
Como el agua clara, que baja del monte, se explica uno de los últimos anarquistas que vivió el exilio, los años de plomo, las partidas, la persecución, los juicios sumarísimos, los compañeros agarrotados. Cruzó los Pirineos, cuando eso equivalía a jugarse todo en un mal encuentro con la guardia civil, en un bautismo que fue, para toda una generación de militantes libertarios, una cuestión de compromiso, de resistencia ante un régimen construido sobre ruinas humeantes y medio país perseguido, de continuidad en la lucha contra el nazifascismo más allá de las fronteras, más allá del tiempo y del espacio. Quico Sabaté, el más conocido de los guerrilleros libertarios, escondido en la casa del joven Lucio, fue su mentor; le enseñó todas esas cosas que no vienen en los libros y son tan necesarias en tiempos difíciles.
El Che Guevara lo recibió y escuchó su plan para falsificar toneladas de dólares. La falsificación de moneda y documentación con intenciones desestabilizadoras era una vieja idea libertaria que Lucio Urtubia y algunos otros, Laureano Cerrada Santos es un antecedente claro, utilizaron cuantas veces consideraron necesarias. Siempre funcionó. El black power, montoneros, tupamaros y muchos más recibieron la aportación económica procedente de las planchas libertarias de Lucio. Los anarquistas franceses de acción directa, que aun tienen presos en las cárceles, y muchos otros, recibieron la solidaridad y la ayuda de Lucio Urtubia. Sigue ahí, con la puerta de su casa abierta, en un barrio de París.
El apoyo mutuo y todas las ideas ácratas que las juventudes libertarias francesas y los combatientes antifranquistas transmitieron al joven albañil que, como Mera, nunca dejó la paleta, calaron hondo. El navarro maneja ideas claras: actuar más y hablar menos, trabajar, escuchar, aprender. Como referente histórico es innegable, acercarse a según que momentos, en según que sitios, es imposible sin Lucio y otros como él.
Puede que la iconografía de nuestros tiempos, estos, prime perfiles amables, cómodos, fácilmente asimilables por el merchandising, digeribles, inofensivos. Es decir todo lo contrario a Lucio Urtubia. Un rebelde, un insumiso, un anarquista, un albañil. Inasimilable por la "gran sociedad", se destaca lo espectacular de alguna de sus aventuras.
Se minimiza su filantropía. Se difumina su figura. Ya se hizo antes. Con Seguí, Pestaña, Durruti, Sabaté y tantos otros. No hay un santoral anarquista por más que muchos insistan en ello. No hay mártires libertarios, ni líderes inatacables. Hay una historia. Innegable, como la trayectoria de Lucio Urtubia, de profesión albañil.
Enlace a la entrevista a Lucio Urtubia en Ràdio Klara:
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Por Eduardo Febbro Desde París De las decenas de millones de dólares que robó asaltando bancos o fabricando billetes y travellers checks falsos Lucio nunca se guardó un peso en el bolsillo. Una parte fue para “la causa”, la otra para los “compañeros cómplices”, otra para “la estructura”. Los Montoneros, Tupamaros, miembros del ERP y revolucionarios latinoamericanos de toda índole que le deben favores y los documentos falsos que les proporcionó forman una “familia incontable”. Lucio Urtubia, de casi 70 años, sigue trabajando como albañil en el popular barrio parisino de Belleville y nunca cambió el overol por la corbata. Militantes anarquistas, obreros, intelectuales, grandes abogados de París se codean sin conocerse cuando vienen a buscarlo para que les arregle la casa o a visitar el espacio cultural Louise Michel que dirige en Belleville. Casi no hay revolucionario latinoamericano que haya pasado por París y no le deba su pasaporte ficticio. Este español anarquista tiene en su haber el desfalco más espectacular que la historia de los robos políticos haya registrado: “la reproducción” de 30 millones de dólares en travellers checks falsos del First National CityBank. Un “asalto” sin precedentes que, tras una rocambolesca serie de anécdotas y negociaciones secretas, le valió una modesta condena a seis meses de cárcel. “Me trataron de deshonesto, pero yo les dije muy claro: los ladrones son los bancos; nosotros, lo único que tratamos de hacer es restablecer un poco el equilibrio”. Cuando el juez le preguntó por qué había hecho todo eso Lucio respondió: “Por moral”. Bernard Thomas, el periodista francés del semanario satírico Le Canard Enchainé que escribió su biografía (Lucio, el Irreductible) lo compara con los grandes bandidos populares como el Zorro, Robin Hood, Alexandre Jacob o Arsène Lupin. Sin dudas hay algo de eso. Aunque el lema de esos hombres y el de Lucio es el mismo, “robar a los ricos para darles a los pobres”, su historia es mucho más. Nació en Navarra en 1931 en una familia de extrema pobreza con cinco hermanos y un padre rojo: “Me cago en Dios, qué pobres que éramos. No pasaba un día sin que nos insultaran: ‘¡Rojos, rojos!’, nos decían”. A los 19 años escuchó por primera vez la palabra que “encausaría” su vida. Su padre le dijo: “Si tuviera que volver a comenzar, sería anarquista”. A los 19 se escapó a Francia para trabajar como albañil y no tardó en acercarse a los medios anarquistas y libertarios. Un día le hablaron de un tipo muy buscado al que había que esconder. No preguntó quién era