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EL ECO DE LOS PASOS sostiene el apoyo crítico a la Revolución Venezolana desde el punto de vista del Comunismo Anarquista.- Colaboraciones a: cntfai@cantv.net

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¿Estamos o somos?

¿Estamos o somos?

 

La relación que asemeja el anarquismo al nacionalismo cultural no hace falta buscarla en sesudos pensadores: la realidad misma de la Revolución Bolivariana rememora movimientos culturales como el del anarquismo ruso de los maknovistas; el magonismo mexicano al despuntar la Revolución Mexicana de 1910; el sandinismo de Sandino, incluso el sandinismo del FSLN; la epopeya de los caamañistas mexicanos al enfrentarse a los invasores yanquis, en 1965; y la proeza autogestionaria de los anarquistas catalanes y maños al estallar la guerra civil española. En casi toda la periferia habrá ejemplos y ejemplos de esa corriente social que se propone anular todos los privilegios e instaurar la igualdad mediante la ayuda mutua.

 

Destaca Inmanuel Wallerstein [“Geopolítica y Geocultura”, Barcelona (España), 2007] que el control del poder político centralizado se convirtió en la estrategia de los movimientos antisistémicos porque no había otra opción de sentar en la mesa de los poderosos del mundo una revolución libertaria y democrática. Por eso el movimiento anarquista más poderoso que ha habido en la historia –el anarquismo catalán, de 1936 a 1939- optó por colaborar con la pequeña burguesía habiendo perdido la oportunidad de ejercer el poder político por su cuenta y riesgo. En Rusia, veinte años antes, los bolcheviques no contaban con una pequeña burguesía democrática y republicana; ellos mismos eran la pequeña burguesía que hablaba en nombre del proletariado. Este esquema ruso, con una masiva carga campesina, se repetiría en China y, diez años más tardes, en Cuba.

 

No pueden las revoluciones sociales radicales destruir al Estado porque el Estado nacional en la periferia no es otra cosa que una agencia administrativa de los intereses imperiales. Estados, propiamente Estados, hay en los países imperiales. Porque lo que caracteriza a un Estado es que su relación con los otros Estados es de temor. Los Estados se temen entre sí. Mas ningún Estado de la periferia causa temor a los Estados imperiales. Ninguno.

 

Por eso la tarea de los anarquistas = nacionalistas culturales de la periferia consiste en convertir el Estado periférico en un Estado controlado democráticamente por el Poder Constituyente. Y, la única forma de hacerlo es que el Poder Constituyente se estructure al margen del Poder Constituido. Si éste es el resultado del sufragio aquél lo será de la distribución demogeográfica del pueblo trabajador en armas. Esto se vio en la Yugoslavia de Tito; y, hoy en día, en Cuba.

 

A pesar de ello, Yugoslavia se vio atacada por la URSS de Stalin y Cuba por el imperio yanqui. Sin embargo, formalmente eran Estados en el derecho público –y privado- internacional; aunque su organización interna fuera no estatal. Esta dinámica la comprendió Mao Zedong cuando, en 1966, llamó a los guardias rojos a destruir a la burocracia. Pero ya era tarde: Chou En Lai, el verdadero artífice de la China contemporánea, le había ganado la partida de ajedrez a su camarada Mao.

 

Por eso es que están equivocados los anarcoliberales. Cuando coinciden con los liberales en liquidar el Estado realmente lo que hacen es defender el mercado. Y al defender a éste estás defendiendo al capitalismo. Y, de ser así, terminas, sin darte cuenta al lado del Estado de las Corporaciones: porque no hay mercado sin corporaciones ni corporaciones sin mercado; y, por eso los anarcoliberales no pueden ser otra cosa sino anarcocapitalistas. Otra cosa muy distinta es el anarcosindicalismo, ya que éste plantea una planificación central que, a la postre, deviene en cúspide del poder popular que, en el caso del sindicalismo, sería el poder de los sindicatos locales.

 

No me voy a referir al douglismo porque estamos hablando de cosas serias. Ni al abstencionismo rangelista porque la pequeña burguesía también se abstiene.

 

La única manera pacífica y legal que tenemos en la Revolución Bolivariana para prescindir del aparato del poder político centralizado es con la emergencia del poder popular que ya se planteó en el proyecto de reforma constitucional; se trataba, apenas, de un primer paso. Los que creen que van a abatir al poder burocrático siendo la izquierda de la izquierda, sin reformas constitucional, están perdidos. Les quedará el camino del monte, su destino será el de las FARC colombianas si Chávez desaparece del mapa. Y, algunos no sabemos si estaremos vivos ahí para comentar cómo van las cosas.-

 

Floreal Castilla.-

 

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