos comentarios y las opiniones actuales sobre el PSUV continúan siendo bastante críticas y negativas.

Esta situación explica tres fenómenos distintivos de la revolución bolivariana en relación a la chilena, el primero es el papel tan fundamental jugado por Hugo Chávez, el segundo es el mayor numero de abandonos del proyecto por organizaciones y personalidades que se unieron a ella al principio, el tercero es la insólita alianza práctica de la contrarrevolución derechista y autoproclamados grupos de izquierda.

A partir de estos datos vamos a terminar con un intento de utilización de las críticas realizadas a posteriori por protagonistas y estudiosos de la revolución chilena en el actual proceso venezolano. Necesitamos previamente desbrozar el camino en un aspecto clave que ha hecho correr ríos de tinta a lo largos de decenas de años de discusión en la izquierda y que ahora tiene un protagonismo muy discreto, un asunto que ya hemos mencionado en los artículos anteriores. ¿Es posible la vía político-institucional, o democrática o pacífica al socialismo? Aunque puedan existir matizaciones a la hora de elegir un término u otro no vamos a entrar en esa discusión ahora.

Para quienes rechazan la posibilidad de esa vía es ocioso discutir donde estuvieron los errores concretos de la revolución chilena o la actual bolivariana, el error es elegir dicha vía, como mucho se espera que algún acontecimiento (el intento de golpe de militar del 2002 u otro cualquiera) produzca el efecto de hacer cambiar de vía a la revolución. La experiencia chilena demuestra lo realmente difícil que resulta esta opción, en el caso de que fuese deseable o conveniente.

Por tanto los argumentos que repasaremos a continuación pertenecen al campo de los que creyeron en la vía democrática al socialismo.

Muchos autores han venido a coincidir que si bien fue el golpe militar el que acabó con el gobierno de Allende, su derrota se había producido ya en otros escenarios. Creo que es importante poner atención a estos argumentos.

El dirigente socialista chileno Clodomiro Almeyda se sitúa entre los analistas que consideran que los factores determinantes de la derrota fueron de carácter interno, que los factores externos, es decir, el papel del imperialismo norteamericano, sólo sirvieron para potenciar los efectos de esos factores internos; tesis que no sólo considera correcta para el caso concreto de la experiencia chilena, sino de validez general: "salvo el caso de agresión militar directa de un Estado a otro, siempre los factores externos inciden en la estabilidad de un sistema político distinto, a través de su influencia en y sobre los factores que internamente debilitan a ese sistema "31.

Este tipo de argumentos no es privativo del análisis de Almeyda, sino que es compartido por otros protagonistas y estudiosos. La cuestión es ver cuales eran esos factores de carácter interno y, entre ellos, los que puedan estar repitiéndose en el caso venezolano.

En principio hay un factor en el que hay una coincidencia importante, es el que hace referencia a la ausencia de una fuerza dirigente única y eficaz. En el caso chileno tal coincidencia se hace extensiva tanto a dirigentes del polo gradualista como del rupturista, cada uno para haber implementado su estrategia sin obstáculos internos. En el caso chileno significaba, primero que no toda la izquierda estaba dentro de la UP (el MIR), que dentro de la UP coexistían gradualistas y rupturistas, y que incluso esta línea de división se reproducía en el interior de los partidos, como el PS y el MAPU.

Este argumento parece repetirse en la revolución bolivariana en un formato diferente. Hay un líder que parece unificar la dirección, pero se nota la debilidad de esta por los continuos esfuerzos por levantar, más allá de una persona, una auténtica dirección a través de una organización con implantación social que canalice la participación, y provea de un programa y su estrategia. El MVR y el PSUV son hasta ahora dos intentos por salvar este problema sin conseguirlo. Con ocasión de la derrota en el referéndum el problema es sacado a la superficie por muchas de las críticas: “El nacimiento del PSUV ha sido un paso adelante pero en esta primera batalla volvió a evidenciarse que está Chávez por arriba, las masas y los militantes de base del PSUV por abajo y en medio un gran vacío.”32, o esta otra “La soledad en la toma de decisiones, la falta de una red coral de gobierno, la ausencia de una estructura colegiada de dirección política, la falta de consolidación del partido o un creciente autoritarismo ramificado en amplios sectores de la administración y el Gobierno no pueden sustituirse por discursos extremos, acusaciones de traición o deslealtad o por una primacía de las declaraciones altisonantes.”33

