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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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El ateísmo de Bakunin

El ateísmo de Bakunin*

Hace ya muchos años que un chiste circula en distintas versiones ligeramente modificadas: muere Bakunin y llega al infierno; allí, por supuesto, es recibido por el demonio en persona quien lo condecora por su inmensa labor atea y anticlerical. Luego es enviado a un sector de privilegios, libre de torturas y malos tratos. A los pocos días una insurrección violenta se desata en ese sector la cual, al ser aplastada por las huestes infernales, se descubre fue impulsada por el viejo Bakunin.

Como castigo es trasladado a un sector normal en donde se
producen toda clase de tormentos. A los pocos días, en una
recorrida de inspección, el demonio descubre que los castigos
ya no se producen: el sector está en huelga en solidaridad con
los trabajadores expulsados del primer sector.
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Así es que Bakunin es trasladado al pozo más profundo del
averno en donde las condiciones de calor extremo y tormento
permanente –confía el diablo– lo tendrán entretenido. Con el
correr de los días una inmensa columna de demonios de toda
laya asciende desde el fondo del averno con banderas rojinegras y cánticos espeluznantes.

Reclaman: jornada laboral de 8 horas, vacaciones pagas, equiparación de los sueldos y comodidades con el primer sector.

Vencido el demonio resuelve enviar a Bakunin al cielo, mataría
dos pájaros de un tiro: volvería a tener control absoluto del averno y le generaría a Dios un caos en el paraíso.

Ansioso por reír ante Dios, a los quince días asciende el demonio y se presenta a las puertas del paraíso, allí se encuentra un inmenso cartel que dice: “Paraíso colectivizado”; debajo de él, se encuentra San Pedro con un birrete rojinegro y un fusil al hombro.

Al verlo el demonio se le acerca y le pregunta: –¿Qué tal,
San Pedro, cómo van las cosas por acá?

San Pedro responde: –Todo tranquilo.

Nuevamente el demonio: –¿No ha venido por aquí un tal
Mijail Bakunin?

San Pedro: –Sí así es, está adentro ¿Por qué?

Demonio: –Sólo quería saber si Dios había tenido con él algún problema.

San Pedro toma de los hombros al demonio y le dice: ¡Me
extraña compañero, si todo el mundo sabe que Dios no existe!

El ingenio popular difícilmente pueda ser superado a la hora
de describir los rasgos más sobresalientes de una institución, un acontecimiento o un individuo.

Bakunin, lo sabemos, fue un promotor, impulsor y agitador
inagotable. Bakunin fue un revolucionario sin igual. Muchos
han querido ver en ello sólo disposiciones especiales o rasgos
de genialidad innata. Lo cierto es que Bakunin fue un hombre
animado de una profunda convicción, su fuerza; la llama inmortal que portaba residía en su condición libremente asumida: la de militante.

Mijail Bakunin nació y creció teniendo posibilidades de gozar
de una vida de privilegios y los rechazó por una convicción
a la que llegó por vía del conocimiento y la razón.

Hoy que tanto descrédito y embates ha sufrido la noción de
“razón” –el “espíritu” en tiempos de Bakunin–, el ejemplo de
su vida nos pone en guardia. Hay quienes, escudados en un
supuesto “nihilismo” vinculado sólo tangencialmente con el
anarquismo, pretenden, en lugar de razonar sobre lo irracional
para tenerlo en cuenta como algo indisociable de la experiencia
humana, actuar emotivamente lo que deviene por carencias
comunicativas, en un individualismo egoísta.

Bakunin fue claro y terminante respecto de la necesidad del
socialismo y la revolución. No hay equívocos posibles. Él planteó que libertad e igualdad son indisociables y que ellas son imposibles de lograr existiendo la explotación. Pues la explotación es el medio por el cual aquellos que construyen todo lo existente no poseen nada más que la miseria. Por ello Bakunin luchó con los trabajadores, para que se sacudan el yugo de la explotación. Pero, teniendo en cuenta que la dirección política tiende a restablecer situaciones de privilegio, no se cansó jamás de pregonar aquel punto del programa de la Primera Internacional que rezaba:“La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”. El dominio y la explotación son dos caras de la misma moneda.

Bakunin produjo un corte con el socialismo utópico que le
precediera e incluso con Proudhon, de quien tomó algunas ideas importantes. Ya no habría programas para un futuro de la sociedad toda, sino planes para la emancipación de los oprimidos.

Bakunin identificó a la clase trabajadora como el objeto privilegiado de su lucha. Su planteo de realizar una doble tarea
pretendía influir con ideas y prácticas anarquistas a organizaciones de masas que no debían presentarse directamente como organizaciones específicas si se quería conservar la unión y la masividad necesaria para dar batalla.

Por supuesto que las organizaciones que sindicalizaban a los trabajadores debían lograr que éstos desarrollaran una firme conciencia de sus derechos a través de las luchas huelguísticas y la acción directa.

Bakunin predicó ese hallazgo teórico del que los marxistas
se vanaglorian: el determinismo de la estructura. Él diría que
no son los hombres los que hacen la posición (social), sino la
posición (social) la que hace a los hombres. El socialismo vendría a destruir esas posiciones sociales y no a los hombres. Por ello recomendaba a los militantes cortar con todos los lazos
que los unieran a la burguesía. Un militante debía ser uno más
en las masas trabajadoras.

Bakunin fue también aquel que identificó un mal central de la civilización y lo combatió bajo todas sus formas: el principio de autoridad. Él lo vio en Dios y en el Estado que llegó para reemplazarlo y, de haber vivido hoy, seguramente lo señalaría
en las corporaciones que, lentamente, socavan el poder de los
Estados, para, en ciertas ocasiones, reemplazarlos en un control aún más férreo y una explotación más sanguinaria.

Bakunin hizo todo esto y mucho más en el plano teórico sin
abandonar ni por un instante su militancia revolucionaria. Esto
ha sido dicho cientos de veces, pero bien vale repetirlo, ya que
previene la enfermedad burguesa de separar el pensamiento de la acción.

_________________________

* El presente texto fue extraído del libro Bakunin. Crítica y acción, y fue escrito por Red Libertaria Argentina. Forma parte del prólogo y no está completo. Lo aquí expuesto demuestra el punto principal de Bakunin. El resto es unas palabras sobre el estudio que realizó Frank Mintz ante la vida de Bakunin.

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