y lo protegió. El desconocido se presentó diciéndole “Soy El Quico”. El apodo sonaba como la pólvora. Francisco Sabaté, alias El Quico, era una leyenda para los anarquistas, un héroe de incontables combates buscado en cada rincón de la España franquista. El Quico le transmitió sus enseñanzas y la cultura de la acción y las “expropiaciones revolucionarias”. Antes de morir acribillado a balazos en Sant Celoni, Sabaté le legó la más irremplazable de sus herramientas: no la ideológica sino la célebre ametralladora Thompson y una enorme navaja. Con ella asaltó el primer banco en Andalucía junto a un “intelectual español que más tarde sería ministro”. Los bancos de Bélgica, Francia y Gran Bretaña vieron brillar su ametralladora Thompson hasta que un día, “porque me daba miedo hacerles daño a los empleados de los bancos”, cambió de ramo. De la lucha antifranquista a la “internacional libertaria y revolucionaria” no había más que un paso que Lucio dio como falsificador al “servicio de los compañeros que tanto sufrían en distintos frentes”. La falsificación de moneda vino como un juego. En los años 60 se unió a los tipógrafos libertarios expertos en reproducir billetes. “Era –cuenta–una manera pacífica de recuperar los fondos para la guerra”. Convencido de que ese activismo pacífico resultaría más eficaz que los asaltos, Lucio los puso al servicio de las revoluciones. En plena ofensiva de la Bahía de los Cochinos, Urtubia le propuso a la embajadora de Cuba en Francia, Rosa Simeon, destruir con explosivos los intereses norteamericanos en Francia. La mujer no quiso, pero cayó más tarde bajo el embrujo del paquete de dólares falsos que Lucio le mostró como arma contra el imperio. Ella organizó el encuentro entre el anarquista y el Che en la primavera europea del ‘62. Durante seis horas, el libertario español le explicó su propósito, los fundamentos de su plan y las cuestiones técnicas ligadas a la falsificación. El Che le preguntó sobre el costo de la operación, la obtención del papel y el impacto que eso podría tener en la opinión pública internacional. “El Che me pareció amable, pero frío. Si se quiere, me decepcionó. Se llevó la muestra de dólares que le di, pero me dijo que, incluso con dólares falsos, EE.UU. seguiría enriqueciéndose. Respeto y admiro mucho al Che, pero eso es todo”. Pero su golpe maestro seguirá siendo la reproducción de los travellers checks: “8000 hojas grandes de 25 cheques de 100 dólares”. Un inestimable tesoro para la revolución que lo llevó a la cárcel en los años 80. Fue, como él lo reconoce, “una historia que cambió mi vida”. Urtubia pasó medio año tras las rejas por esa operación. Se salvó de una condena mucho más pesada porque contó con la ayuda de cuanto abogado “progresista” había en Francia y porque el CityBank envió a un “mensajero especial” a negociar con él. El anarquista español realizó el sueño de todo libertario: hacer que el banco más poderoso de la tierra se pusiera de rodillas ante él. Lucio tiene más aventuras que el Zorro. Entre otras cosas preparó el secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia y colaboró con la fuga del líder de las Panteras Negras. Nunca cambió su forma de vivir. Se sigue levantando a las seis de la mañana y asegura que ha tenido “la suerte de nacer muy pobre. Es el trabajo quien me ha abierto las puertas y me ha dado el orgullo de la vida”. Que lo diga mejor Louis Joinet, número dos de la Judicatura francesa, quien afirmó que Lucio representa todo “lo que a mí me hubiese gustado ser”. Su nuevo proyecto consiste en ocupar un edificio abandonado y rehabilitarlo como “emblema” del compromiso libertario. “Somos –dice– albañiles, electricistas, plomeros. No necesitamos del Estado”. |
| El último de los grandes anarquistas cuenta todo Trabaja como albañil en París, pero en su época asaltó bancos ametralladora en mano, y luego se dedicó a falsificar documentos y billetes, y puso al CityBank de rodillas. Aquí Lucio Urtubia se explica. Lucio Urtubia, hoy. No se arrepiente de nada. |
| 7/3/2007 | Próximo estreno del documental sobre Lucio Urtubia |
| Los directores José María Goenaga y Aitor Arregi están preparando un documental sobre el anarquista navarro Lucio Urtubia. Los dos directores de Moriarti colaboran en este trabajo con Irusoin (miembro de EIKEN) y cuentan con el apoyo de EiTB (miembro del Cluster). | | | | Se trata de un documental que tiene una duración de 90 minutos. Todavía no se sabe cuándo se estrenará este trabajo, pero la cinta ya está en el último proceso de edición. Se espera que el documental se estrene en el mes de mayo, coincidiendo con algún festival. Cabe mencionar que este documental no cuenta todavía con un título. Este trabajo cuenta la vida del anarquista de Cascante Lucio Urtubia. Se trata de un veterano anarquista que durante los años 70 puso en riesgo de bancarrota al principal banco de EE.UU. con sus falsificaciones de los cheques de American Express. Gracias a estos cheques recaudaba fondos para financiar movimientos libertarios de medio mundo. José María Goenaga y Aitor Arregi llevan dos años trabajando en este proyecto. Anteriormente han grabado otros documentales como Sahara y Reino de Bután o cortos como Tercero B o Sintonía. | |
http://www.radioklara.org/spip/spip.php?article318