En el caso de Venezuela se añade un problema grave, ausente en la experiencia chilena, las graves acusaciones de corrupción o ineficiencia sobre la burocracia generada en el chavismo: “Al pueblo se le habla de socialismo, pero al mismo tiempo, ese mismo pueblo observa que los que se están repartiendo los bienes "democráticamente" son algunas personas que pertenecen a las sectas o clanes de la boliburguesía, o a los familiares de un mandatario regional o de un funcionario público (...)La metodología participativa debe enfrentar la práctica burocrática, clientelar y oportunista de los que tienen posiciones de poder nacional, regional y local (en el aparato del Estado, en el reciente creado PSUV, y en los otros partidos del proceso) que reproducen las relaciones de dominación política.”34

Un segundo factor que parece repetirse en ambas experiencias es el relacionado con la necesaria lucha ideológica, y uno de los campos que mayor importancia tiene en este aspecto el de los medios de comunicación de masas. En Chile se reconoció que mientras el gobierno intentaba ganarse el apoyo de sectores medios con concesiones económicas, descuidó la batalla ideológica que termino perdiendo. La derecha supo utilizar “el poder ideológico que mantiene en la sociedad” y apelo a los valores del “orden”, o la “libertad” para mantener cohesionado su campo y minar el del gobierno popular en una táctica por aislar a la clase obrera y los sectores populares. El gobierno de Chávez a sido más sensible que el de Allende para contrarrestar los inmensos medios de comunicación privados de la oposición, pero en este aspecto también se han vertido críticas sobre el papel de los medios favorables al chavismo en el último referéndum.

La batalla ideológica es más difícil para la actual revolución bolivariana. En 1970 el socialismo gozaba de amplia aceptación entre la clase obrera y otras capas populares, la prueba en Chile era no solo la fortaleza del PC o el PS, sino la influencia del marxismo en sectores de izquierda de la Democracia Cristiana que daría lugar al MAPU y la IC y que llegó a extenderse al Partido Radical. Las campañas anticomunistas de la derecha podían mellar en los sectores medios pero más difícilmente en la clase obrera y sus aliados sociales (a pesar de que la DC tenía influencia sindical). Hoy el socialismo tiene una fuerza de atracción menor debido al fracaso del socialismo eurosoviético, a la deriva del chino o a las enormes dificultades del cubano. Hace cuatro décadas se pensaba solo en las dificultades para alcanzarle, dando por supuesto su superioridad en todos los campos respecto al capitalismo una vez alcanzado. Hoy se ven que las dificultades son mucho más complejas. Y es un grave error confundir las certezas y optimismo de los militantes de izquierdas más concienciados con los del movimiento popular en su conjunto. En la experiencia chilena Clodomiro Almeyda recordaba que la UP cometió dos errores de sobrevaloración de su propia fuerza; el primero consistió en confundir el desarrollo de los partidos obreros "con el proceso ascendente de la misma clase en su totalidad”; el segundo, fue la sobreestimación de "la vigorosa y espontánea movilización de masas que se desencadenó durante el gobierno de la Unidad Popular, lo que, lejos de significar, como se pensaba, la culminación de un proceso que elevaba al plano político la conciencia obrera, representaba, más bien, el estado inicial de ese proceso para muchos sectores populares, que recién entonces se movilizaron políticamente, por lo que su madurez y consistencia estaban lejos de llegar a nivel que optimistamente se les atribuía "35. Es un error que en Venezuela pueden cometer los partidarios de la revolución cuando se deslumbran con los siete millones de votos de diciembre de 2006 y se olvida de los datos de la oposición como se refleja en la tabla sobre los datos de diferentes elecciones vista anteriormente. Muchos análisis realizados con ocasión del rechazo de la reforma constitucional se han centrado en buscar las causas en defectos de la campaña, en la complejidad de la reforma o en la agresividad de la campaña de la oposición a nivel interno e internacional. Otros han ido un poco más lejos y han denunciado la falta de interés en la victoria de algunos componentes del campo chavista o la ineficacia creciente que han empezado a mostrar algunas de las medidas sociales impulsadas por el gobierno, por ejemplo las Misiones36.

Es importante considerar de la experiencia chilena el análisis que realizó el Comité Central del PS en el interior después de la derrota donde se señalaba como factor fundamental de la derrota la inmensa fuerza que lograron acumular los enemigos del proceso a partir de una situación de debilidad y repliegue con que se encontraron tras la victoria presidencial de Allende: supieron explotar las contradicciones internas en la UP y las debilidades del proceso revolucionario; consiguieron arrastrar a las clases medias y a las fuerzas políticas que las representaban, aislando al movimiento popular y desgastando al gobierno; influyeron en la oficialidad de las Fuerzas Armadas, y utilizaron todo el repertorio de luchas, entre las cuales la más eficazmente utilizada fue la ideológica a través de su poder en los medios de comunicación de masas.

También en Venezuela la oposición ha vivido varias derrotas consecutivas que la colocaron en una situación de debilidad y repliegue, pero también parece que han sabido encontrar puntos débiles y errores a explotar en el campo de la revolución que les ha ofrecido esta victoria inesperada debida más que a sus méritos a las contradicciones del campo chavista. Y que, como hemos comentado, han sido puestas en evidencia en numerosos análisis posteriores al 2 de diciembre.

Finalmente hay un tema entre los autores situados en el polo gradualista que evocan como un error cometido por la UP, el de la relación que mantuvo el gobierno con las clases medias y su principal expresión política, la Democracia Cristiana, y al que ya nos referimos anteriormente. Este error se expresa de varias maneras, por un lado se alude a que se debería haber ampliado políticamente la base de sustentación del gobierno atrayendo a los sectores progresistas de la DC, desplegando una política que neutralizase a las clases medias; por otro lado se crítica no haber apoyado la continuidad en la DC de una dirección menos proclive a la alianza con los sectores contrarrevolucionario.

Quizás en Venezuela la marea de votos cosechados en diciembre del 2006 con ocasión de la victoria presidencial de Chávez hizo menospreciar los 4,3 millones de la oposición y se pensó que la diferencia conseguida era irreversible y, además, suficiente para proseguir una transición a la que se la quería imprimir un salto cualitativo. Podrá, incluso, pensarse que sin ciertos errores denunciados en la conducción de la última campaña o con una mejor gestión de aspectos económicos y sociales (inflación, inseguridad ciudadana, control de acaparamientos, etc.) quizás hubiera triunfado el sí, aunque fuera por la diferencia de pocos puntos porcentuales. Pero posiblemente sea un error no pensar en una estrategia que ayude a vaciar de apoyos al campo opositor. Su base electoral y, se supone que social, es suficientemente importante como para dificultar enormemente el proceso en marcha, la prueba es el resultado obtenido el 2 de diciembre.

Quisiera terminar este largo análisis refiriéndome a una reflexión que deja uno de los autores que analizando el período del gobierno de la UP se sitúa entre los que no veían viable la vía político-institucional al socialismo y que, estudiando las dificultades que conoció la revolución chilena se preguntaba: "¿Es posible esta condición después de Cuba y el entendimiento norteamericano-soviético?(...) ¿No nos vemos llevados, en una especie de necesidad táctica coyuntural, a poner el acento primero en un proyecto de liberación nacional que no despierte inmediatamente el carácter antagónico de las contradicciones de clase, tal como lo hace un proyecto que pone inmediatamente el acento en su carácter “socialista"? "37.

¿Hasta que punto sigue siendo valida dicha reflexión en estos momentos?

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